Sororidad

 Cuerpos Escritos. Lecturas Abiertas
Cuerpos Escritos. Lecturas Abiertas
Mañana jueves 12 de noviembre, se inaugura la exposición ” Cuerpos Escritos. Lecturas Abiertas ” de la que fui una de las mujeres convocadas, para fotografiarme desnuda en la BIblioteca de Santiago. Ya llegó el día, me da nervios y reflexiono, nuevamente, ahora desde la relación de nosotras, las mujeres, entre nosotras.
Fue loco como llegué a estar retratada en esta exposición: Primero una entrevista que le hago a una de las encargadas, luego me encuentro con mi propio cuerpo marcado por un par de operaciones y mi relación con este, mi postulación a través de una carta de intención que me causa abrir una puerta en mi cabeza respecto al tema, luego la experiencia de vivir la sesión de fotos desnuda que justo fue después de un accidente y anterior al otro. Mi cuerpo actualmente cuenta con 4 cicatrices más, y aunque no lo asuma, un corazón y una mente totalmente distintos, fortalecidos por el proceso de rehabilitación que ha significado más que hacer ejercicios 3 veces por semana.

Sobre las mujeres

Post accidente, he reflexionado mucho sobre las relaciones que tengo y que quiero tener con otras mujeres. La experiencia de la reunión con ese montón de mujeres que no conozco, en una desnudez mayor aún a la física, es un ejemplo concreto de lo que quiero: nos motivábamos entre nosotras mismas a cómo nos veíamos mejor, qué debíamos resaltar de lo mismo que teníamos, etc. Y así en mi cabeza aparecen 2 grupos de mujeres.

En esta esquina…y en la otra

Por un lado, un grupo de mujeres pela a otras: por maracas, por no maracas, por ser buenas para hacer sexo oral, por no hacerlo. Porque se ve gorda, porque decidió no depilarse, por el vestido,por el rollo, por las uñas, porque parece que tenía copas de más,porque seguro que si tuvo algún tipo de acoso algo hizo, porque si es soltera seguro que se quiere comer a todos los hueones del universo incluyendo a tu pierno, porque si es casada seguro que está desarreglada y pajera, porque hace cosas de hombre como silbar, eructar o tirarse peos, porque no es buena para hacer cosas de mujeres como limpiar y ordenar, porque descuida a los hijos, por hedionda, porque se le ocurre hablar de sexo, porque manifiesta sus deseos, porque se le está pasando el tren, porque gana más que el hombre,porque no se hace respetar si un hombre no paga su cuenta o no llama él y decide hacerlo ella, porque no espera al hombre mientras él decide, porque piensa que la fidelidad es una hueá tan absurda en la realidad y que prefiere la lealtad.
Por otro lado, en la otra esquina, la definición de Sororidad me hace ruido: Solidaridad y concordia entre mujeres, que implica un reconocimiento mutuo, plural y colectivo. ¡Qué bonito! Mujeres que en su discurso hablan de lo bacán que es esa otra mujer,que logran honestamente admirar a otra, que cuando se juntan, logran una alquimia y se fortalecen, que pueden aprender tanto unas de otras. Que entienden el feminismo no como hablar del pico y tomarse unas piscolas en un happyhour con plata propia, sino como honestamente, entender a la mujer, ella misma Y LAS OTRAS como SERES HUMANOS y sobre todo no seguir en la misma dinámica que criticamos.

Qué hueá más penca, que mujeres machistas maraqueando a otras. Qué absurdo que luego de siglos de lucha por las libertades y derechos de la mujer, seamos nosotras mismas las que tengamos que defendernos de -valga la redundancia-nosotras mismas. ¡Qué falta de respeto es esa! ¡Cuántas mujeres dieron su vida, para que entre nosotras estemos en esas nimiedades!

Por eso, hago un llamado a re-pensar nuestros espacios de conversación y de compartir. A re-pensar nuestras reuniones, a re-mirar a las mujeres ( sobre todo entre nosotras mismas) como un ser humano, más allá de su género, que merece respeto por el sólo hecho de existir. Que las obligaciones caseras no venían con género. Que a nadie debería importarle la vida sexual del resto que no es tú con tu/s parejas. Que es mucho más saludable y profundo, bello e importante, quedarse con los lazos entre mujeres que se apoyan, aman, y fortalecen juntas. Que cuando se reúnen es para construir y no lo contrario. Prefiero vivir en ese universo de mujeres que ven a otras y las encuentran hermosas.

Y aquí debo agradecer a las tremendas amigas que me voy haciendo en el tiempo y a la selección natural al respecto. Eso quiero por amistad, eso quiero fortalecer: Lazos sanos entre mujeres, honestidades profundas y aprendizajes gigantezcos de la sinergia que se produce cuando nos juntamos.

Elijo quedarme con la segunda esquina.

Las fotos desnuda en la Biblio

(No, aquí no están publicadas las fotos, sino que el proceso. Si venía por eso, puede darse la vuelta no más) Lloré ayer, lloré hoy por la mañana. Lloré en la presentación final, lloré sacando mi bici del bicicletero. Lloré todo el camino hasta una reunión que tenía saliendo de ahí. Salí de ahí y me largué a llorar hasta que llegué a mi casa. Acá, obviamente seguí llorando. Tengo los ojos inflamados, como tengo cada una de las células, neuronas y cada pedacito de esas cosas que forman nuestro cuerpo y que no se describen en los libracos de biología. ¿Triste? No, al menos no por eso. ¿Exagerada emoción? Tal vez. ¿Exhausta de tanta emotividad? Seguro.

Ayer no fue fácil: Por la mañana , mientras me vestía para el bicipaseo, me miré desnuda y dije conchesumadre en la hueá que me metí con esto de las fotos en pelota. Luego me puse la polera corporativa de BPP, que la muy desgraciá hace que se me note cada odiado rollo maricón que osa asomarse, sobre todo en las épocas de nerviosismo. Hablé mi hito con seguridad ( al menos eso creí yo), a pesar de que sentí,otra vez,  como los rollos maricones se me subían hasta la garganta. De noche ( sí, domingo y qué),  tocaba una cantante cubana en uno de mis lugares preferidos, probablemente no necesitaba más que las ganas para escucharla. Vino mi amiga a buscarme para eso, pero dije que no ( no es fácil hacerlo, menos un domingo, menos a tu lugar favorito, menos a música en vivo, menos cubana). Pero estaba cansada, sin plata, con poco ánimo y sobre todo quería estar bien para hoy en la mañana temprano, pues debía estar a las 9 de la madrugada en la Biblioteca de Santiago, para la sesión de Fotos de “Letras en género”, dependiente de la Biblioteca y de la cuál ya había publicado la carta de intención.

Como es mi costumbre ( y aquí podrán creerme o no, pero los que les toca/ha tocado convivir conmigo mis mañanas saben que es verdad) pensé en la hora que tenía que levantarme y aunque puse el despertador para asegurarme ( aún no le creo a esta capacidad), me desperté media hora antes. Así que ahí estaba, 6 y 30 de la mañana despierta, con los ojos hinchados, con un nerviosismo poco acostumbrado y con ganas de que alguien me solucionara la vida. Pero no.

Me bañé ( nada especial la verdad) , me lavé el pelo con agua fría ( delicia de mi cabellera ondulada cuando quiere hacer presentación en sociedad a lo león). Me despinté las uñas y preferí dejármelas así ( ¿No decía la convocatoria acaso que debíamos ir desprovistas de todo arminículo, de todo maquillá, de toda pintura?) al natural. Y me senté frente al computador, como haciendo que pasara la hora más pronto. Pensé en escribir, pero no me salió.

Me volví a mirar al espejo, me sentí insegura. Mis pechos indescribibles ( sé que es indescriptible, pero sonaba más bacán así), mi guata fea, mi nariz llena de cositas, no encontré las pinzas para repasar la “hasta el alma”. La verdad no encontré nada. La verdad, más insegura que la chucha, tal vez como nunca. Ahí fue que escribí ese tweet de que me dieran ánimos por whatsapp, porque hace un par de semanas que no me resulta darme ánimos yo sola o estoy demasiado débil de espíritu y necesito de esas pequeñas ayudas. No importa: tampoco iba a poder leer hasta cerca de las 14:00 hrs. pero leí los tweets, así que gracias chiquillos.

Pensé en qué zapatos me pongo, pero ahí vino la inseguridad de nuevo, así que me ordené a mi misma que me tenía que convencer a mí misma y eso fue lo que hice. Y busqué mis zapatos rojos, esos que nunca me fallan pa sentirme la mejor del mundo.  Me maquillé y a las 9:00 en punto salía de mi casa ( debía estar  a las 9 en la biblio, pero bue).Bajé las escaleras con hawaianas, las mismas que utlizaría después. La bici en una mano, los zapatos en la misma, las llaves y el casco en la otra. El conserje, se adelantó a abrirme la puerta.

Y ahí me cambié las hawaianas a los zapatos rojos y partí en la bici, enganchando cual picao a carrera, mis tacones en el pedal, lo que hizo más rápido el pedaleo. Chucha, no es en el Museo, es en la Biblio pensé en Herrera y seguí. Pasé por una de mis ex casas, dí la vuelta.

Vi a la niña de la femeneidad misma, pasé a donde estaban todas escuchando a la fotógrafa. Sentí sus miradas feministas en mis tacos heteronormados rojos fuerte y fue el primer chispazo ¿No había entendido la convocatoria o simplemente sabiéndola también elijo vestirme como quiera? Cuando lo pensé ví el reflejo en una de las puertas de vidrio y me tranquilicé un poquito. Esas piernas en esos tacos, no podían desentonar con nada. Vamos no más.

Insegurísima aún me senté, insegura me mantuve ahí. Vimos un vídeo que no alcancé a ver porque los subtítulos estaban abajo. Era en italiano y ahí mi corazón se sintió un poco más en casa. Me sentí de 8 años junto a la chimenea, con el olor a hostias medias tostadas, manjar y el italiano y el portugués perdiéndose en la memoria.

Luego de eso, había que guardar la ropa. Las chiquillas de la recepción de estas cosas también ayudaron un montón. “Bienvenida” decían con la cara llena de risa y con los ojos en los ojos de una. Ahí respiré y pensé en la importancia de esto mismo: mirarse a los ojos y decir “Bienvenid@”.

Empelotarse no me costó tanto. Nos dieron una bata por lo que sacándose el vestido, uno podía sacarse rápidamente el sostén, ponerse la bata y luego sacarse los calzones ¿Dónde dejamos los calzones? ¿En la bolsa que uno entrega o en el bolso de pertenencias de valor? Ya filo. Saqué el cel, los puchos que tenía del otro día, una libreta para anotar que no utilicé en lo más mínimo.

35 mujeres haciendo la misma acción y luego ( yo era de las últimas) rápidamente empelotarse en alguna sección de la biblioteca. Bueno, estamos aquí, que le voy a hacer. Y ahí, quedó mi humanidad. Nuestra humanidad. Quedamos todas ahí, iguales. Las viejas, las jóvenes, las de poco pecho, las de mucho ( yo no sé cuánto tenga, no lo logro pensar por más que me lo pregunte). Las del brazilian estail, las del afro estail. Las feministas que no se depilan, los tatuajes, las cicatrices. Todas estábamos ahí, igualitas. -¡Cuánta belleza!- como diría la Feña aquí. Porque de verdad, creo que no vi un cuerpo feo, ni el mío. ¿Sabís lo que significa mirar y no encontrar ni un cuerpo feo? Y no había ninguna modelo, no había nadie que superara el metro setentaicinco y probablemente en este grupo ( en la tarde había otro) no había ninguna rubia-rubia natural. Y todas éramos lindas, qué lindas, BELLAS. Hermosas. De curvas imperfectamente perfectas. Y todas estábamos ahí, recién moviéndonos entre los espacios raros para estar así, desnudas, en una biblioteca.

Nos movimos de lugar, nos miramos, nos reímos. Nos abrazamos. Posamos con una chiquilla embarazada que tenía cualquier energía y le entregamos más ( ya, los que odian a los jipis que hablan de energías se pueden retirar en este momento). Hablé de mi cicatriz y la hicimos reina de una de las poses. Hicimos que otra chiquilla también fuera reina de su cuerpo con cicatrices más visibles que las mías. Sacamos conclusiones. Nos reímos. Nos reímos mucho.

No sé si la gente entiende lo que pasa cuando se juntan hartas mujeres en este tipo de procesos. Y no quiero que me empiecen a invitar a círculos de mujeres y demases: Si quiero ir, juro que las buscaré. Quiero decir que, cuando las mujeres se juntan, como en un matriarcado dulce y emotivo, pasan muchas cosas. Como que se hace fuego sin prenderlo y se cocinan los dolores y sabores de cada una. Como que aflora lo emotivo, lo que no sale en el cotidiano. Se acogen las reseñas profundas, las lágrimas que han salado los dolores más profundos. Se cocinan. Se aman un poco. Nos amamos todas un poco más.

No lloré durante las fotos. Me costó un poco entrar en la dinámica fotística relax ( no tanto tampoco, si igual estamos hablando de mí), pero al final me sentí tranquila para la hora de la foto personal. Y me saqué exactamente la foto que había imaginado todo el tiempo. Y cuando me vestí me sentí incómoda, como todas nos sentimos incómodas, de costuras,  de barbas de sostenes,  de zapatos, de volver otra vez al papel, al rol de la que no se le tienen que ver los pechos porque puede parecer que está provocando, o las piernas o el poto, porque puede parecer maraca.

Sigo llorando mientras termino de escribir este post y tal vez, rumbo a la contención de mis amigos que viven cerca de mi casa también lo haga, pero se me va a pasar (espero y pido). Sólo que quedé exhausta de tanta emoción, estoy cargada de demasiada energía que se está ordenando.

Gracias por elegirme, gracias por el proceso que hacen para llegar a las fotos. No quiero caer en el sentimentalismo ( tsi, ahora), pero de verdad que gracias.

Para la expo falta mucho, meses. Para que nos muestren algunas, recién como en un mes más. Pero al menos, las fotos mentales las tengo aquí, para que las recuerde cuando me haga falta.

Ciudades para todas #FMB4

Distintas agrupaciones ciclistas que ponen su acento en el género femenino, están haciendo una exposición dentro del Foro Mundial de la bicicleta llamada “Ciudades para todas”. Y ahí pueden venir algunos aburridos para decir que “Ah, no querían igualdad”. Sin embargo este objetivo es imposible sin una nivelación- justicia,  y en esa posición, me gusta que hayan organizaciones que permitan esto de nivelar en algo los siglos de minimización. Y a propósito de eso, me encanta el texto que aparece en su invitación.

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MUY MUY borrosa. Pero es tan lindo lo que dice que no me importa

Ciudades para todas, nombre de la ponencia, parte con un panel de varias agrupaciones: Cristina Rojas (Femibici), Yesenia Sumoza (Bicimamis), Patricia Luna (Bicionarias) y Ximena Paltán (Carishina en bici). Se comenta lo que hacen cada una como escuelas, actividades donde a pesar de invitar a varones, quienes llevan la batuta son mujeres.

Una de las cosas que comentan y que me llama la atención, es del concepto de Karishina, nombre de una de las organizaciones participantes: En quechua quiere decir “[que hace las cosas] como hombre” o como dice internet “s. mujer poco apta para las labores domésticas; ociosa; hembra que parece varón; hombruna [Imbabura (runashimi killkay)]”. Claramente, con un tono despectivo, sin embargo se quiere hacer una re-significación de ello. ¿Y si hacemos cosas que la gente cree que son “como de hombre? ¿Qué tanto?

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Una foto muy borrosa pero imprescindible

Y surgen preguntas ¿Cómo explicarle a un hombre que puedes cargar tu bici, parchar una rueda, andar en bici sola? ¿Cómo explicarle a alguien los obstáculos de los que se libera una mujer arriba de una bicicleta?

También se hablan de algunas otras cosas que nos pasan a tod@s como:

Mujeres intensas

Problemáticas, ardientes, inolvidables. Suelen dejar a su paso un algo, imposible que pasen inadvertidas. De hablar fuerte, de mirar intenso, como un café de grano sin azúcar. Chúcaras, insurrectas, jamás catalogadas como pacíficas, dóciles o tranquilas.

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Suelen amar y desamar como si todo fuera a irse en ello. Apuestan todas las veces todo lo que está en el bolsillo, sin cuestionarse un segundo si estaba correcto o si quedarían destrozadas. No logran dejar las cosas a medias, le cansan los miedos o las medias tintas, aunque permanentemente le atraen polarizadamente a quienes se las tejen por esas fauces. Suelen desprender de la piel el olor que se queda impregnado por meses en otros nombres y en su cabello se esconden pinches que jamás declararían que existen. Porque no se puede amar simplemente, no se puede amar de a pocos y la vida es demasiado rápida como para quedarse sólo en una historia unidireccional.

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Cuando delatan su corazón, son incapaces del silencio, sus gritos se escuchan desde kilómetros. A veces suelen cometer la infamia de enamorar más de lo que serían capaces de reconocer la razón, la decencia, el tino, la distancia. Y llevan en su morral, los destinos flojos de los cobardes que no pudieron con el fuego, no quisieron, no subsistieron. Cargándolos como en la parte de atrás de la bicicleta, como por olvido, como por desidia, como por olvidar sacarlos.

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Las mujeres intensas cargan hijos propios y de otros, cargan con los hijos huachos que no son de ellas porque no son de nadie y de su útero nacen una y otra vez ideas y redes que no tienen un ápice de fin . Cargan como si fueran un container emocional, cargan con los dolores y los reveces de las veces que no pudieron amar como a ellas les gusta y en sus cicatrices brillan los hombros al viento, en una tarde de verano. Y también ríen y sonríen mucho, porque saben que no sabemos hasta cuánto durará todo esto, así que se encargan de reir a carcajadas mientras se pueda, la vida cambia a cada momento.

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Cuando miran no son capaces de mentir si se les mira bien, aunque tengan la capacidad de embaucar a su paso a cualquier bestia indomable o insignificante, como un huracán y adiestrar a los caballos para que completen el carruaje, así como las banderitas del mapa o las laminitas del album, aunque en su vida hayan sólo algunos que logren de verdad, quedarse en su piel, más allá de un instante glorioso.

10177914_10152398722574510_2904910729348024505_nLas mujeres intensas están solas aunque nunca lo están. Nunca. Porque entre sus pechos guardan secretos y encomiendas amorosas de otras dimensiones. Porque aman no solo a sus parejas, sino que sus proyectos, a sus amigos, a sus vidas, a lo que logran, aman y entrelazan su vida a las de las de otras mujeres intensas, como si en esa misma red, pudieran descansar cuando ya no hay donde guarecerse.

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Las mujeres intensas, problemáticas, ardientes, inolvidables mecen en la calle las caderas de todo un pueblo, de los pueblos que zigzaguean, cuando es necesario, justo y placentero.

Mujeres, Teletrabajo, blá

El mundo de pax en Colombia

Foto por Wilson Contreras- La Chica Mocha Films

Me hicieron una entrevista ayer, el el diario Hoy x hoy (Chile) a raíz de trabajar on line.

Me pusieron junto a una encuesta y a lo que se supone Piñera dijo el primero de mayo.Bueno, me da asco salir en un mismo reportaje con su nombre, pero bueno: ya soy de un país que me da verguenza decir que él ES el presidente.

Yo sigo trabajando no más, buscando siempre lo que me gusta más, que eso es lo único que importa. Y lo mismo le digo a toda la gente con la que me toca hablar: se puede. Hay que dormir unas horas menos, hay que pasar aprietos, hay que hacer y dejar de hacer muchas cosas, pero se puede. Y con un poco de creatividad y de trabajo y de creer en lo que haces, se puede. Y ojalá pueda seguir haciendo lo que me gusta,al menos, esa es mi intención. Y si le puedo ayudar a otras personas para que tome lo mejor del sistema, para estar al borde de él ¡Bacán! Por eso me gusta hacer cursos para personas que ya trabajan en sus propios emprendimientos y ¡Sólo les falta saber un par de cosas que aprendí!

Sigo viajando por Colombia (y trabajando en todo lo demás)