Que no suceda

Hicieron lo imposible porque no sucediera.

Ella en la nerviosa,se mostró tremendamente banal ,superflua, poco consistente, él se mostró lejano, trató de no mirarla fijo. Ella fue impaciente, él prefirió quedar mal. Ella se hizo la que no le importaba tanto y se picó corriendo a los brazos de otros,cada vez que él no llegaba. Él intentó de todas las formas posibles, mostrarse como un conchesumadre más, para que ella no se ilusionara. A pesar de pasarla bacán juntos, se evitaron: ella ya sabía de estos casos, él ya había escuchado comentarios de lo complicada que era ella.

Pero, a pesar de todos sus intentos, algo ocurrió sin ocurrir. Estaban destinados a ser felices conversándose simplezas.

Tensión cotidiana #losahueonaditos

viejitos

Él sabía que ella tenía su vida armada. Sus matrimonios y junturas a cuestas, sus estrías por debajo del rollo, su muela picada. Que a veces abría la boca para roncar.

Ella sabía de su asma crónica y que no debían tener el inhalador no más allá de un metro de donde se podrían amar sudorosos. Conocía el mapa de su espalda por cuánto se le notaba por sobre la camisa los días de verano, con volcanes y extensas llanuras y ciénagas. Sabía que él a veces tenía miedo y que se le olvidaban las cosas cada vez más.

Ellos sabían que cuando se acercaban, había un colorcito en sus mejillas, una tembladera en la zona baja del abdomen y unas ganas estrepitosas, destellantes (y evidentes) de estar encajados soltándose suspiros y haciéndose cariñito mientras siguieran el vaiven. Pero por alguna razón, por alguna extraña razón, continuaban ahi, deseándose buenos días mientras Marina seguía barriendo el patio y don Raimundo seguía entregando correspondencia entre las oficinas. Sin que nadie notara ese juego de mirarse a los ojos sabiendo lo que ocurría en el horario pm.

Bulnes #losahueonaditos

Fuente: http://overthebarsinmilwaukee.files.wordpress.com/2010/10/schwinn-sunrise1.jpg

-No te vai- le dijo él.
-Tengo que ir a trabajar po, si sabís- le respondió decidida- pero no-tan-convencida como quisiera.

Fue al baño, buscó algo con qué amarrarse el pelo. Se miró la cara, el sol indiscreto pegándole en los ojos. Se despidió como siempre, revisó los bolsillos, abrió el candado, abrió la puerta. Y se fue derechito por la ciclovía de Bulnes,  Cuando vió el edificio rojo, ese gigante y como todas las veces pensó “Puta el edificio pa feo, hueón oh” y continuó rumbo sur, mientras la gente que andaba en la calle tenía esa cara de mañana de trabajo, con olorcito a recién bañados. Ella por su parte prefirió quedarse con el olorcito a funk, mezclado con la transpiración en la chaqueta con la pedaleada hasta que llegara a la casa.

A pesar de lo rico que lo pasó, cuando llegó a la oficina, le escribió inentendiblemente por inbox de facebook que ya no quería más: probablemente el paso siguiente sería agarrarse, involucrar sentimientos y todas esas pajas como no quería (O no se atrevía, mejor dicho).

Quinta de recreo #losahueonaditos

Se juntaron en un bar en Mapocho. Un bar cualquiera la verdad, la facha daba lo mismo, media rayada, media meada, media fea. En verdad entraron a la primera hueá que encontraron abierto a las 11 de la mañana pa tomarse algo: una especie de quinta de recreo pasada a malta con huevo, a borgoña con frutillas pasadas y a pipeño del malo.

Ella se quedó mirándolo, con los ojitos abiertos, pestañeando de tanto en tanto y él sonriendo, divirtiéndose de descubrirla directa y frontal, hablándole en serio y haciéndole preguntas directas. Y así se quedaron harto rato, hasta que vino el garzón y limpiándoles la mesa de las migas que habían quedado de la persona anterior, los interrumpió.

A veces, sólo a veces, dejaban de ser tan ahueonados.

Córdoba #losahueonaditos

Cuando eran las 03:48 de ese jueves, empezaron con los mensajitos de Whatsapp. Él en un pueblito al nordeste de Córdoba casi encuevándose en Santa Fé y ella, es su cuchitril en Curicó. ¿Qué se puede sacar en limpio a 16 horas en bus, 45 minutos en remis y la imposibilidad completa de la inmediatez? ¿Cómo se puede querer a la distancia? ¿Cómo se puede hablar en serio por chat? ¿Como se puede pretender poner puntos sobre las íes mediante un celular?

Le respondió cualquier cosa, lo que se le vino a la cabeza, lo que encontró más bacán, lo que su mente cansada a esa hora podría responder. Le respondió cubriéndose de esa idea como de aquí me las traigo yo o a mí no me interesa nada de lo que ha pasado este último año.  Y 2 días después el coordinó para volver, para hablar en serio, para hablar mirándose a los ojos y a la cara arrugada riéndose. Pero ya no: Volvió, la llamó y ella se negó a poder y querer. Y ahi se quedó él, otra vez, sin entender nada, sintiéndose tan hueón, sin querer entender tampoco.

Otra vez, los viajes no le habían servido ni para olvidar ni para arraigarse a nada.

#losahueonaditos : Tocata

Se encontraron en la misma puerta del Galpón, mientras tocaba alguna banda de cumbia de esas medias nuevas que llevan harta gente. Ella al verlo, abrió los ojos, así, grandes, como que -ilusamente-no esperaba para nada verlo ahi esa noche. Él al verla sonrió melancólico, haciéndose el que no había notado su asombro. A unos 45 centímetros estaba él, un él , un otro “ÉL” que no era él mismo, un tipo alto aunque de rasgos menudos, como sietemesino que lo miraba marcando territorio, vomitando fuego por los ojos. Siguió hacia en dirección hacia el escenario. Él, se hizo ahueonadamente el hueón y se perdió entre la gente. Tragó fuerte, como cuando uno traga y suena “glú” y compró una piscola. Y otra. Y otra.

Cuando todo terminó, no los vió. Seguro se habían ido a estar más cómodos por ahi, tal vez a la vuelta o a los otros lugares para ponerse cómodos de a la vuelta de allá. Tragó otra vez, fuerte, sin decir ni pío. Si a él le gustaba tanto la libertad, no tenía por qué incomodarle la de otros ¿No?

Los colas #losahueonaditos

Nota: En noviembre del año pasado compré una libreta que iba a regalar, la cual luego de pasearla por Argentina, Colombia, Valparaíso y semanalmente conmigo en todas mis andanzas, me aburrí de cargarla y castigarla sin escribir una puta palabra, hasta que decidí usarla para escribir cuentos.

#losahueonaditos pertenece  a una serie de cuentos. Son historias pequeñas, que hablan de contratiempos y malentendidos de parejas que no logran sentarse a conversar nunca, que finalmente suponen más de lo que se dicen, crean relaciones suponiendo que el otro pensó o actuó por tal razón ¿Qué raro? ¿No? Si estamos en un mundo “tan conectado”

Pensé en guardarlos, pensé en publicarlos, pensé en regalarlos. Mejor, se quedan aquí en mi blog y me sirven para atrer sicópatas que buscan respuestas de algo más y de paso, aumentan las visitas.

Los colas

Nuestra relación homosexual tenía que ver con que tenía a Freud tatuado en la frente.

Yo quería verlo bien, en realidad quería verme a mí bien con 26 años. O con 22. Quería salvarme, quería acurrucarme y hacerme nanai a través de él. Me veía tan reflejado, le veía tanto potencial ( que pensándolo bien era inexistente) pero metido en la mierda hasta el cogote a punto de ahogarse y yo quería salvarlo. Pero imposible, si él no quería, imposible si él me decía que no me quería y para más que yo nunca lo había querido. Y yo, que luego de trabajar toda la noche en el hostal, en vez de irme a dormir cual zombi, prefería pasarme al negocio de la vuelta y comprarle unas paltas, un muffin de arándano y una bolsita de café de grano recién molido,para prepararle el desayuno como si fuera su mamá, ir y si era necesario no dormir, no dormía. Porque quedarnos ahi juntos, jugando play o haciéndole cariño en la cabeza era suficiente pa hacerme feliz. Lo más chistoso, que aunque hubiésemos sido hétero, esto habría sido igual de gay: éramos 2 nenas gritando cariño, anhelando que alguien nos salvara y nos quitara un poco de libertad por un par de nanais, pero ahí estábamos, haciéndonos daño. Él insistiéndome en que yo no lo había querido ni un poquito y yo en silencio, prefiriendo callarme. Porque esta vez, me dolía como si me hubiese sacado la chucha en bicicleta, me dolía más que la mierda y yo no quería el show pobre.

Esta única vez, yo lo único que quería era que se arrepintiera y me abrazara y nos quedáramos ahi mucho mucho rato y que nos olvidáramos de todo incluyendo todas las veces que pasé afuera de su casa a ver si la luz estaba prendida. Pero no, se fue y me dejó ahi, con todas esas boas, su polerón, un par de juegos de play que habíamos comprado recién en la cola de la feria y su silueta extranjera, dejándome solo y a punto de llorar.