Amor libre, mierda

 

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Creo que más de alguna vez ( por no decir todas y cada una de las veces que alguien lo ve) he tenido que dar la explicación sobre este afiche que está en mi living: El sentido que ha agarrado pa mí esta frase y esta serigrafía en donde todos los que van a mi casa tienen que verla, va más allá de lo evidente. Ha servido de conversación y análisis amplio. Es uno de los lugares favoritos pa sacarnos fotos. Está ahí, presente, como un mantra.

Primero: ¿de dónde salió el afiche?

Cuando fue la exposición de Serigrafía Instantánea (Colectivo que hace serigrafías en poleras que llevan los interesados y/o que recuperan por un aporte voluntario, apoyando sobre todo distintas causas) en Maestra Vida, todavía estaba súper convaleciente y la única foto que saqué fue a estas piezas que hablaban del Amor libre, mierda!. Me acuerdo perfecto, estaba subiendo la escala a ese altillo que hay en la pista de allá, donde siempre se quedan los rumberos habituales.

Cuando hicimos la celebración por el aniversario de Mandela, justamente esta pieza corría peligro de ser eliminada, pedí que me la regalaran y la saqué a punta de cuchillo. La puse en el living de mi casa. Ahí se quedó, ahí nos acompaña desayunos, almuerzos, onces, celebraciones y comparticiones varias. Es uno de los diseños que los chiquillos estampan, así que si le gustó, búsquelos en su próximo evento combativo.

( A todo esto: Sería bacán conocer la historia tras este mensaje, porque a mí me ha significado hartas vueltas aquí tiro la pelota en un pase gol, ah).

Las reacciones

La primera reacción en general es o una risa mostrando el cartel como “Oh, qué liberal tú, ah” con desaprobación-prejuiciada o una reacción tipo “Ahh, estamos en esa” con algún tipo de desubicación tipo comentario o acción de mierda,  con gusto a pésimas ideas comoque quiero tirar con todo el mundo o que tú, con el que tuvimos un impreciso algo creas que me da lo mismo que te quieras hacer algo más que el lindo con alguien muy cercana. Osea calmao, si la hueá no es ná así, po.

A quien ha solicitado la explicación de por qué decido tener este afiche o que nos hemos puesto a conversar el tema ampliamente, hemos llegado a algunas conclusiones del porqué y cómo nos hace sentido este mensaje.

Tiene mucho que ver con ideas que he expuesto anteriormente y que mastico hace un rato:

1. Mientras más das, más recibes: El amar no me sale tan fácil. Porque sí, porque no, porque miles de razones que no entraré a explicar aquí. Eso quiere decir que este afiche viene a reforzar la idea cotidiana que amar es mucho más fácil ( y difícil) a la vez que lo que me venía planteando hasta ahora. Que es como una apuesta que cada vez es mayor y tiene esa suerte de recompensa de vuelta. Mientras más entregas amor, más amor recibes. Que si pierdes en tal apuesta, como si fuera una ( aunque uno nunca perdiera, porque siempre gana algo), pierdes cada vez más en la medida que más pones en la mesa y duele, sí, duele si no resulta o se acaba, pero…  ¿Y? ¿Te va a ir mejor por quedarte a la vera del camino? ¡Ama libre, oh!

2. Que si uno es libre, libre en serio ziii, debería poder y querer amar, sin ponerle tanto color nombre o etiquetas eeella la liberal, pero sobre todo trabas y peros a situaciones que no merecen rollo adicional. Me explico: Dejar de frenar situaciones porque “puedes salir dañad@” sin incluso “apostar”, no evitarse mamonerías “porque pueda parecer ridículo”, no evidenciar al extremo porque “soy súper solter@ y no quiero que me liguen con nadie ni nada” . Por lo tanto entregar amor y buena onda, que suceda lo que tenga que pasar y si las cosas se acaban, que se acaben porque se acabó esa conexión vital, no por miedo, por mantener discursos panfletarios de libertades no tan libres, etc.

2. Como que la ternura es un acto revolucionario, más cuando uno es adulta. Que uno se pueda liberar de todas esas limitaciones impuestas ( y a veces hasta autoimpuestas) por el mundo actual, neoliberal donde ser amable, cortés e incluso tierna, pareciera estar fuera de moda. ¡Que los gestos sencillos decoren la vida! ¡Esos son los gestos que se quedan ahí dando vueltas y recordables por toda la vida! Ya llevamos un ratito planteando esta premisa y lo hemos pasado bacán en sus fauces, incluso cuando no hubo ni un mínimo detalle de vuelta.

3. Que  lo más parecido a una relación con cualquier persona  hoy sea experimentar esa libertad de acción, de movimiento, potenciando y acompañando al otro a volar libre tal como el otro me acompañe a mí en mis vuelos y desvaríos. No quiero arrastrar a nadie a que haga cosas ni por mí ni para su propia vida y tampoco quiero yo sentirme presionada a nada en realidad: quiero compartir con gente que quiera hacer cosas indistintamente a mí o a nosotros, tanto como hacer cosas juntos sin que signifique rollo, ayudarse, motivarse, pero para crecer y tener éxitos, cumplir sueños por separado qué Lalaland me sonó eso. Que sí, sí quiero estar con alguien alguna vez (alguna gente me ha dicho muy seriamente que cree que no, como una suerte de monja o que quede para semilla y la tía solterona de los hij@s de mis amig@s) pero en ese acuerdo. Porque a veces, las  relaciones de pareja que veo cerca pareciera que fuera todas esas cosas de las que quiero mantenerme lejos: posesión, control, obsesión, falta de libertad, celos, desconfianza, etc.

4. Mientras más se da amor, más amor te llega. Esa falsas idea de dosificar, cuantificar, medirse, pareciera que es puro capitalismo, oiga. Y de eso es lo que quiero también mantenerme lo más lejos que pueda. Y esto me recuerda prácticas tan sencillas como incluso, compartir ropa, comida, casa, aprendizajes y demases. Viva la comunidad, viva el amor, ¡abajo los régimenes que nos dicen lo contrario!

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Afiche que publicó un amigo con el que pelamos mucho el cable al respecto, que a su vez había publicado esta página

5. Y que eso no solo incluye a parejas, sino amigos, compañeros de trabajo y demases. Que el amor fluya como cuando se pedalea por una ruta en una noche de verano, con el vientecito refrescando la cara. Que seamos felices con momentos simples, cotidianos, amorosos, que nos llenen el corazón más que la sed y la adicción por la conquista, llegando sólo hasta el trailer, buscando más y más trailers, olvidando que también se pasaba bien con hueás simples, tiernas, tranquis, sin la histeria o la maquinita de “hacerla”. Más que eso, que no significa tirar el poto a la chuña-o sí, a quien le importa-sino más bien amar-amar en serio-sin tanta complicación.

Que viva el poliamor, el amor gay, el amor interracial, el amor a la libertad, el amor a los proyectos, el amor a la bicicleta, el amor a viajar, el amor a la tranquilidad, al baile, a la música, a la vida inquieta, a la gente que ama las libertades de los otros, a la gente que ama sin odiar a los que no son como ellos, amor a los almuercitos, amor a los grandes proyectos, a los pequeños, a la gente que le brillan los ojos por lo que ama, a quien trabaja por lo que ama, amor entre nosotros, amor a la tierra, amor a quien incluso ya dejamos de tener contacto. Amor a las personas que estuvieron en nuestra vida, amor a las que no estuvieron y menos mal,a los que estuvieron y los caminos de la vida nos llevaron a otros caminos, amor, amor, amor.

¡Amor libre, mierda!

Sobres #losahueonaditos

Él llegaba todos los días luego de viajar con un sobre. Un sobre grande, extraño, como que no cabía nada más. Como que le quedaba incómodo hasta para tomarlo.

Cada vez que viajaba, guardaba la costumbre de traerle regalos sólo a ella, que por lo general eran vestidos o libretas.

Todos los días, al visitar el restaurante luego de llegar de vuelta, él llevaba regalos para ella. Pero se moría de vergûenza, se moría de que ella no entendiera el significado que tenía para él el traerle un presente. Todo lo que significaba pensar y re pensar en algo sólamente para ella. Así que nunca le decía nada, se devolvía con ellos atormentado por ser tan hueón y los guardaba en una caja. Ahí se acumulaban y azumagaban vestidos y libretas, vestidos y libretas, de esos que ella había dicho que le encantaban.

Un día, nos juntaremos en una esquina cualquiera y le entregaré todo-pensaba.

(#losahueonaditos pertenece  a una serie de cuentos que hace un tiempo decidí publicar. Son historias pequeñas, que hablan de contratiempos y malentendidos de parejas que no logran sentarse a conversar nunca, que finalmente suponen más de lo que se dicen, crean relaciones suponiendo que el otro pensó o actuó por tal razón ¿Qué raro? ¿No? Si estamos en un mundo “tan conectado”. Si quieres leer el primero, Los Colas, puedes pasar por aquí  )

Puta Navidad

Cuando hablan de la navidad como ustedes la viven,  me parece que vengo de otro planeta, extraterrestre.

Desde que tengo uso de razón, la Navidad fue una ceremonia llena de símbolos, de rito, de incienso, de la ceremonia esperando que naciera el niño Jesús, Ya he contado varias veces que pertenecí a la Iglesia Católica de manera muy activa, por lo que esta fecha es vital. Dentro de ella, estuve metida en muchas actividades, de las cuales la Liturgia ( el grupo encargado de las ceremonias) fue siempre una de mis favoritas. Leer alguna lectura, estar pendiente de los detalles, que las velas, que las luces, que abrir o cerrar las puertas en un momento determinado. La cena o los regalos fueron sólo un aderezo a esta ceremonia.

Luego, después de mi participación en el encuentro mundial de Canadá, empecé a estar a cargo de grupos de Navidad en la calle en la Vicaría Pastoral Universitaria: el 24 en la noche, en vez de estar en tu casa, compartías con gente de hospederías privadas ( una de las formas más horribles de negocio que deben existir en este planeta), con gente que vive en la calle o con la que estaba en los servicios de urgencia esperando atención. Así que también tenía un sentido total y diametralmente opuesto a “trabajemos todo diciembre para hacer una tremenda cena” o ” gastémonos todo el sueldo en comprar regalos por compromiso a personas que no nos caen también, pero debemos hacerlo”.

Desde que dejé de participar en actividades como estas, la navidad carece absolutamente de sentido: no me interesa ir a la misa del gallo, no me interesa obligarme a comer en una cena, no me importa ir a complicarme en una cena con otras personas que no me caen tan bien como mi familia y menos estresarme porque no tengo plata para hacer regalos que no  quiero.

Los regalos para mí son algo demasiado especial, un rito único de buscar, cranear, imaginar, investigar a la otra persona, hacer algo con tus propias manos o simplemente ver en un detalle pequeñísimo como expresarle a la otra persona que es parte importante de tu vida, ya sea porque la conoces toda la vida o la vienes recién conociendo.

Perdón, para mí no tiene ningún sentido eso de lo que hablan, no lo entiendo y creo que tampoco lo quiero entender. Tal vez lo entienda mejor cuando sea grande, que por el momento no.  Considérenme algo así como una atea que no celebra estas fechas. Porque si les digo que el sentido de la Navidad que fue siempre ya no lo es, por lo tanto no tiene ningún sentido, no me van a entender.

 Quédense con su puta navidad

Día 11: Regalos

Desde que tengo uso de razón mi madre me ayudó a cranear las más ruidosas confabulaciones con respecto a regalar cosas. Ya sea para los cumpleaños o las despedidas, fue siempre la manera de demostrar el cariño y la buena onda que uno sentía por la persona. Hubo casos donde sentí mucha verguenza de regalar cosas hechas por mí (en la mayoría de los casos), pero un poco sentía que no me quedaba otra: no podía ser infiel a esa naturaleza mamona. Era lo que había que hacer.  aunque hay que hacer la salvedad que no soy de regalar por obligación sino porque me nace y punto. Pero en ese “nacimiento” de mamonería (que no siempre va al mismo tiempo de fechas en las que “hay que regalar”), siento que es lo que hay que hacer.  Y así muchas veces mi casa se llenó de papeles de colores, de madrugadas con una mesa llena de pegamento, porque alguien estaba de cumpleaños o se iba a un país lejano.

Regalé bolsas bordadas, regalé vasos de mi casa tallados con el nombre, regalé collares, banderas chilenas, ropa. Regalé cosas mías porque sentía que era importante celebrar y demostrar lo que uno sentía. Una vez se iba una vecina y le regalé un arito de perla cultivada que me había regalado un tío en “señal de nuestra amistad”. Maraca culiá, nunca más supe de ella.

No me acuerdo exactamente en qué momento dejé de regalar cosas. Fue hace años igual, puede ser de esa vez que pinté una polera  y la terminé los días antes de no volver a hablarse más. O tal vez esa vez que conversábamos en Mendoza de lo que hacíamos sólo por el “deber ser” y no por lo que “queríamos hacer” y me traje un peluche que le había regalado a una niña (sí, fui la peor, se lo quité), porque en verdad mi primera intención era regalárselo a otra persona el que terminó en el cuello de alguna  peuca . O esa vez que una simple caja de papel armó la 4ta guerra mundial. Ah si, ahi debió ser.

El otro día cuando fui a Pomaire, los ví ahi. Unos platitos chiquititos como para echar salsas varias. Pensé en un par de personas a las que les podría regalar. No random, no al azar, pero si personas que no necesariamente eran las obvias. E impulsivamente las eché junto a lo que iba a comprar. Aún tengo los pocillos de una amiga que tiene casa nueva y los otros de una de mis mejores amigas secas para andar organizando malones. Parece que derrepente había vuelto en mí las ganas de sorprender a alguien, cranearse tonteritas que hacen que otra persona a lo menos se dibuje una sonrisa por el detalle. Eso no puede morir, a uno no se le pueden morir las ganas por querer sorprender a otro. Pero parece que hace un tiempo ahogué todas esas cosas para “parecer” menos mamona. Una tontera.

Regalar pareciera que abre una ventana más que en la otra persona, en uno. Disfrutai doble: buscando y esperando reacciones. Y casi pareciera que no es el regalo en sí, es la sensación y como bien dice un amigo, soy adicta a las sensaciones. Y así es como me acuerdo de la voz feliz que me pone una de mis mejores amigas (una de las únicas personas que seguimos la costumbre de hacernos sorpresas) cuando me dice ” Te tengo un regalo” y cuando nos juntamos me mira con esa cara con los ojos bien grandes (más).  O ver a la misma casi llorar al  ver que te esforzaste por hacer una bolsa bordada a mano.Impagable.

Me gusta eso de crear códigos con otras personas, “tallas internas” eternas entre una persona y yo. Y si hay algo bonito de los últimos días es saber que volvió a renacer esa sensación. Hoy están de cumple  dos amigas, una pequeña  y una nueva. Y ya tengo en la cabeza qué es lo que les voy a regalar y ¡Tengo unas ganas de verles la cara cuando eso pase!

¿Y a ti? ¿Te gusta regalar?