Vivir en la periferia, después de vivir un siglo

Soy floridana.

Puede que haya vivido en el edificio más bello de Bellas Artes, puede que haya andado viviendo los últimos años en miles de lugares de mierda arrancando de todos los tipos de vulnerabilidades que le pasan a la gente cuando es mujer y no tiene casa o no. Puede que el último año y medio haya estado entre viajes por latinoamérica con muy bonitas fotitos para instagram, pero en mi corazón, en mis venas, en lo más profundo de mi ser, soy floridana.

Me crié con el raco en la cara, viendo la cordillera nevada mientras amanecía y yo atravesaba todo Santiago de sur a norte para ir al colegio . No me acuerdo de la casa de mi abuela en Conchalí,pero sí cuando fui a la inauguración de Falabella cuando abrió, fui a la inauguración del metro línea 5 ( obvio que paseé la primera vez en ese metro que iba por arriba y que se veía la cordillera con lucecitas). Obvio que la primera vez que tuve una salida de pololeo fue al Bravíssimo, obvio que me junté con mucha gente afuera del mall, obvio que fui alguna vez a La Florida es Teatro y obvio que me comí un glotón en Serafín Zamora.

Tomé colectivo, me fui en la 210, pero antes me fui en la 357, en la 405 y en la 373, antes del Transantiago, antes de las 7 de la mañana.. Fui a la discoteque esa que está en Avenida La Florida y también estuve por entre Santa Rosa y Gran Avenida. Esos son mis barrios y aunque estén cambiados, no puedo creer que alguien no los conozca. De hecho no me acuerdo ni de como eran ni de como son ahora, pero mis pies y mi corazón recorren solos sin pensar a lo básico: patio de comidas.

Por cosas de la vida o porque decidí vender todo y viajar y ahora volver y no tener nada de nada, estoy viviendo en la periferia otra vez. No en la misma periferia de mi infancia, no en mi casa, ya mi casa no existe. En otro lugar, en otro contexto, otro mundo.

A todo lo que yo le llamaba casa hace esos años no existe más, pero tampoco a lo que yo le llamaba casa hace un par. Mi casa es algo así como el par de individuales que llevo cuando viajo, mi casa es ese par de horas cuando nos tomamos un tecito con un amigo o nos juntamos a almorzar, ese abrazo largo largo que se nos ocurre tener con la gente que todavía nos saludamos con cariño. Casa es tal vez la sensación que nunca más voy a tener o casa es sólo el nombre de mi primer libro que tanto me ha costado sacar, pensar, vomitar.

Podría extenderme, hablar del neoliberalismo tan lejano de como he decidido (?) vivir estos años de muerte y alegría. Podría hablar de todo ese plan siniestro que hicieron en dictadura para llevar a cierta gente a ciertos ghettos con los que limitábamos cuando era chica. Podría hablar de la gente de la Rotonda Atenas, de la desigualdad en Chile y en Latinoamérica y hasta podría dar ejemplos de como, el acceso a la cultura de las periferias es tan entorpecido, que terminan siendo robots que sólo compran, pagan, tienen miedo, quieres lo que tienen en la tele y sufren por eso. Pero no.

Lo que yo quería escribir, es que siento que vuelvo a vivir en la periferia y no sólo a dormir: estoy estudiando inglés ( y chucha que me tiene motivada y sumergida) y yendo al gimnasio ( sí, soy yo, no se equivocó de blog), transportándome en la periferia, en el metro de la periferia, con gente de la periferia, con la gente que habitualmente no trabaja en organizaciones sociales, con la que no le alcanza para fin de mes y no puede comer fuera siempre . Eso significa para mí muchas cosas también: significa que estoy lejos de todo lo que ha sido “mi mundo”, incluso hasta más que cuando estoy lejos físicamente. Pequeñas burguesías, pequeños privilegios como pasear por el parque o ir a un concierto con la tranquilidad que el taxi me va a salir luca o que en 5 minutos pedaleando puedo estar en la casa de cualquier persona.

Eso significa que me tengo que encontrar no sólo con lo que era, si no con lo que es todo el mundo que dejé hace más de una década.

Y es loco, pienso, siento, creo, mi cuerpo grita que he vivido un siglo. Tengo varias operaciones demás, ya no me llaman con tanta facilidad “flaca” en la calle, a veces hasta algunos energúmenos del demonio me llaman señora, hijos de sus madres.

Cuando salí de acá era flaca, casi virgen, católiquísima en proceso de descatoliquizarme. No tenía idea de música,  ni de eventos de ese tipo, menos de conciertos y de after conciertos y que en la noche podía trabajar en tantas cosas o que yo misma podía organizar algo; casi no conocía a nadie del mundo artístico, había asistido a ver muy poco teatro.

Toda la gente que yo conocía pensaba más o menos igual: gente buena,con ganas de salvar al mundo, sumergida en una religión que les decía que usar condón era malo ( perdonen chiquillos, pucha que lamento eso), que tener sexo era malo ( puta la hueá que la cagamos) y que los hombres y sólo los hombres podían ser autoridad. A todos nos quedaba lejos la vida, siempre había que salir una hora o una hora y media antes de cualquier cosa ¡Nos levantábamos súper temprano!

Y ya no soy virgen (?), ya no soy católica. He visto millones de conciertos, he viajado por 7 países, he vivido en más de 40 lugares, tengo un par de dreads, uso la ropa que han dejado entre las colas de las ferias, las amigas viajeras, regalos y cada vez me importa menos que algo se me pierda por ahí ( bueno, nunca me ha importado mucho, pero ahora menos). Creo que teñirse el pelo es un gastadero de plata absurdo, cuando me compro ropa en un mall sufro, veo televisión porque donde vivo hay una, pero hace más de 10 años que no tengo una al frente propia.  ¡Soy otra persona y constantemente estoy mutando a otra más distinta a como era cuando volví de viajar o cuando decidí irme!

Vivir en la periferia en este momento no es una opción. Acá estoy, reacostumbrándome, odiando, amando, re encontrándome con todo lo que me significa y con lo que me distancia.

Estoy tratando de no volverme loca de depresión post viaje (debe ser la peor de todas ¿O es normal que cada vez es peor?) .Estoy tratando de enfocar todas mis energías en hacer cosas que sé que me van a servir en un futuro para mis fines más próximos: un curso de inglés ( quiero escribir en inglés y quiero hablar cosas más complicadas que “where you from?” “When time are you travelling”); un mes de gimnasio (ha comenzado el entrenamiento para esos pedaleos largos o para que se vaya la guata antes de la primavera), rearmar la (Comunidad) Viajar Sola y probablemente sacar un nuevo emprendimiento esta semana que me permita moverme hasta que tenga un trabajo de verdad.

En eso estoy. Viviendo, moviéndome, muriendo y viviendo en la periferia, al sur de Santiago, lejos. Todo, después de vivir un siglo

 

 

#cicloviasburla #santiagoalsur

Mi mamá vive en el sur de Santiago y la voy a visitar si no es en colectivo, en bicicleta. Viví hasta los 21 años en La Florida, límite con la Pintana y La Granja (Suroriente de Santiago) y casi a la misma altura que vive ella ahora. Iba al colegio y a ciertas actividades en el centro, a una hora y cuarto de mi casa y por seguridad, en mi familia la política era saber todos los caminos y posibilidades de transporte posibles, por lo que viajaba por Vicuña Mackenna, Santa Rosa, Gran Avenida y todas sus otras combinaciones en micro, metro, caminando, colectivo, etcétera. Además de mi gusto de siempre por andar conociendo lugares, sobre todo cuando me amparaba la gratuidad en el transporte público. Me encanta tener la posibilidad hoy de re-visitar a otro ritmo los lugares que conocí desde chica durante años arriba de la micro. Y de esos viajes surge la idea de visibilizar las bellezas y fealdades de #santiagoalsur .

Hoy por ejemplo, me fui conejeando ( osea, tomando caminos y calles por entremedio de las principales) y decidí hacer el primer post, hablando de algo con lo que ya venía rumiando hace un tiempo:

#cicloviasburla

Mucho lo que se ha logrado en relación al uso de la bicicleta:  poner el tema en la mesa de las autoridades, tener ciclovías de mejores estándares con incluso, tecnologías que permiten saber cuántos ciclistas pasan por ellas. También el hablar más allá de “ponte casco y pide ciclovías” , exigir educación, rebaja en velocidades máximas, etcétera. Y no quiero en ni un caso minimizar lo que se ha hecho al respecto. De hecho, lo aplaudo, lo apoyo y lo difundo lo más que puedo, en relación a actividades que me gustan.

Incluso, se puede ir más allá en la lectura: La bicicleta ha captado la atención de la publicidad y no es raro ver, que hasta en comerciales que nada tienen que ver con ella, le chantan una bicimáquina como para que se vea súper tchori. Para mal o para bien, la bici es tema hoy en Santiago y en Chile y me parece bacán.

Peeeeero ¿Qué pasa al sur de la Alameda? ¿Qué pasa allá donde no llegan las cámaras?

Un montón de #cicloviasburla que no dan ni pena, ni rabia: dan risa, pero así como una risa de “¿De verdad existe algo así?” “¿Me estai hueviando?”. Una burla donde uno dice ¿Quién autorizó esto? ¿Se parecen en algo a la de Rosas o Lyon? ¿Por qué hay una ciudad para algunos y una ciudad para otros? ¿Por qué en la zona sur de Santiago-tal vez más de trabajadores que de otra cosa-no hay un respeto por las personas? Porque esta hueá es faltar el respeto, reirse en la cara, tratar de estúpida a la gente. No me vengan con ese discursito que “por último, se está haciendo algo”, porque esos K de “ciclovías” ( o como le quiera llamar) es un atentado a cualquier avance que se pueda tener.

Mi recomendación, desde el 0 conocimiento de leyes y conceptos académicos al respecto, pero sí desde su uso cotidiano es: si anda por una de estas calles, no use estas ciclovías. Probablemente tiene más posibilidades de accidentarse arriba de ellas que por la calle.

*Acá 4 ejemplos  que encontré y que me parecieron súper significativos. ¿Tienes otros? ¿Sabes de otros?

20141125-171503.jpg
Las Industrias con Carlos Valdovinos ( San Joaquín) Dato: Mi cuarta mide 20 cm #cicloviasburla
20141125-171625.jpg
Santa Rosa c/Capitán Ávalos ( Límite La Pintana/ La Granja) Pequeña, llena de obstáculos, sobre la vereda con bajada compartida con el peatón.
20141125-172331.jpg
María Elena con Acceso Sur ( La Pintana-La Florida) Pequeña, sobre la vereda, viene desde la nada.
20141125-171940.jpg
Los Morros con Observatorio ( El Bosque) Pequeña, en la vereda, nadie la respeta. Impide que la gente llegue a la cuneta y tomar locomoción.