Las Castillo

Las Castillo, eran una brigada de mujeres que actuaban en las poblaciones. Se alertaban entre las vecinas y cuando escuchaban que una vecina estaba en peligro, se armaban de valor, tomaban sus capuchas fucsias y partían, en bloque. Golpeaban puertas, saltaban panderetas, abrían ventanas hasta que salía la involucrada y decía la frase clave, que habían acordado para mantenerse a salvo.

Se le ponían al frente de machitos abusadores con las manos en la cintura y le decían que no habría una segunda oportunidad. Les hablaban de frente,fuerte, desafiantes, les advertían, le decían lo que el resto pensaba pero no se atrevía, para no meterse en problemas. Que la vecina no estaba ná sola y que se atreviera a repetir la acción, porque no habría pared que quedara libre de funarlo por los paraderos de 10 cuadras alrededor.

Las Castillo, sabían que eso les causaba problemas.
Sabían que siempre los que defendían a los machitos terminaban por hacer correr el chisme de complicadas, ahombradas, histéricas, problemáticas, porque ¿Quién quiere involucrarse con personas que son capaces de levantar la voz?. Sabía que eso les jugaba en contra de sus posibilidades de trabajo y de relajo a secas, mas ¿Qué iban a hacer? ¿Iban a dormir tranquilas con los chillidos, los golpes contra la pared o con verle los moretones al día siguiente porque “se golpeó contra el velador”? ¿Es que fue la droga?

Las Castillo, de vez en cuando se descompensaban o desaparecían sin explicación, porque andaban tratando de hacer algo que les parecía urgente, obvio, justo. No querían ver a ninguna amiga golpeada más, no querían ninguna sobrina más asesinada. No querían saber que la vecina había muerto asfixiada o con múltiples tec, sin que nadie hiciera nada o comentar en el funeral que también escucharon cosas por ahí.

Las Castillo van, con sus capuchas fucsias guardadas en la mochila y en la cartera, por si tienen que, lamentablemente, usarlas hoy día.

Mariasola

Maríasola aprendió desde chica,

a jugar sola,

a caminar sola,

a resolver sus dudas sola.

 

Si tenía curiosidad,

sola iba a la biblioteca,

sola buscaba en las enciclopedias,

hasta dar con la definición.

Porque Mariasola también sola aprendió a leer,

iba a la overlock que sonaba sin parar

a preguntar como se juntaba esta letra con la otra,

hasta que se largó, antes de los 6.

 

Mariasola mirando aprendió a cocinar,

a peinarse (aunque todavía no lo logra),

a entender su sexualidad (aunque todavía no la entiende),

a hacer su mochila para los viajes

(aunque todavía le sobran huevadas al final del viaje)

a vender en la cuneta

a trabajar en lo que viniera y ponerle onda

o a conversar con la gente de cargos muy importantes como a cualquiera otra

con la pera en alto,sin bajar la mirada jamás.

 

Sola se le veía por la calle siempre,

sola caminó de madrugada,

sola pedaleó.

Sola fue a bailar,

sola fue a rezar,

sola permaneció en las salas de espera en los hospitales demasiadas veces

demasiadas veces estuvo hospitalizada sin visitas familiares.

 

A Mariasola nunca se le conoció novio.

Se sabía que amantes tuvo varios y de todos los colores,

amarillos tropicales,

negros (negritos),

blancos (blanquito),

rojos (trotskistas),

calipsos (insignificantes),

naranjos (ñoños),

pero yo,

yo que la conozco hace años,

nunca me acuerdo de que me hubiese presentado a un alguien como tal

además de ese pelilargo amigo del amigo

del que terminaron hace 6 años

y nunca entendí bien por qué.

 

Había noches,

había días,

en que tenía unas ganas locas

que otra persona que no fuera ella

estuviese a cargo de llevar el ritmo

tomara decisiones,

hiciera el té

hablara primero en los chats

propusiera panoramas

tuviese másunos para ofrecer

redactara invitaciones

hiciera regalos mamones.

 

Nunca se sintió del todo sola,

a pesar que lo estaba

(y mucho)

un día,

volvió a sentir

que al otro lado,

en otro cuerpo

había algo que le nublaba lindo

y le acompañaba,

profundo

encajaba

compartía el camino

con alguien que también compartía el propio con ella.

 

Un día le dejó de dar miedo que le diera miedo,

un día se sentó sin reloj

un día confesó lo que amaba y lo que odiaba

permitió que le reconocieran los ojos mudos

como cuando la conocen en serio,

dejó de poner varas

se aburrió de cerrar tratos

y pedaleó hacia el oriente 3 horas después de lo que definió.

 

Que ya sabía que podía hacer todo

y como hacerlo

pero que también,

a veces,

podía hacer nada

(cual comercial de Sprite)

porque otro lo podía hacer por ella

y no había rollo por eso.

 

A veces le daban ganas de comentar qué estaba escuchando

o pedalear en las madrugadas mostrando sus lugares favoritos

o encontrarse en alguna ciudad de Centroamérica.

Que a veces,

era más entretenido

que una selfie eterna en los viajes,

que le sacaran fotos con la mirada,

con o sin cámara

que le hicieran inflamar el pecho y el clítoris

con o sin tocarla.

 

A veces,

la gente creía que estaba rodeada de gente,

y a veces hasta lo estaba.

Pero permaneció sola cuando llegó,

continuó sola cuando durmió

y también cuando despertó

e incluso, sola cuando logró lo que soñó

pero,

al final del viaje

siempre estaba

Mariosolo

con el abrazo

que le decía

“Solo, pero feliz que nos hayamos re-encontrado”.

“Aquí estoy, solo pero contigo”

“Solo, pero quiero estar contigo”

Mariasola y Mariosolo, recorren la orilla de algún mar

Pacífico, Atlántico, Adriático

Solos, pero con ellos.

 

Tour

lalala

Vamos a ir donde Julio, nos sentaremos en la mesa más próxima a él y el me mirará con cara de que lo entiende todo y te preguntará cosas incómodas pero chistosas, pensarás que ese día y sus frases para el bronce son de las mejores cosas que te pasaron en la vida,a toda la gente que llega ahí le pasa. 2 cafés, 2 empanadas, por favor.

Volvemos a mi casa,te preguntaré si quieres un té, pero finalmente bajaremos a comprar igual donde Apu, para volver a tomar unas piscolas en mi casa, en la mesa que da dirección norte-sur. Conversaremos de la vida, armaremos un par de castillos en el aire, desde donde caen mis trenzas, hasta que las desarme por completo. Nos fumaremos un pito, mientras caminamos por el parque, dirección oriente.

Iremos a bailar unas salsas,el pelao de la puerta me mirará con la misma cara que me ha mirado todos estos años riéndose para adentro de la contabilidad mental y de la complicidad que tienen con ese espacio tan estrecho, seguiremos con las piscolas que están a mi cuenta hasta escuchar el “Jóvenes, estamos en la hora”, no sin antes salir a fumar un par de veces, mientras conversamos con lXs cabrXs.

Te hablo del mejor almuerzo, en la mejor picá de la Vega (porque sabelo, después de Dios está la Vega, se sabe), donde cada lunes la Rucia, que se llama igual que mi mamá, me saluda de la misma manera y me pregunta por la gata. Te llevo a dar una vuelta donde mis caseros de los choclos, qué por esta época venden otras cosas, pero me saludan y me preguntan por mis negocios veraniegos o las últimas entrevistas que me vieron en el diario. Pasamos por la picá de las pasas con chocolate y la de las aceitunas. Bajamos al Mapocho, a tirar cohetes de papeles de colores con mensajes que no leerá nadie.

Pensaré que podríamos repetir el rito unas 8 veces o tal vez cambiar la ruta hacia ninguna parte en especial, aunque con lo emotiva que ando, todo tiene un sentido mega profundo y emotivo. O no.
Igualmente y al cierre de transmisiones, estoy contenta: por fin te logré mostrar mi casa-alguna casa,alguna parte de esta casa- que hace tiempo no le muestro a nadie.

Presidenta de Shile

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Esa noche decidimos lanzar mi campaña como presidenta de Shile, luego de 98 copas vineras, 19 bongazos, varios ires y venires en el columpio, varias horas de reírnos de nosotros mismos con bullyng ácido y descarnado y de todas las veces que en medio de esa inconsciencia-consciente, tus manos estaban aquí. Me lo prometiste, yo me acuerdo, de eso sí que me acuerdo.

Habían anunciado una mínima de 3 grados bajo cero, pero como habemos de saber, luego de tal pedaleo hasta el lugar, la adrenalina, las copas y por qué no decir, la calentura, hacía bastante más calor que lo que estaban diciendo todos los vidrios que nos topábamos en el camino y los que incluso empañaban la última botella que nos quedaba. Sí po, obvio que la traje.

Había locacionado los días anteriores, los meses anteriores o en realidad era un lugar que desde siempre-en un siempre serpiterno y tórrido sin filtro y con un alto nivel de deseo post modernista y de apropiación del espacio público- había destinado para un algo de este tipo. Creo no recordar para qué en este momento, en realidad sí, pero en realidad no. En fin. Además, las últimas jornadas, previsualizando la foto, con insistentes vueltas por el parque de ida y de vuelta, con todos los horarios disponibles de la agenda, que son por lo general surfeando en la madrugada o al amanecer. No es mi culpa, es el tiempo que me queda.

Justo en la subida desde el parque (persignémonos) de poniente a oriente, en la subidita que si no tomas impulso te quedas en la mitad, justo cuando el sol se asoma, así quiero la foto. Lista pal flyer panfletario, listo pa exigir lo que es justo y prometer lo obvio, todo eso obvio que no se cumplirá. La banda presidencial, de flores multicolores-porque la tricolor de cualquier país me parece absurdamente fome- de izquierda a derecha, dando lugar a mis pechos, que con el frío cambian de color y de postura, mirando a los puntos cardinales, fírmes (bueno, dentro de lo posible) y seguros sin una mísera duda de lo que estamos haciendo, sin ni un momento titubear. En la cabeza una máscara ¿Cuál de las máscaras utilizamos esta vez? ¿La de monjigata? ¿La de patria inócua y simpaticona? ¿La de hoyo negro, que se mantiene en órbita sólo por una cosa egocéntrica de tener a alguien a quien confundir, tirando migajitas para no perder? ¿La de miedos@ porque todo está muy reciente como para herirse otra vez? ¿La de tont@ útil? ¿La de mamona de regalitos? ¿La de violencia quinceañera entre mosh y ropa rara? ¿La de no te irás esta noche sin que despejemos dudas existenciales apoyados en el silo? ¿La de apostemos todo lo que tengo en el bolsillo a que tienes más en la cabeza que lo que estás declarando?

Mano derecha alzada, pelos axilares crecientes, bello vello púbico público creciente, aros indolatinos, zapatos de charol de 20 cm. FLASH. Por fin, hemos llegado a la obra final ¿Recemos? ¿Saltemos? ¿Transpiremos?

La patria es nuestra compañero, cuando las banderas son para no quedarse con el poto lleno de pasto o de caca de perros o para que nuestros olores queden impregnados de exitación bonita y sonriente, amoral y no culposa. Re-sonriente, deseosa, exitosa, tierna y caliente.

Amanece, hace frío,empiezan a pasar los pedaleros matutinos a sus trabajos, tengo ganas de mostrarte otro lugar ¿Vamos?

Los huachos

Los huachos, los rotos, los forasteros,
los que nos morimos y los que nos abandonaron,
los que perdimos, los que nos quedamos mancos, cojos,tuertos emocionales
absolutamente resentidos y locos, desencajados, robustos de incertidumbre:
aquí estamos, resistiendo a la ventolera. Dame la mano.
 
Surfeando sin un remo,
con el viento en la cara,
con el gobierno y sus lacrimógenas,
con el SII
en la negación a una educación digna y sin deudas.
Aquí estamos sin respuestas,
objetando las obviedades,
escuchando el río en las madrugadas que nos ahoga.
Estamos al borde del coma,
llorosos,
sudorosos,
infiernosos,
estamos con el corazón y las tripas en la mano,
sintiendo cada milimétrica forma de hacer patria con el pasaporte en la mano de ser un@ mism@.
 
Tratando,
resisitiendo,
tratando de cambiar el modelo,
haciendo como que no nos importa aunque nos desvaste,
tratando de rearmarnos,
recogiendo los pedacitos, y los pedacitos de los pedacitos que se nos escapan entre los dedos y entre la figura que acabamos de rearmar. Se hace agua, se reabsorve, se hiela.
 
Nosotros,
los borrachos de vino,
los nocturnos,
los gozadores,
los solos,
los tristes
¡Los que se nos fue de las manos la soledad!
¡Los que ya no supimos vivir, ni morir, ni adaptarnos, que quedamos en la mitad
entre lo que queremos
entre lo que se supone que deberíamos hacer
y entre lo que ni cagando aceptaríamos!.
 
¿Si no nos apapachamos entre nosotr@s, quien? ¿Si no nos aguachamos cuando hace frío, quien?
 
La tarea es nuestra, huachos y huachas de mi corazón.
Mía, tuya, nuestra.
Que no se nos desvasijen las esperanzas,
somos muchos.
Todo dolor pasará,
todo recuerdo doloroso dolerá menos con el tiempo
y con el amor que le pongamos a estos días.
¿Un té?
¿Te voy a cocinar algo rico?
¿Me quedo a tu lado para que no sientas que te vas a morir?
¿Una llamada de skype para que las inflexiones de la voz nos recuerden a algo conocido y nos traiga a la vida?
¿Un abrazo profundo y sin tiempo, que no nos permita caer?
Rociémosle onda a esta sensación culiá,
que no nos queda otra.
Naveguemos,
naveguemos que se puede,
al fondo hay un sol maravilloso y una primavera floreada
y una banda tocando algo bailable.
¡Vamos! ¡Vamos!

Escape en Mi menor

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Abro los ojos, está oscuro, estoy sola. ¿Cómo llegué hasta ahí?, ¿qué pasó?. Se me escapan uno a uno,todos los demonios que habia logrado ordenar por tamaño y color, el pánico empieza a inundarme rápidamente. ¿Qué pasó? ¿Qué pasó? ¿Cuánto tiempo pasó?
Lo único que pienso con algo de claridad, es  lugar seguro. Punto. Hay que buscar un lugar seguro, para guarecerse del frío, hay mucho frío.

 Lugar seguro es sinónimo de tu ala por ejemplo, ese ángulo entre tu brazo y tu pecho, donde a penas puedo sentir ese ruido de afuera. Pero mierda, ese lugar ya no existe,tú ni esa mujer tampoco existimos, de hecho me encantaría encontrarla, a esa mujer por ahí, decirle que vamos a pedalear y a bailar, a ponerse tacos de 30 cm o a simplemente fumarse algo escuchando las historias de las historias. Ya no hay otro lugar conocido a tientas , ya no hay un lugar seguro para pasar el frío o la resaca de discursos panfletarios o de famas insignificantes. Aquí sigo siendo extranjera, todavía me miran de reojo, todavía no hay banderas ni escenas de películas, ni comentarios de followers ni el relajo de lo que me deja de importar. Todavía no hay nada que me haga pensar abiertamente, que debo quedarme. De hecho, no puedo quedarme en la mitad de la calle, con los huesos hechos mierda, tendida en el piso.

Quedo perpleja en movimiento, apostando a la única seguridad que me va quedando:  las calles me reconocen. La tembladera de la mandíbula es sólo la muestra de que tiemblo entera, me hace cojear más, pero esta vez puedo hacerlo no como la otra vez, la cabeza me da vueltas. Respiro entre cortado, sólo pienso en llegar pronto a  lugar seguro, donde llegar tenga algo menos de soledad que el eco de los adoquines haciendo armonía con los recovecos de mi infancia escolar. Trato de correr,para que se pase el frío, pero recuerdo que no puedo. Es un chiste cruel, mientras el pecho advierte el cansancio otra vez. Reviso, hago parar un taxi. Lléveme a mi casa. Me mira solemne con algo de risa disimulada ¿Cuál es tu casa?

Paso por el frente de tu casa, paso por los otros frentes de todas tus casas, paso por todas las casas que se sintieron tales, cuando el sonido del corazón arrullando era una constante. Y les grito, les grito que tengo miedo, que tengo pánico, que no me discriminen esta ni las otras noches,que me miren como me mirabas vos cuando tenía el rimel corrido, miedo y el calor vivo al mismo tiempo. Que sé que es un miedo irracional, pero que lo siento, que me dejen quedarme ahí, sin preguntarme hueás, que si me quiero escapar que no me dejen y me retengan como yo en tus abrazos cuando quiero dármelas de poco cariñosa, que no se queden con ningún gesto a medias, que me estoy cayendo.

El señor del taxi se detiene frente a lo más parecido que tengo a una ¿Esta será tu casa? Le afirmo sin hablar, buscando los dosmil docientos cincuenta que salió este viaje a donde mismo. No queda otra que escaparse hacia el antiescape, escaparse del ruido que suena taladrante allá afuera en mi lugar conocido a tientas, intentar dormir, desaparecer de las interneces, expirar las banderas, olvidarse del arrullo, autoexigirse respirar y resistir,  aún sin escapar por escapar tanto, aún sin matar al resto de demonios que pensábamos que estaban muertos hace rato, aún respirando acelerada.

Termino la madrugada, abrazando a esa mujer de antes, a esa mujer de ahora, le hago un poco de bullyng a ambas, haciéndole notar sus grandezas y nimiedades básicas, sus discursos y sus realidades finitas y ordinarias. Las vuelvo a abrazar,me río un poco, hasta que me termino durmiendo de cansancio otra vez, con los brazos adoloridos de sostenerlas a ambas.

Fin del dolor

Lenta va la procesión. En 4 horas encontrará un lugar-en la tierra de los que no tuvieron salvación- y probablemente, el consuelo implantado no llegará hasta cuando sea multimillonariamillonaria o hasta que la tecnología no los necesite. O hasta que cruce la cordillera, buscando/encontrando regazo médico.

En el puente que lleva a la tierra de los que no tuvieron salvación, una señora vestida de naranjo, saca una hoja que tiene en el bolsillo derecho, aclara la voz y se ayuda con un megáfono sostenido por un apuesto joven de pelo rapado: Ándate dolor, desaparece de mi vista, con tus carnes vivas, con tu insolencia de madrugada, con tu resistencia al mejor de nuestras drogas MichaelJacksonezcas. Como en una lucha del club de la pelea, te vamos a resistir. Ándate y déjame en paz, mira que si no a metralletazos de leche verde te voy a desnudar.

Sigue la procesión, faltan 3 horas. Agujas se cuelan entre las margaritas, entre las sostenedoras de otros potenciales focos de muerte; una mascarilla, amarras para las convulsiones, que sólo son miedo. Inspira, suspira, se deja. Ya acabará el calvario.

En un momento, luego de 10 minutos, se suspende en el aire, como resistiendo en el vuelo. Ve su cuerpo lejano, frágil, atacado, reducido a un pedazo de carne y unos cuántos fierros. Ya no es necesario más agujas, ya pudo desdoblarse, ya no hay dolor por la próxima hora. Vuelve a la guarida, obnibulada por los apapachos de la casa, de la cama, del árbol de la esquina, del cielo contrastado con los maples rojizos, de la gente en la calle que nota su cara deformada. Toma impulso, se toma un piquero invocando a morfeo. Ya fue el funeral, ya fue. Déjalo irse, recuerda que nunca debió quitarte un minuto, que debió extirparse antes de enquistarse, no tenía futuro. Déjalo irse, déjalo que ya no es parte tuya.

El día de mi muerte

El día en que me morí, se me pusieron rojos los labios. El día que los estertores me llevaron pal callao, me sentí luminosa y todos los sonidos de afroamérica me sonaron en los hombros y debajito del ombligo.

Cuando me morí, el día en que todo sucedió, se me olvidaron las veces que no quise cantar y se me rompió la puerta que tenía en la garganta, mientras me iba sacando las astillas por entre las uñas recién pintadas. Se me acomodó la voz en un gesto tierno y coqueto y se quedó, sin preguntarme permisos lateros, la muy barza, entre el anillo de más arriba de la traquea y el corazón, que lo tenía abierto con unos perritos de madera.

El día que me morí, fuiste invitado especial. Nos tomamos fotos, nos mordimos, nos reímos, nos despedimos de la forma más lúdica de que fuimos capaces. Nos caímos bien, nos miramos abiertamente sin andar con hueás. Mientras yo iba muriendo, también me tijereteé todos los hilitos que se me quedaron amarrados de las otras veces cuando decidimos amarrarnos a tu eyaculación indecorosa, a mi destino paria en tu república, a mis ganas de salir corriendo a apretarte puntos negros y a recordarte el tiempo exacto y agerundiado que estás adentro mío . Nos sacamos una foto mental bien borrachos de ideas, como para que no se nos olvide los otros momentos, cuando los cuerpos se reconocen bailando y encajan lubricados.

El día de mi funeral, canté durante 18 minutos , sin hacer eco en la vocecita que me bardea cuando desafino o me equivoco. Se me iluminaron los ojos y  a pesar de no tener ni un peso en mis bolsillos, creí que era una persona tremendamente afortunada por elegir mi destino con toda la delicadeza que podría ser capaz. Feliz, básicamente.

El día de mi funeral me amé, me reí, lloré, me masturbé. Conseguí que nuevamente mi mirada tuviera ese gustito a merkén y no me diera verguenza bailar, coquetear, cantar y hacer las cosas que me gustan. Me volví a sentir libre, me sentí rica, me dieron ganas de conseguirme una cámara fotográfica para registrar ese momento de felicidad, mi cara y sobre todos mis dedos,  otra vez sintiéndome los reinos del universo. Me dieron ganas de que todo el tiempo me diera lo mismo todo, me dieron ganas que mis demostraciones de cariño fueran grandes, abiertas y constantes, sin un ápice de recelo ni el más mínimo cuestionamiento. Me salieron ideas como si se fuera a acabar el mundo y a lo mejor eso es lo que exactamente sucedió: se me acabó el mundo que tenía conocido hasta ahora.

Ese día, entre mi muerte y mi funeral, volví a sentirme iluminada y radiante, deseable, atractiva sobre todo para mí misma; volví a pensar en futuro, volví a no pensarlo tanto, volví a pensar sin pensar. La María se me murió en los brazos,  con una sonrisa en los labios como si hubiese amado a destajo, riendo a carcajadas, anotando papelitos de las ideas que se le venían a atochar la cabeza. La María se murió un día cualquiera, luego de una vida preguntándose hueás. La María se nos moría y todos estábamos tremendamente felices de ello.

Sueño críptico 17: El asesinato

El asesinato de la señora María, fue terrible para los que vivíamos cerca. Empezó todo una tarde. Los sentimientos repulsivos de la María chica hacia su imagen de viejecita inocente, su cara de sarcasmo cada vez que recorría el living, eso tan de maricona sonriente hicieron que ese día no diera para más y ocurriera la tragedia. Hay algo que para los que vivímos por ahí, jamás podremos olvidar: le quebró las muñecas a manos y ese sonido jamás se nos podrá olvidar, así como se quiebran los huesos de los pollos y en aquel sonido darnos cuenta de lo que estaba pasando de verdad.Le tomó la cara de las uñas, le fue sacando pequeños pedazos, que hacían que la imagen fuera cruenta, mientras permanecía en un silencio donde sólo se escuchaban los quejidos de ambas tratando de forcejear con la otra.

Fue terrible. Ambas estaban conscientes de las capacidades y sobre todo de las debilidades de la otra, se conocían de una vida completa mirándose raro, como a medias siempre se habían odiado un poco, habían querido sacarse los sesos siempre, pero se habían aletargado por lo “deber ser”. La señora María como que sabía que se iba a morir, pero no quería hacérsela tan fácil, se le notaba entregada a su destino pero batallando hasta el último momento, tratando de forcejearle las manos, tratando de tumbarla hacia un lado u otro o llevándola contra la pared para que se rasmillara con las hendiduras de esa pintura de mierda, tan aspiracional de clase media de La Florida típica, dictatorial, con jardín con ligustrinas y rosal y cardenales ( de esos que ahora le llaman geranios).

Su cuerpo quedó enredado entre las ligustrinas, entre los barrotes de la reja de la entrada que habían sido los testigos de tal terrible destino.Fue en ellos que descubrimos algunos trozos, algunas manchas que nos dieron la idea que algo estaba ocurriendo, hasta que encontramos sus extremidades dispersas por el jardín y sentimos eso de las muñecas. También la encontramos a ella, con los ojos perdidos, no llorando, sino sentada, tan en shock que no era capaz ni si quiera de darse cuenta como se había orinado y como había cometido el crimen más horrendo que se tenga memoria en los alrededores.

PD: Luego de pelar que hace tiempo que no soñaba nada ( o que no me acordaba, mejor dicho) tuve la feroz pesadilla, que no lo era tanto. Según las interpretaciones, algo quiero matar de mí, me está costando y en ese proceso estoy. Todavía quedaba camino y el sueño venía a develar eso mismo.