“El hijo libro”

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Nota: Si la pregunta que tiene en su cabeza es si estoy embarazada, la respuesta es NO, no estoy embarazada.

Cuando mi mamá quiere que muera de verguenza, me dice “Cuando seas famosa, llevaré a ¿Cómo se llama ese programa que pagan? ¿Primer Plano? Si, a Primer Plano voy a llevar “El Osito Regalón”” El Osito regalón es uno de los cuentos que escribí cuando tenía como 6 años y que tiene guardados, para ese fin: avergonzarme.

Desde que tengo memoria, leo y escribo. Aprendí antes de entrar a Kinder y siempre fue un problema, porque leía las instrucciones de los libros para niños que no lee y las profes me odiaban. O pasé muchas tardes de mi adolescencia, escribiendo en letras muy pequeñitas en cuadernos que aún tengo, pescando clases, pero siempre escribiendo o en algún rincón de las instalaciones donde iba a reunión, en el suelo, escribiendo. De hecho, me acuerdo que una vez una compañera del colegio llegó toda feliz y me regaló un cuaderno especialmente para que siguiera escribiendo sin parar (Aún lo tengo Nathalie).

Ya llevo varios años escribiendo para distintos blogs, revistas y demases y recién ahora surgió la necesidad de parir un libro ¿Para qué? Para marcar, para dar a conocer lo que yo quiero escribir y no necesariamente por lo que me pagan. Porque quiero dar un corte entre lo que ha sido y lo que quiero que siga siendo. Porque me bajó la hueá, porque se me puso entre ceja y ceja.

Mis deseos siempre tienen que ver con mi acción, no es una historia antojadiza y para luego decir “Ay si quería tanto pero no lo hice”. Cuando comenté que quería irme a alguna casa al fin del mundo a terminar este libro, era porque ya se había instalado en mi cabeza y en el cucharón, tratando de atraer hacia mí eso. Justo surgió que unos amigos que viven en el sur necesitaban que alguien alimentara a su gata. Se dió, conectamos y aquí estoy, vino en mano, chalón en las piernas, trabajando en mil cosas como siempre, pero escuchando el sonido del viento y de la lluvia, amaneciendo todos los días mirando el río y todo verde. Enlentecida y enmudecida ( no he hablado con gente real en un rato), para hacer brotar y hacer nacer el famoso “libro” que aún no decide su nombre.

Como dice mi bio de twitter, “Lo que más me gusta es escribir, todo lo demás es una excusa barata”. Hago muchas cosas, crear me vuelve loca y tengo otros tantos amores más-La producción logística es mi segundo amor, por ejemplo-pero sabemos bien que en el fondo, la trampa de todo esto,con proyectos como La Chica de los Mandados, @humitadomicilio , la música, las pegas más diversas,busco finalmente historias. Historias para escribir. Y no hay felicidad más grande que hacer lo que me gusta, y en mi caso, lo que más-más me gusta hacer en la vida, es escribir.

Próximamente tendrán novedades mías, porque como supondrán, tengo la idea, estoy terminando el texto, la ilustradora ya está en campaña, los editores ya están siendo acosados por mis inseguridades de si esto irá a resultar o si la idea estará bien. Pero no tengo ni las lucas ( ¿Y cuando haz necesitado las lucas para hacer algo que se te mete en la cabeza?), ni editorial ( He decidido la loca culia que venía en la micro hacerlo de forma independiente) y pienso hacerlo a través de idea.me , para que los que quieran comprarlo, puedan hacerlo en verde. Pronto, todavía tengo que subir el vídeo y todo eso, cuando tenga todo más o menos listo, se lanzará.

Se vienen novedades. Por mientras estoy gestando “el hijo libro” y quería comentarlo acá, para los que no son mis amigos ni tampoco tienen mucha idea de mi día a día. Gracias a los chiquillos que me pasaron su casa, a los que están colaborando, a los que trabajan para que yo pueda trabajar en otros lados del mapa ( Grande equipo de La chica @delosmandados y de la productora!!!). A los que me inspiran y a los que están ahí, escondidos en sus avatares, que también me ayudan a que esto sea real. Esperemos que más temprano que tarde ( ya tengo fecha mental, vaya a saber uno si pueda lograrlo), pueda parir.

Abrazos, besos y vientecito rico de este que corre acá y que me revuelve el pelo

Mapapo

De sur

Era del sur, tenía cara de sur e impronta de sur. No se andaba quejando por lluvias menores ni por andar cargando bicicletas, árboles ni escritorios y le daba lo mismo si había viento, porque incluso se sacaba su chaqueta pa abrigarme del frío y se quedaba así, con su polera polo con gusto a nada, medio tiritando, pero no lo iba a asumir jamás. No po, porque él era el árbol que no se movía con la ventolera.

Al Negro le chapoteaban las botas bailando a des-tiempo, pero le daba lo mismo y eso, esa hueá justamente era la que me encantaba: que le diera lo mismo.

Después nos hacíamos unos mates junto a la salamandra, mientras salía el pan calientito, con ese vaho que le empañaba los vidrios. De ahi corríamos la salamandra pa quedarnos haciendo cucharita, capeando el frío mientras conversábamos de cosas que no tenían importancia o de las cosas que no hicimos la otra vez cuando nos despedimos, como todas esas veces que nos despedimos.

Me gusta tu sur, Negro, me encanta tu sur ¿Cuántas veces más te lo puedo repetir?