Carta de Motivación para fotos de “Cuerpos escritos”

letras en genero afiche

 

Nota: La Biblioteca de Santiago, tiene un programa de género llamado “Letras en género”, en el que busca resaltar la participación de las mujeres, y tal como dice en su biografía “Pensando y activando la integración del enfoque de género en bibliotecas”. Dentro de eso y enmarcado en la conmemoración del mes de la mujer , es que ha planteado una convocatoria para que mujeres posen desnudas para fotografías en la bilioteca, que luego serán parte de una exposición. La idea es que estas fotografías, sean con una mirada distinta al típico estereotipo publicitario.Serán 70 mujeres o lazos ( por ejemplo, grupos) escogidas entre las que envíen una carta de motivación. Sacará las fotos Ximena Riffo. Requisitos: Ser mayor de 18 años y enviar una carta de motivación antes del 30 de marzo a letrasgenero@gmail.com. En todo caso la convocatoria está acá

Esta es mi carta. Yo no sé si gane o no. Lo que sé es que me costó hacerla, porque normalmente no hablo de esta época, trato en general de no hablar de hechos concretos o dejar siempre la idea de ficción-realidad, no cuento mucho más allá de decir que tengo fierros en la espalda. Pero fue más fácil en la medida en que me dejé fluir, como estoy intentando últimamente.

 

A los 14 años, tenía una joroba que podía deducir mis 60 grados de desviación de la columna. Usaba ropa ancha para que pasara un poco más piola e intentaba, que se me notara menos el dolor y la sensación al apretar las llaves del agua,que era cada vez un poco más frustrante. Me enojaba con frecuencia, por que cada vez iba perdiendo más movilidad y sabía que era sólo un asunto de plata, de decisiones, de voluntades.

Un 16 de abril de 1999, luego de 6 u 7 horas, salí infestada de mangueras. Ahí aprendí a disfrutar la sensación de la morfina, de los calmantes que me dejaban voladita evitándome el dolor, de los gritos en la UTI de los niños que se estaban muriendo, de hacer pipí sólo con pensarlo, de los elegantes tambores de drenaje y orina decorando el paisaje, de las visitas de la familia elegida cuando no te puedes mover.

No sé a qué edad fue ni como pasó, pero la cicatriz, que para algunos pasaba más desapercibida que para otros (partiendo por mí, que la olvido la gran mayoría del tiempo), pasó a ser sensual. Objeto de curiosidad, mi marca personal al terminar un abrazo apretado, en la penumbra del desnudo.

No sé en qué momento se me olvidó que había pasado por tanto- 3 años y medio tratando de juntar la plata para los implantes, sintiendo como mi cuerpo se deformaba, odiando al sistema de salud por su crueldad, olvidar las fotografías, los meses con corset- y la cicatriz fue sólo símbolo de cosas buenas. Tal vez, fotografiándola muchas veces, tal vez escuchando una y otra vez el sonido al tocarla, tal vez porque siento que fui otra (quien no lo es con 15 cm más en horas), porque quería tanto estar bien y bailar hasta que no me pudiera mover de cansancio. .

Mi motivación para las fotos ( a propósito de las fotos que sacará la biblio de Stgo con su programa Letras en Género) , tiene que ver con una suerte de homenaje a un cuerpo, que entre muchas otras cosas, cicatriza bien y me muestra, con una delicadeza que tal vez carezco en la vida diaria, que se puede. Que los dolores pasan, que dejan marquitas-que incluso pueden llegar a ser sensuales- que se pueden disfrutar y saborear algún día.

(Me quedo atenta a la respuesta, que mi cicatriz y yo esperamos, que sea que sí )

Bailando ( o segundo Cumpleaños Feliz)


Imagen: ISveta Dorosheva lustrador Ucraniano http://lattona.prosite.com/

En pocos días más estoy de cumpleaños.

Desde que tengo uso de razón he celebrado cada uno de ellos, de una u otra manera, aunque por lo general la cosa es comer y bailar. Y bueno, pensarán, no tiene nada de extraordinario el plan, pero hace 14 años para mí si lo es.

Cuando tenía 11 años, me sentenciaron a muerte. Bueno, no tan así, pero que debido a una lesión/deformación/vaya a saber uno que mierda/ en la columna debía utilizar un corset, algo muy parecido a una máquina de tortura que me permitiría detener el avance de la desviación pero que a la larga, me tendrían que operar igual. De no ser así, perdería la movilidad del cuello hacia abajo.

Junto con lo duro que fue saberlo, entenderlo y asumirlo, vino todo el rollo de no tener la plata para la prótesis y ver como mi cuerpo se deformaba todos los días. A los 14 años, con la movilidad de las manos perdiendo fuerza y un montón de complicaciones más, por fin, me operaron.

Para asegurarse que los huesos se afirmen y reconozcan la nueva postura, debí ocupar otros 6 meses un corset que aunque era menos invasivo que el anterior y me permitía hacer una cintura envidiable, era igual de tortuoso, molestoso, picoso que el anterior. En octubre de ese año yo cumplía 15 y quería simplemente bailar. Hicimos que el control con los doctores se adelantara unos días, para que  finalmente me sacaran el corset antes, para poder acostumbrarme a estar sin él. Soto y Grass ( los secos de columna en el Calvo Mackenna) me dieron el “SI” y yo ya podía pensar en ese cumpleaños bailando, como no había podido en todos esos meses.

No me acuerdo bien qué ropa me puse ese día, quienes fueron o qué, pero si me acuerdo de esa sensación de alegría extrema de poder bailar, bailar y bailar, mientras mi madre se me acercaba de vez en cuando diciéndome que no exagerara, que descansara cada tanto y yo no pescando. Volver a bailar o hacerlo por primera vez luego de no poder hacerlo. Bailar o hacer cualquier otra cosa pensando que estuviste a poco de no poder volver a hacerlo, es lo que hace valorar lo que uno ve como algo natural o como un detalle sin importancia.

Ayer mientras veía a la gente bailando, me emocioné mucho (de hecho no pude parar de llorar en mucho rato) pensando en 2 cumpleaños: Voy a cumplir 29 años celebrando la vida y 14 años bailando. Osea, bailo hace más, pero hace 14 años el baile fue la bandera de ¡Ya estoy bien! ¡Ya puedo hacer mi vida normal! ¡Ya estoy en pie y sin ese corset de mierda!

Por eso, me es muy necesario bailar al menos 2 o 3 veces por semana. Por eso, invierto actualmente tiempo en hacer ejercicio: quiero llegar a viejita bailando, celebrando que la vida me ha quitado pero sobre todo me ha dado tanto como el bailar.

El axé salvó mi adolescencia

Entre los 11 y los 14 viví con un fantasma gigante: tarde o temprano debería ser operada de la columna para no quedar inválida. Suena terrible, pero pareciera que no fue tanto. Tanto en el contexto que había una solución, que aunque llevaría un tiempo de recuperación, podría llevar una vida normal.

Siempre pienso que en realidad no me afectó tanto: no está en mis conversaciones cuando conozco a alguien,  no me da pudor la cicatriz de 40 cm, al desnudarme (porque no me acuerdo la verdad, no lo tengo presente), no lo recuerdo diariamente como algo marcador en mi vida y a lo mejor sí lo fue. Lo más probable es que sí lo fue y mucho.

La otra vez, cuando estaba viajando empecé a preguntarme por qué mi vida de bailar ballet, grupos folcklóricos, etc. en un momento desapareció de la agenda y sólo se quedaron las actividades que podía seguir haciendo sin problema: catequesis, el comedor de los abuelitos, etecé. Claro: fue la época donde mi cuerpo se empezó a deformar, los dolores empezaron a venir de manera incesante día y noche. Donde la ropa que usaba empezó a ser ancha para que todo pasara más piola,casi no tengo fotos de esa época y era el tiempo en que todo era pensar en de dónde sacar la plata para los implantes, que todo los días todo se me deformaba más. Me dió más pena que la chucha,lloré sin que nadie supiera, lejos tratando de reconciliarme con mis penas y las cosas que ya no hay como arreglarlas. Pero qué más da, ya fue.

Poco antes de cumplir los 15 años, fuimos donde los doctores a preguntarles si podía sacarme el corset  post operatorio antes, porque se venía mi cumpleaños y yo quería bailar. Como le había puesto tantas ganas a recuperarme, todo estaba perfecto y me dieron la autorización. Y bailé, bailé y bailé. Y pasé los 2 o 3 años siguientes bailando, sabiéndome todas y cada una de las coreografías que hubo de axé (no me discriminen, era la moda del momento). Y por un momento era la que bailaba horas sin parar hasta que los djs terminaban de sacar los cables (cosa no muy distinta hasta ahora).

El axé debe haberme hecho olvidar a punto de onda onda, boom boom, y tchuchuca esos días del calor intenso en la espalda, cuando no podía apretar las llaves, cuando dejé de hacer actividades que pudieran significar algo con el cuerpo, cuando dejé de sacarme fotos o cuando me tenía que morder la lengua cuando más de algún desubicado hacía alusión a mi cuerpo que yo de una u otra manera intentaba bloquear, evitar el tema fuera del speach.

Hoy nos pusimos a bailar algunas de las coreografías estrellas que cualquier veinteañero promedio no pudo olvidar en 14 años y me acordé de esto y me dió una hueá rara, como entre pena y alivio.

Gracias por salvarme la adolescencia, axé