Panc

Se conocieron una noche de verano en la okupa en Valpo, esa que queda en plena calle grande. Tocaba la banda que teloneaba a los cabros y bailábamos, chocando las puntas de fierro en las paredes, riéndonos de la caja de vino que apoyábamos en la ventana. Yo los vi po, los vi. El loco le mostraba sus fanzines, ella se sacaba del morral café claro un cuaderno lleno de letritas pequeñas, donde había escrito letras de canciones que podían funcionar bien en el ska. Se reía de lado, como cuando le gustaba un hueón, yo la cacho.


El hacía gestos exagerados y ella más se reía, más se tocaba el pelo, más le tomaba el brazo, la cara, los hombros. El loco, se hacía para un lado y otra, la moica y prestaba una atención digna de herencia sin hablar con nadie más el resto de la noche.


Cuando nos fuimos,ya eran como las 7 y media, ellos seguían conversando, hasta que los ví perderse, para el lado contrario de donde el Harry, pa donde íbamos a hacer el after. A culiar seguro,demás po, yo habría hecho lo mismo.

Que no suceda

Hicieron lo imposible porque no sucediera.

Ella en la nerviosa,se mostró tremendamente banal ,superflua, poco consistente, él se mostró lejano, trató de no mirarla fijo. Ella fue impaciente, él prefirió quedar mal. Ella se hizo la que no le importaba tanto y se picó corriendo a los brazos de otros,cada vez que él no llegaba. Él intentó de todas las formas posibles, mostrarse como un conchesumadre más, para que ella no se ilusionara. A pesar de pasarla bacán juntos, se evitaron: ella ya sabía de estos casos, él ya había escuchado comentarios de lo complicada que era ella.

Pero, a pesar de todos sus intentos, algo ocurrió sin ocurrir. Estaban destinados a ser felices conversándose simplezas.

Indignos

-¿Vamos a bailar?
-Hueón, no tengo plata onda ni un puto peso. Y mira la pinta en la que andamos.
-No importa ¿No te acuerdas que trabajé en un bar?
-Pero esa hueá es muy cuica po, los hueones miden como 20 centímetros más que nosotros, aparte son más pesaos que la chucha y el copete es más caro que la mierda.
-Por eso mismo po, nadie nos verá. Para ellos no existimos.

Y luego de conversar con el guardia de la puerta, nos escurrimos entre la gente. Y bailamos desenfrenados por nuestras pintas indignas, por nuestra pobreza franciscana, por nuestros proyectos inviables, por nuestras vidas poco encajables, sin que nadie notara nuestra presencia, mientras nos reíamos. Nos reíamos mucho.

6 desvaríos de lunes de madrugada

 

Imagen: http://irenelorenzo.com/wp-content/uploads/2013/01/diariosydesvarios1.jpg

Primero, Luciano.

Cuando se sentía así, le hablaba a Luciano. Y corría Irarrázabal abajo, en lo que encontrara, para llegar cuánto antes. Y siempre la terminaba esperando en el dintel con una sonrisa abierta, un abrazo poco rectangular, sin un mísero reclamo. Tal vez una ceja un poco levantada, pero con esa mirada aprobatoria del “otra vez y está bien porque me encanta que te desdigas”.

Siempre se sentía a salvo entre sus ventanas fetiche, entre su blancura intranquila, entre su bulla opacada. Con el modem parpadeando, como espantacucos, con la luz entrando a contramano.

Segundo: Los demás.

El protagonista siempre es Negrito, el que quisiéramos que fuera. El que vive en el sur, el que enchueca la boca, el que baila mal y no le importa, el que corta leña como si nada. Blanquito, el antagonista, el tormento, lo que no. Descarado, intolerante, insurrecto, chistoso,entregado a sus matices noctámbulos y pasadizos por la decadencia sin ni un respeto. Y ahí están, ambos, durmiendo.

Tercero: El camino.

Siempre lo mismo. Oriente-Poniente, Sur a norte.

Siempre la misma carrera frenética, siempre el mismo matiz. Siempre la misma forma de correr, siempre la misma forma de despedirse, siempre la misma forma en la de volver a encontrarse, siempre el mismo tormento. Siempre el mismo amanecer, siempre el mismo ruidito, siempre el mismo abrazo, siempre el mismo baño, siempre la misma luz. Siempre el mismo sueño. Siempre la misma espera en lo que pudiera ser el próximo tiempo. Siempre amarrar la bicicleta en la misma baranda, siempre la misma subida, siempre la misma bajada. Siempre lo mismo, siempre.

Cuarto: 

Volvemos a Luciano. Reclama su tiempo, su espacio de tiempo, su espacio en la historia. Luciano levanta los brazos, dice que queda menos, agenda. Mira, pero mira distinto, como escudriñando en qué parte de esa esquina podría poner otra ventana, una de sus ventanas fetiche, otra más. Porque le encantan las ventanas, le agradan y ama en demasía la luz que entra por los ventanales cuando no hay nadie y el viento pareciera bailarse una salsa en su interior, pero así como de la All Stars, qué sé yo. Luciano me indica una maleta, me dice que ya tiene listo todo, que él ya pensó y re pensó.

Quinto: Ratita

Hemos sacrificado lo mejor de esta tarde, para honrar a la virgen de todas las ratas. Uy, nauseabundas y expertas en escaparse, les gusta la soledad. Se revuelca, se va reventando de a poquito y deja en el camino sus pústulas reventadas. ¡ Ay qué sensual es su latido moribundo! La rata se desespera a veces con los pequeños ruiditos que hay en el espacio inmediatamente al lado de su oreja ¿Hay alguien ahí acaso?

Sexto: Desalmados.

-Los lamentos son para desalmados-le dijo, tomando el jugo de naranja, saboreando las celditas que aparecían en su lengua entre el revolver de su bombilla ¿Really? ¿Acaso nunca has tenido ninguno? Lo que pasa es que lamentarse y quedarse en la cuneta, arrodillado, despreciando a la suerte es para débiles y yo no lo soy.

Se despidió levantando la mano, se persignó, rezó una oración a la virgencita negra mientras pasaba por afuera, esa, esa la de los ladrones y miró a su próxima víctima, una rubia no natural, que atravesaba Recoleta con su bolso no original. blanco.

 

 

Tardes

Me gusta cuando vienes a darte una vuelta, te asomas por la ventana diciendo algo inconexo. Me encanta que te hayas dado el tiempo de pensar en que eso-ese algo inconexo, sin sentido- que me hará tremendamente feliz.

Me gusta también cuando vienes y te echas en el sillón apoyándote en mi pecho para que yo te revuelva el pelo. Sabes que me encanta y te aprovechas de eso. Y me cuentas de como va la ciudad del otro lado del río a esta hora, del último taller de mapudungún que te gustó tanto. Me contai de la última imagen con la que te reíste en Por la Puta y de por su puesto, de lo lindo que estaba el día.

Ya tienes que irte a ensayo, siempre pasa lo mismo. Nos despedimos y yo me quedo el resto de la tarde, con ese saborcito a tus besos, escribiendo divertida, mis nuevos post que debo subir para que me editen antes de las 19:00.

Quinta de recreo #losahueonaditos

Se juntaron en un bar en Mapocho. Un bar cualquiera la verdad, la facha daba lo mismo, media rayada, media meada, media fea. En verdad entraron a la primera hueá que encontraron abierto a las 11 de la mañana pa tomarse algo: una especie de quinta de recreo pasada a malta con huevo, a borgoña con frutillas pasadas y a pipeño del malo.

Ella se quedó mirándolo, con los ojitos abiertos, pestañeando de tanto en tanto y él sonriendo, divirtiéndose de descubrirla directa y frontal, hablándole en serio y haciéndole preguntas directas. Y así se quedaron harto rato, hasta que vino el garzón y limpiándoles la mesa de las migas que habían quedado de la persona anterior, los interrumpió.

A veces, sólo a veces, dejaban de ser tan ahueonados.

Córdoba #losahueonaditos

Cuando eran las 03:48 de ese jueves, empezaron con los mensajitos de Whatsapp. Él en un pueblito al nordeste de Córdoba casi encuevándose en Santa Fé y ella, es su cuchitril en Curicó. ¿Qué se puede sacar en limpio a 16 horas en bus, 45 minutos en remis y la imposibilidad completa de la inmediatez? ¿Cómo se puede querer a la distancia? ¿Cómo se puede hablar en serio por chat? ¿Como se puede pretender poner puntos sobre las íes mediante un celular?

Le respondió cualquier cosa, lo que se le vino a la cabeza, lo que encontró más bacán, lo que su mente cansada a esa hora podría responder. Le respondió cubriéndose de esa idea como de aquí me las traigo yo o a mí no me interesa nada de lo que ha pasado este último año.  Y 2 días después el coordinó para volver, para hablar en serio, para hablar mirándose a los ojos y a la cara arrugada riéndose. Pero ya no: Volvió, la llamó y ella se negó a poder y querer. Y ahi se quedó él, otra vez, sin entender nada, sintiéndose tan hueón, sin querer entender tampoco.

Otra vez, los viajes no le habían servido ni para olvidar ni para arraigarse a nada.

Los colas #losahueonaditos

Nota: En noviembre del año pasado compré una libreta que iba a regalar, la cual luego de pasearla por Argentina, Colombia, Valparaíso y semanalmente conmigo en todas mis andanzas, me aburrí de cargarla y castigarla sin escribir una puta palabra, hasta que decidí usarla para escribir cuentos.

#losahueonaditos pertenece  a una serie de cuentos. Son historias pequeñas, que hablan de contratiempos y malentendidos de parejas que no logran sentarse a conversar nunca, que finalmente suponen más de lo que se dicen, crean relaciones suponiendo que el otro pensó o actuó por tal razón ¿Qué raro? ¿No? Si estamos en un mundo “tan conectado”

Pensé en guardarlos, pensé en publicarlos, pensé en regalarlos. Mejor, se quedan aquí en mi blog y me sirven para atrer sicópatas que buscan respuestas de algo más y de paso, aumentan las visitas.

Los colas

Nuestra relación homosexual tenía que ver con que tenía a Freud tatuado en la frente.

Yo quería verlo bien, en realidad quería verme a mí bien con 26 años. O con 22. Quería salvarme, quería acurrucarme y hacerme nanai a través de él. Me veía tan reflejado, le veía tanto potencial ( que pensándolo bien era inexistente) pero metido en la mierda hasta el cogote a punto de ahogarse y yo quería salvarlo. Pero imposible, si él no quería, imposible si él me decía que no me quería y para más que yo nunca lo había querido. Y yo, que luego de trabajar toda la noche en el hostal, en vez de irme a dormir cual zombi, prefería pasarme al negocio de la vuelta y comprarle unas paltas, un muffin de arándano y una bolsita de café de grano recién molido,para prepararle el desayuno como si fuera su mamá, ir y si era necesario no dormir, no dormía. Porque quedarnos ahi juntos, jugando play o haciéndole cariño en la cabeza era suficiente pa hacerme feliz. Lo más chistoso, que aunque hubiésemos sido hétero, esto habría sido igual de gay: éramos 2 nenas gritando cariño, anhelando que alguien nos salvara y nos quitara un poco de libertad por un par de nanais, pero ahí estábamos, haciéndonos daño. Él insistiéndome en que yo no lo había querido ni un poquito y yo en silencio, prefiriendo callarme. Porque esta vez, me dolía como si me hubiese sacado la chucha en bicicleta, me dolía más que la mierda y yo no quería el show pobre.

Esta única vez, yo lo único que quería era que se arrepintiera y me abrazara y nos quedáramos ahi mucho mucho rato y que nos olvidáramos de todo incluyendo todas las veces que pasé afuera de su casa a ver si la luz estaba prendida. Pero no, se fue y me dejó ahi, con todas esas boas, su polerón, un par de juegos de play que habíamos comprado recién en la cola de la feria y su silueta extranjera, dejándome solo y a punto de llorar.

Océano

la foto

Nos juntamos a media tarde, a media estación igual que la otra vez. Con el puto sol indeciso, sin saber si abrigarse o no. Anduvimos por el mismo barrio, de hecho de pajeros elegimos el mismo café. Y cuando la parsimonia estaba a punto de ahogarnos y de ponernos a su disposición para hablar seriamente de cosas que habla la gente cuando dice “tenemos que hablar”, nos miramos, explotamos de risa; me atraganté con un pedazo de pastel, que eyectó desde mi boca llena de saliva, llegando directamente a la solapa de tu chaqueta, quedándote una manchita de mí para siempre en tu ropa.