Te amo, mi teleserie de media tarde

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Amo a México, como podría amar a alguien.

Vivimos una relación de casi 5 meses, donde nos conocimos lo que uno puede conocerse en ese tiempo: una percepción sesgada en relación a decir “Yo viví 4 años” o “Yo he vivido toda mi vida ahí”, pero un poco más intensa que “Estuve un par de semanas”. México es grande, yo pequeña, pero los dos parecemos que somos tan intensitos como cuando tropezas con un escorpión: un pequeño suspiro de “conchetumare, menos mal que no me picó”, pero ahí estuviste, al borde, casi. Siempre casi. Siempre un eterno casi, como de final de teleserie. Todos los días, todo el tiempo. México es un montón de colores, un montón de información, un montón de tanto. Pero tanto y eso que a penas nos estábamos conociendo.

Amo a México como para todos los días llorar un poco la lejanía del huitlacoche o del carrito de hamburguesas al carbón a la vuelta de mi casa, abierto 27/7. Y si equiparo, echo mucho más de menos la salsa valentina en las papitas fritas, que el ketchup. O pasar por Tlaquepaque por unos taquitos árabes en vez de por unas sopaipillas. Casi pero casi, lo pongo en la categoría “Julio” o en la categoría “la rucia de la vega”. Ejemplos ridículos, pero explícale esa hueá a mi estómago y a mi corazón. Y el corazón se puede marear, pero estómago si que no miente. Ese si que es de verdad, como las hamburguesas, 24/7.

También lo odié y mucho, porque me sentía absolutamente desolada en sus fauces feroces y en su indiferencia-silenciosa-ridícula, en su violencia omnipresente pero velada, no visible a simple vista, porque hay que ser gentil en público, para qué en lo privado. Hay que ser amables al preguntar por algo ¿Pero por qué ser amables en la comunicación de muertes cotidianas, poniendo en portada miles de cadáveres reventados a diario? ¿Por qué ser gentiles con ustedes mismos? ¡Cómo lloré implorando estar en un lugar distinto varias noches! ¡Cómo me desesperé ante los choques culturales, ante la verdad no-de-cuentos del miedo que está hasta en lo más profundo de esa sociedad!

Ayer estuve hasta tarde y hoy he estado mirando, retuiteando, recopilando información útil para los habitantes de CDMX desde mi vereda absurda de la digitalidad, porque es re poco lo que puedo hacer desde aquí. Me angustia saber que a escasas cuadras de todo lo que me moví y recorrí en esa ciudad, estaba quedando la cagá, que habían amigos con los que no me podía comunicar o que simplemente la distancia física me hace imposible irme a recorrer sus casas, a repartir abrazos de esos que uno da en los terremotos, sintiéndose tan feliz de tenerse y de conjugar con escándalo el apapachamiento.. Es como cuando sabes que un ex lo está pasando mal o cuando alguien con quien no hablas pero le tienes cariño tiene un problema y levantas los pañuelitos blancos como de “Antes que me digas nada y que nos volvamos a nuestras leyes del hielo absurdas, dime que estás bien, (no hueís) dame un abrazo, te deseo lo mejor, adiós”.

Más de alguna vez comentamos que para que México reaccionara de la narcodictadura que está viviendo, debería pasar algo grande. Algo que lo remeciera, hasta mencionamos “No sé, un terremoto, algo”. Y bueno amigos: esta es. Este es el momento de tomarse el país, de dar un giro, de reaccionar y darse cuenta que no necesitan de nadie más que de ustedes mismos para salir adelante.

Te amo México con locura, con locura demencial de teleserie de media tarde, súper disfrutada y súper llorada y súper cebolla, con canciones mamonas ( chilensismente ese mamona) y con muchos pedaleos y caminatas nocturnas y tardes encerrada escribiendo. Los abrazo, me muero de ganas de estar pedaleando y ayudando en algo. [Si a alguien se le ocurre una forma desde mi compu en Bogotá+quién pueda reclutar, por favor ténganme en cuenta]pero no estoy allá y tampoco tengo como mandar algo. Amor, mi amor ridículo, ese sí se los puedo mandar. A chorros, a kilos, a teramegasúperkilos.

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10 ejercicios para enfrentar el viaje y la soledad

Irse a la conchesumadre, implica además de fotos lindas en Instagram y en las portadas de Facebook,  solucionar problemas técnicos menos que básicos (Como ¿Tengo tenedor? ¿Tengo cama?), enfrentarse a culturas distintas (Que no comen pan sino tortillas y donde es preferible darte una mala indicación a parecer descortés), ecosistemas que funcionan muy distintos a los que acostumbras (Juntémonos a las 16:00 en tal lugar y no “alguna vez”), derribar mitos entre un país y otro, terminar largas relaciones de amistad/pareja/familiares/ violentas o desgastantes o afianzar otras que te parecen importantes o interesantes  y bajar de la nube y caer en la realidad de hocico bruces junto con todas las publicaciones que me encanta este país. Verme yo distinta luego de un largo proceso de rehabilitación, luego de otros largos procesos de acomodamiento, verme al espejo, acordarme que soy la persona con la que pasaré más tiempo y caerme bien, con todo lo que soy. Soledad, básicamente, que le llaman.

Llevo 2 meses y algo de viaje pero recién estoy sola, pues había viajado y compartido con más gente. Y por primera vez en demasiado tiempo añosmamiaños estoy sola-sola de cualquier relación formal e informal (qué raro verbalizarlo así), así que mucho tiempo conmigo y está cuático. Cuático porque es distinto viajar 2 semanas donde todo pasa rápido o cuando estás en un hostal donde todos están un poco en la onda de querer conocerte y abiertos a que los conozcan o estar en un encuentro de gente que hablan de lo mismo que te mueve a ti, pero…¿Cuándo ya pasa ese tiempo? ¿Cuando ya te viste una o dos veces con la gente que podías conocer o recomendada de amigos de amigos y como que no hay más excusas? ¿Qué hay después?

Estar en otro país

Hay cosas muy absurdas que te recuerdan que no estás en tu país y a veces es bacán, pero a veces no. La comida es un ejemplo súper concreto. Y no es sólo la comida en sí, uno lo puede tomar a la ligera, si la comida es muy rica: si quiero cocinar, no hay de lo que me parece obvio que hay en todos lados. Hay otras cosas que no sé como se preparan, menos como se llaman para buscarlo por internet. Desde manjar, pasando por aliños o verduras. TODO.

O salir a la calle y no encontrarse a nadie, y peor aún: no conversar con nadie en días. O no saber qué actividades hay, porque en verdad hay millones , pero y obvio, no ir porque  o no tienes idea (porque no sabes tan bien como y dónde buscar) o las distancias agiladas que habría que recorrer para ir son larguísimas o simplemente no tienes la plata para esas porque tienes que empezar a comprar cosas tan absurdas como todo o ya te pasaste en la hora tratando de buscar o tenías que llamar por teléfono y todavía no puedes hacer funcionar el teléfono de acá.

Desde muy chica soy muy sociable, por lo que esta sensación de no saludar , no encontrarme por días con nadie,no conversar, me resulta súper frustrante. Esta ciudad es  grande y también no se me ha hecho tan fácil quedar después de una segunda vez con ningún mexican@, a diferencia de con chilenos que viven/están por acá o de otras nacionalidades. ¿Tanto les cuesta juntarse o no quieren y por qué? ¿Es tan pero tan falso el “Cuando vayas a mi país, te voy a mostrar mis lugares favoritos”o es un tema cultural más exacerbado que en Chile de una eterna promesa de “en la semana” que nunca es totalmente real? ¿Es lo mismo que me pasaría en cualquier país o tiene que ver con que es distinto viajar un par de semanas estando en un hostal que viviendo en un lugar que no es tu país, ni tus costumbres, ni tus amigos?

Me viene una autorabia no conmigo sino con lo que haría y he hecho ¿Qué haría yo si me conociera? ¿Me trataría igual? ¿Me caería mal? ¿Mi afán de las invitaciones se vió superado y ya no lo volveré a vivir (invitar y ser invitada)? Es que a veces me entra la rabia y no lo puedo creer ¿En serio a nadie le tinca salir a mostrar la ciudad como lo he hecho millones de veces con personas que ni conozco por el puro gusto de hacerlo y de hacerlos sentir bienvenid@s? ¿Nadie invita a cosas a gente que sabes que está aquí?

Hay otras cosas más absurdamente emotivas que echo de menos: abrazar a mis amig@s con una melosidad digna de final de película, ir a bailar (a mi lugar favorito básicamente, con sus resguardos, demonios y marcas de pisco), ir a tomar mi café favorito  en una conversación sin tiempo, conversar de otras cosas que no sea por pega o casi. Echo de menos incluso las cosas/personas/situaciones que ya no quiero en mi vida y eso sí que es triste. Es como que una mala droga esté ahí al alcane de tu mano y estar batallando por no recaer.

Además trabajar por internet para Chile no ayuda en esto ( sí en otras cosas como el mantenerme, obvio) 😛 . Puedo quedarme todo el día encerrada, sin que me relacione con ningún humano.

Kit de supervivencia sicológica básica

Para no sucumbir ante la soledad y sus locuras (ya me he visto en esa) y volverme deprimida y terminar en el aeropuerto llorando al teléfono con sólo ganas de irme de vuelta YA, he desarrollado un plan de 10 ejercicios que me permitan mantener la cabeza en orden o como llamó un amigo Seba, también viajero , para la supervivencia sicológica “Me voy a la CTM Starter Kit”

1. Comer de manera equilibrada. Parece obvio, pero esta hueá me cuesta muchísimo, porque estaba comiendo en horarios pésimos, no cocinándome, además ODIO (ODIABA?) cocinarme sólo para mí. Cocinarme a diario, no saltarme comidas, disfrutar de ello. Proveer de agua (aquí el agua no es potable) y beberla a diario como una obligación. Preparar verduras, guardar lo justo. Recordar que estoy pobre y no puedo gastar demás.

2. Restringir casi al 100% pelotudeces que no necesito. Tengo un vestido, 2 faldas, un short y así muy pocas cosas. Aún así, todavía tengo desordenado, estoy trabajando en ello. El vino chileno Carmenere está considerado en “necesario”, así que de eso tengo al ladito del mezcal.

3. Juntarme a conversar al menos una vez a la semana con gente real, que pueda ver sus facciones de frente. Me frustra mucho ver a la gente sólo una o dos veces, pero bueno, no sé ya como funciona la gente acá. No incluídos los segundos de espera entre que conversan conmigo y están muy ocupados contestando un mensaje de fb (que por lo demás, cada vez me apesta más esa situación).

4. Ir al menos a un evento semanal, que me permita conocer a otras personas y tener conversaciones para la vida. Así poco a poco he ido contactándome con gente interesante que no habría conocido de otra manera. Así que sigo atentamente eventos en FB de mis conocidos o a través de plataformas como Eventbrite o Meetup , que permiten encontrar eventos por intereses particulares, sin olvidar los encuentros de gente por Couchsurfing u otras páginas de viajeros.

5. Llamar, mensajear, mandar y recibir audios: He sido en general poco dada a las llamadas por teléfono en la vida ( De hecho, por lo general son de auxilio o por pega, odiaba hablar por teléfono), pero acá me es imperativo conversar. Conversar con mis amig@s de siempre casi a diario y al menos enviar 2 mensajes semanales a gente random que me acuerdo para pelarle el cable del viaje y de una súper revelación que tuve mezclada con alguna conversa que tuvimos, con alguna música que escuchamos o un innumerable etcétera. Vayan a perdonarme ustedes.

6. Escuchar música cada día Súper obvio, pero en realidad la música siempre me saca de cualquier momento raro. Así que aunque sea envasada o arrancarme a cualquier concierto que me parezca genial y que sea gratuito o casi, siempre es un momento que agradezco demasiado. Además echo de menos que parte de mi trabajo sea ir a escuchar música.

7. Obligarme a salir al menos una vez al día Como en este momento que llevo más de 48 horas encerrada. Me acabo de poner mi único vestido y me estoy echando pa la calle a tomar aire (o lluvia, como es el caso del verano mexicano).

8. Escribir, aunque no publique Las mejores cosas según yo, son esas que no he publicado, porque justamente necesitan madurar. Pero escribir, escribir, escribir. Mucho.

9. Publicar, para ver si está llegando lo que en verdad quiero expresar Seguir escribiendo hasta la muerte y cuando tenga ideas que pueda desarrollar en la medida que la gente hace feedback, lo publico en mi fb y después lo tiro pa acá, como en el caso de este post.

10. Dibujar Mi último deporte favorito, que hace que salgan otras cosas que no salen escribiendo. Un nuevo amor en la vida, del que todavía tengo demasiada curiosidad y ganas de seguir aprendiendo.

¿A alguien se le ocurre otro ejercicio (yoga y meditar me parece grandioso, pero no me seduce) para mantener la mente tranquila cuando estás realmente sol@?

Conste: No echo de menos todo el tiempo, me encanta estar acá, pero hay días-como ayer, como anteayer, como hoy-que lo único que quiero es estar en mi “casa”, llamar a alguna amiga para decirle que voy pedaleando a su casa, a simplemente abrazarnos, conversar y quedarme dormida en el sillón (como siempre), sabiendo que una frazada me va a tapar y que nadie me va a decir nada, porque saben como soy, saben que me canso y me quedaré dormida en el momento justo que esté acomodándome ahí. O irme al café, a simplemente contar historias y fumar y tomar café y reírme hasta las carcajadas más sonoras y que se escuchen a una cuadra. O ir a bailar hasta que me den calambres, sin pensar que alguien me va a querer hacer algo malo, encontrarme con gente, tomar lo mismo de siempre, reírme de los mismos absurdos de siempre.

PD: Sí me conoce, sabe que esto puede que me dure hasta hoy, salga, me pase algo extraordinario y olvide esto. Pero así lo siento y estoy segura que a la gente que ha vivo en otros lados también les pasa ¿Verdad? #díganmequesíporfavor .  Si no me conoce, puede que encuentre exagerado, de una loca de mierda, pero no me importa. O al menos, por hoy no me importa.Chúpenla con mayo y con el viento en contra.

Deuda

El 10 de mayo de hace 2 años atrás pensaba acostarme relativamente temprano pese a que iba a un cumpleaños, porque tenía una semana del terror. Luego de tiempo de vacas flacas, tenía lleno de reuniones de pega. El miércoles tenía reunión con la productora de Maestra Vida para concretar el inicio de mi pega como su asistente, el lunes tenía reunión con unas chicas de un proyecto que necesitaba redes sociales, tenía comprometido un tour por Santiago de músicos que admiro ,etc.

Hace casi 2 años que la agenda que tenía armada para los siguientes 7 días y una vida acelerada, se fue a la mierda. 5 cicatrices más, el año siguiente, continué con gran cantidad de actividades igual, aunque tuve que sumarle el reaprender a caminar, subir escaleras, saltar, aprender a ponerme vestidos, sacarme vestidos. Aprender también a que la gente me mirara las cicatrices y tratara de disimularlo, aprender a dosificar mis energías.

Hay cosas que ya no me interesan como antes y hay cosas que ya no aprendí otra vez, como usar tacos y bailar con ellos salsa o alcanzar a hacer cosas antes de dormirme raja. Hay cosas que me importan ahora como nunca, como ponerle ojo al dibujo o tomar un té/café con alguien interesante y conversar 2 horas sin mirar el celular y plantear eso como algo tan importante y urgente dentro de mi agenda semanal.

Encontrarme, entre los pedazos de esa María Paz que quedó en el piso-literal y subjetivamente- ha sido menos fácil que lo que me costó retomar el tono muscular de las pantorrillas. Aún tengo deudas desencadenadas de 3 operaciones, que por más que me esforcé en no tener, por más que trabajé antes de levantarme en 2 pies, no pude. Y no poder, para alguien que cree que puede siempre, incluso en las peores-peores situaciones, es muy fuerte aún. Aún hay deudas mucho más importantes conmigo, de descansos que no me tomé, de regaloneos que me evité, gente con la que me habría encantado tener la tranquilidad que tengo ahora de mandar a la súper mierda en su momento o de haber conversado para decirles cuanto necesitaba que me vinieran a abrazar sin entrar en discusiones idiotas.

Estoy amando la posibilidad de resetearme consensuadamente , pero claramente no es tan fácil tampoco. Me están pasando varios procesos dolorosos y liberadores, varias vueltas de tuerca y aperturas de cabeza que me zamarrean con cuática. He vendido mis libros favoritos, mis instrumentos favoritos, hace como 3 horas regalé mi cama, cosas que en su momento eran un deseo muy fuerte y ya no lo son tanto. Dejar no sólo lo que estoy haciendo y he hecho hasta ahora: es dejar de ser lo que he sido para ser otra cosa, otra persona, más allá de las cosas o los límites que veo ahora.

Encontrarme sola conmigo y decirme “¿Cómo estás ?” “¿Qué quieres hacer?” “¿Qué quieres SER (ahora)?” “¿Cómo quieres querer ahora?”.

Yo pensé que tenía la respuesta ( “me gusta escribir, todo lo demás es una excusa barata” “productora de ideas”) , que tenía las respuestas, claridad, sin lugar a dudas, pero no las tengo, se me perdieron, mutaron. No tengo ni una certeza o para ser más exacta , muy pocas. Me estoy quedando no sólo con pocas cosas en lo material sino con poco de lo que era-tal vez lo netamente escencial-y ese cambió de piel está siendo, en gerundio, muy intenso. Mucho.

Sigo endeudada, sigo con deudas de tiempo y de cuidado, pero quiero saldar al menos en eso: conmigo.

Gelo no inferno

Por estos días las cosas están cambiando mucho en todos los ámbitos. Se está acabando uno de mis hijos más queridos @humitadomicilio  , acabo de salirme de una de las agrupaciones en las que estuve los últimos 4 años. Alguna gente está saliendo de mi vida con pasaporte a la conchesumadre y otra, se está quedando aquí en mi antebrazo, para el resto de la vida hasta que sea viejita.

Si tuviera que ponerle una canción al día- a mis ojos hinchados, a mi sensación de suicidio después de haber comido una hamburguesa en el Mc Donald´s , a mis ganas desenfrenadas de viajar ya, a que todo está tan rápido, pero como ya he vivido esta sensación me calmo un poco, le pondría esta. Debe ser que andar con la regla me pone en los lentes de todo tan intenso, absoluto, determinado.

Gelo no inferno (Criolo)

Eu corri demais
Parei de correr pra aprender andar
Eu falei demais
Parei de falar pra poder dizer

Eu cuspi no amor
Pra depois de amor
Vir a padecer

E eu reclamei demais
E aprendi a viver depois que morri

E fui pro inferno
Bater um papo com cão
Onde ele disse que nao era
Pra eu tá ali
Mas como assim?
Entao, gelo no inferno
Eu colhi
E corri

Eu corri demais
Parei de correr pra aprender andar
Eu falei demais
Parei de falar pra poder dizer

Eu cuspi no amor
Pra depois de amor
Vir a padecer
E eu reclamei demais
E aprendi a viver depois que morri

(Esta versión sambeada es la más boni <3)

Amor libre, mierda

 

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Creo que más de alguna vez ( por no decir todas y cada una de las veces que alguien lo ve) he tenido que dar la explicación sobre este afiche que está en mi living: El sentido que ha agarrado pa mí esta frase y esta serigrafía en donde todos los que van a mi casa tienen que verla, va más allá de lo evidente. Ha servido de conversación y análisis amplio. Es uno de los lugares favoritos pa sacarnos fotos. Está ahí, presente, como un mantra.

Primero: ¿de dónde salió el afiche?

Cuando fue la exposición de Serigrafía Instantánea (Colectivo que hace serigrafías en poleras que llevan los interesados y/o que recuperan por un aporte voluntario, apoyando sobre todo distintas causas) en Maestra Vida, todavía estaba súper convaleciente y la única foto que saqué fue a estas piezas que hablaban del Amor libre, mierda!. Me acuerdo perfecto, estaba subiendo la escala a ese altillo que hay en la pista de allá, donde siempre se quedan los rumberos habituales.

Cuando hicimos la celebración por el aniversario de Mandela, justamente esta pieza corría peligro de ser eliminada, pedí que me la regalaran y la saqué a punta de cuchillo. La puse en el living de mi casa. Ahí se quedó, ahí nos acompaña desayunos, almuerzos, onces, celebraciones y comparticiones varias. Es uno de los diseños que los chiquillos estampan, así que si le gustó, búsquelos en su próximo evento combativo.

( A todo esto: Sería bacán conocer la historia tras este mensaje, porque a mí me ha significado hartas vueltas aquí tiro la pelota en un pase gol, ah).

Las reacciones

La primera reacción en general es o una risa mostrando el cartel como “Oh, qué liberal tú, ah” con desaprobación-prejuiciada o una reacción tipo “Ahh, estamos en esa” con algún tipo de desubicación tipo comentario o acción de mierda,  con gusto a pésimas ideas comoque quiero tirar con todo el mundo o que tú, con el que tuvimos un impreciso algo creas que me da lo mismo que te quieras hacer algo más que el lindo con alguien muy cercana. Osea calmao, si la hueá no es ná así, po.

A quien ha solicitado la explicación de por qué decido tener este afiche o que nos hemos puesto a conversar el tema ampliamente, hemos llegado a algunas conclusiones del porqué y cómo nos hace sentido este mensaje.

Tiene mucho que ver con ideas que he expuesto anteriormente y que mastico hace un rato:

1. Mientras más das, más recibes: El amar no me sale tan fácil. Porque sí, porque no, porque miles de razones que no entraré a explicar aquí. Eso quiere decir que este afiche viene a reforzar la idea cotidiana que amar es mucho más fácil ( y difícil) a la vez que lo que me venía planteando hasta ahora. Que es como una apuesta que cada vez es mayor y tiene esa suerte de recompensa de vuelta. Mientras más entregas amor, más amor recibes. Que si pierdes en tal apuesta, como si fuera una ( aunque uno nunca perdiera, porque siempre gana algo), pierdes cada vez más en la medida que más pones en la mesa y duele, sí, duele si no resulta o se acaba, pero…  ¿Y? ¿Te va a ir mejor por quedarte a la vera del camino? ¡Ama libre, oh!

2. Que si uno es libre, libre en serio ziii, debería poder y querer amar, sin ponerle tanto color nombre o etiquetas eeella la liberal, pero sobre todo trabas y peros a situaciones que no merecen rollo adicional. Me explico: Dejar de frenar situaciones porque “puedes salir dañad@” sin incluso “apostar”, no evitarse mamonerías “porque pueda parecer ridículo”, no evidenciar al extremo porque “soy súper solter@ y no quiero que me liguen con nadie ni nada” . Por lo tanto entregar amor y buena onda, que suceda lo que tenga que pasar y si las cosas se acaban, que se acaben porque se acabó esa conexión vital, no por miedo, por mantener discursos panfletarios de libertades no tan libres, etc.

2. Como que la ternura es un acto revolucionario, más cuando uno es adulta. Que uno se pueda liberar de todas esas limitaciones impuestas ( y a veces hasta autoimpuestas) por el mundo actual, neoliberal donde ser amable, cortés e incluso tierna, pareciera estar fuera de moda. ¡Que los gestos sencillos decoren la vida! ¡Esos son los gestos que se quedan ahí dando vueltas y recordables por toda la vida! Ya llevamos un ratito planteando esta premisa y lo hemos pasado bacán en sus fauces, incluso cuando no hubo ni un mínimo detalle de vuelta.

3. Que  lo más parecido a una relación con cualquier persona  hoy sea experimentar esa libertad de acción, de movimiento, potenciando y acompañando al otro a volar libre tal como el otro me acompañe a mí en mis vuelos y desvaríos. No quiero arrastrar a nadie a que haga cosas ni por mí ni para su propia vida y tampoco quiero yo sentirme presionada a nada en realidad: quiero compartir con gente que quiera hacer cosas indistintamente a mí o a nosotros, tanto como hacer cosas juntos sin que signifique rollo, ayudarse, motivarse, pero para crecer y tener éxitos, cumplir sueños por separado qué Lalaland me sonó eso. Que sí, sí quiero estar con alguien alguna vez (alguna gente me ha dicho muy seriamente que cree que no, como una suerte de monja o que quede para semilla y la tía solterona de los hij@s de mis amig@s) pero en ese acuerdo. Porque a veces, las  relaciones de pareja que veo cerca pareciera que fuera todas esas cosas de las que quiero mantenerme lejos: posesión, control, obsesión, falta de libertad, celos, desconfianza, etc.

4. Mientras más se da amor, más amor te llega. Esa falsas idea de dosificar, cuantificar, medirse, pareciera que es puro capitalismo, oiga. Y de eso es lo que quiero también mantenerme lo más lejos que pueda. Y esto me recuerda prácticas tan sencillas como incluso, compartir ropa, comida, casa, aprendizajes y demases. Viva la comunidad, viva el amor, ¡abajo los régimenes que nos dicen lo contrario!

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Afiche que publicó un amigo con el que pelamos mucho el cable al respecto, que a su vez había publicado esta página

5. Y que eso no solo incluye a parejas, sino amigos, compañeros de trabajo y demases. Que el amor fluya como cuando se pedalea por una ruta en una noche de verano, con el vientecito refrescando la cara. Que seamos felices con momentos simples, cotidianos, amorosos, que nos llenen el corazón más que la sed y la adicción por la conquista, llegando sólo hasta el trailer, buscando más y más trailers, olvidando que también se pasaba bien con hueás simples, tiernas, tranquis, sin la histeria o la maquinita de “hacerla”. Más que eso, que no significa tirar el poto a la chuña-o sí, a quien le importa-sino más bien amar-amar en serio-sin tanta complicación.

Que viva el poliamor, el amor gay, el amor interracial, el amor a la libertad, el amor a los proyectos, el amor a la bicicleta, el amor a viajar, el amor a la tranquilidad, al baile, a la música, a la vida inquieta, a la gente que ama las libertades de los otros, a la gente que ama sin odiar a los que no son como ellos, amor a los almuercitos, amor a los grandes proyectos, a los pequeños, a la gente que le brillan los ojos por lo que ama, a quien trabaja por lo que ama, amor entre nosotros, amor a la tierra, amor a quien incluso ya dejamos de tener contacto. Amor a las personas que estuvieron en nuestra vida, amor a las que no estuvieron y menos mal,a los que estuvieron y los caminos de la vida nos llevaron a otros caminos, amor, amor, amor.

¡Amor libre, mierda!

Listado de demonios que no me dejan dormir

  1. Las cicatrices en las piernas.
  2. La actual inseguridad gigantezca al bailar y/o al flirtear.
  3. El terror a que alguien (muy) querido te deje de hablar y nunca te diga por qué exactamente y nunca más quiera hablar de ello.
  4. Sentir saudade, lo que implica que alguien se hizo parte de tu vida.
  5. Encontrar a alguien que no veo hace tiempo y no saber qué hacer y actuar con miedo.
  6. Mi pieza.
  7. Verme un día haciendo algo que no me guste, exclusivamente por mantener una sensación de seguridad, pragmatismo, etc.
  8. Que alguien crea que tiene la suficiente confianza para decirme qué escribir/publicar y que no, como editándome sin ser mi editor/a,  apelando al amor o desamor que haya entre nosotros.
  9. Cuando se acaba un abrazo que seguirías dando el resto de la tarde y de la vida y el vacío-tiempo que hay entre su fin y que empieza otro que te gustaría dar tan fuerte como ese.
  10. Que la gente que quiero, estimo, con la que he trabajado, me juegue chueco o que no pueda cumplir con su amor y entrega hacia mi y consideren que les estoy jugando chueco por eso.
  11. Quedarme dormida alguno de los días que me toca ir a trabajar de noche.
  12. Tener que hacer dieta porque no me fuera tan fácil mantener el peso que no me jode la espalda.
  13. El robo de amigos. Que alguien venga, conozca a amigos míos y pronto quede en el vacío de ya no te necesitamos en esta triangulación.
  14. Cuando aparecen cascos de moto por el lado izquierdo de mi bici o alguien cuando estoy abriendo la puerta del edificio.
  15. Que plagien un texto muy mío porque “sale muy complicado pagármelo”, no porque no se hace.
  16. Saber que una persona que le tienes confianza ha hablado de temas que le dijiste en secreto.
  17. No poder viajar.
  18. Que haya gente me trate mejor o peor no por como soy sino por el trabajo que realizo.
  19. Que alguien conozca algo tan profundo de ti, que sepa como manipularte y hacerte mierda.
  20. Que un día, no sea capaz de trabajar.
[¿Qué hacer cuando me toque ver a esos veinte demonios sentados en mi mesa, mirándome fijo?].

San Gregorio, cuánto dueles

20170112_233445.jpgSan Gregorio cuánto (me)dueles, como una cueca, hablando de choros. Como ver a cientos de Repeté pidiendo en la esquina, como el cruce sin vida de Vespucio con Acceso Sur.

[Como los disparos que sonaron y quedaron en todas las paredes]

Como Irán llevándose la paternidad setentera, dueles como cuando te cambias de colegio porque ya no tienes plata para pagar. Dueles como los malabares que hay que hacer para no morir de hambre.

No te puedes ir sin llevarme a la ruta de las animitas ¡ Te lo prohibo! O sin ir a comprar marraquetas detrás del mercado. No te puedes ir sin contarme los tiempos de adolescente con el Padre Juan Meyer en dictadura, sin contarme como fue su funeral. Sin hacer más poesías o cuando ibas al colegio en el centro. No puedes irte sin contarme de cómo era la vida de hija de la presidenta de la junta de vecinos o de la practicante saca balas en silencio, saludando a las mantas de castilla con AK-47 en pleno toque de queda.

San Gregorio grita, llora, chilla. ¡Que los árboles que quedan, los pocos, sean testigos!

Cuando por más que te escapas, saltas, te refugias lejos de una realidad obsena, pero llega el día que te llega la hora.

[Soy sólo la privilegiada que no sabemos como se salvó]

¿Quién me va a defender de mi pelo encima de los ojos? ¿Quién se va alegrar tanto de verme llegando un día cualquiera o que alguien te contó que salí en la tele o que simplemente te impresionas de la vida tan a contrapelo? ¿Quien le va a preguntar a tu mamá por mí? ¿Quien no va a hacer diferencias entre tus hijos y yo a la hora de la once? ¿Quién no me va a hacer sentir mal?

¿Qué te mató? Porque una bala, una ráfaga de balas, la violencia ejercida por los que pueden hacerlo, no es “sólo son balas” ¿La falta de oportunidades? ¿La población? ¿Las pésimas opciones? ¿La vida? ¿El mal amor?

Quiero ser chica otra vez y esperarte, para devolvernos comiendo marraquetas. Ver Oshín, María la del Barrio. Quiero escucharte gritándole a los perros, caminando rápido para ir a hacerle un trámite a no sé quien. Quiero escuchar reírte o hablando de alguien, de esa gente que hoy te llora por red social, cuando nunca te entendieron ni si quiera te aceptaron. Quiero estar en Quintero, con los chiquillos, en la lotería o en el bosque y tú supervisando-o riéndote mejor dicho- a lo lejos. Quiero tu voz llamándonos a comer, haciendo alguna talla.

[San Gregorio, cuánto dueles. Cuánto]

Pantalla

Caiga un rayo si no es cierto

que contigo suena a casa

e incluso mi bien rebalsa

parece contao de un cuento

seguro no hay ni tormento

mi soledad pareciese

que de pronto pereciere

entre comida y festejo

y cuando cantarte dejo

mi alma se repitiese.
Amístaita e la buena

feliz de tenerte al lao

corazón casa parece

cariño hai provocao.

Abrir hasta la casa

de mi corazón

no es poco lo que hai pasao

por agraciao.

Por agraciao ay sí

es mi ventura

por dentro y por fuera

es de verdura

Iluminar la casa

¡Gracias pantalla!

Día del padre

5331641875_23b6d801e9_z.jpgDesde que escribí este post  sobre mi padre y mi relación con mis hombres hace 4 años, he trabajado en mí y sigo haciéndolo y probablemente me queda pa rato.Gracias a las personas que me han mostrado en sus vidas , relatos y relación conmigo, otros modelos, otros tipos de amores, otras formas, como por ejemplo el relato de la Érika.

Y como no se me ocurren muchas cosas al respecto, voy a citar un tweet del año pasado que resume lo que siento/pienso al respecto ¡Gracias! ¡Abrazo para ustedes!

Sintiendo

La sensación física de la cicatrización, sobre todo de las zonas cercanas a tales cicatrices, siempre es una falta de sensibilidad, que a veces se queda para siempre. Como la sensación de estar anestesiada post dentista, pero eterna. Así es que, en pequeños trozos de paño-piel, se logra entender, donde no sentiré tanto como otras zonas que permanecerán sensibles siempre.
 
Pero en respuesta a ese proceso, pareciera que hoy, mientras ellas, las cicatrices, las mías, las obvias,  van sanando, ya dejando de estar activas, apaciguando, todas las demás,sobre todos las cicatrices que no se ven y que tienen que ver con el resto de mi existencia, empiezan lentamente recién a cicatrizar. ¿Cuáles? Las que tienen que ver con el resto de las magulladoras, como la percepción del espacio, de los otros o de mí misma.

Percepción del espacio

Con el espacio en la calle al pedalear, ya está bastante 0k. Pedaleo, casi sin miedo. Me gusta sentir la adrenalina de ir en la calle, pedaleando con lluvia (puta que es rico pedalear con lluvia <3) o distancias medias. Claro, pocas veces pedaleo largas distancias cuando no es verano, pero tampoco tengo problemas en hacerlo. Cuando me viene el sustito o la autopiedad pienso en la travesía del Juan Dual de Runnife  sin estómago y otros tantos órganos y se me pasa 😛 .
Distinto es con el espacio con otros. Aún y a veces con más intensidad,  es complejo convivir en espacios con más personas. Aún me da pánico estar en una micro donde no logro sentirme segura con su movimiento o en las escaleras del metro. Aunque me veo bastante “normal” me canso y tiendo a sentarme en cuánto tengo posibilidad ( aquí una pequeña mención a que sí, está creciendo en mí una pequeña vieja velociraptor).
Sin embargo, más que el asunto físico, es también la sensación de de compartir con personas que o es alguien que me conoce antes del accidente y siento en su relato un tono que no me gusta (tipo compasión, indiferencia absoluta o demasiado “Claro, es que como andas en bici, obvio que te iban a asaltar en una moto (?)”, es alguien nuevo a quien debería (?) contextualizar de mi forma de actuar y a veces qué paja que todo sea tan presente aún o es alguien con quien me siento plénamente a gusto y trato de esconderme y protegerme en nuestro lazo, donde no tengo que ponerme a explicar ni a preocuparme inconsciente-conscientemente de como camino, de cuánto me abrigo o de mi cansancio nivel quedarme dormida raja. Eso me hace, reducir a un mínimo las salidas (bueno, estoy hablando de mí, probablemente un promedio superior igual a la media, pero infinitamente minúsculo en relación a mi misma), los lugares que asisto con frecuencia, la gente con la que comparto. Todo se volvió más íntimo, más absoluto, más integro, más solitario. 

Mi percepción del mundo

Mi percepción del mundo, de mi relación con los otros, con un toque cada vez más (sí, aún más) absolutista y que busca ahorrarse jugos, enfrentamientos o dolores ¿Para qué? ¿Para qué asistir a algo que tengo la mínima posibilidad de sentirme extraña? Aunque con la misma intensidad-ya no puedo hacerME-la hueona ni con lo que siento, ni con lo que me provocan ciertas situaciones. Ya mi corazón, a diferencia de mi cuerpo, no es que no pueda-siempre ha podido y sigue pudiendo, medio jugando al juego de la kamikaze-disparadora en los pies, que se mantiene incólume ante situaciones que le están moliendo el corazón-pero ya no quiere. No quiere situaciones estresantes, que provoquen tristeza o que signifique un jugo inmamable. ¿Será la edad? ¿Será que ya pasé suficiente? ¿Será que siento que tengo poco tiempo y energías como para gastarla en tonteras? A veces duele: hay gente que me cae muy bien y/o que quiero muchísimo, pero no me da ni la gana, ni el cansancio, como para continuar intentanto nada.
Y por otra parte, esta sensación media fatídica de que la vida se te puede ir en 2 segundos-o la vida es eterna en 5 minutos, como diría Víctor Jara-por lo que, me transformo en una excéntrica coleccionista de momentos mágicos, bacanes porque total nos podemos morir mañana. Me derrito en momentos impagables, en minutos de conversación importantes con personajes que traigo a mi vida porque me revolucionan, en esos segundos de hablar con gente que ama la vida y lo que hace. Trato de ahuachar, cada vez con más éxito, esas sensaciones, repetir conductas que siento que me hacen bien. Vuelvo a preocuparme de hacer regalos, tengo reuniones maravillosas, aparecen nuevas opciones que no me había terminado de plantear y que justamente, son de las cosas que más me gustan. 

Percepción propia

La percepción de mi misma con un cuerpo que se mueve mucho más lento que mi eterna rápida caminata, a lo que debo pedir constantemente que la gente enlentezca sus pasos porque no puedo apurarme, me desespera, me intranquiliza.Ya no puedo correr en los semáforos ni alcanzar a alguien porque me pareció que era alguien que yo conocía. 
Más dolorosa en lo concreto, tratando de evitar cada pequeña cuadra que antes me parecería insignificante, pues si eso implica que me canse menos. Tramadol y galletas de marihuana de emergencia casi siempre a la mano. 
Mi cuerpo que ahora no tiene tanta cuerda para estar bailando a las 7 de la mañana  y que se duerme de cansancio a un tercio de los estímulos de antes. Mirarme al espejo y encontrarme deseable pese a la horrible carretera que me atraviesa bajo el hombre o las costuras tipo saco de papas que tengo en la pierna ¡Mis piernas, conchetumare, mis piernas que tanto amo con esas líneas! La frustración que me provoca que mi cuerpo no resista el movimiento incansable de antes o que el cansancio no me permita mantenerme despierta. Las llamadas llorando para decir “Estoy tan cansada que no puedo ir” o perderme una gran cantidad de eventos que quería asistir con locura. Sintiéndome como el pico ante un cuerpo que va mucho más lento que mi mente. Buscando formas y razones, que me traigan a la vida en mi percepción conmigo misma con 4 cicatrices más, lenta y cansada eterna, que todavía intenta no cojear y que no se le vaya la vida en eso.

Percepción general del sentir

Sale el sentir, cada vez con un flujo más poderoso e incontrolable, absolutista, intenso, imposible de no pescar. Hoy, acostumbrándome a su caudal para encausarlo y esa es la tarea que me tiene por estos días absorta. Tan escorpión que salí, todo es intenso siempre, sin embargo pareciera que la edad, la misma experiencia de la rehabilitación del accidente o la que soy hoy-bastante distinta de antes-hace todo aún más intenso. Como decía una amiga “Ahora estás más Mapapo que antes”

Sé que es difícil convivir con alguien así, partiendo porque yo misma me estoy re-acostumbrando a ser esa otra, que no era antes de todo esto. Algo así como “Estoy en rodaje. No apure, por favor”.