Migración, estudios, distancia

Una vez, el encargado de las $ en la U a gritos me dijo que no servía de nada si me gustaba lo que estudiaba o tenía buenas notas:lo importante era que la carrera valía plata y yo no la tenía y punto.

Durante años esa escena me atormentó ¿Cómo no importaba? Ahora con los reclamos del CAE me doy cuenta que éramos muchos, miles. Cuando pregunté los requisitos para estudiar en Mendoza, eran 4 fotos tamaño carnet y un aporte ridículo para fotocopias ¿En serio no necesito más? Me miraron con asombro por mi duda. -No, no necesitas nada más. Se me llenaron los ojos de lágrimas, al recordar esa escena horrorosa en la Uniacc. Pero en ese tiempo, todavía no tenía mucho como mantenerme. Lo intenté en Buenos Aires,en Córdoba, pero me mató casi más que la plata, la pena. Me empezó a comer las manos y los pies y los dermatólogos me decían que era algo muy parecido a la post guerra. En esa época todas las guerras de mi vida se estaban dando y no fui capaz.

Es loco lo que me pasa hoy: casi 10 años después, casi mil idas y vueltas, me siento tranquila. He seguido trabajando y forzado a mi cabeza a mantenerse activa, más allá de la academia, de la plata, de la necesidad y los viajes han sido la inversión más concreta en ello. Un pasaje a cualquier lugar es una inyección de información tan grande, es una formación tan radical, es una vuelta de la cabeza tan fuerte.

Hoy estoy más lejos, no es tan fácil volver, pero yo estoy más madura, más experimentada en la sobrevivencia, en que hay cosas que ya no me alteran ¿Para qué? y a veces me extraña esa tranquilidad, hasta que me acuerdo que ya quedé en la calle, ya volví a caminar, ya viví en un departamento la raja en pleno Bellas Artes, que ya inventé tantas otras cosas más. Hay cosas que disfruto y me llenan demasiado-como las juntas con nuevos amigos, un par de días en otra ciudad atendiendo al “Vamos pa X lugar” o simplemente recibiendo un mensajito de los que están lejos sabiendo que están bien y que yo también lo estoy y que nos queremos y no nos hemos olvidado y que con eso muchas veces basta todo.

El señor que me gritó ese día, no tenía razón. Gracias a la vida que me ha permitido, a través de todo lo demás que no es ni plata,ni títulos ni tiempo libre, hacer cosas que sueño y que las seguiré haciendo.

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Harald Edelstam: El Clavel Negro

Cuando iba en tercero básico, iba en un colegio que era más o menos nuevo, en la comuna de la Granja, que era particular particular. Repetir el particular, es muy C3, por eso mismo lo hice. En ese colegio, llevaron una obra de teatro sueca, que hablaba de Thor, el dios del martillo y otras cosas que me llamaron la atención y quedaron por ahí rebotando en la memoria. Por otro lado, las primeras casas que viví siendo estudiante, conocí también a Ylva, mi amiga sueca con la que jugábamos a que yo era sueca de padres chilenos y blá. La verdad es que sólo pronuncio una frase “sol vind och vatten”, que es una canción,  que pasa a ser mi frase favorita para entablar cualquier conversación con alguien de ese país o jugar a que puedo hablar sueco. Me encantan también un par de bandas suecas de salsa (Calle Real, Orquesta Pomo), en fin.

Desde ahí, desde esas pequeñas cercanías que le he puesto ojo a Suecia . Por supuesto que me llama la atención también, y es un tema que quiero desarrollar/investigar/trabajar alguna vez, la migración chilena y latinoamericana a ese país, sus procesos de inculturación, transculturación, etc.

El Clavel Negro, la película

Fue para un festival audiovisual, que vi esta película probablemente medio de casualidad, medio porque me llama la atención el tema. Con ella pude entender, mucho mejor, el por qué de la gran colonia chilena en Suecia, de los conflictos desarrollados a partir de eso, de como se había tejido que Suecia y no otro país recibiera a miles de chilenos post golpe de estado. Recuerdo haber quedado rayándola con la película, incluso tiempo después andaba a la búsqueda de ella( que ya está en Youtube si la quieres ver).

Harald Edelstam era el embajador sueco en Chile para cuando fue el golpe de estado en 1973.  Para él, un diplomático de un país bastante estable, habría sido fácil mantenerse al margen o simplemente emigrar del país. Pero ya se sabía que tenía un “prontuario” de salvataje de personas de los nazis o de la articulación de diálogos con distintas organizaciones de Derechos Humanos en Guatemala.Por lo tanto, no era difícil imaginarse, que algo haría al respecto y le advirtieron más de una vez que no le perdonarían una.

Muy por el contrario incluso de su seguridad personal, puso en riesgo su vida muchas veces y su continuidad como diplomático, salvando-según algunos más que el de la lista de Schindler- la mayor cantidad de personas del siglo pasado, de manera individual. Él fue el responsable que, se quisiera o no, ese país recibiera a gran cantidad de chilenos en problemas.

Obviamente, no estuvo falta de polémicas: Amenazas, estar en la línea de lo prohibido y lo que no y obviamente,  estar en el ojo de las autoridades del país en ese momento y de sus propios superiores y obvio, el amor de mujeres. Puso su vida en riesgo, a un país en conflicto con otro por las medidas que estaba tomando, y aún así lo hizo. No una vez, no una persona: miles.

Una de las escenas más emocionantes, es cuando el embajador, luego del golpe, está sitiado por personas que le piden asilo, en las rejas de la embajada que quedaba en Providencia. Entre ellos una mujer le pide que salve a su pequeña hija y la pasa por arriba de la reja. En cuanto se aleja, es reprimida por la policía a lo que él reacciona dando la órden que abran las puertas de la embajada. Se cuenta que alojó a más de 500 en esa residencia.

¿Qué hay hoy sobre él?

En Chile , la biblioteca de San Miguel lleva su nombre, en otros países latinoamericanos hay monumentos y al parecer, ni en Suecia ni en Chile se ha dejado mucho rastro de su tremenda obra humanitaria. Recientemente he encontrado algunos vestigios, como lo de un premio en Suecia , un reportaje aislado en el Quinto Poder y una Corporación que ha nacido a partir de su símil en Suecia. Un hombre que salvó a al menos 1300 personas ( dicen que los desaparecidos en Chile fueron más de 3000), toda una generación migrante en Suecia, con todo lo que eso implicó. ¿Cómo es posible que no esté en nuestros libros de historia? ¿Cómo no lo sabemos? ¿Se les enseña a los de ascendencia chilena o en los colegios que ese hombre salvó a esa inmensa cantidad de chilenos?

¿Qué hacer?

Yo propongo que hagamos algo al respecto. Por ejemplo:

  • Articular una red que permita investigar sobre su vida y obra tanto en Chile como en los otros países donde también prestó colaboración.
  • Coordinar acciones en conjunto con organizaciones para ir en ayuda de refugiados en Chile. Recordemos que Chile se ha transformado en los últimos años, en un lugar donde hermanos latinoamericanos han encontrado un lugar más seguro y con oportunidades laborales para vivir. Coordinar con organizaciones ligadas al tema DDHH, comunidad chilena en Suecia, Canadá, Australia  y derechos de migrantes en ambos países. Embajadas y consulados (Casi sería ampliar las actividades que estamos realizando con Lastarria Mistral, sobre el tema migrante).
  • Realizar actividades y homenajes que lleven su nombre y permitan poner en valor el aporte de este hombre en la historia de un país.

Así que, amigo Claudio, creo que tengo mi próximo proyecto para presentar a Lastarria Mistral, a la Comisión Chilena de Derechos Humanos, y a Bicipaseos :D.

Contacto

¿Te interesa el tema? Deja un mensaje en los comentarios o escríbeme un correo a mariapazcastilloC@gmail.com  :* . No tengo mucho tiempo hoy, pero seguro se puede hacer algo.