Las Castillo

Las Castillo, eran una brigada de mujeres que actuaban en las poblaciones. Se alertaban entre las vecinas y cuando escuchaban que una vecina estaba en peligro, se armaban de valor, tomaban sus capuchas fucsias y partían, en bloque. Golpeaban puertas, saltaban panderetas, abrían ventanas hasta que salía la involucrada y decía la frase clave, que habían acordado para mantenerse a salvo.

Se le ponían al frente de machitos abusadores con las manos en la cintura y le decían que no habría una segunda oportunidad. Les hablaban de frente,fuerte, desafiantes, les advertían, le decían lo que el resto pensaba pero no se atrevía, para no meterse en problemas. Que la vecina no estaba ná sola y que se atreviera a repetir la acción, porque no habría pared que quedara libre de funarlo por los paraderos de 10 cuadras alrededor.

Las Castillo, sabían que eso les causaba problemas.
Sabían que siempre los que defendían a los machitos terminaban por hacer correr el chisme de complicadas, ahombradas, histéricas, problemáticas, porque ¿Quién quiere involucrarse con personas que son capaces de levantar la voz?. Sabía que eso les jugaba en contra de sus posibilidades de trabajo y de relajo a secas, mas ¿Qué iban a hacer? ¿Iban a dormir tranquilas con los chillidos, los golpes contra la pared o con verle los moretones al día siguiente porque “se golpeó contra el velador”? ¿Es que fue la droga?

Las Castillo, de vez en cuando se descompensaban o desaparecían sin explicación, porque andaban tratando de hacer algo que les parecía urgente, obvio, justo. No querían ver a ninguna amiga golpeada más, no querían ninguna sobrina más asesinada. No querían saber que la vecina había muerto asfixiada o con múltiples tec, sin que nadie hiciera nada o comentar en el funeral que también escucharon cosas por ahí.

Las Castillo van, con sus capuchas fucsias guardadas en la mochila y en la cartera, por si tienen que, lamentablemente, usarlas hoy día.

Tiempos verbales

Él me dijo que esto no estaba pasando. Y yo me miraba las manos y decía “Sí, nací”. Él dijo que no me había querido, que no me quería y que no me iba a querer. Y yo figuraba perpleja, con los ojos atónitos de su crueldad.

Él me dijo que esto no estaba pasando. Y yo me miraba el cuerpo, miraba el techo, miraba las sábanas. Contabilizaba las horas que pasó en mi almohada, las veces que se sonrió en mi beso y decía “Pero no entiendo ¿Esto ya pasó? ¿Verdad?” Él me dijo que esto no lo había querido, que no me quería y que no me iba a querer. Y yo figuraba perpleja, con los ojos atónitos de su crueldad.

A veces me hubiese herido menos, que hubiese dicho que se arrepentía. Yo no le exigía nada. Siempre me dejaba la sensación que se sentía increpado por mí y mis solicitudes de atención.

Amor violento

Cuando vió de reojo las balizas, entendió que había sido grave. Que estaba acurrucada en una pared, mientras su amigo intentaba calmarle. Él había llegado en unos 15 minutos, luego de su llamada ahogada y desesperada, todo transpirado, cuando había saltado de la casa de sus padres a la bici y había ido a la esquina que le indicó. Cuando llegaron los carabineros, recién pudo entender lo que había pasado y les explicó que estaba bien (?), que no quería hacer denuncias, que sólo quería irse a su casa. Un hombre, que recientemente le besaba el cuello, la había golpeado, dejándola atónita, en el suelo, en plena madrugada.

Cuando miró en el calendario, vió que había pasado exactamente un año desde esa vez, en que él se había quedado por primera vez en su cama. Que mientras él se vestía, en la claridad de un día que entraba por la ventana vista norte, ella le preguntaba por qué esto seguía pasando-sobre todo sabiendo como ella lo quería-mientras él le decía que era por alguna razón, de esas, sin importancia. Que ella ni todos sus sentimientos, ella ni todo ese año, le importaban en lo más absoluto.

Cuando esa noche ella descubrió que él estaba con otra, sucedió. De madrugada, ellos le dijeron todo lo que le podían hacer. Como la podían violar, como la podían descuartizar, como meterían objetos por su ano y como ella sentiría cada una de sus embestidas en su cuerpo. Ellos le dijeron que volverían, le gritaron que volverían, le gritaron que era una maraca culiá y que se merecía todo eso. Ellos le absorvieron la valentía, nunca más volvió a sentirse segura.

Cuando un día ella le dijo que la dejara en paz, que no la llamara, que no le escribiera, que no respondiera sus preguntas en foros, que por favor, tuviera respeto por esa que llevaba de la mano. Él no encontró nada mejor, que decirle que era un “típico comentario de mina”. No encontró nada mejor, que hablar con sus jefes y amigos para pornovengarse.

Cuando la atacaron, lo único que atinó fue a escribirle, rogándole el ángulo entre su pecho y su ala, todo lo que necesitaba para tranquilizarse. Le respondió y la siguiente vez le exigió que nunca más lo hiciera. “Por favor, si vas a contar con alguien, que no sea conmigo”. No pude evitar quedar inmovilizada de tristeza el resto de la semana.

“Te podemos hueviar todo lo que queramos”

La madrugada del sábado, recibí una agresión por parte de 2 tipos, a pito de nada. Para descanso de todos no me violaron ni me golpearon, pero cerca anduvieron y la sensación desgraciada no se me pasa tan fácil. Como es algo que nos puede pasar a cualquiera, te pido que compartas ese artículo y comentemos qué se debe hacer en estos casos.

El relato

Mientras trataba de entrar a mi casa (la puerta estaba trabada y ya llevaba un rato tocando el timbre, así que me senté a tratar de ubicar a amigos que me pudieran alojar), llegan unos tipos  que quieren subir a la azotea,por una pasada que hay cerca de mi departamento. Cuando ven que los estoy mirando forzar la puerta, me empiezan a gritar  que como me llamo, que qué hago ahi. No les contesto, sigo hablando por whatsapp, sólo miro como tratan de forzar la puerta que da a la azotea (a la cual está prohibido entrar) y ahi empieza la teleserie:

Bajan por las escaleras, van subiendo el tono, empiezan a  ser más agresivos al hablarme, a decirme que quien me creo para no responder, que seguro soy arrendataria y me dejaron afuera, no como ellos que son propietarios (PLOP!). Luego como sigo sin contestar empiezan a acercarse, a insultarme, a decirme que ellos pueden hacer lo que se les ocurra conmigo porque total ellos son de ahi y yo estoy sola. Luego comienzan a molestar con que les de mi whatsapp y otra cantidad de cosas más (el puro recordar las cosas que me decían, me da escalofríos y asco). Al decirles que no me hueveen, que no quiero hablar con ellos, va subiendo el calibre de los insultos. Me dicen que si acaso no sé que ahi a muerto gente y que ya saben cuál es mi casa, que van a venir y la van a reventar. Se acercan, me amenazan diciendo que me espere lo que me va a pasar. Que ellos pueden hueviarme todo lo que quieran, que quién me creo yo. Yo ya empiezo decir que no me molesten, que no les he hecho nada, que me dejen tranquila.

Aterrada porque cada vez se acercan más, empiezo a llamar al 133 que por supuesto no contesta.  Grito nuevamente que no les he hecho nada, que me dejen tranquila y  ni si quiera me sale decirles algo más o pensar en golpear puertas o etcétera. No atino a nada y obvio: yo no sabía si estaban armados, 2 tipos adultos de pie y en una altura superior a la mía acosándome, mientras yo estaba en el suelo sentada, con la bicicleta ahi de pared entre ellos y yo y ni sabía en qué volá estaban. Nadie sale, nadie llama al conserje ni a carabineros por último. Yo sola con 2 tipos que me están amenazando en la puerta de mi departamento.

Mientras se van y gritan cosas que ya no logro entender ni escuchar, pensando a mil por hora qué puedo hacer, yo me quedo paralizada,acurrucada al lado de la puerta, soy una jalea tiritando entera. Mientras trato de pedir un saldo de emergencia que no me resulta para llamar a alguien, trato de pedir ayuda por whatsapp a la gente con la que estoy conversando, a los que puedan estar despiertos, a los que pudiesen despertar. No me animo a moverme y menos mal que no intenté subir al ascensor: Los tipos vuelven y me dicen que si sé de las muertes en el edificio y que volverán a hueviarme, que ya saben donde vivo. Yo me quedo acurrucada en un rincón, tratando de ubicar a alguien que venga ahora mismo ( ahi viene que los haya tratado de ubicar a esa hora y que más de alguno debe tener mensajes a la hora del ñafle). Ahi me quedo hasta que logro ubicar y alcanza a llegar mi compañera de casa y nos vamos al departamento de un amigo, pues la puerta aún no se puede abrir hasta la mañana siguiente.

Es muy común que ande sola y jamás he sentido un pánico así. Y no pienso que deba andar acompañada (osea si, pero no bajo el argumento que) porque “me pueden hacer algo”  o que es peligroso que ande tarde: seguiré saliendo  y tarde o a la hora que se me ocurra. Esto fue en la puerta de mi casa, en un lugar “no peligroso” sin una gota de alcohol y con unos pelotudos que me los puedo encontrar en cualquier lugar incluso en un lugar “seguro” como este o con más gente. Daba lo mismo.

Dentro de todo lo que pasa por mi cabeza, mi mayor indignación es que alguien se sienta con el derecho de molestar y amedrentar a otro porque si. Invadirlo, asustarlo, amenazarlo porque se te dió la gana. ¿Por que ellos quieren? ¿Por que total es una “mina”? (Y con mina me refiero a la connotación negativa, que puede ser variada por negr@, judía, pequeña, homosexual, etc) ¿Por que curado/drogado/etc. se justifica cualquier cosa? La misma lógica que cuando mataron a Zamudio a unas cuadras de aquí, o cuando a alguien lo molestan porque es peruano, o porque es travesti o porque tiene una mallformación o en fin.Molestas a otro por maldad, porque te sientes en el poder absurdo de hacerlo

Ya pasó lo peor, ya me siento menos pésimo. De a poco se va la sensación de intimidada, llorona, temblorosa. Porque la sensación de como violada en mi espacio “seguro” que tanto me cuesta mantener como tal no creo que sea cosa de un día.

Los tipos son ex arrendatarios del edficio y por las características ( Padre e hijo, vestidos con polerones anchos. El “hijo” moreno, metro setenta aprox, con lentes) son conocidos en el barrio Lastarria ( De ahi los habrían echado por jugosos), Plaza Italia, Portugal por hacer problemas ( Cualquier info que le calce con esto, se agradece 😉

Algunos conceptos que me gustaría dejar claros

NADA justifica una agresión , menos aún en desigualdad de condiciones. NADA. Ni la noche, ni la ropa, ni si hubiese estado bebida, drogada o vestida de prostituta. Adhiero totalmente al movimiento Todas somos putas, que busca el luchar contra las agresiones y sobre todo las justificaciones ante la ley por la ropa, lugar por donde se transita, etc. No es tentar la suerte, pero me gusta tener siempre presente que nada justifica una agresión de esta manera.

No quiero transformarme en una persona cohartada por el miedo . Ni Asustadiza, ni traumarme ni menos dejar de hacer cosas. Me estoy obligando a seguir haciendo mi vida normal. Si, me cuido como siempre y más y tratar de estar atenta en todo momento, pero no dejaré mi modo de hacer mi vida porque un par de imbéciles me dieron jugo. Así que todos esos comentarios de “cuidate” están demás (llevo 28 años haciéndolo) o  junto con “deberías salir armada” o “deberías haber hecho esto” puede guardárselos. En serio.

No creo en la violencia, no creo que pegarle a alguien sea la manera de solucionar nada. Agradezco a los ofrecimientos, pero prefiero guardar sus teléfonos y en caso de emergencia pegarles el grito pa que me vengan a contener. Eso, eso si no me soluciona la vida, pero cuando estai en una situación complicada, puta que te alivia.

Pasos a seguir

No he hecho la denuncia porque además de creer que no sirve de nada sola, cansada con el tema, tengo que seguir trabajando. Sin embargo algunas cosas hice:

  1. Hablé con la administración del edificio, para que esté al tanto y me ofrecieron toda la ayuda correspondiente a declaraciones, etc.
  2. Me comuniqué con el twitter del Sernam que me indicaron que me podía comunicar de fijos y celulares de forma gratuita al 800 104 008 (especialmente para episodios de violencia, agresiones, etc. Aunque no me tomaron ni datos ni derivación directa a nada #salvavidasdeplomotime, me indicaron que la forma más rápida de iniciar una denuncia no es en carabineros sino directamente en la Fiscalía que me corresponde (ubicada en Av. Pedro Montt 1606 y que atienden de 08:00 a 14:00).  O que de otra manera, me dirija a las oficinas del Sernam para que me orienten, (ubicado en Balmaceda 1114, 3 piso). Ahi puedo pedir orientación de abogados, sicólogos o asistente social (al 24134775 ).
  3. Estoy escribiendo este post para si alguna vez vives algo parecido, derrepente podemos sacar ideas en común. No como pegarle a nadie ni hacer una asociación de personas víctimas de nada, sino de no dejarse amedrentar y buscar apoyos. Eso.

La unidad básica de violencia: el buenaondismo.

La forma más básica de violencia es querer minimizar al otro, cohartarlo, querer interferir en sus avances y sobre todo pretender que debe llevar el mismo ritmo y mirada tangencial que uno.Qué repudiable y vomitiva es la violencia que viene disfrazada de buenaondismo. Por lejos, la peor de todas.

De buenas intenciones está lleno el reino del infierno, dicen. O algo así era el dicho.

Pareciera que las buenas intenciones para con los otros, en la vida o con nosotros mismos no fueran suficientes. Muchas veces esas mismas buenas intenciones nos juegan en contra y terminan siendo súmamente violentas. Me explico:

La propiedad privada

Llevémoslo a típica pelea de cabros chicos: Uno de ellos lleva la pelota para jugar, ese mismo cabro chico se enoja. Como  no  tiene un  soporte argumentativo mayor, por lo tanto queda la ofensa: la pelota es mía. Y no es que esto último en sí sea un concepto ofensivo, pues ser dueño de la pelota no ofende a nadie a menos que sea utilizado como muñequeo para obtener el triunfo en una discusión. O sea no hay discusión comedida y tan buena para crecer. Pues el argumento mayor es que la pelota es del que se enoja, además, él es tan buena onda, presta la pelota ¿Qué se le podría decir? Lo mismo pasa en el trabajo, en el que presta la casa para hacer un trabajo, el que te invitó a una organización. Y un largo etcétera. Pone su “propiedad” como objeto de superioridad. Y esto último, me vale madre.

La “Ayuda”

Ahora si nos vamos aún a lo más medular: la ayuda. Y ustedes podrán decirme como ayudar a alguien va a resultar una forma de violencia, pero muchas veces lo es y desde la forma más horrible: desde la carencia del otro. Desde el dolor del otro, desde su debilidad.

A veces cuesta entenderlo, pero si cuando el ayudar no es mirado desde la concepción de ponerse en los zapatos del otro, desde lo que el otro necesita en base a su realidad, ver al otro como un igual-igual a mí capaz de tomar sus propias decisiones, realmente resulta un asistencialismo violento y repudiable. Es como caer en el madreteresismo de amar demasiado , de querer a toda costa que el otro sea y haga lo que yo pienso que debe ser y hacer. Una soberana mierda demasiado común.

Un ejemplo claro es por ejemplo, el típico amigo que te dice “esto es lo que DEBES hacer” y peor aún: se enoja para siempre jamás si no haces eso que te dijo en su TAN BUEN CONSEJO QUE TE DIÓ Y TÚ TAN IDIOTA QUE NO LO TOMAS EN CUENTA. No quieres, no te gusta, pero da lo mismo, porque es lo que creen es bueno para tí. O te buscan un trabajo que no quieres ni pides, o te regalan ropa que se supone te vendría bien que no quieres ni pides. O te buscan pololo o te andan como ayudando y solucionando la vida cuando tú ni lo necesitas ( y aunque lo necesitaras) ni lo quieres.

La gente en general tiende tan poco a preguntar , discutir y llegar a un acuerdo o  que cree que todo el mundo es igual y tiene (y debe tener) su misma visión. Lo lamento: me criaron a un extremo casi aberrante de decidir yo misma por lo que quiero, espero y necesito, me enseñaron a que a la gente la tengo que querer incluso si no piensa lo mismo que yo e incluso que esas personas tienen el mismo derecho de pensar distinto de mí como yo de ellas. Es tanto así que no soporto que decidan por mí (Bueno algunos ejemplos sí como dónde ir a comer, eso si puede hacerlo por mí con todo gusto). Además he vivido bastantes episodios feos y angustiantes, por lo que la dinámica de los ayudadores también me provoca hueás súper negativas que no me gustan: gente que en ese querer ayudar sacó sus peores garras de manipulación y terminó humillándote peor que los que lo hacían en mala .

Y eso no quiere decir  que no me guste derrepente que me hagan la vida más fácil,  o que la gente te sorprenda, ni menos que sea buena onda, sino que creo tener un radar anti manipulaciones buenaondisticas, creo firmemente en la discusión para llegar a consensos  y no en que la prepotencia de la propiedad ni menos en los porque sí.

Vivan los Grinch 

No soporto a la gente buenaonda a secas, porque siento que esa actitud en el fondo es la más dañina de todas. El lobo con piel de oveja, digamos. Y probablemente yo haya caído demasiado tiempo en eso también, queriendo ser buena onda o manipulando a través de mi disponibilidad. Claro, si la hueá no es tan al azar.

Será por eso que mis mejores amigos son en apariencia pesados, groseros, aberrantes, crueles: muy en el fondo, son unas buenas personas,  al parecer ninguno es de esos  quieren ser buena onda ni andan por la vida con el mariconeo sonriente si no que más bien les importa un carajo parecer mala onda si es necesario. Y esos, esos son los mejores.