Indignos

-¿Vamos a bailar?
-Hueón, no tengo plata onda ni un puto peso. Y mira la pinta en la que andamos.
-No importa ¿No te acuerdas que trabajé en un bar?
-Pero esa hueá es muy cuica po, los hueones miden como 20 centímetros más que nosotros, aparte son más pesaos que la chucha y el copete es más caro que la mierda.
-Por eso mismo po, nadie nos verá. Para ellos no existimos.

Y luego de conversar con el guardia de la puerta, nos escurrimos entre la gente. Y bailamos desenfrenados por nuestras pintas indignas, por nuestra pobreza franciscana, por nuestros proyectos inviables, por nuestras vidas poco encajables, sin que nadie notara nuestra presencia, mientras nos reíamos. Nos reíamos mucho.

Bailando ( o segundo Cumpleaños Feliz)


Imagen: ISveta Dorosheva lustrador Ucraniano http://lattona.prosite.com/

En pocos días más estoy de cumpleaños.

Desde que tengo uso de razón he celebrado cada uno de ellos, de una u otra manera, aunque por lo general la cosa es comer y bailar. Y bueno, pensarán, no tiene nada de extraordinario el plan, pero hace 14 años para mí si lo es.

Cuando tenía 11 años, me sentenciaron a muerte. Bueno, no tan así, pero que debido a una lesión/deformación/vaya a saber uno que mierda/ en la columna debía utilizar un corset, algo muy parecido a una máquina de tortura que me permitiría detener el avance de la desviación pero que a la larga, me tendrían que operar igual. De no ser así, perdería la movilidad del cuello hacia abajo.

Junto con lo duro que fue saberlo, entenderlo y asumirlo, vino todo el rollo de no tener la plata para la prótesis y ver como mi cuerpo se deformaba todos los días. A los 14 años, con la movilidad de las manos perdiendo fuerza y un montón de complicaciones más, por fin, me operaron.

Para asegurarse que los huesos se afirmen y reconozcan la nueva postura, debí ocupar otros 6 meses un corset que aunque era menos invasivo que el anterior y me permitía hacer una cintura envidiable, era igual de tortuoso, molestoso, picoso que el anterior. En octubre de ese año yo cumplía 15 y quería simplemente bailar. Hicimos que el control con los doctores se adelantara unos días, para que  finalmente me sacaran el corset antes, para poder acostumbrarme a estar sin él. Soto y Grass ( los secos de columna en el Calvo Mackenna) me dieron el “SI” y yo ya podía pensar en ese cumpleaños bailando, como no había podido en todos esos meses.

No me acuerdo bien qué ropa me puse ese día, quienes fueron o qué, pero si me acuerdo de esa sensación de alegría extrema de poder bailar, bailar y bailar, mientras mi madre se me acercaba de vez en cuando diciéndome que no exagerara, que descansara cada tanto y yo no pescando. Volver a bailar o hacerlo por primera vez luego de no poder hacerlo. Bailar o hacer cualquier otra cosa pensando que estuviste a poco de no poder volver a hacerlo, es lo que hace valorar lo que uno ve como algo natural o como un detalle sin importancia.

Ayer mientras veía a la gente bailando, me emocioné mucho (de hecho no pude parar de llorar en mucho rato) pensando en 2 cumpleaños: Voy a cumplir 29 años celebrando la vida y 14 años bailando. Osea, bailo hace más, pero hace 14 años el baile fue la bandera de ¡Ya estoy bien! ¡Ya puedo hacer mi vida normal! ¡Ya estoy en pie y sin ese corset de mierda!

Por eso, me es muy necesario bailar al menos 2 o 3 veces por semana. Por eso, invierto actualmente tiempo en hacer ejercicio: quiero llegar a viejita bailando, celebrando que la vida me ha quitado pero sobre todo me ha dado tanto como el bailar.

Día 2: Bailar

Soy fanática de la salsa y la cueca brava. Ya, también de la cumbia, lo sabemos. Soy de las típicas personas que siempre cierra los locales, moviendo las patitas hasta las canciones que no baila nadie, que pocas veces se sienta a descansar, porque si voy a bailar es pa eso: bailar. No me importa bailar con el viejito, con el feo, con el gordito o con el huachito rico. En mi caso, lo que me interesa es bailar, conectar, disfrutar con el otro y eso no tiene nada que ver con el aspecto físico, si no con todo lo demás.

Me paseo constantemente por los lugares donde se tocan estos ritmos  y tengo mis favoritos, que se reducen básicamente a 3: Fonda permanente, Maestra Vida y Galpón Víctor Jara, . Conozco a harta gente que baila y que toca, por lo que tampoco nunca me urjo con quien ir. Si me bajan las ganas pesco mi cleta y parto no más. Pero lo más importante es que ya es parte de mí el ir a bailar sagradamente, como un rito religioso al menos una vez por semana.

Como el serso, pero sin el serso ¿Cachai?

¿Ven que es como el sexo? Necesario, rico al igual que su periodicidad. Porque bailar a veces pareciera que es casi tan bueno como tirar  y mucho menos complejo a nivel emocional. Enfrentarse a alguien, compartir el movimiento del cuerpo donde cada persona entrega una distancia, ritmo, disfrute distinto.  No hay compromisos, no hay promesas, no hay jugos ni paqueos. Si no te gusta puedes irte con una excusa barata como que vas al baño o que simplemente no quieres bailar más. Puedes bailar una y quedar feliz o bailar toda la noche con la misma pirinola y amarte el resto de la vida.  Simplemente hay 2 personas que se invitan a moverse y a reir. Porque hueón que baila (o que tira)  y no se rie, no merece perdón de dió.

Los que acostumbran salir a bailar

La gente que acostumbra a salir a bailar, tiene eso como de hacerse un tiempo en su vida-recortando horas de descanso, trabajo, familia, amigos-para literalmente pasarlo bien y eso se nota. De una u otra manera tiene en su vida una razón para que se acelere la semana los lunes o se acorte un miércoles. O partir con un domingo. Esperar para bailar pensando en “pasado mañana voy a ir a ”  o tener un día  (o dos o muchos) sindicado para eso es una práctica que no quiero abandonar nunca, ni cuando sea vieja, ni cuando a penas me pueda las patas,  ni con 20 hijos.

Un día  miraba a parejas bailar y al lado mío el Macha hacía lo mismo. Y nos pusimos a conversar de eso ¿Cachai que pa salir a bailar un domingo o un martes, con las mismas obligaciones de la otra gente que no lo hace, tenís que ser muy bueno pa disfrutar? Onda disfrutar bailando. No necesitas un día donde la gente anda loquita por tomar (como los sábados, ¡Qué penca es andar bailando a codazos!) o por reventarse: necesitas ganas de pasarlo bien bailando, nada más. Si, lo puede bienacompañar una piscola. Pero también no y lo pasas igual de bien. O casi.

Los que no bailan

Hay gente que definitivamente no le gusta bailar y considero que se perdió la mitad de su vida. Y pueden rebatirme y decirme que hay cosas mucho más importantes, que hay gente que vibra con otras cosas. Pero bailar, es algo que encuentro demasiado fundamental, tal vez lo entendería si me pone algo en la balanza que tenga los mismos o parecidos beneficios como el deporte. Lo haga bien, lo haga mal: liberarse moviendo el esqueleto, lo encuentro lo más. Y cuando pienso que podría no estar bailando, si no que cuadrapléjica en una silla de ruedas, más aún agradezco el poder moverme y hasta que me digan que lo hago bien.Pero a la gente que no le gusta bailar, los podría perdonar sólo bajo una respuesta con la mano en el corazón, honesta y creíble a esta pregunta

¿Cuántas veces a la semana dejas un tiempo para pasarlo bien?