Distrito Salvaje

Nota: Cabe destacar que no es necesario conocerme demasiado para saber que amo Colombia, esa tierra en la que sumando y restando he estado alrededor de 6 meses en mis 3 idas y conozco, al menos a grandes rasgos, más el mapa de allí que del sur de Chile. Amo su música, algunas comidas y bebidas, tengo grandes amigos colombianos y tengo entre planes visitarla 800 veces más.

Entre ayer y hoy he tenido una sobredosis de Colombiafilia: fui a un conversatorio en la Usach donde se hablaba de la música del caribe/antillas y la influencia de los picós en la difusión de esta; estuve conversando con amigos y conocidos bogotanos antes y después, me fui a compartir en la casa de una. Y hoy estaba haciendo scroll, hasta que me encontré con una serie que salió hace pocos días en Netflix: Distrito Salvaje.

La serie

Distrito Salvaje habla de la vida de Jhon, un hombre que se desmovilizó de la guerrilla y que intenta rehacer su vida. Tiene una mamá y un hijo, que durante la serie se irá contando como llegó a tenerlo, como se mantiene y como su forma de vida debe adaptarse luego de pasar años en el monte. Lo contactan para ser infiltrado por parte del gobierno, para poder desarticular las redes de corrupción que están causando estragos y asesinatos  de personajes claves. Un guiño interesante es que justamente las redes de corrupción vienen desde autoridades enredadas en la construcción de grandes obras públicas, algo muy similar a lo que ocurre en gran parte de Latinoamérica con cierta empresa.

Se estrenó recién el 19 de octubre y la factura de la serie es impecable. Es desarrollada en Bogotá y las tomas son increíbles y me recuerdan muchas cosas de mis pasadas por ahí. Mantiene la atención todo el tiempo y aunque muestra imágenes de gran violencia, también sucede en la serie es que hay imágenes donde hay humanidad, corazón, sensibilidad, etc.

Reflexiones

Eso me genera un montón de sensaciones, porque también Bogotá me provoca un montón de sensaciones: todas las veces he ido por razones distintas. La última vez estuve un mes y medio y logré disfrutar de esas nubes azules tan hermosas y de ese Transmilenio tan demoróooooooon

  1. Tuve la oportunidad de estar en el lanzamiento del partido de las FARC en Plaza Bolívar ( habían shows entre ellos el de ) y para nuestra realidad es súper impactante. ¿Desmilitarización? ¿Congresistas? ¿Cómo alguien vuelve a la vida después del monte?
  2. También he tenido la oportunidad de compartir con gente desplazada por la violencia: hacer tu vida completa en una ciudad y de repente tener que irte a otra  dejando todo botado. ¿Cómo vive alguien que le mataron a su familia y que tiene que partir? ¿Qué pasa al volver?
  3. Por otro lado, me tocó conocer a una persona que trabajaba en las comunicaciones del proceso de paz ¿Es posible? ¿Es real? ¿Cómo la experiencia colombiana podría ayudar en Chile o atiende a una situación tan distinta y particular que es imposible?
  4. La alegría, la riqueza musical y cultural (por ser puerto, recibir a gran cantidad de mundo afro), ciertas comidas (no soy tan fan de la comida) y ese mundo que me gusta tanto ¿Será acaso que ese dolor y alegría es lo que me llama y llena?

“Colombia, Colombia, la nación más complicada, que la guerra no se acaba/ y nunca le pone fin” como diría . Sin embargo el amor que tengo por su tierra, su gente, su música, ir por los montes es tan inmenso, que debe ser de los más grandes que tengo a algo en la vida.

 

Preguntas

Amo las preguntas.

Creo que una buena pregunta, es un arma poderosísima contra lo obvio, lo fútil, lo efímero. Y cada vez me gustan más las permanencias de ciertas cosas, mientras me voy moviendo. Debe por eso que me llevo bien con periodistas, investigadores, realizadores, creadores: gente curiosa que está siempre preguntándose cosas. Disfruto muchísimo de pasar horas conversando, cuestionándose, hacer eco de conversaciones anteriores, conectar, destraumarse, deconstruírse, dar vuelta el mapa. Con algunos amig@s por años, estamos preguntándonos cosas y respondiéndonos con desfases y epifanías brígidas. Intensitas, como yo misma.

Soy amante de las preguntas y normalmente soy yo la que suelo y juego a hacer preguntas profundas y a veces hasta incómodas. Tanto que con gente conocida instalamos el término “la pregunta incómoda de Mapapo”. Amo instalar en la cabeza de otra persona una pregunta, es un deporte maravilloso.

La pregunta de cómo había cambiado post accidente a minutos de conocernos con alguien me tuvo (me tiene) hace unos 5 días en estado emotivo máximo. No porque la pregunta no me la haya hecho, sino porque me la estoy tratando de contestar hace mucho. Me ha hecho mucho profundizar, pensar, urguetear, llorar, emocionarme, recordar, darle vueltas, incluso hoy, que recién di por finalizadas las celebraciones cumpleañeras. No sé si es “te agradezco” lo que quiera decir con exactitud, pero bacán, además del finde bacán, que una pregunta de alguien que vienes conociendo, te resuene tanto y probablemente pele el cable un rato y hasta escriba de eso en mucho más extenso. Es probable que haya llegado al WhatsApp de vari@s el tsunami de emotividades desbordadas, pero lo bueno es que de ser así, sabemos que soy yo, que no es tan extraño.

Mi relación con las personas se ha intensificado tanto, como que sintiera que la vida se me fuera en eso. No me acuerdo mucho como era antes en relación a ahora, pero me parece que la lentitud me hizo agradecer, sentir, saborear mucho más lo que me sucede con cada persona. Los amigos durante el viaje, los viajes posteriores a la rehabilitación,que fueron infinitamente menos que los que “hago normalmente” me hicieron transitar por un sentimiento más profundo con cada uno: hay vari@s que semanalmente escucho sus voces, armamos proyectos o simplemente nos vamos contando la vida a la distancia, cosa que tal vez, antes, la yo de antes, pareciera imposible. ¡Estoy tan pero tan agradecida de la lentitud! ¡Estoy tan contenta de sentir amorcito por personas que se metieron/meten en mi vida desde esa frecuencia!

¿Cambié post accidente? Claramente. ¿Cuánto? No lo sé aún que tanto y tan profundamente, pero sí lloro más que la chucha, soy mucho más emotiva y disfruto tanto más conversar, caminar, bailar, pedalear, como si fuera algo extraordinario y bacán, porque probablemente lo es y a veces no nos damos cuenta. ¿Le doy color? Sí, caleta, pero eso sí que es de antes ahahahah 🙃

Las Castillo

Las Castillo, eran una brigada de mujeres que actuaban en las poblaciones. Se alertaban entre las vecinas y cuando escuchaban que una vecina estaba en peligro, se armaban de valor, tomaban sus capuchas fucsias y partían, en bloque. Golpeaban puertas, saltaban panderetas, abrían ventanas hasta que salía la involucrada y decía la frase clave, que habían acordado para mantenerse a salvo.

Se le ponían al frente de machitos abusadores con las manos en la cintura y le decían que no habría una segunda oportunidad. Les hablaban de frente,fuerte, desafiantes, les advertían, le decían lo que el resto pensaba pero no se atrevía, para no meterse en problemas. Que la vecina no estaba ná sola y que se atreviera a repetir la acción, porque no habría pared que quedara libre de funarlo por los paraderos de 10 cuadras alrededor.

Las Castillo, sabían que eso les causaba problemas.
Sabían que siempre los que defendían a los machitos terminaban por hacer correr el chisme de complicadas, ahombradas, histéricas, problemáticas, porque ¿Quién quiere involucrarse con personas que son capaces de levantar la voz?. Sabía que eso les jugaba en contra de sus posibilidades de trabajo y de relajo a secas, mas ¿Qué iban a hacer? ¿Iban a dormir tranquilas con los chillidos, los golpes contra la pared o con verle los moretones al día siguiente porque “se golpeó contra el velador”? ¿Es que fue la droga?

Las Castillo, de vez en cuando se descompensaban o desaparecían sin explicación, porque andaban tratando de hacer algo que les parecía urgente, obvio, justo. No querían ver a ninguna amiga golpeada más, no querían ninguna sobrina más asesinada. No querían saber que la vecina había muerto asfixiada o con múltiples tec, sin que nadie hiciera nada o comentar en el funeral que también escucharon cosas por ahí.

Las Castillo van, con sus capuchas fucsias guardadas en la mochila y en la cartera, por si tienen que, lamentablemente, usarlas hoy día.

Selena

Mientras estaba haciendo unas tareas de inglés, estaba escuchando una lista de Youtube que estoy haciendo: Canciones en inglés, subtituladas al inglés y el español de todos los tiempos que hemos tarareado toda la vida pero que nunca he sabido qué dicen ni me ha interesado traducir hasta ahora. Sí, estoy obsesionada con cumplir mi autopromesa de llegar a octubre con un inglés razonable y a diciembre hablando y expresándome más o menos bien.

De repente llegué a la historia de Selena. Y me pasé cerca de una hora viendo un documental de su vida, sus últimas presentaciones, las palabras de su esposo, su padre, su hermano y como la representó Jennifer López.

La cantante estadounidense, pero de origen latino-México-fue en su momento de las latinas que hasta hoy han vendido más discos en la historia. De las más famosas de las más queridas, que el año 1995 fue asesinada por la presidenta de su fansclub y administradora de sus tiendas cuando quería despedirla debido a las malversaciones de fondo de las que se había dado cuenta la cantante.

El año pasado estaba en México, cuando me llegó una invitación de Berenice, a una fiesta que mencionaba este término. Para cualquier latin@, tararear al menos esta canción mientras la estás leyendo, es natural. Creo que si las religiones han creado figuras y enzalzado personas para admirar y adorar, yo voy a elegir a Selena, como una de mis figuras a seguir.

Ay Selenita, ayúdame a aprender inglés y a triunfar en mi área, escribiendo en ese idioma. Ayúdanos a las latinas pelo negro y rasgos mestizos, que tú sabes que cargamos con todos los prejuicios por el puro hecho de haber nacido en este territorio, qué decir del color o las formas de nuestro cuerpo. Ayúdanos a las mujeres a destacar en áreas artísticas yendo al frente y no detrás.

Quiero ser la Selena Quintanilla y no la Manuelita Saenz de tu corazón bb

 

Vivir en la periferia, después de vivir un siglo

Soy floridana.

Puede que haya vivido en el edificio más bello de Bellas Artes, puede que haya andado viviendo los últimos años en miles de lugares de mierda arrancando de todos los tipos de vulnerabilidades que le pasan a la gente cuando es mujer y no tiene casa o no. Puede que el último año y medio haya estado entre viajes por latinoamérica con muy bonitas fotitos para instagram, pero en mi corazón, en mis venas, en lo más profundo de mi ser, soy floridana.

Me crié con el raco en la cara, viendo la cordillera nevada mientras amanecía y yo atravesaba todo Santiago de sur a norte para ir al colegio . No me acuerdo de la casa de mi abuela en Conchalí,pero sí cuando fui a la inauguración de Falabella cuando abrió, fui a la inauguración del metro línea 5 ( obvio que paseé la primera vez en ese metro que iba por arriba y que se veía la cordillera con lucecitas). Obvio que la primera vez que tuve una salida de pololeo fue al Bravíssimo, obvio que me junté con mucha gente afuera del mall, obvio que fui alguna vez a La Florida es Teatro y obvio que me comí un glotón en Serafín Zamora.

Tomé colectivo, me fui en la 210, pero antes me fui en la 357, en la 405 y en la 373, antes del Transantiago, antes de las 7 de la mañana.. Fui a la discoteque esa que está en Avenida La Florida y también estuve por entre Santa Rosa y Gran Avenida. Esos son mis barrios y aunque estén cambiados, no puedo creer que alguien no los conozca. De hecho no me acuerdo ni de como eran ni de como son ahora, pero mis pies y mi corazón recorren solos sin pensar a lo básico: patio de comidas.

Por cosas de la vida o porque decidí vender todo y viajar y ahora volver y no tener nada de nada, estoy viviendo en la periferia otra vez. No en la misma periferia de mi infancia, no en mi casa, ya mi casa no existe. En otro lugar, en otro contexto, otro mundo.

A todo lo que yo le llamaba casa hace esos años no existe más, pero tampoco a lo que yo le llamaba casa hace un par. Mi casa es algo así como el par de individuales que llevo cuando viajo, mi casa es ese par de horas cuando nos tomamos un tecito con un amigo o nos juntamos a almorzar, ese abrazo largo largo que se nos ocurre tener con la gente que todavía nos saludamos con cariño. Casa es tal vez la sensación que nunca más voy a tener o casa es sólo el nombre de mi primer libro que tanto me ha costado sacar, pensar, vomitar.

Podría extenderme, hablar del neoliberalismo tan lejano de como he decidido (?) vivir estos años de muerte y alegría. Podría hablar de todo ese plan siniestro que hicieron en dictadura para llevar a cierta gente a ciertos ghettos con los que limitábamos cuando era chica. Podría hablar de la gente de la Rotonda Atenas, de la desigualdad en Chile y en Latinoamérica y hasta podría dar ejemplos de como, el acceso a la cultura de las periferias es tan entorpecido, que terminan siendo robots que sólo compran, pagan, tienen miedo, quieres lo que tienen en la tele y sufren por eso. Pero no.

Lo que yo quería escribir, es que siento que vuelvo a vivir en la periferia y no sólo a dormir: estoy estudiando inglés ( y chucha que me tiene motivada y sumergida) y yendo al gimnasio ( sí, soy yo, no se equivocó de blog), transportándome en la periferia, en el metro de la periferia, con gente de la periferia, con la gente que habitualmente no trabaja en organizaciones sociales, con la que no le alcanza para fin de mes y no puede comer fuera siempre . Eso significa para mí muchas cosas también: significa que estoy lejos de todo lo que ha sido “mi mundo”, incluso hasta más que cuando estoy lejos físicamente. Pequeñas burguesías, pequeños privilegios como pasear por el parque o ir a un concierto con la tranquilidad que el taxi me va a salir luca o que en 5 minutos pedaleando puedo estar en la casa de cualquier persona.

Eso significa que me tengo que encontrar no sólo con lo que era, si no con lo que es todo el mundo que dejé hace más de una década.

Y es loco, pienso, siento, creo, mi cuerpo grita que he vivido un siglo. Tengo varias operaciones demás, ya no me llaman con tanta facilidad “flaca” en la calle, a veces hasta algunos energúmenos del demonio me llaman señora, hijos de sus madres.

Cuando salí de acá era flaca, casi virgen, católiquísima en proceso de descatoliquizarme. No tenía idea de música,  ni de eventos de ese tipo, menos de conciertos y de after conciertos y que en la noche podía trabajar en tantas cosas o que yo misma podía organizar algo; casi no conocía a nadie del mundo artístico, había asistido a ver muy poco teatro.

Toda la gente que yo conocía pensaba más o menos igual: gente buena,con ganas de salvar al mundo, sumergida en una religión que les decía que usar condón era malo ( perdonen chiquillos, pucha que lamento eso), que tener sexo era malo ( puta la hueá que la cagamos) y que los hombres y sólo los hombres podían ser autoridad. A todos nos quedaba lejos la vida, siempre había que salir una hora o una hora y media antes de cualquier cosa ¡Nos levantábamos súper temprano!

Y ya no soy virgen (?), ya no soy católica. He visto millones de conciertos, he viajado por 7 países, he vivido en más de 40 lugares, tengo un par de dreads, uso la ropa que han dejado entre las colas de las ferias, las amigas viajeras, regalos y cada vez me importa menos que algo se me pierda por ahí ( bueno, nunca me ha importado mucho, pero ahora menos). Creo que teñirse el pelo es un gastadero de plata absurdo, cuando me compro ropa en un mall sufro, veo televisión porque donde vivo hay una, pero hace más de 10 años que no tengo una al frente propia.  ¡Soy otra persona y constantemente estoy mutando a otra más distinta a como era cuando volví de viajar o cuando decidí irme!

Vivir en la periferia en este momento no es una opción. Acá estoy, reacostumbrándome, odiando, amando, re encontrándome con todo lo que me significa y con lo que me distancia.

Estoy tratando de no volverme loca de depresión post viaje (debe ser la peor de todas ¿O es normal que cada vez es peor?) .Estoy tratando de enfocar todas mis energías en hacer cosas que sé que me van a servir en un futuro para mis fines más próximos: un curso de inglés ( quiero escribir en inglés y quiero hablar cosas más complicadas que “where you from?” “When time are you travelling”); un mes de gimnasio (ha comenzado el entrenamiento para esos pedaleos largos o para que se vaya la guata antes de la primavera), rearmar la (Comunidad) Viajar Sola y probablemente sacar un nuevo emprendimiento esta semana que me permita moverme hasta que tenga un trabajo de verdad.

En eso estoy. Viviendo, moviéndome, muriendo y viviendo en la periferia, al sur de Santiago, lejos. Todo, después de vivir un siglo

 

 

Tiempo

Colombia, 7 de octubre del 2017

El tiempo es poco. Me estoy muriendo.

Estoy corriendo mientras me alcanza la diabetes, la hipertensión. Estoy arrancando de alguna otra moto que me quiera dejar botada en el piso,disfrazándome para que no me pongan más fierros en la columna o de la pared hasta romperme la frente de dolor cuando hace frío. Todos los días queda un poco menos de ese ánimo incansable. Duermo un poco más, me canso más, cada día hago un poco menos porque ya no soy capaz.

No tengo tiempo ni ganas de dedicar tiempo en analizar por qué las personas tienen ese cuerpo como yo lo considero incorrecto o a desgastar mis oídos en música que no me gusta. No tengo ánimos de hacerles funas a nadie porque hoy amanecí con ganas de ser poco agradable para después hacer como que aquí no ha pasado nada y tampoco tengo fuerzas para analizar qué cara puse o no puse.Me queda poco tiempo para eso. Hay cosas infinitamente más importantes y urgentes.

Me quedan 57 años si logro llegar a los 90. En esos años debo ver todo lo que me permita la miopía y el astigmatismo, que ruego no vengan las cataratas ni los desprendimientos de retina o las retinopatías diabéticas. Sí le resto a ese tiempo la fiebre, los resfriados, el tiempo que me pasaré haciendo filas o esperando que a alguien querido lo estén operando o velando, o en las conversas maravillosas que me encanta tener o en los conciertos que amo escuchar, el tiempo se me reduce vertiginosamente. No tengo tiempo.

Tengo demasiado terror de pasar mi vida viendo como debería haber sido y no fue, porque estuve odiando, peleando, escuchando conversaciones de mierda o haciendo cosas que no quería hacer ¿Analizar el último reality, ponerse a pensar y desmembrar la envidia que supuestamente me tienen o con quién se acuesta o se deja de acostarse la otra gente que no soy yo? ¿Culpar al resto de lo triste de la vida que tengo?. Tengo pánico del poco tiempo ¿Por qué gastaría tiempo en pasarlo mal?

Todo es hoy ¿Te cachai si tuviéramos la noción de que en verdad no nos volveremos a ver y esta es nuestra única oportunidad? Juntémonos, veámonos, abracémonos. Eso de dejar para mañana, pasado, para algún día no existe ¿Te cachai me muero y nunca nos juntamos? ¿Te cachai te pasa algo y no volvemos a conversar?

Estoy viajando antes que me vuelva a suceder algo grave. Estoy viviendo antes que suceda algo terrible. Estoy bailando antes que no pueda volver a mover las piernas. Porque las cosas graves y terribles suceden todo el tiempo y no es ser fatalista: simplemente pasan (y me han pasado); pero lo más grave y terrible debe ser dejar el tiempo correr en cosas que no tienen sentido ¿Por qué gastar el tiempo en cosas nimias? ¿Por qué lamentarse cuando aún hay tiempo? Me he muerto unas 20 veces. Todos los días me estoy muriendo un poco. No hay tiempo ¡No hay tiempo!

Talleres de Mecánica Básica de bicicletas para mujeres

El próximo año quiero ir a buscar mi bici que está en una playa (Cancún) y pedalear en una isla al frente muy bonita (Cuba). Bonito proyecto, de ensueño peeero como que todavía pongo cara de damisela en peligro cuando pincho y BASTA CONCHETUMARE. Me propuse que tengo este año y el otro para ser megaseca y autónoma al respecto.

Una idea que viene hace rato rondando desde lo particular (mi necesidad) a lo colectivo (creo que somos hartas mujeres en bici y tan pocas las que se atreven a reparar aún) por muchas partes, se materializa la próxima semana. Participando, además, permite que podamos hacer otros en otras partes donde no sea tan fácil tomar un taller.

Si no puede/no quiere/ o le parece una fantástica idea, es cosa que nos ayude con la difusión compartiendo en su muro, entre sus amigas/hermanas/madres/etc.

Si le parece una fantástica idea y quiere pagarle o aportar $ para el taller a alguien que no pueda pagarlo, también.

Cualquier consulta conmigo o al mail que aparece en el flyer.
Besos y abrazos, ojalá de esos que sacan pedazos, sino pa qué.

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invita

 

Vuelvo vida vuelvo: Resumen Febrero Marzo 2018

Acabo de cumplir hace 2 días, una semana luego de volver de Lima.

Ok: Yo debería estar en Quito, en Cuenca o en Loja, no sé. Pero que debía estar en Ecuador, eso es seguro. Me duele el corazón pensarlo, y cada vez que veo una foto o una publicación “desde Ecuador”, me pongo a llorar. Con los días empieza a pasar. Sí, soy una exagerada pero ¿Qué tanto?. Así lo siento.

Hay que gente que pela el cable con que uno está en el lugar que debería estar y nada más. Jipis culiaos, váyanse a la chucha. Yo sólo quería estar comiendo quesadillas, tomándome una piscola –o a lo sumo un vino shileno con unos chocolates con 800.000 porciento de cacao- y riéndome a carcajadas largas y sonoras con mis amigos, con esos que justamente he hecho viniendo y volviendo. Pero no.

Pasaron muchas cosas, pero para hacer un resumen pa que dejen de preguntarme ¿Y tú no estabas viajando? :

  1. Plata de menos: Contaba con cierta plata (poca, pero me manejo en montos muy acotados) que me pagarían varias semanas antes de partir. De hecho: estos 3 meses casi exactos en Santiago y ciertas pegas adicionales a lo que ya llevaba haciendo, era justamente para eso: para financiar mi viaje Perú y algo más. Ese algo más iba a ser Ecuador, más que nada porque es un país que quiero conocer hace tiempo, porque tenía amigos que viven o justamente estaban ahí y verlos a los 4, juntos o por separados me hacía mucha ilusión. La plata no me llegó antes, no me llegó el día que me iba ( hubiesen visto mi cara y mis lágrimas de monos chinos cuando salí del cajero con saldo $5450 CLP ( algo así como 10 dólares) y lo peor de lo peor fue que me decían que al día siguiente iría alguien a dejármela o que me la envíarían. Eso hizo que rechazara alojamientos gratuitos, cancelara voluntariados que ya había conseguido y que viviera una situación muy incómoda en el hostal donde estaba, diciendo todos los días que me quedaría un día más (menos mal que fueron un sol), estando casi con la misma ropa una semana ( porque mi bolso estaba en bodega, lista para partir. Por fin aprendí la técnica lavar y ponerse 2 mudas de ropa). Gasté plata que no tenía considerada, por lo que cuando por fin me llegó “la plata”, ya no me alcanzaba.
  2. Ir a Ecuador (o ir a cualquier parte en realidad) para mí siempre tiene una idea muy de personas. Voy a ver a personas, me voy a encontrar con personas, voy a conocer personas. Probablemente casi nunca verán fotos mías de edificios, de naturaleza o de nada parecido pero sí verán fotos con gente que he conectado.
    Primero, pensaba devolverme en un bus que iría desde Lima con algunas de las personas ecuatorianas que venían al foro (tantos audios al respecto, Huaca), pero finalmente no fue. Luego, igual conversamos que llegaría a Quito en lo inmediato. De pronto, mi amigazo Pablo Garrido me cuenta que va camino a Ecuador ¡Loco quería partir en ese mismo instante a compartir y a reírnos y a contarnos de este viaje hasta ahora! Más otro amigo que nos habíamos conocido en Colombia ¡Era la gloria misma! ¡Podría contactarme con al Blnbike! ¡Podría conocer a Chipote Chillón ¡Podría conocer los lugares del próximo foro e intentar pedalear a esa cantidad de kilómetros de altura! Pero sin embargo, entre cancelaciones por la demora y demases (No pudimos pagar mi suscripción a Backpackers, por lo que finalmente aplicamos con Workaway) y conseguí un voluntariado en Loja, sur del país.  Cuando traté de pensar con la cabeza un poco más fría y coordinar con día, hora y lugar (Si llego el jueves, nos vemos antes de empezar?) la verdad es que no se podía (¿). Finalmente si iba a esa zona de Ecuador, tampoco vería a ninguno de los amigos que pensaba visitar.
  3. Estoy enchuchada con un montón de gente que los últimos años me ha tratado siento como el pico, pero muy soslayadamente. No es sólo un tema monetario: es un tema de dignidad, de entrega, de mariconearse, de invisibilizar. De personas que me han dejado plantada unas 348 veces por lo menos, de personas para las cuales les he trabajado no solamente lo que me corresponde sino que más y se dan el lujo de tratarme como un estropajo. QUÉ PAJA HUEÓN, QUÉ PAJA. Así que he englobado todo eso, como nunca, en gente que no quiero tener cerca, quiero recortar, cambiar de rubro,  bloquear, olvidar.
  4. Mi familia inmediata, osea mi madre, estaba media complicada de salud ( sí, más que de costumbre) y sentía que no estar en Chile, significaba también dejarla un poco sola. Eso pasa y me seguirá pasando cada vez más, razón principal por lo que siempre tenderé a volver, por mucho que me guste vivir en otros lados.

Fue súper difícil tomar la decisión de volver esta vez, pero viendo que ninguno de los planes que tenía estaban funcionando, que en verdad ya por $ no me alcanzaba como planificaba y que no quería pasarlo mal, volví.

Estar en esta situación de volver en pelotas monetariamente, emocionalmente, dolida con todos mis ex jefes,amigos (?) me tiene terriblemente sensible. Pero si hago un breve ejercicio de memoria, esta no es ni la primera vez y probablemente no va a ser la última. No me he muerto por cosas peores, no me voy a morir por esto ( aunque un par de días tal vez lo sentí así onda pero muy mucho). He vuelto de viajes que me iba para siempre jamás ( aló Argentina) o de las veces que me iba a girar con un circo, porque hacer poi con fuego era mi vida ( Aló Argentina otra vez) ni cuando moví cielo mar y tierra pa ir donde un amigo que #ahyashao ( aló Colombia?)  y no me morí antes, no me voy a morir ahora. Creo que hasta debería hacer un manual de “Cómo empezar de nuevo cuando después de un momento clave estás en 0 en todos los sentidos”

Los viajes, como la vida, tienen de todo. No, no todo es felicidad por Instagram, fotitos hermositas ( esta vez además quedé sin celular y fue el manso parto conseguir uno graciaschiquillasgracias) sobre todo cuando lo que tenías organizado no sale como preveías ( igual siempre pasa un poco siento yo). A veces me siento terrible de looser y a veces me siento súper winner porque en verdad, he fracasado tantas veces que puedo ser como una aventajada en esto que a una no le resulten las cosas o que de tantas, de repente me funcionan cosas bacanes. Como la reina de eso. Como cuando hay gente que cree que tengo suerte cuando pasan cosas increíbles y yo le llamo equilibrio. Y después me acuerdo que hay amigos que me dicen que finalmente siempre me funcionan las cosas, así que que no alegue tanto y que total si todo fuera fácil, no sería ni yo ni mi vida.

Aquí estoy, de vuelta en Santiago y todo me da vueltas porque yo no pensaba estar aquí ahora.
En una semana ya tengo un par de propuestas de trabajos nuevos/entretenidos( y yo que ya me estaba angustiando neña por dios, aunque OJO siempre pueden proponerme otras cosas entretenidas), me publicaron en una revista mexicana sobre esto de viajar sola, estoy peleando con los DNS para lanzar el sitio de verdad, con lo que sólo puedo pensar una cosa: 2019, pedalear por Cuba. Y tirar pa arriba la Comunidad Viajar Sola. Trabajo y viajes, nada más. Nada menos.

                                                                                                                   PD: Si tienes algún proyecto rentable entretenido que contarme y piensas que quepo ahí. O si crees que deberíamos armar la revolución. O si piensas que puedes tener info relevante para alguna de mis locuras o que puedo tener para alguna de las tuyas. O quieres que te muestre Santiago a cambio de un regalo. O eres un computín que podemos hacer un trueque porque me ayudes con los DNSs porque no me está resultando. O quieres preguntarme algo sobre los lugares que he visitado, es cosa que me mandes un mail y conversemos (Siempre acuérdate de presentarte y pensar que creo en la colaboración y odio profundamente todo lo que pueda sonar a imperativo) 😉 mariapazcastilloc@gmail.com 

Tomar once

Nota al margen: He decidido hacer una serie llamada Cosas mamonas que me hacen sonreir. Guarda relación con algunas conversaciones antiguas, como cuando hablé sobre la Ternura en las personas adultas , sobre amar libremente sin enrollarse o incluso, sobre mi teoría odiosa de las amistades machistas . No me quiero descartar de mis propias mamonerías ( en chileno es como cosas demasiado tiernas, cayendo en ser melosas) disfrazadas de coqueteos, sino quiero poner en su lugar, hermoso, cercano y no siempre con otras intenciones, de situaciones simples que me encantan. Bueno, piensen la hueá que quieran en verdad.

La once, una comida que se practica en Chile entre el almuerzo y la cena, es una suerte de merienda contundente, un extensión de la cena o simplemente, que en Chile tenemos otra comida más, porque nos gusta comer no más.

Nació en teoría de un juego de palabras entre los hombres que iban a tomar “la once” que significaba las 11 letras que había en “Aguardiente”, destilado que consumían al salir de los trabajos y que comentaban en clave para no ser descubiertos. Pero a cualquier persona de este territorio, el tomar once a primera, significa tomar té, café, mucho pan ( ojalá marraquetas o pan batido) y distintos aderezos como huevo, palta, mermelada, queso, jamón, tomate o un sinfín de agregados más.

Cuando estoy fuera de Chile, echo de menos (saudade, nostalgia, añoranzas)  tomar once. Pero no es tanto por esta comida en sí misma (bueno, la palta y las marraquetas las echo de menos todo el tiempo), sino por lo que significa en mi corazón y probablemente en el corazón de la gente tomar once: se toma once con los abuelos, con los papás, con los amigos, con las parejas, con la gente que se quiere. No se toma once con los compañeros de trabajo por ejemplo: tal vez se puede tomar café o té, pero once, así como once, no.

A mí me gusta tomar once, porque me gusta tomar té, me gusta tomar (buen) café, porque me gusta conversar y comer. Me gusta la intimidad que se genera en esos lugares donde el día que yo llegue, tomamos once. Hay casas en la periferia de Santiago, donde viví hasta los 22 (La Pintana,La Granja o la Florida) o en el Barrio Yungay, donde aunque no hayamos hablado en 6 meses o no nos hemos visitado en un año, es evidente que tomaremos once y nos reiremos y compartiremos, iremos a comprar pan, pondremos el hervidor o la tetera, moleremos la palta y nos contaremos todo lo que ha pasado ese tiempo. A veces, no tengo más que un par de horas antes de ir al médico o de ir a una reunión importante; antes que baje el sol y continúe mi pedaleo. O al contrario: invitar a alguien a tomar once, debe ser como un gesto increíblemente humano, cercano, a una velocidad distinta a tomarse una cerveza que me la puedo tomar con cualquiera o almorzar: una once puede durar una hora o una tarde completa. Tiene un ritmo, un notorio gesto de buena onda y cercanía. Siempre es hermoso tomar once en una casa que te invitaron o invitar.

 Me basta con ese par de horas, para sentir tanto amor, tanta alegría, tanta sensación de casa en mi corazón, que puede ser que no me importe pedalear 36 kilómetros, viajar en varios transportes, pedalear bajo el viento frío, desviarme de mi camino o “gastar” dinero o tiempo en sólo tener ese par de horas. Con una vida tan apurada, tan rápida, tan llena de menciones por redes sociales ¿Cómo no va a ser rico un par de horas de comer y conversar con alguien cueste lo que cueste?

Y puede ser que la idea de vernos un par de horas te parezca absurdo en relación al esfuerzo relacionado a ello. A mí me parece mágico, necesario, urgente si me caes bien. Me va a romper el corazón que no suceda, por una sucesión de evasivas/cambios de planes/desagendamientos, por un no dicho tangencialmente, o que salgas corriendo porque *situación rarita* .Para mí siempre será “Oye me caes tan bien que hasta te invité/me invitaste a tomar once!!!”.

Ojalá que nunca se acabe esa costumbre. Ojalá que nunca dejemos de tomar once.

Vértigo

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Con esta foto estoy lista para la publicación de tarjetas VIllage.

Como cuando uno se detiene en el atardecer desde los miradores de Lima y piensa que si se cayera de ahí, no sale viva. O cuando uno va pedaleando a toda velocidad por Balmaceda en la subida de la Panamericana en Santiago para entrar por Brasil. O cuando tiene la oportunidad de subirse a un parapente o a hacer rafting (especialmente sin saber nadar o volar, como en mi caso), o cuando terminas una relación, un proyecto o decides finalizar con algo importante, hoy tengo la misma sensación. Vértigo, adrenalina, nervios, ansiedad, ilusión. ¿Qué viene ahora?

Tengo en este momento un privilegio único: En lo consiguiente, puedo hacer “lo que quiera”. Wow, tan así no es, pero sí.Lo que quiera puede ser quedarme aquí o ir donde programé (¿Te está sonando a la encrucijada Medellín-Ovejas?).O a mitad de camino. Puedo cambiar la ruta a mi antojo o crear una nueva ruta y desarrollar actividades que me permitan llegar a ella. Puedo juntarme hoy con un par de personas por couchsurfing y que me mencionen de un lugar maravilloso, entusiasmarme y partir. O puedo enamorarme y desenamorarme, deslumbrarme o desencantarme unas 800 veces más-como me suene suceder también- y que mucho de mi quedada o partida tenga cierta relación con ello, para qué lo vamos a negar. Puedo seguir postulando a voluntariados a donde salgan de aquí a dónde era mi ruta o a donde más o menos me gustaría estar los siguientes meses y conectarlo a las personas que he ido conociendo en el camino; mi viaje sigue siendo de personas y no estoy ni ahí con hacer check en los lugares que hay que conocer. Prefiero hacer check-abrazos con las personas que quiero conocer, reconocer, entrevistar, con la gente que me quedaría una tarde conversando o cocinando, con la gente que cuando habla de lo que ama y realiza a la vez, le brillan los ojos. Pucha que me gusta juntarme con esa gente.

Como suele suceder desde que me planteé viajar por meses, todo lo que había programado pareciera borrarse lentamente como cuando uno escribe en el mar. Hace días yo estaría en Ecuador y en el lugar que me estoy quedando se ríen porque todos los días digo “1 día más”. Ayer pensaba en lo bonito de aprender a cambiar de opinión, sobre todo en la adultez neoliberal, que te exige que pienses lo mismo para siempre o en mi propia imposición de ciertas rutas.

Hace unos días estaba haciendo una presentación y hace un par de días estaba escribiendo una columna para una revista mexicana y hoy estoy tratando de redactar mentalmente para la postulación de historias de Duolingo (Gracias Belén). Hace unos días estaba pensando en lo bonito de re encontrarse con amigos de años,que todavía me queda juventud para decir “A las 5 nos vamos pa la casa”, como también de conocer gente nueva y encontrar que es una muy buena idea pasar tiempo con ellos. Volver a escuchar audios de mis amigos en la ruta, sentirme en casa estando lejos. Sentir que no estaba tan equivocada cuando volviendo de Argentina por enésima vez, me prometí trabajar on line para hacerlo de cualquier parte.

Estoy sintiendo el airecito en la cara, la mochila está hecha, tengo calzones limpios para 1 semana. ¿Para dónde me llevará el viento?