Selena

Mientras estaba haciendo unas tareas de inglés, estaba escuchando una lista de Youtube que estoy haciendo: Canciones en inglés, subtituladas al inglés y el español de todos los tiempos que hemos tarareado toda la vida pero que nunca he sabido qué dicen ni me ha interesado traducir hasta ahora. Sí, estoy obsesionada con cumplir mi autopromesa de llegar a octubre con un inglés razonable y a diciembre hablando y expresándome más o menos bien.

De repente llegué a la historia de Selena. Y me pasé cerca de una hora viendo un documental de su vida, sus últimas presentaciones, las palabras de su esposo, su padre, su hermano y como la representó Jennifer López.

La cantante estadounidense, pero de origen latino-México-fue en su momento de las latinas que hasta hoy han vendido más discos en la historia. De las más famosas de las más queridas, que el año 1995 fue asesinada por la presidenta de su fansclub y administradora de sus tiendas cuando quería despedirla debido a las malversaciones de fondo de las que se había dado cuenta la cantante.

El año pasado estaba en México, cuando me llegó una invitación de Berenice, a una fiesta que mencionaba este término. Para cualquier latin@, tararear al menos esta canción mientras la estás leyendo, es natural. Creo que si las religiones han creado figuras y enzalzado personas para admirar y adorar, yo voy a elegir a Selena, como una de mis figuras a seguir.

Ay Selenita, ayúdame a aprender inglés y a triunfar en mi área, escribiendo en ese idioma. Ayúdanos a las latinas pelo negro y rasgos mestizos, que tú sabes que cargamos con todos los prejuicios por el puro hecho de haber nacido en este territorio, qué decir del color o las formas de nuestro cuerpo. Ayúdanos a las mujeres a destacar en áreas artísticas yendo al frente y no detrás.

Quiero ser la Selena Quintanilla y no la Manuelita Saenz de tu corazón bb

 

Vivir en la periferia, después de vivir un siglo

Soy floridana.

Puede que haya vivido en el edificio más bello de Bellas Artes, puede que haya andado viviendo los últimos años en miles de lugares de mierda arrancando de todos los tipos de vulnerabilidades que le pasan a la gente cuando es mujer y no tiene casa o no. Puede que el último año y medio haya estado entre viajes por latinoamérica con muy bonitas fotitos para instagram, pero en mi corazón, en mis venas, en lo más profundo de mi ser, soy floridana.

Me crié con el raco en la cara, viendo la cordillera nevada mientras amanecía y yo atravesaba todo Santiago de sur a norte para ir al colegio . No me acuerdo de la casa de mi abuela en Conchalí,pero sí cuando fui a la inauguración de Falabella cuando abrió, fui a la inauguración del metro línea 5 ( obvio que paseé la primera vez en ese metro que iba por arriba y que se veía la cordillera con lucecitas). Obvio que la primera vez que tuve una salida de pololeo fue al Bravíssimo, obvio que me junté con mucha gente afuera del mall, obvio que fui alguna vez a La Florida es Teatro y obvio que me comí un glotón en Serafín Zamora.

Tomé colectivo, me fui en la 210, pero antes me fui en la 357, en la 405 y en la 373, antes del Transantiago, antes de las 7 de la mañana.. Fui a la discoteque esa que está en Avenida La Florida y también estuve por entre Santa Rosa y Gran Avenida. Esos son mis barrios y aunque estén cambiados, no puedo creer que alguien no los conozca. De hecho no me acuerdo ni de como eran ni de como son ahora, pero mis pies y mi corazón recorren solos sin pensar a lo básico: patio de comidas.

Por cosas de la vida o porque decidí vender todo y viajar y ahora volver y no tener nada de nada, estoy viviendo en la periferia otra vez. No en la misma periferia de mi infancia, no en mi casa, ya mi casa no existe. En otro lugar, en otro contexto, otro mundo.

A todo lo que yo le llamaba casa hace esos años no existe más, pero tampoco a lo que yo le llamaba casa hace un par. Mi casa es algo así como el par de individuales que llevo cuando viajo, mi casa es ese par de horas cuando nos tomamos un tecito con un amigo o nos juntamos a almorzar, ese abrazo largo largo que se nos ocurre tener con la gente que todavía nos saludamos con cariño. Casa es tal vez la sensación que nunca más voy a tener o casa es sólo el nombre de mi primer libro que tanto me ha costado sacar, pensar, vomitar.

Podría extenderme, hablar del neoliberalismo tan lejano de como he decidido (?) vivir estos años de muerte y alegría. Podría hablar de todo ese plan siniestro que hicieron en dictadura para llevar a cierta gente a ciertos ghettos con los que limitábamos cuando era chica. Podría hablar de la gente de la Rotonda Atenas, de la desigualdad en Chile y en Latinoamérica y hasta podría dar ejemplos de como, el acceso a la cultura de las periferias es tan entorpecido, que terminan siendo robots que sólo compran, pagan, tienen miedo, quieres lo que tienen en la tele y sufren por eso. Pero no.

Lo que yo quería escribir, es que siento que vuelvo a vivir en la periferia y no sólo a dormir: estoy estudiando inglés ( y chucha que me tiene motivada y sumergida) y yendo al gimnasio ( sí, soy yo, no se equivocó de blog), transportándome en la periferia, en el metro de la periferia, con gente de la periferia, con la gente que habitualmente no trabaja en organizaciones sociales, con la que no le alcanza para fin de mes y no puede comer fuera siempre . Eso significa para mí muchas cosas también: significa que estoy lejos de todo lo que ha sido “mi mundo”, incluso hasta más que cuando estoy lejos físicamente. Pequeñas burguesías, pequeños privilegios como pasear por el parque o ir a un concierto con la tranquilidad que el taxi me va a salir luca o que en 5 minutos pedaleando puedo estar en la casa de cualquier persona.

Eso significa que me tengo que encontrar no sólo con lo que era, si no con lo que es todo el mundo que dejé hace más de una década.

Y es loco, pienso, siento, creo, mi cuerpo grita que he vivido un siglo. Tengo varias operaciones demás, ya no me llaman con tanta facilidad “flaca” en la calle, a veces hasta algunos energúmenos del demonio me llaman señora, hijos de sus madres.

Cuando salí de acá era flaca, casi virgen, católiquísima en proceso de descatoliquizarme. No tenía idea de música,  ni de eventos de ese tipo, menos de conciertos y de after conciertos y que en la noche podía trabajar en tantas cosas o que yo misma podía organizar algo; casi no conocía a nadie del mundo artístico, había asistido a ver muy poco teatro.

Toda la gente que yo conocía pensaba más o menos igual: gente buena,con ganas de salvar al mundo, sumergida en una religión que les decía que usar condón era malo ( perdonen chiquillos, pucha que lamento eso), que tener sexo era malo ( puta la hueá que la cagamos) y que los hombres y sólo los hombres podían ser autoridad. A todos nos quedaba lejos la vida, siempre había que salir una hora o una hora y media antes de cualquier cosa ¡Nos levantábamos súper temprano!

Y ya no soy virgen (?), ya no soy católica. He visto millones de conciertos, he viajado por 7 países, he vivido en más de 40 lugares, tengo un par de dreads, uso la ropa que han dejado entre las colas de las ferias, las amigas viajeras, regalos y cada vez me importa menos que algo se me pierda por ahí ( bueno, nunca me ha importado mucho, pero ahora menos). Creo que teñirse el pelo es un gastadero de plata absurdo, cuando me compro ropa en un mall sufro, veo televisión porque donde vivo hay una, pero hace más de 10 años que no tengo una al frente propia.  ¡Soy otra persona y constantemente estoy mutando a otra más distinta a como era cuando volví de viajar o cuando decidí irme!

Vivir en la periferia en este momento no es una opción. Acá estoy, reacostumbrándome, odiando, amando, re encontrándome con todo lo que me significa y con lo que me distancia.

Estoy tratando de no volverme loca de depresión post viaje (debe ser la peor de todas ¿O es normal que cada vez es peor?) .Estoy tratando de enfocar todas mis energías en hacer cosas que sé que me van a servir en un futuro para mis fines más próximos: un curso de inglés ( quiero escribir en inglés y quiero hablar cosas más complicadas que “where you from?” “When time are you travelling”); un mes de gimnasio (ha comenzado el entrenamiento para esos pedaleos largos o para que se vaya la guata antes de la primavera), rearmar la (Comunidad) Viajar Sola y probablemente sacar un nuevo emprendimiento esta semana que me permita moverme hasta que tenga un trabajo de verdad.

En eso estoy. Viviendo, moviéndome, muriendo y viviendo en la periferia, al sur de Santiago, lejos. Todo, después de vivir un siglo

 

 

Tiempo

Colombia, 7 de octubre del 2017

El tiempo es poco. Me estoy muriendo.

Estoy corriendo mientras me alcanza la diabetes, la hipertensión. Estoy arrancando de alguna otra moto que me quiera dejar botada en el piso,disfrazándome para que no me pongan más fierros en la columna o de la pared hasta romperme la frente de dolor cuando hace frío. Todos los días queda un poco menos de ese ánimo incansable. Duermo un poco más, me canso más, cada día hago un poco menos porque ya no soy capaz.

No tengo tiempo ni ganas de dedicar tiempo en analizar por qué las personas tienen ese cuerpo como yo lo considero incorrecto o a desgastar mis oídos en música que no me gusta. No tengo ánimos de hacerles funas a nadie porque hoy amanecí con ganas de ser poco agradable para después hacer como que aquí no ha pasado nada y tampoco tengo fuerzas para analizar qué cara puse o no puse.Me queda poco tiempo para eso. Hay cosas infinitamente más importantes y urgentes.

Me quedan 57 años si logro llegar a los 90. En esos años debo ver todo lo que me permita la miopía y el astigmatismo, que ruego no vengan las cataratas ni los desprendimientos de retina o las retinopatías diabéticas. Sí le resto a ese tiempo la fiebre, los resfriados, el tiempo que me pasaré haciendo filas o esperando que a alguien querido lo estén operando o velando, o en las conversas maravillosas que me encanta tener o en los conciertos que amo escuchar, el tiempo se me reduce vertiginosamente. No tengo tiempo.

Tengo demasiado terror de pasar mi vida viendo como debería haber sido y no fue, porque estuve odiando, peleando, escuchando conversaciones de mierda o haciendo cosas que no quería hacer ¿Analizar el último reality, ponerse a pensar y desmembrar la envidia que supuestamente me tienen o con quién se acuesta o se deja de acostarse la otra gente que no soy yo? ¿Culpar al resto de lo triste de la vida que tengo?. Tengo pánico del poco tiempo ¿Por qué gastaría tiempo en pasarlo mal?

Todo es hoy ¿Te cachai si tuviéramos la noción de que en verdad no nos volveremos a ver y esta es nuestra única oportunidad? Juntémonos, veámonos, abracémonos. Eso de dejar para mañana, pasado, para algún día no existe ¿Te cachai me muero y nunca nos juntamos? ¿Te cachai te pasa algo y no volvemos a conversar?

Estoy viajando antes que me vuelva a suceder algo grave. Estoy viviendo antes que suceda algo terrible. Estoy bailando antes que no pueda volver a mover las piernas. Porque las cosas graves y terribles suceden todo el tiempo y no es ser fatalista: simplemente pasan (y me han pasado); pero lo más grave y terrible debe ser dejar el tiempo correr en cosas que no tienen sentido ¿Por qué gastar el tiempo en cosas nimias? ¿Por qué lamentarse cuando aún hay tiempo? Me he muerto unas 20 veces. Todos los días me estoy muriendo un poco. No hay tiempo ¡No hay tiempo!

Talleres de Mecánica Básica de bicicletas para mujeres

El próximo año quiero ir a buscar mi bici que está en una playa (Cancún) y pedalear en una isla al frente muy bonita (Cuba). Bonito proyecto, de ensueño peeero como que todavía pongo cara de damisela en peligro cuando pincho y BASTA CONCHETUMARE. Me propuse que tengo este año y el otro para ser megaseca y autónoma al respecto.

Una idea que viene hace rato rondando desde lo particular (mi necesidad) a lo colectivo (creo que somos hartas mujeres en bici y tan pocas las que se atreven a reparar aún) por muchas partes, se materializa la próxima semana. Participando, además, permite que podamos hacer otros en otras partes donde no sea tan fácil tomar un taller.

Si no puede/no quiere/ o le parece una fantástica idea, es cosa que nos ayude con la difusión compartiendo en su muro, entre sus amigas/hermanas/madres/etc.

Si le parece una fantástica idea y quiere pagarle o aportar $ para el taller a alguien que no pueda pagarlo, también.

Cualquier consulta conmigo o al mail que aparece en el flyer.
Besos y abrazos, ojalá de esos que sacan pedazos, sino pa qué.

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La Perla en Maestra Vida

La Perla, propuesta artística musical conformada por 4 mujeres colombianas, inspiradas en las músicas del gran caribe, que a su vez ponen a
dialogar con sonoridades propias de la ciudad de Bogotá, llegan por primera vez a Chile, iniciando su gira en Salsoteca Maestra Vida, mítico lugar de la capital.

 
En esta fecha,martes 27 de marzo, además de ser la apertura a su gira por Chile, pretende ser una fiesta como esas que te gustan a ti y a mí, teniendo también por vez primera una banda de este tipo, donde la banda y la producción está íntegramente conformada por mujeres. (Puedes consultar mayor información en el evento en Facebook)

La Gira

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La gira, denominada “La Bruja” pretende estar presente en 3 de las ciudades de Chile: Santiago, Valparaíso y Concepción, encontrándose con las sonoridades propias traídas desde Colombia, como gaita, porro, chalupa, bullerengue, cumbia, merengue dominicano, champeta,guaguancó y beat box, como también con las variaciones propias que se han ido dando en el país.
Esta gira fue gracias a la autogestión de las chicas y una campaña de crowdfunding llamada échale Leña al fuego, que todavía está vigente en el siguiente link.
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La banda

 

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La Perla es un conjunto de 4 mujeres (3 bogotanas y una de Cartagena) que han dado que hablar los últimos años, en festivales en Colombia y México, haciendo que su llegada a Chile sea la forma evidente de ampliar sus horizontes a Sudamérica, donde la música afrocolombiana se ha ido desarrollando tanto entre los maestros que han venido, los que han ido a estudiar a Colombia, como los cultores locales de estos ritmos, dando paso a la integración cultural tan en boga por estos días, a través de la música.
Diana, Giovanna, Karen, Lali, con más de 10 años de investigación de los ritmos del caribe colombiano, han logrado desarrollar no sólo una sonoridad propia, sino el reconocimiento en lugares como el tradicional Festival de Ovejas, cuna indiscutida del ritmo de gaita o desarrollar talleres de este género en México.
Reconocidas por distintos medios, incluyendo la Revista Billboard, por la capacidad de mezclar los ritmos tradicionales de la costa caribe con lo más nuevos como el beat box, La Perla ha sido una de las bandas bogotanas más presentes en el último tiempo en festivales de la industria de la música, como el Boom, Circulart, intervenciones en Colombia al Parque, entre otros en  Colombia , llega a Chile en el centro neurálgico de la movida cultural latinoamericana en este país, de la mano de productores y amigos que han hecho en estos años de idas y vueltas.

Concurso

Escribe en los comentarios de este post, por qué deberías ganarte una invitación doble para este martes. La mejor respuesta (más creativa, colorienta, chistosa a mi parecer), gana.

Plazo: Lunes 26 20:00 hrs.

Resultados: Lunes 26, 22:00-23:00 hrs (Santiago de Chile).

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Vuelvo vida vuelvo: Resumen Febrero Marzo 2018

Acabo de cumplir hace 2 días, una semana luego de volver de Lima.

Ok: Yo debería estar en Quito, en Cuenca o en Loja, no sé. Pero que debía estar en Ecuador, eso es seguro. Me duele el corazón pensarlo, y cada vez que veo una foto o una publicación “desde Ecuador”, me pongo a llorar. Con los días empieza a pasar. Sí, soy una exagerada pero ¿Qué tanto?. Así lo siento.

Hay que gente que pela el cable con que uno está en el lugar que debería estar y nada más. Jipis culiaos, váyanse a la chucha. Yo sólo quería estar comiendo quesadillas, tomándome una piscola –o a lo sumo un vino shileno con unos chocolates con 800.000 porciento de cacao- y riéndome a carcajadas largas y sonoras con mis amigos, con esos que justamente he hecho viniendo y volviendo. Pero no.

Pasaron muchas cosas, pero para hacer un resumen pa que dejen de preguntarme ¿Y tú no estabas viajando? :

  1. Plata de menos: Contaba con cierta plata (poca, pero me manejo en montos muy acotados) que me pagarían varias semanas antes de partir. De hecho: estos 3 meses casi exactos en Santiago y ciertas pegas adicionales a lo que ya llevaba haciendo, era justamente para eso: para financiar mi viaje Perú y algo más. Ese algo más iba a ser Ecuador, más que nada porque es un país que quiero conocer hace tiempo, porque tenía amigos que viven o justamente estaban ahí y verlos a los 4, juntos o por separados me hacía mucha ilusión. La plata no me llegó antes, no me llegó el día que me iba ( hubiesen visto mi cara y mis lágrimas de monos chinos cuando salí del cajero con saldo $5450 CLP ( algo así como 10 dólares) y lo peor de lo peor fue que me decían que al día siguiente iría alguien a dejármela o que me la envíarían. Eso hizo que rechazara alojamientos gratuitos, cancelara voluntariados que ya había conseguido y que viviera una situación muy incómoda en el hostal donde estaba, diciendo todos los días que me quedaría un día más (menos mal que fueron un sol), estando casi con la misma ropa una semana ( porque mi bolso estaba en bodega, lista para partir. Por fin aprendí la técnica lavar y ponerse 2 mudas de ropa). Gasté plata que no tenía considerada, por lo que cuando por fin me llegó “la plata”, ya no me alcanzaba.
  2. Ir a Ecuador (o ir a cualquier parte en realidad) para mí siempre tiene una idea muy de personas. Voy a ver a personas, me voy a encontrar con personas, voy a conocer personas. Probablemente casi nunca verán fotos mías de edificios, de naturaleza o de nada parecido pero sí verán fotos con gente que he conectado.
    Primero, pensaba devolverme en un bus que iría desde Lima con algunas de las personas ecuatorianas que venían al foro (tantos audios al respecto, Huaca), pero finalmente no fue. Luego, igual conversamos que llegaría a Quito en lo inmediato. De pronto, mi amigazo Pablo Garrido me cuenta que va camino a Ecuador ¡Loco quería partir en ese mismo instante a compartir y a reírnos y a contarnos de este viaje hasta ahora! Más otro amigo que nos habíamos conocido en Colombia ¡Era la gloria misma! ¡Podría contactarme con al Blnbike! ¡Podría conocer a Chipote Chillón ¡Podría conocer los lugares del próximo foro e intentar pedalear a esa cantidad de kilómetros de altura! Pero sin embargo, entre cancelaciones por la demora y demases (No pudimos pagar mi suscripción a Backpackers, por lo que finalmente aplicamos con Workaway) y conseguí un voluntariado en Loja, sur del país.  Cuando traté de pensar con la cabeza un poco más fría y coordinar con día, hora y lugar (Si llego el jueves, nos vemos antes de empezar?) la verdad es que no se podía (¿). Finalmente si iba a esa zona de Ecuador, tampoco vería a ninguno de los amigos que pensaba visitar.
  3. Estoy enchuchada con un montón de gente que los últimos años me ha tratado siento como el pico, pero muy soslayadamente. No es sólo un tema monetario: es un tema de dignidad, de entrega, de mariconearse, de invisibilizar. De personas que me han dejado plantada unas 348 veces por lo menos, de personas para las cuales les he trabajado no solamente lo que me corresponde sino que más y se dan el lujo de tratarme como un estropajo. QUÉ PAJA HUEÓN, QUÉ PAJA. Así que he englobado todo eso, como nunca, en gente que no quiero tener cerca, quiero recortar, cambiar de rubro,  bloquear, olvidar.
  4. Mi familia inmediata, osea mi madre, estaba media complicada de salud ( sí, más que de costumbre) y sentía que no estar en Chile, significaba también dejarla un poco sola. Eso pasa y me seguirá pasando cada vez más, razón principal por lo que siempre tenderé a volver, por mucho que me guste vivir en otros lados.

Fue súper difícil tomar la decisión de volver esta vez, pero viendo que ninguno de los planes que tenía estaban funcionando, que en verdad ya por $ no me alcanzaba como planificaba y que no quería pasarlo mal, volví.

Estar en esta situación de volver en pelotas monetariamente, emocionalmente, dolida con todos mis ex jefes,amigos (?) me tiene terriblemente sensible. Pero si hago un breve ejercicio de memoria, esta no es ni la primera vez y probablemente no va a ser la última. No me he muerto por cosas peores, no me voy a morir por esto ( aunque un par de días tal vez lo sentí así onda pero muy mucho). He vuelto de viajes que me iba para siempre jamás ( aló Argentina) o de las veces que me iba a girar con un circo, porque hacer poi con fuego era mi vida ( Aló Argentina otra vez) ni cuando moví cielo mar y tierra pa ir donde un amigo que #ahyashao ( aló Colombia?)  y no me morí antes, no me voy a morir ahora. Creo que hasta debería hacer un manual de “Cómo empezar de nuevo cuando después de un momento clave estás en 0 en todos los sentidos”

Los viajes, como la vida, tienen de todo. No, no todo es felicidad por Instagram, fotitos hermositas ( esta vez además quedé sin celular y fue el manso parto conseguir uno graciaschiquillasgracias) sobre todo cuando lo que tenías organizado no sale como preveías ( igual siempre pasa un poco siento yo). A veces me siento terrible de looser y a veces me siento súper winner porque en verdad, he fracasado tantas veces que puedo ser como una aventajada en esto que a una no le resulten las cosas o que de tantas, de repente me funcionan cosas bacanes. Como la reina de eso. Como cuando hay gente que cree que tengo suerte cuando pasan cosas increíbles y yo le llamo equilibrio. Y después me acuerdo que hay amigos que me dicen que finalmente siempre me funcionan las cosas, así que que no alegue tanto y que total si todo fuera fácil, no sería ni yo ni mi vida.

Aquí estoy, de vuelta en Santiago y todo me da vueltas porque yo no pensaba estar aquí ahora.
En una semana ya tengo un par de propuestas de trabajos nuevos/entretenidos( y yo que ya me estaba angustiando neña por dios, aunque OJO siempre pueden proponerme otras cosas entretenidas), me publicaron en una revista mexicana sobre esto de viajar sola, estoy peleando con los DNS para lanzar el sitio de verdad, con lo que sólo puedo pensar una cosa: 2019, pedalear por Cuba. Y tirar pa arriba la Comunidad Viajar Sola. Trabajo y viajes, nada más. Nada menos.

                                                                                                                   PD: Si tienes algún proyecto rentable entretenido que contarme y piensas que quepo ahí. O si crees que deberíamos armar la revolución. O si piensas que puedes tener info relevante para alguna de mis locuras o que puedo tener para alguna de las tuyas. O quieres que te muestre Santiago a cambio de un regalo. O eres un computín que podemos hacer un trueque porque me ayudes con los DNSs porque no me está resultando. O quieres preguntarme algo sobre los lugares que he visitado, es cosa que me mandes un mail y conversemos (Siempre acuérdate de presentarte y pensar que creo en la colaboración y odio profundamente todo lo que pueda sonar a imperativo) 😉 mariapazcastilloc@gmail.com 

Tomar once

Nota al margen: He decidido hacer una serie llamada Cosas mamonas que me hacen sonreir. Guarda relación con algunas conversaciones antiguas, como cuando hablé sobre la Ternura en las personas adultas , sobre amar libremente sin enrollarse o incluso, sobre mi teoría odiosa de las amistades machistas . No me quiero descartar de mis propias mamonerías ( en chileno es como cosas demasiado tiernas, cayendo en ser melosas) disfrazadas de coqueteos, sino quiero poner en su lugar, hermoso, cercano y no siempre con otras intenciones, de situaciones simples que me encantan. Bueno, piensen la hueá que quieran en verdad.

La once, una comida que se practica en Chile entre el almuerzo y la cena, es una suerte de merienda contundente, un extensión de la cena o simplemente, que en Chile tenemos otra comida más, porque nos gusta comer no más.

Nació en teoría de un juego de palabras entre los hombres que iban a tomar “la once” que significaba las 11 letras que había en “Aguardiente”, destilado que consumían al salir de los trabajos y que comentaban en clave para no ser descubiertos. Pero a cualquier persona de este territorio, el tomar once a primera, significa tomar té, café, mucho pan ( ojalá marraquetas o pan batido) y distintos aderezos como huevo, palta, mermelada, queso, jamón, tomate o un sinfín de agregados más.

Cuando estoy fuera de Chile, echo de menos (saudade, nostalgia, añoranzas)  tomar once. Pero no es tanto por esta comida en sí misma (bueno, la palta y las marraquetas las echo de menos todo el tiempo), sino por lo que significa en mi corazón y probablemente en el corazón de la gente tomar once: se toma once con los abuelos, con los papás, con los amigos, con las parejas, con la gente que se quiere. No se toma once con los compañeros de trabajo por ejemplo: tal vez se puede tomar café o té, pero once, así como once, no.

A mí me gusta tomar once, porque me gusta tomar té, me gusta tomar (buen) café, porque me gusta conversar y comer. Me gusta la intimidad que se genera en esos lugares donde el día que yo llegue, tomamos once. Hay casas en la periferia de Santiago, donde viví hasta los 22 (La Pintana,La Granja o la Florida) o en el Barrio Yungay, donde aunque no hayamos hablado en 6 meses o no nos hemos visitado en un año, es evidente que tomaremos once y nos reiremos y compartiremos, iremos a comprar pan, pondremos el hervidor o la tetera, moleremos la palta y nos contaremos todo lo que ha pasado ese tiempo. A veces, no tengo más que un par de horas antes de ir al médico o de ir a una reunión importante; antes que baje el sol y continúe mi pedaleo. O al contrario: invitar a alguien a tomar once, debe ser como un gesto increíblemente humano, cercano, a una velocidad distinta a tomarse una cerveza que me la puedo tomar con cualquiera o almorzar: una once puede durar una hora o una tarde completa. Tiene un ritmo, un notorio gesto de buena onda y cercanía. Siempre es hermoso tomar once en una casa que te invitaron o invitar.

 Me basta con ese par de horas, para sentir tanto amor, tanta alegría, tanta sensación de casa en mi corazón, que puede ser que no me importe pedalear 36 kilómetros, viajar en varios transportes, pedalear bajo el viento frío, desviarme de mi camino o “gastar” dinero o tiempo en sólo tener ese par de horas. Con una vida tan apurada, tan rápida, tan llena de menciones por redes sociales ¿Cómo no va a ser rico un par de horas de comer y conversar con alguien cueste lo que cueste?

Y puede ser que la idea de vernos un par de horas te parezca absurdo en relación al esfuerzo relacionado a ello. A mí me parece mágico, necesario, urgente si me caes bien. Me va a romper el corazón que no suceda, por una sucesión de evasivas/cambios de planes/desagendamientos, por un no dicho tangencialmente, o que salgas corriendo porque *situación rarita* .Para mí siempre será “Oye me caes tan bien que hasta te invité/me invitaste a tomar once!!!”.

Ojalá que nunca se acabe esa costumbre. Ojalá que nunca dejemos de tomar once.

Vértigo

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Con esta foto estoy lista para la publicación de tarjetas VIllage.

Como cuando uno se detiene en el atardecer desde los miradores de Lima y piensa que si se cayera de ahí, no sale viva. O cuando uno va pedaleando a toda velocidad por Balmaceda en la subida de la Panamericana en Santiago para entrar por Brasil. O cuando tiene la oportunidad de subirse a un parapente o a hacer rafting (especialmente sin saber nadar o volar, como en mi caso), o cuando terminas una relación, un proyecto o decides finalizar con algo importante, hoy tengo la misma sensación. Vértigo, adrenalina, nervios, ansiedad, ilusión. ¿Qué viene ahora?

Tengo en este momento un privilegio único: En lo consiguiente, puedo hacer “lo que quiera”. Wow, tan así no es, pero sí.Lo que quiera puede ser quedarme aquí o ir donde programé (¿Te está sonando a la encrucijada Medellín-Ovejas?).O a mitad de camino. Puedo cambiar la ruta a mi antojo o crear una nueva ruta y desarrollar actividades que me permitan llegar a ella. Puedo juntarme hoy con un par de personas por couchsurfing y que me mencionen de un lugar maravilloso, entusiasmarme y partir. O puedo enamorarme y desenamorarme, deslumbrarme o desencantarme unas 800 veces más-como me suene suceder también- y que mucho de mi quedada o partida tenga cierta relación con ello, para qué lo vamos a negar. Puedo seguir postulando a voluntariados a donde salgan de aquí a dónde era mi ruta o a donde más o menos me gustaría estar los siguientes meses y conectarlo a las personas que he ido conociendo en el camino; mi viaje sigue siendo de personas y no estoy ni ahí con hacer check en los lugares que hay que conocer. Prefiero hacer check-abrazos con las personas que quiero conocer, reconocer, entrevistar, con la gente que me quedaría una tarde conversando o cocinando, con la gente que cuando habla de lo que ama y realiza a la vez, le brillan los ojos. Pucha que me gusta juntarme con esa gente.

Como suele suceder desde que me planteé viajar por meses, todo lo que había programado pareciera borrarse lentamente como cuando uno escribe en el mar. Hace días yo estaría en Ecuador y en el lugar que me estoy quedando se ríen porque todos los días digo “1 día más”. Ayer pensaba en lo bonito de aprender a cambiar de opinión, sobre todo en la adultez neoliberal, que te exige que pienses lo mismo para siempre o en mi propia imposición de ciertas rutas.

Hace unos días estaba haciendo una presentación y hace un par de días estaba escribiendo una columna para una revista mexicana y hoy estoy tratando de redactar mentalmente para la postulación de historias de Duolingo (Gracias Belén). Hace unos días estaba pensando en lo bonito de re encontrarse con amigos de años,que todavía me queda juventud para decir “A las 5 nos vamos pa la casa”, como también de conocer gente nueva y encontrar que es una muy buena idea pasar tiempo con ellos. Volver a escuchar audios de mis amigos en la ruta, sentirme en casa estando lejos. Sentir que no estaba tan equivocada cuando volviendo de Argentina por enésima vez, me prometí trabajar on line para hacerlo de cualquier parte.

Estoy sintiendo el airecito en la cara, la mochila está hecha, tengo calzones limpios para 1 semana. ¿Para dónde me llevará el viento?

¿Y si viajo en bicicleta?

Tengo una idea que cada vez suena más fuerte en la cabeza, todos los días un poquito más: viajar en bicicleta.

Junio del 2019 es la fecha que me he puesto para empezar mi primer viaje en bicicleta de largo alcance. Sí, ya sé que es una locura (Cuéntate una nueva, dirían los expertos). Sí, sé que no es tan fácil, menos en mi caso,  pero también sé que hay cosas muchos más difíciles.

Lo primero que hay que considerar que soy una persona un tanto obsesiva, sobre todo con agendar. Osea, cuando hay día, fecha y lugar, para mí es un hecho y no logro entender cuando alguien cambia una fecha (probablemente mis enojos más furibundos tienen que ver con eso), aunque el último viaje me ayudo a flexibilizar bastante, al menos cuando voy viajando (Gracias Medellín-Ovejas por la lección). Así que es un buen ejercicio es fechar YA, porque en mi corazón de jipi estructurado la hueá es ya posible, por el sólo hecho de agendar.

Lo segundo que hay que considerar, es que me pasé 10 años pedaleando todos los veranos entre 5 y 7 horas, repartiendo humitas-comida tradicional chilena-a contratiempo. Eso quiere decir que pedaleé entre 10 y 15 kilómetros por hora, osea al menos unos 70 kilómetros diarios, con peso y apurada, sin medirlo, porque para qué. Y que llevo también unos 10 años pedaleando en 5 bicicletas de dudosa calidad o rapidez, lo que hace que andar en una de mejor calidad, no debería ser algo muy terrible, de hecho hasta mejor (hueona si te subí el San Cristóbal o fui a Valpo sin cambios, como no poder en algo mejor). Tengo un entrenamiento de años al respecto, bajo distintas circunstancias, aunque las pendientes no son mis amigas. Nada.Tanto es así, que en Medellín me accidenté, porque se me dió vuelta la bici hacia atrás y para qué recordaremos la talla del “te abandona” para qué . Pero en fin: 10 años de entrenamiento en pedalear no rápido, pero sí, varias horas seguidas. Punto para mí.

Otra cosa que no es menor, es que tengo una cantidad de implantes en el cuerpo importante. Un clavo en toda mi pierna izquierda, barras y pernos en toda la columna y una clavícula huérfana de una placa con pernos y años en esta cuerpa. Eso hace que cargar peso o realizar ejercicios sea algo más complejo que si estuviera ultra 0 kilómetros, pero bueno, es lo que hay y ya. Hay otros temas logísticos de la bicicleta, por el ángulo de inclinación de la espalda o cómo está puesto el peso. Pero tengo ejemplos como vimos de sobra : gente como Juan Dual– el español loco que pedaleó desde Nicaragua a Chile y luego se ha dedicado a recorrer el mundo corriendo ¿Ya dijimos que estaba loco?- que incluso sin un montón de órganos vitales, lo siguió haciendo ¿Yo voy a venir a decir, con un par de fierros más que no puedo? Siempre me hace jaque mate en los argumentos fallidos de tirar la esponja de cualquier cosa.

 

También que soy pobre. Pobre, rata, no de no tener, sino que de nunca tener. Eso quiere decir que en principio no fue una decisión abajista de vivir con poco SIEMPRE HE VIVIDO CON POCO- pero después, cuando las condiciones me podrían hacer permitido una vida hipster millenial ideal, con piscolitas pagadas por clientes todos los miércoles, jactándome del departamento con una pantalla plana o de la ropa en no sé dónde, preferí independizarme en lo laboral y moverme entre la digitalidad, lo proyectos propios, las ventas de cualquiercosaquemereporteplatademanerasemilícita y el arte y la cultura ( que digamos que de estabilidad no es la panacea), seguir tan pobre como siempre pero con ciertas comodidades como seguir viviendo en el centro, pero algo más feliz, como esos gustos de los jipis de almorzar 2 horas, trabajar a pata pelada o tener libre los lunes. Me arrepiento de esa vida exclusivamente cuando me viene el mareo de “chuta, la edad que tengo y no tengo nada”, pero tengo felicidad. Eso tengo y harta y de esas felicidades jipi que me han abrazado los últimos años. De esas felicidades impagables, de esos momentos que me han hecho como la mujer que soy ahora llena de música y logros ratones pero propios en corazón, que incluso en días de mierda, me alcanza el humor para hueviar.

  Para viajar en bicicleta tengo referentes, obvio. El Juan que nombré hace un rato, el Caio que fue un cicloviajero que alojé en mi casa con su proyecto LatintinAmérica y que entre otras cosas me abrió los ojos respecto a que no era tan imposible. Tamara que la conocí en México, que con su metro 50 de estatura, andaba pululando por ahi también en su bici. Varias mujeres que andan por ahí y que les he ido siguiendo la pista de hace poco. Y aunque de realidades mega distintas, pudieron. ¿Por qué no podría?   El otro día estaba pensando que lo único que me importa es que la gente diga “cacha, hasta ella pudo, por qué yo no”, porque como siempre ese es mi valuarte a la hora de los argumentos para convencer a la gente que pueden hacer más cosas que las que creen . En verdad me interesa generar eso en la gente por cualquier tema, porque odio cuando la gente dice que no puede y yo como “anda a decirle esa hueá a otra persona, si es por eso yo no podría haber hecho nada, porque soy pobre, llena de achaques, mujer y sola” Si me conoces, sabes que es mi forma habitual de convencerte,  que tienes de seguro más herramientas que yo, ¿qué quieres que te diga? “Si poh, en realidad no puedes? PFFFFF.

Quiero viajar en bicicleta y me he puesto como meta el 1 de junio del 2019

Aún no sé por dónde (tengo algunas ideas descabelladas como Irán, la costa brasilera o Italia), aún no sé si sola o acompañada, no tengo ni bici ni equipo para eso, pero sí, quiero hacerlo, hasta creo que necesito hacerlo. He hecho algunos experimentos adicionales: viajar con mi bicicleta a México ( y aún está en Cancún, esperando ser vendida o que yo la vaya a buscar), esta vez viajaré con una bici plegable y así, lentamente acercándome a lo que realmente quiero.

Siento que me he entrenado sin querer durante años para ese momento y que todas esas veces que terminé un reparto luego de haber recorrido entera la ciudad como bikemessenger, todas esas veces que hice lo de la chica de los mandados, preparando sorpresas y corriendo para realizar una sorpresa o trámite. Esas pedaleadas épicas, sobre todo nocturnas. Todas veces que pedaleé por la ruta internacional cercana a San Francisco de Córdoba en Argentina con los camiones rozándome la cara, cuando pedaleé por las noches por Álvaro Obregón en La Roma o cuando llegueé con mis cosas hasta Tláhuac en México, cuando iba a hacer trámites en bici por Bogotá o bajé desde la casa de mi amigo en las alturas de Bucaramanga o cuando nos perdimos en Medellín en Colombia y gritaba ¡Pedalea conchetumare, pedalea o la muerte” como una loca. O esa primer vez que anduve en bici luego de mi accidente en Iquique, cuando llegué a Valparaíso y seguí pedaleando los otros días o en los Bicipaseos en Santiago, o simplemente esas veces que miré mi pierna hecha mierda e hice el doble de ejercicios para que volviera, alguna vez, a tratar de pedalear, me estuve preparando para esto.

Me queda un año y medio para preparar la aventura ¿Me acompañai de alguna manera?

Escríbeme : mariapazcastilloc@gmail.com

 

Conversemos de viajar sola

Soy soltera sin hijos, tengo 33 años.

6 operaciones, 2 implantes y medio en el cuerpo ( uno me lo sacaron). Ando en bicicleta, bailo salsa, estoy tratando de aprender inglés. Trabajo en varias cosas de manera freelance o por proyectos, pero para resumir: producción de eventos (música principalmente) y por otro lado contenido web ( redes sociales, artículos y otros).

Hace un par de meses volví de un viaje de 7 meses por latinoamérica, en 1 mes voy a presentar otro blog sólo de viajes, ligado a los temas que me gustan ( bicicleta, música, organizaciones sociales, artes visuales, oficios, personajes) a Lima, Perú.

Entre muchas cosas, estaba la inquietud de contar y conversar sobre la experiencia de viajar sola. Si viajar es bacán, si viajar sólo es más bacán, viajar sola también es una experiencia en sí misma y es bacán. Pero implica un montón de cosas como cuidarse del acoso, que te llegue la regla y te tocó la cama de arriba en el hostal, cuando por alimentación no haces caca, cuando hay 1313 durante el viaje o simplemente la experiencia de dejar de tener miedo como nos han enseñado toda la vida.

Este miércoles, en el patio del Museo de la Educación ( cerquita del metro Quinta Normal) esta ser humana y quién quiera llegar, conversaremos de eso 🙂 . Dudas, preguntas, etcétera,  pueden dejar en los comentarios.

¡Nos vemos!

 

 

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