Los viudos del galpón

Los recuerdos

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El Galpón por fuera hoy. Sin la imagen de Víctor que estaba pintada afuera, vacío, cerrado. Foto: Javiera M.

Me acuerdo perfecto la primera vez que fui al galpón. Fue en el año 2006 o 2007 y fuimos a una actividad donde estaba la Banda Conmoción ( que ya había visto anteriormente en el Galpón Kultural de San Ricardo), la Escuela Carnavalera Chín Chin Tirapié y Juanafé. Estaba repleto y mi cabeza que aún no estaba acostumbrada a ir a conciertos y menos de este tipo, se llenó de colores. Aún estaban las graderías, el lugar me parecía tan gigante, los artistas en medio de la gente, la onda tan exquisita. Me gustaron las letras de las canciones de Juanafé, la puesta en escena de La Chinchín. Vendían tragos que a mí me gustaban, la gente andaba en ropa relajada y el movimiento de la masa era respetuosa y sudorosa, sin entrar en la discusión de discoteC de “Me pasaste a llevar”. Desde ese día, probablemente no dejé de ir en todos los años que existió hasta su cierre definitivo en el año 2013.

Con los años conocí a innumerables personas que seguimos en contacto hasta hoy. Técnicos,músicos, bartenders,diseñadores, gente de las imprentas, guardias, gente que iba de público, periodistas,vendedores ambulantes, fotógrafos que cuando nos vemos, recordamos con cariño, añoranza, una saudade terrible, lo que era el galpón. Algunas veces, en ocasiones como la otra vez para el evento a beneficio del Mapurbe en las Tejas, nos encontramos con el Cerro y la Fresia, íconos de los guardias que trabajaban en el lugar. ¡Qué nostalgia, por ese ambiente y por esos días!.

¿Qué pasaba en el galpón que lo hacía tan especial?

Fui de esa generación en que a todos nos gustaba Juanafé, Banda Conmoción , La Mano Ajena, Chico Trujillo, la Chín chín y aunque tocaran varios días seguidos, íbamos igual. En esos años donde Chico Trujillo todavía no era tan conocido y  a veces, entre sus shows se ponía melancólico y tocaba canciones tristes, pero una no alcanzaba a entender bien que era otra banda( Bloque Depresivo).

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Afiche típico de tocata del Galpón

Pululaban otras bandas como Chorizo Salvaje, Combo Ginebra, Villa Cariño y Santa Feria, que para un año que se fueron todos los “grandes” de gira a Europa, tocaron muchísimo y lograron posicionarse tanto, que la escena en un momento se sustentaba con tener a más de alguno en su parrilla. También tocaban bandas como la Chilombiana, Mákina Kandela, Los Trukeros, Frakos, Ywana, Kitra, 12 tribus, Silvestre, Guachupé, Manka Saya, Anarkía Tropical. También de esos tiempos saben Djs como Diyei Pituto, Dj Picón, Dj Subversivo, Dj Gitano, Dj Negro Pésimo, Dj Nash, que eran parte de los que hicieron que esas mezclas de música se incorporaran a nuestra vida y nuestro playlist habitual. No era raro una mezcla entre música andina, klezmer, cueca, reggae y cumbia, propia de lo que se dió ahí y de lo que continuó como legado de la típica fiesta del circuito.

Aparecían también bandas recientes como La Transancumbia, Combo Tortuga o la 5 Estrellas. Otro montón de bandas más crecían y se formaban al alero de este famoso “circuito” que se extendía también a otros lugares como las Tejas ( que aún no tenía ese escenario, sino uno pequeño que tenía un fondo como de cuadro), la Maestra Vida, el Raíces, la Fonda Permanente, el Clan, Las Tejas, la Peña y tal vez un par de lugares más. En todos esos lugares se podía escuchar más o menos la misma música y las mismas bandas, con su toque distintivo de cada lugar. Sin embargo, decir tocar/trabajar/ir a “El Galpón”, significaba un paso importante para las bandas, una carga laboral acotada a cierta hora para los que trabajaban y para los asistentes un momento que por lo general muy bueno, recordable, emotivo. Tal vez (igual no hay muerto malo) no tengo ni un recuerdo importante, de pasarlo mal por ambiente o bandas. Como que tengo la sensación de siempre haberlo pasado tan bien.

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En las Tejas con Cerro y Fresia

También soy de los cientos que, martes desde las 18:30, incluso habiendo partidos de fútbol ( para eso más de alguien se conseguía una tele), llegábamos a bailar cueca hasta que se parara la mano tipo 22:30 y la cosa seguía afuera ¡Qué hueá más linda que un galpón lleno de gente bailando y tocando cueca a la rueda! Ahí celebré más de algún cumpleaños mío y más de alguno de mi mamá. Era el lugar obligado para cualquier extranjero que me dijera que quería conocer algo de verdad chileno ¡Cuántos hicimos amistades profundas que duran hasta hoy en esos espacios! ¡Cuánto no amé y desamé en ese lugar!

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Galpón un martes de las cuecas. Foto: CuecaChilena.cl

Soy también de las que, en alguna época,  más de una vez por mes le tocaba trabajar en la caja, en la puerta, en la barra, entregando flyers, difundiendo en redes sociales. También vendí hamburguesas de soya, humitas y probablemente ahí se cerraron tratos de otras tantas pegas más. Cuando cerró el galpón, también se me cerraron un montón de actividades económicas que completaban mi presupuesto mensual. Estoy segur

Algo más que fiesta

Recuerdo muchas veces también, llegar un jueves a la plaza Brasil “Para ver qué había”, porque independiente de quien tocara, de seguro era una parrilla de bandas “del circuito”, además de apoyar un montón de causas que nos eran comunes también: la causa mapuche, las marchas estudiantiles, el caso bombas, la escuelita de integación, la escuela carnavalera, LGTB, causas animalistas, etc.

De jueves a sábado, con algunos domingos y algunos otros días que podían ser más familiares, la Fundación Víctor Jara movía una cantidad impresionante de público, que no sólo escuchaba música: gente que hacía arte, gente que desarrollaba talleres, gente que mueve las agrupaciones sociales o los movimientos que logran avances desde la organización civil.

Con personas que también nos encontrábamos constantemente en las marchas, en las iniciativas sociales, en la organización de proyectos, en la agrupación social y cultural. Es por eso también que somos muchos y muchas las que, incluso sin conocernos, podemos ubicarnos o subconocernos porque pasamos años encontrándonos”en todo”. Con el cierre del galpón Víctor Jara también se cerraba un espacio para el apoyo y la generación de recursos tanto de la actividad artística independiente en sí, como de un montón de iniciativas que quedaron huachas, que se retrasaron o que simplemente se terminaron.

Las razones por las que el galpón no está-el hostigamiento del municipio y de vecinos, locatarios interesados en “limpiar el lugar”, el asedio policial de manera constante, los cientos de personas en la plaza casi toda la semana o una gestión cuestionable o no respecto a formalidades-podríamos dedicarle estudios completos, pero en verdad no es lo que me convoca ahora. El tema supongo que ya fue y ahí quedamos, huérfanos, como la calle donde está este lugar

Lo que me pasa es que no volví a encontrar en Santiago un lugar así; que cuando me quedo de juntar con alguien en la plaza Brasil, siempre será en las bancas frente a este, para admirarlo o tratar de evocar esa sensación de relax de hacer eso hace 4 o 5 años atrás.

El resto de lugares existentes en la oferta cultural en Santiago, aunque son lugares donde tocan las bandas, no logra ser ese espacio, más o menos transversal, donde cabíamos entre 500 y 800 personas más de 1000 dicen las malas lenguas, donde una buena gestión podía hacer buenas lucas para todos, donde trabajaban muchas más personas que los músicos y la gente de la fundación, donde  bailábamos pensando en un mundo mejor. No hay, en la capital de Chile, un lugar que reúna estas características y eso es lamentable. Porque hay espacios para conciertos, hay espacios para tocatas, hay lugares para hacer fiestas o eventos, probablemente mucho mejores, más bonitos, con mejores condiciones técnicas. Pero un espacio para compartir de esa manera, un lugar donde me sienta así de en casa, un espacio donde ir a conciertos de ese estilo y de ese volumen-no para 100 personas pero tampoco megaconciertos donde no ves nada o estás a una hora de comprarte un copete- y que además tenga un discurso político y social importante y concreto, ya no hay. Y me da mucha, mucha nostalgia. Soy una viuda del galpón

 

 

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La fiesta en Santiago I parte

fiestaCuentan las malas lenguas que el próximo bicipaseo podría tener algo que ver con este concepto que me gusta tanto: La fiesta. Como es un tema que me encanta, me pongo ñoña y empiezo a leer, buscar, conectar información que en mi cabeza está desordenada y que a lo largo de mi propia historia, se manifiesta y me une y me desune como por arte de magia ( o justamente por ella).

El Gran Circo Teatro

La otra vez, en el seminario de cumbia, Cuti Aste me dejó con la bala pasada ¿Es acaso el Gran Circo Teatro, Los Tres, Los Parra y otras tantas agrupaciones/instancias las que le dieron un nuevo aire a la cultura post dictadura y que hace finalmente que lo que nos gusta hoy venga de ahí? ¿Acaso de ahí es que se validan ciertos ritmos olvidados o menospreciados por el stablishment?
Mi ligación con el Gran Circo Teatro es mínima en tiempo y casi anecdótica. La primera vez que quise contactarlos, cuando tenía un programa de radio, me conectaron con Micaela, que estudiaba en mi misma Universidad, con la cual nos hicimos amigas. En el tiempo, ella se transformó en la actual Negra Ester. En el tiempo, alguna vez, por los azares de la vida, intenté trabajar ahí un mes, de cabeza, pero la venta de espectáculos es algo difícil y no me resultó, sin embargo pude acercarme al mundo de la autogestión-escuela, recibir trainning de 3 horas (luego de muchos años de inactividad) y otros aprendizajes mínimos y gigantezcos. A lo mejor alguna otra vez pueda colaborar con tal proyecto y pagar, una ñoquiada que tengo prometida desde ese tiempo. En fin.
Me pasé la tarde viendo un par de documentales (Links más abajo), que hablan tanto de Andrés Pérez Araya, del Gran Circo Teatro, de las fiestas Spandex. Como la cultura deja de ser eso que querían imponer en la tele y suceden cosas fuera de ella. Como el jazz huachaca, la cueca, la cumbia, pasa piolita a entrometerse en la cultura popular, más que como un fenómeno aislado de bares y viejos chicha, a ser parte del playlist juvenil, hasta pasar a ser incluso, sí queremos llamar así, su apogeo en lo que fue el trístemente extinto Galpón Víctor Jara. ¿Es acaso el Gran circo Teatro un referente no sólo del teatro, sino que un asidero de la música y de la cultura en general de una ciudad o incluso de un país? Sin duda. Por eso es tan interesante e importante, conocer su historia.

Otros espacios en la ciudad

Hace rato que estoy masticando esto: Un levantamiento de datos de todos los espacios que se pueden utilizar para el arte, sobre todo la música. ¿Por qué? Primero porque me gustan los datos, las planillas excel, los gráficos, las estadísticas, casi como amor culpable. Segundo, porque ¿Cómo se puede pedir, exigir o cambiar alguna política, si no se tienen los datos? y tercero, porque tenemos una legislación lo suficientemente culiá para que tocar/producir/difundir música en un espacio sea más un problema que un beneficio, donde claramente hay leyes y patentes añejas, como la de “Cabaret” o que tocar música o bailarla en un espacio que no cuenta con estas “patentes” pueda ser considerada afecta a multa ¡Multa por bailar o por tocar música de manera espontánea!.

Lo otro que me vuela la cabeza, es como espacios dentro de la ciudad han sido utilizados para distintos fines y con distintas administraciones. ¿Ejemplos?  Por sólo nombrar algunos: Las bodegas culturales ó Matucana 100, el Teatro Esmeralda, Matucana 19,el mismísimo Galpón Víctor Jara, La casa de la Novia que actualmente es la Fonda Permanente, Sal Lobos que luego fue la Industria Cultural, el Gran Circo Teatro que era una antigua casona, República 550 que antes de ser una Okupa por la que pasaron un montón de manifestaciones artísticas, fue un centro de tortura,  La Perrera, el Amanda y cuántos sitios más que antes fueron teatros.

Otras manifestaciones, otros lugares, otras preguntas

Otra pelá de cables importante o por decir de alguna manera “nodos de preguntas que aún no termino de responder” al respecto es por ejemplo: ¿De dónde aparecen tantos músicos desde la comuna de San Ramón? ¿Cuáles son las primeras batucadas en Santiago, quienes son sus gestores y como se extienden por barrios populares? ¿Qué lugares post 90 y actuales son íconos del baile, fuera de los de moda? ¿Está siempre la cultura en el límite de lo prohibido? ¿Acaso puede la cultura abstraérse de lo contestatario? ¿En qué momento Santiago a Mil y Carmen Romero toman caminos distintos de la producción de la Negra Ester? ¿Cuánto ha influído esa manera de hacer las cosas en la Industria del Teatro? ¿Cuánto de las compañías como Mendicantes, La Patriótico Interesante, La Gran Reyneta o la Patogallina, vienen de ese tipo de manifestaciones y cuánto ha sido una nueva apuesta? ¿Cuántas sobreviven hoy y qué se está haciendo en ese sentido? ¿Cuánto vale efectivamente una entrada al teatro o a un concierto, para que valga la pena una producción de esas magnitudes?

Sigo dándole vueltas al tema e idealmente les pido que en los comentarios, puedan colocar links de documentos y/o vídeos, que nos permitan tener más idea de este mismo tema.A mí al menos, me parece interesante, no sé a ustedes.

Material para echarle un ojo: