A mí me duele más el anarko machismo

machismo

A mí me duele más el anarko machismo, que vocifera sobre la mujer y a la hora de los quiubos te somete y te minimiza como a una cosa. A mí me duele y me molesta el jipi que te habla de la tierra, de la luna, de la causa, pero que te escucha en piloto automático, porque en el fondo le parece que nada de lo que puedas decir, tiene tanto peso. Cuando la justificación es “típico de mina” “ser mina” “debe andar con la regla” “Así son las minas” y toda esa sarta de comentarios en base a descalificar solapadamente, peor que escuchar a un defensor del Hiyab. Juegan a que te respetan, porque te dejan hablar, pero nadie habló de escuchar.

Me revienta que miremos con desdén las realidades de otros países, cuando en el nuestro, en nuestros circuitos, el machismo está naturalizado en cada acto por pequeño e insulso que sea. La propiedad de la mujer como si fuera una cosa, la diferencia a la hora de manifestar deseos, formas, aspiraciones.

Me molesta más que el susurro de un viejo verde en la calle, la minimización por parte de mis amigos a sus parejas, ex parejas y mi persona, los comentarios de mis cercanos, los enojos por parte de nuestros compañeros por la libertad de pensamiento, por la libertad de elegir, por aspirar a un respeto mínimo; me enturbia la mirada la sensación que a pesar de vender una postura pro-feminismo, la mujer debe seguir, por muy jipi que la vendan, un patrón de belleza impuesta igual, debe someterse a ser “la acompañante de” y alejarse de ese status puede traer consecuencias siniestras manipuladas en torno a una venganza silenciosa en los ámbitos laborales, de poder, de acceso a instancias en común o afines ; a que por sus afectos y vida sexual sea considerada desde el saludo o el trato a la hora de un trabajo o desde como será su trato de respeto, que debiera habérselo ganado por el puro hecho de ser persona, sin su género como diferenciador.

Me duele verte involucrado en la causa altruísta, verte hablando del capitalismo y haciendo el speach completo del panfleto contestatario, exceptuando en lo cotidiano, porque ahí, capitalizas tu mínimo poder. Lo utilizas porque sabes que hay un mundo y una historia completa de tu lado.

Me da rabia cuando se nos sale la heteronorma y algo que parece masculino nos parece más serio, más creíble, más válido. Cuando lo femenino lo asociamos a tonto, a infantil, a ridículo.

Estoy choreada de su forma de tratarnos, haciendonos creer que el machismo es de otros, cuando en verdad, piensan lo mismo y nos dicen que bueno para que no aleguemos tanto.

¡Jamás voy a entender la diferencia que nos dicen todo el rato que existe! ¡No me interesa quedarme en el lugar de las mujeres que aceptaron para no hacerse atados! ¡Me cago en su machismo con olor a caño, chela de litro y yoga! ¡Me cago en su machismo de melón con vino! ¡Me re cago en su machismo barato!

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Actualización:

Acá un vídeo sobre el mismo tema, soplado por Deb 🙂

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