Escape en Mi menor

silueta-de-mujer-callejon-oscuro-noche-205729-1

Abro los ojos, está oscuro, estoy sola. ¿Cómo llegué hasta ahí?, ¿qué pasó?. Se me escapan uno a uno,todos los demonios que habia logrado ordenar por tamaño y color, el pánico empieza a inundarme rápidamente. ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? ¿Cuánto tiempo pasó?
Lo único que pienso con algo de claridad, es  lugar seguro. Punto. Hay que buscar un lugar seguro, para guarecerse del frío, hay mucho frío.

 Lugar seguro es sinónimo de tu ala por ejemplo, ese ángulo entre tu brazo y tu pecho, donde a penas puedo sentir ese ruido de afuera. Pero mierda, ese lugar ya no existe,tú ni esa mujer tampoco existimos, de hecho me encantaría encontrarla, a esa mujer por ahí, decirle que vamos a pedalear y a bailar, a ponerse tacos de 30 cm o a simplemente fumarse algo escuchando las historias de las historias. Ya no hay otro lugar conocido a tientas , ya no hay un lugar seguro para pasar el frío o la resaca de discursos panfletarios o de famas insignificantes. Aquí sigo siendo extranjera, todavía me miran de reojo, todavía no hay banderas ni escenas de películas, ni comentarios de followers ni el relajo de lo que me deja de importar. Todavía no hay nada que me haga pensar abiertamente, que debo quedarme. De hecho, no puedo quedarme en la mitad de la calle, con los huesos hechos mierda, tendida en el piso.

Quedo perpleja en movimiento, apostando a la única seguridad que me va quedando:  las calles me reconocen. La tembladera de la mandíbula es sólo la muestra de que tiemblo entera, me hace cojear más, pero esta vez puedo hacerlo no como la otra vez, la cabeza me da vueltas. Respiro entre cortado, sólo pienso en llegar pronto a  lugar seguro, donde llegar tenga algo menos de soledad que el eco de los adoquines haciendo armonía con los recovecos de mi infancia escolar. Trato de correr,para que se pase el frío, pero recuerdo que no puedo. Es un chiste cruel, mientras el pecho advierte el cansancio otra vez. Reviso, hago parar un taxi. Lléveme a mi casa. Me mira solemne con algo de risa disimulada ¿Cuál es tu casa?

Paso por el frente de tu casa, paso por los otros frentes de todas tus casas, paso por todas las casas que se sintieron tales, cuando el sonido del corazón arrullando era una constante. Y les grito, les grito que tengo miedo, que tengo pánico, que no me discriminen esta ni las otras noches,que me miren como me mirabas vos cuando tenía el rimel corrido, miedo y el calor vivo al mismo tiempo. Que sé que es un miedo irracional, pero que lo siento, que me dejen quedarme ahí, sin preguntarme hueás, que si me quiero escapar que no me dejen y me retengan como yo en tus abrazos cuando quiero dármelas de poco cariñosa, que no se queden con ningún gesto a medias, que me estoy cayendo.

El señor del taxi se detiene frente a lo más parecido que tengo a una ¿Esta será tu casa? Le afirmo sin hablar, buscando los dosmil docientos cincuenta que salió este viaje a donde mismo. No queda otra que escaparse hacia el antiescape, escaparse del ruido que suena taladrante allá afuera en mi lugar conocido a tientas, intentar dormir, desaparecer de las interneces, expirar las banderas, olvidarse del arrullo, autoexigirse respirar y resistir,  aún sin escapar por escapar tanto, aún sin matar al resto de demonios que pensábamos que estaban muertos hace rato, aún respirando acelerada.

Termino la madrugada, abrazando a esa mujer de antes, a esa mujer de ahora, le hago un poco de bullyng a ambas, haciéndole notar sus grandezas y nimiedades básicas, sus discursos y sus realidades finitas y ordinarias. Las vuelvo a abrazar,me río un poco, hasta que me termino durmiendo de cansancio otra vez, con los brazos adoloridos de sostenerlas a ambas.

Epifanía del abandono

-No quiero perpetuar la sensación de…

-Abandono

-Sí, de abandono.

La guata me dolió y sentí como cuando te sube o baja la presión. O como cuando bajas en un ascensor muy rápido o vas en bici por una cuesta hacia abajo. Lo que no quiero perpetuar es eso, justamente eso, la sensación de abandono.

Tener una mini discusión sobre lo que espero de las relaciones humanas como la amistad o estar en pareja, y esa frase que acabó como una nueva epifanía, es lo que saboreo estos días una y otra vez. Epifaneo también ante situaciones que ocurrieron hace años y donde logro entender, aceptar, aclarar, que alguno de los “abandonos” que tanto me dolieron, no fueron tal como los sentí, sino fueron una excelente manera de terminar con una seguidilla de momentos de pasarlo bien, que se podían transformar en una pesadilla drogadicta de dos personas que se buscan hasta hacerse daño. Nota: Hey, ¡Qué sensato fuiste al proponerlo!

La diferencia

Ya he comentado acá mismo la sensación con mi padre, que se repite a su vez en la situación con los hombres en mi vida y a veces también con las amistades. Tarde o temprano, el abandono es inminente, la sensación de “No quiero tenerte en mi vida”, que no siempre es del otro, sino también mía. Alguien se queda pensando que no merece quedarse en la vida de alguien. Una puerta giratoria sin stop, una herida abierta que vuelve a abrirse un poco más. Doloroso.

Cuando me accidenté y hasta los primeros 2 meses, puede ser que sea una de las primeras veces en que esa sensación no estaba presente: a los pocos minutos estaban en la sala de espera mis amigos, cuando mi mamá volvió a trabajar hicieron turnos para cuidarme y hasta organizaron un exitoso evento para que no me faltara para los primeros meses. Hubo gente que estuvo, otra que no, hubo gente que aunque físicamente no pudo, no paró ni un segundo de acompañarme y abrazarme a la distancia. Los 2 primeros meses no sentí la ausencia de nadie, nadie me faltó en ese momento, no me sentí sola y casi no tenía ni un instante de soledad.

En realidad sí, hubo gente importante que no estaba, pero no me dí cuenta, porque el amor lo completaba todo, incluso mi cuerpo fracturado y mi espíritu enfierrado. Fue después, cuando empecé a rehabilitarme y el cansancio me hacía bosta, cuando las ausencias se me hicieron nítidas, reales, cuando tuve que esforzarme el triple para no caer, aunque el amor seguía presente, necesitaba aún más fuerzas. Me vine abajo con las demostraciones de desamor y crueldad de personas que de ser el caso contrario , yo habría corrido por ir en su auxilio. Me debilité, dejé de comer y dormir bien, llegaba exhausta a la casa, con un cansancio terrible e inexplicable para los que me exigían aún más de mi parte. En más de algún momento me fui a la chucha, lloré hasta reventarme y si no fuera por mis personas favoritas, no sé que habría sido de mí.

No quiero tenerte en mi vida.

Fue recién cuando el espíritu se debilitó, cuando permití que entrara la pena y con la pena también las ausencias de las personas que faltaron. Ahí fue cuando acepté que esas ausencias me dolían y me dolían mucho, pero que, no podía seguir perpetuando la sensación de abandono que me carcome a veces, que en tal caso era preferible cortar de raíz. Quien quiera estar en mi vida lo estará y no necesitaré correr tras esas personas, pidiéndoles que me quieran. No quiero contar con personas que no contarán conmigo. No quiero que personas cuenten conmigo, si yo no puedo contar con ellas. No quiero redoblar mis esfuerzos por nadie que no le parezca importante, no quiero apostar mis viajes a sus intenciones de plantarme. No quiero repetir el esquema, no quiero sentir la sensación de abandono o de abandonar, porque es muy siniestra sentirla o hacerla sentir.

Y en ese proceso, de dejar partir a la gente que no quiere estar en tu vida, deja de haber dolor también. Es un acto de sanidad, no de rencor. Es lo mejor para ambas partes, muchas veces ni si quiera un asunto personal o que hiciste algo mal. Simplemente que hay formas distintas de ver la vida, etapas distintas, porque de otra manera sería peor. Más que de merecimientos, son miles de factores que entran a jugar. Que el espíritu cuando está débil permite que las cosas te afecten, pero cuando te rodeas de amor, cuando te haces fuerte, con pilares más fuertes aún, ni la peor de las ausencias o rechazos te mueven ni un poquito.

Yo quiero seguir con los que nos elegimos, no con los tira y afloja de los que no quieren ¿Para qué? ¡Puro desgaste de energía! . Que la sensación de abandono no se perpetúe, que las relaciones sanas se queden y me llenen de alegría, de esa alegría del amor mutuo.

Los colas #losahueonaditos

Nota: En noviembre del año pasado compré una libreta que iba a regalar, la cual luego de pasearla por Argentina, Colombia, Valparaíso y semanalmente conmigo en todas mis andanzas, me aburrí de cargarla y castigarla sin escribir una puta palabra, hasta que decidí usarla para escribir cuentos.

#losahueonaditos pertenece  a una serie de cuentos. Son historias pequeñas, que hablan de contratiempos y malentendidos de parejas que no logran sentarse a conversar nunca, que finalmente suponen más de lo que se dicen, crean relaciones suponiendo que el otro pensó o actuó por tal razón ¿Qué raro? ¿No? Si estamos en un mundo “tan conectado”

Pensé en guardarlos, pensé en publicarlos, pensé en regalarlos. Mejor, se quedan aquí en mi blog y me sirven para atrer sicópatas que buscan respuestas de algo más y de paso, aumentan las visitas.

Los colas

Nuestra relación homosexual tenía que ver con que tenía a Freud tatuado en la frente.

Yo quería verlo bien, en realidad quería verme a mí bien con 26 años. O con 22. Quería salvarme, quería acurrucarme y hacerme nanai a través de él. Me veía tan reflejado, le veía tanto potencial ( que pensándolo bien era inexistente) pero metido en la mierda hasta el cogote a punto de ahogarse y yo quería salvarlo. Pero imposible, si él no quería, imposible si él me decía que no me quería y para más que yo nunca lo había querido. Y yo, que luego de trabajar toda la noche en el hostal, en vez de irme a dormir cual zombi, prefería pasarme al negocio de la vuelta y comprarle unas paltas, un muffin de arándano y una bolsita de café de grano recién molido,para prepararle el desayuno como si fuera su mamá, ir y si era necesario no dormir, no dormía. Porque quedarnos ahi juntos, jugando play o haciéndole cariño en la cabeza era suficiente pa hacerme feliz. Lo más chistoso, que aunque hubiésemos sido hétero, esto habría sido igual de gay: éramos 2 nenas gritando cariño, anhelando que alguien nos salvara y nos quitara un poco de libertad por un par de nanais, pero ahí estábamos, haciéndonos daño. Él insistiéndome en que yo no lo había querido ni un poquito y yo en silencio, prefiriendo callarme. Porque esta vez, me dolía como si me hubiese sacado la chucha en bicicleta, me dolía más que la mierda y yo no quería el show pobre.

Esta única vez, yo lo único que quería era que se arrepintiera y me abrazara y nos quedáramos ahi mucho mucho rato y que nos olvidáramos de todo incluyendo todas las veces que pasé afuera de su casa a ver si la luz estaba prendida. Pero no, se fue y me dejó ahi, con todas esas boas, su polerón, un par de juegos de play que habíamos comprado recién en la cola de la feria y su silueta extranjera, dejándome solo y a punto de llorar.