"Virus culiao, me cagaste la vida" Acuarela del artista mexicano Roberto Martínez

Tengo Corona Virus y los síntomas no se me pasan:El llamado Covid persistente

El 1 de mayo del 2020, fui diagnosticada para Covid 19.

Nunca me dió fiebre, sin embargo hace 35 años que vivo conmigo, conozco cuando algo anda mal en mi cuerpo.

La primera alerta fue mientras estaba trabajando repartiendo en bicicleta y luego de algunas semanas de trainning de pedalear al menos 60 kilómetros diarios, me demoré 3 horas en un trayecto ridículo de no más de 30 minutos.

Algo andaba muy raro.

Andaba en cámara lenta, me tenía que bajar a cada rato. Tosí seco, me sentí de pronto como si me hubiesen pateado, me dolía mucho la cabeza. Eran los síntomas más característicos, sobre todo la tos. Además,  cuando se me nota una enfermedad, es porque exploto corporal, emocionalmente, sin dudas. Me fui al SAPU, me hicieron el PCR, la gente andaba como astronauta. Parecía una serie de ficción. Esto era verdad.

Recién cuando me di cuenta que estaba en graves problemas si estaba enferma, me puse a llorar. La enfermera que me tomó el examen me calmó, diciéndome que si salía positiva, me podían llevar a una residencia sanitaria en ambulancia desde donde estuviera. “Oh, qué bacán es Chile”, pensé, no dándome cuenta que justamente ese era el problema: estoy en Chile.

Me devolví caminando porque no me daba el cuerpo para pedalear y no quería contagiar a nadie. Al día siguiente me costaba respirar y fui a la Posta Central, como me indicaron, también caminando.

Ahí sentí el miedo que si me dejaban hospitalizada, podía morirme y nunca ver más a la gente que quiero. Rápidamente le escribí a alguna gente cercana, despidiéndome aterrada, tiritando nerviosa. Realmente aterrada. Creo que cuando una amiga me llamó y me reí a carcajadas era porque estaba demasiado asustada en verdad.

No me hospitalizaron, pasé todo el día ahí, avisé a quien me pareció pertinente. Me sentía pésimo, pero me pidieron no volver a la casa antes de la noche, para no encontrarse conmigo, lo que en el momento me pareció razonable, sin embargo ahora lo leo y me parece horrible: cagarse de frío en la plaza y luego una amiga, aterrada por el virus,me ofreció servirme un té en la calle mientras esperaba, a la interperie. Ya era a esas alturas, esa perra tiñosa, que se saca a escobazos.

Para esa época, para muchos de mis amigos, con quienes me fui contactando y por primera vez, fuí la amiga novedad ” eres la primera persona que conozco que tiene Corona Virus”. Nadie entendía muy bien como ayudarme, yo menos. Fue también un ejercicio en una primera etapa, no  hacerlo explícitamente por redes sociales.

Además del hecho de contagiarme de una enfermedad sin mucha información y de la que puedo, efectivamente morirme,además del que nadie podía estar cerca, lejos lo más difícil ha sido la casi nula orientación gubernamental al respecto. Estoy escribiendo en este hilo de Twitter, todas las veces que me he comunicado con las autoridades de mi país sin éxito. Me llamaron un par de veces post resultado positivo, me llamaron de la municipalidad de Santiago para decirme qué tan porfiada era y que no veían problema en que me siguiera quedando en donde arrendaba ¿Para qué iba a querer irme a una residencia sanitaria si no fuera problema?

He tenido 3 peaks de síntomas, que fueron el cansancio extremo-extremo ( no se le compara con ninguna experiencia de cansancio que haya tenido antes: ni a caminar 28 kilómetros de Chacabuco al Carmelo, ni con subir cerros a más de 3000 msnm,ni ir a vivir el año nuevo o pedalear hasta Valparaíso) un dolor de cabeza muy parecido a estar apunada/encañada , junto a la sensación de tener una guagua o un saco de papas de 8 kilos en el pecho. Picazón en la garganta y durante algunos días no poder hablar o tragar líquidos porque me ahogaba. Todas las noches rogando por no morir ahogada. Para más locura, como que todos los días uno de los síntomas preponderaba y se agudizaba. Un día era la cabeza, un día el cuerpo, otro día la presión en el pecho o simplemente se modificaban de un momento a otro. Y en algún momento, en ciclos que dos días me sentía mejor y al tercer día vuelta todos los síntomas otra vez.

Esa sensación sólamente bajó en intensidad algunos días.

La logística

Tuve y tengo aún que resolver un montón de temas logísticos.

Salí de donde compartía departamento en el barrio Yungay con una mochila luego de 9 días desde que me diagnosticaron. Traía lo justo para sobrevivir 2 semanas, en una residencia sanitaria que me ofrecieron desde el momento de toma del examen. Esa residencia que nunca fue.

En un momento, entre decenas de llamadas, mensajes en Twitter, etc. me indican que debo ir directamente donde me diagnosticaron y cuando llegué, me dijeron que no tenían como acelerar la postulación que podía durar hasta una semana. Me ofrecieron una banca de madera para dormir esa noche O LAS SIGUIENTES en caso que el trámite demorara, como deferencia para no dejarme en la calle. Recordando también que no tenía muchas opciones.

Finalmente y ante ese panorama desalentador (era cerca de la hora del toque de queda, todo cerrado en cuadras, sintiéndome mal), mi mamá consiguió irse donde una familiar, algo extraordinario en nuestra desalentadora historia de presencia familiar ante emergencias médicas.

Tuve que conseguirme ropa de abrigo como polerones y chaquetas (cuando salí hacía calor), que un par de personas me trajeran comida preparada. Hay días que no comí porque cuando ya me sentía mejor, empecé a cocinarme, pero volvieron los síntomas y no fui capaz de seguir. Se me pudrieron cosas porque no fui capaz de almacenar nada.
Cuando había pasado un mes, intenté volver a hacer algo muy puntual por trabajo al lugar donde arrendaba y textualmente me dijeron “no puedes venir” y me cortaron el teléfono. Cuando estaba coordinando para ir a buscar mis cosas (en medio de mi segundo peak de síntomas, aún peores que los primeros) me indicaron que tenía que sacar mis cosas ese mismo día o me las sacaban. Agradezco a la cadena de favores, voluntades de amigos, vecinos, activistas, organizaciones que me ayudaron en ese momento.Mis cosas terminaron bodegadas hasta que pueda resolver el tema de donde vivir.
Llevo 3 meses y medio, 98 días de oleadas de síntomas que no acaban nunca. Hasta ayer pensé que todo había pasado, pero hoy ya me siento terrible otra vez. Igual voy avanzando, pero sigue sucediendo lo del cansancio extremo.
Ha sido una batalla terrible, sobre todo contra la cabeza, de autoconvencerme que no es que me estoy volviendo loca, que el virus funciona así y que nadie sabe mucho a donde iremos a parar. ha sido mucha paciencia, mucho abandonarme con los brazos abiertos en el amor de gente que a comprendido que siempre voy intentar de hacer mi mejor esfuerzo sólo que a veces no me da el cuerpo simplemente.
A veces la desesperación es tan grande.
Ahora me siento mejor-puedo estar sentada casi todo el día, pero miro para atrás y sumo y claro:  No tener donde pasar la cuarentena, el computador con la pantalla quemada,sin internet más que mi celular. El como abastecerme, como tener comida preparada, como sacar fuerzas para comer, a veces estar súper desorientada, no entender ideas complejas, enojada por el cansancio, frustrada por no poder hacer tantas cosas. Como tener ropa de abrigo, como bodegar mis cosas. Arrendar, no arrendar, cumplir con las pegas.

El covid persistente

Han pasado casi 3 meses y medio desde eso y pese a que en general se asume que a las 2 semanas estás ok, mi sentir enferma no ha parado. He presentado 3 peaks de síntomas que parecieran que o me dió de nuevo o nunca desapareció o me estoy volviendo loca.

Como mencionaba por ahí, el COVID es como esa ex pareja rey del gasligthting, del ghosting, donde un día está, al otro día desaparece, termina contigo y luego te está whatsappeando. Te vuelve un poco loca. Recién he podido respirar un poco, cuando empecé a leer sobre el covid persistente.

No soy la única

Empecé a investigar sintiéndome bastante sola en esto, pero también amigxs y conocidos de las redes sociales ( Grande Dadalú), que creyeron en lo que manifestaba, también me están ayudando a conseguir info.

El covid persistente es mucho pero mucho más común de lo que se dice, cada vez más gente me habla por interno para contarme su experiencia.

Muchas de las personas, que no entran en las categorías de grave o de asintomático, sino más bien un Covid “leve” están pasando por oleadas de síntomas que no acaban a las 2 semanas, tampoco al mes y como en mi caso, llevan 2 meses o más. Pasan por la situación de que ni médicos creen, ni familia ni amigos, por la fuerte difusión que en 2 semanas estás ok. Puedes no contagiar, pero los síntomas persisten y hacen de tu vida un pequeño infierno del cual todavía temo. Me siento un par de días y bien y luego viene un mar de síntomas que me tienen agotada.

Al cierre de este post, luego de 3 meses y medio me pudieron venir a ayudar, acompañar y sobre todo a cuidarme. Me he sentido mejor, sin embargo me queda todavía un tiempo de recuperación incierto: es como si hubiese estado hospitalizada y recién salgo a comprar y me tengo que devolver luego porque tirito entera. Hay días que no tengo fuerzas y que pensar en cosas complejas, es un problema. He tenido que posponer o cancelar trabajos on line, porque no puedo concentrarme. Discusiones o momentos de estrés sólo han agravado el cuadro, por lo que también juega harto mi cabeza en esto: tratar de mantener la calma y no sobreexigirme, lo que en mi caso es súper complejo. He ido en 3 ocasiones al médico posterior a esto y me han indicado que lo que me ocurre no existe, no es real, no hay antecedentes de esto. He ido con fuertes dolores de cabeza y me han indicado que en caso de sentirme peor, vuelva.

Una comprobación que no soy la única son las decenas de artículos que hay sobre lo mismo que me está pasando. No se sabe cuando acaba esta mierda. Hoy supongo que el sol me hizo bien, para llevar un buen día.

Washinton Post – Estas personas tienen más de 60 días con el Covid 

La Nación Argentina : Es argentina, vive en Londres y tiene síntomas desde marzo

Niusdiario.es Covid de larga duración 

Twitter Covid persistente, de personas con el mismo problema

Córdoba: Los pacientes curados con síntomas persistentes que piden protocolos

Covid Persistente Blog de personas en España con Covid persistente

20 minutos La pesadilla de los síntomas persistentes 

El país Más de 100 días con síntomas

BBC Pasaron 12 semanas y sigo sin fuerzas

La Vanguardia : Pacientes con síntomas persistentes

ABC.es : Lleva más de 70 días con síntomas

 

PD: Hice unos fanzines mientras he estado en cuarentena (La Distancia) y luego aislada (Especial (yo tuve)Corona Virus) . Si deseas adquirirlos y ayudar en los gastos que he tenido en esta época, son parte de un ejercicio análogo, pasado a pdf, para envío por mail. El aporte es de $3000 o 2 X $5000 CLP o su equivalente. Para Chile por transferencia bancaria, para otros lugares, por Paypal. Para cualquiera de las 2 formas, puedes escribirme un mensaje acá o a mi correo electrónico.

Mañana domingo 9 de Agosto,haremos un live con Roberto Martínez acá en el Instagram @teheextranadounchingo

 

"Virus culiao, me cagaste la vida" Acuarela del artista mexicano Roberto Martínez

De funas, funados y por funar

En septiembre del 2015,recibí la llamada/mensajes de una amiga cercana, donde me pedía que la ayudara porque su pareja, mi amigo, mi hermano, la había golpeado hasta casi matarla.

Sin entrar en detalles, como en la mayoría de los casos, ella vió su vida quebrada y él continuó en el mismo departamento, en tremendas pegas y con gran exposición pública. Cada vez que veo su nombre en carteleras de festivales, museos, eventos con harta notoriedad o con marcas asociadas a mujeres o niñas, becado de instancias activas socialmente o cuando lo veo en la calle, caminando con su nueva familia, se me revuelve el estómago, me paralizo, tanto como esa vez que quiso decirme que no había sido tan grave, que son cosas que pasan, que había sido mutuo.

Desde ahí y hasta hoy, enterarme que gente cercana o cercanísima ha sido protagonista de funas privadas (?) o públicas de violencia física, sicológica, abusos sexuales, como la que apareció estos días de un conocido animador de eventos musicales ha sido cada vez con mayor frecuencia y es pesadísimo cuando no se tienen tantas herramientas como uno quisiera para aportar. No hay semana, donde el tema no sea TT en la vida (y me atrevo a decir de casi cualquier mujer promedio), donde la conversación no gire en torno a alguien que fue abusadx , el anarkomachito que golpea a su pareja, el líder de una organización ciclista que acosa. El abuso sexual a mujeres en carretes, la violación. Como olvidar por ejemplo el último Foro Mundial de la Bicicleta (en el que participo activamente hace 5 años) en Ecuador donde fuimos por ejemplo, acusadas de “dividir el movimiento ciclista” por poner el tema en discusión o al hacer actividades separatistas libres de violencia machista, como la Cicletada de las niñas, ser tratadas como histéricas, violentas, agresivas y hasta con amenazas de ir a molestar el día del evento. Como olvidar cuando me dijeron que era ser demasiado radical alegar que no quería compartir espacios con personas que habían violentado a otras.

Cada vez es más común que se sepa, porque de suceder, ha ocurrido siempre y más de lo que uno imagina. Todo el tiempo. En todos los espacios. 

¿Sirve una funa?

Funa, viene del mapundungún de echarse a perder. Se hace en un principio en democracia luego de la dictadura para alertar a vecinos de violadores de DDHH que están pasando además de impunes, absolutamente desapercibidos ¿Me gustaría convivir con un agresor? ¿Me gustaría usar el ascensor con alguien que torturó y que nadie me lo dijera?

Hoy por hoy, es una herramienta feminista cuando sabes perfectamente que el sistema patriarcal permite la total impunidad de agresores de mujeres/disidencias. Es el escrache en Argentina (donde partió) y que el concepto se ha ido replicando e importando a distintos países como España.

En un sistema que nos violenta y no nos escucha, y como medida desesperada, creo que sí sirve de algo: Pareciera que el resto atiende más rápido, cuando están en la mira de como reaccionar, se sabe abiertamente, protege a la víctima muchas veces de agresiones silenciosas o mucho más severas, cuando corre peligro la vida o la tranquilidad de las víctimas. Te exige a ti y a mí en tomar posición en tiempo record, ya sea con la víctima, el agresor o en un silencio que muchas veces, ese que tanto ayuda al agresor. Para la persona que muchas veces carga con el peso del silencio, muchas veces es liberador. Para quién la recibe, chuta, siento que demasiadas veces le cae el veinte más en una publicación en Facebook o Instagram, que una denuncia formal. Lamentablemente también es más rápida la justicia con acoger denuncias de calumnias, que de abuso.

¿Quién es el público objetivo de la funa?

Uy, da pa largo ese item.

Pero sobre todo, es para alertar a las compañeras que quieran vincularse a esa persona de distintas maneras y puedan estar alertas. También como suerte de justicia social cuando no hay otra.

Pareciera a veces que la violencia / abuso es algo que no pasa tanto, estamos en el 2020 y menos aún en circuitos con pensamientos políticos simpatizantes de izquierda, ligados al activismo,  la cultura y las artes, la autogestión, donde permanentemente estamos hablando en contra de las violencias del estado. Esos, los otros, ellos, no nosotrxs, . Pero resulta que parece que la violencia no te importara tanto cuando viene de un compa.

Hay que entender también la óptica de la que miro todo esto: mi mamá fue una mujer que en los años 70, se separó de su marido que la golpeó una vez.

Una.

Fue catalogada de exagerada, al lado de personas que aguantaron durante 20 años pateaduras en el suelo, sin embargo ¿Cuántas debía aguantar? ¿Una es muy poco? Creo también que en general, la sociedad te dice que no aguantes, pero si no aguantas te marca más. Que denuncies, pero si denuncias eres muy complicada, qué vas a hacer ahora. Que calladita te ves más bonita, mejor me gusta cuando no callas, pero si no callas, me violentas.

Orgullosa me siento de ella y de cómo, en esa conversación eterna que mantenemos al respecto, hemos intervenido en ciertas situaciones con vecinas, amigas, en la micro, en el consultorio, en la calle. En mi manera de ver la vida, mi formación es que hay tolerancia 0 ante estas violencias, especialmente la física y la sexual. Hay una especie de piloto automático que ante ciertas violencias y bajo cualquier estado de consciencia, lo correcto es cortar y seguir por otro camino. Ya me basta con las violencias de ser pobre y vivir en Chile, para qué quisiera otras.

Hace unas semanas, preguntaba a compañeras argentinas y conversábamos con productores de acá. Los casos siguen y lamentablemente, seguirán ocurriendo, peligrosamente cada vez más cerca. Dolorosamente  y no me asombra: cada mujer pareciera que tiene una historia de abuso que contar, mientras pareciera que ningún hombre conociera a ningún abusador. Matemáticamente raro.

El otro día pensaba en como ordeno esos olvidos, como hago para que no me afecte tanto la amalgama de sentimientos que se mezclan. Como hago para que cada vez que un amigo, hermano, compañero, conocido que amaba/admiraba/trabajaba/compartía/escuchaba de distintas maneras, sea sindicado como el agresor ,el violento, golpeador, el abusador, el violador y no termine siendo el que se escabulle un tiempo y vuelve en gloria y majestad como si nada. ¿Quienes o como se sigue permitiendo eso?

Porque (ex) amiko, no me da lo mismo.

Mientras quienes sufren directa o indirectamente sus actos, quedan ahí, en la vereda enrarecida de lo que históricamente siempre han sido las que levantan la voz: las cuáticas, las pesás, las exageradas, las radicales, las que le ponen color. Y termine pasando lo mismo de siempre: espacios, lugares, ambientes, circuitos, abandonados por mujeres que se aburrieron de dar cara o de “maternarles la deconstrucción” como le leía a una compa ecuatoriana. Porque no son capaces ni si quiera, por curiosidad, de buscar información y repiten, una y otra vez frases pegadas con moco “pero no todos los hombres” (el famoso internacionalmente conocido como #notallmen) “No nos pueden echar a todos en el mismo saco” “¿Y la denuncia? ¿Puso la denuncia?” “Todos somos inocentes hasta que se diga lo contrario” “Ya, pero hay caleta de mujeres que de despechadas funan y le cagan la vida al pobre hombre” “Es que ahora funan por funar”* *Todas frases tomadas de los muros de las conversaciones respecto a la funa a quién se menciona en el link de arriba y escuchadas hasta el hartazgo en todas las situaciones descritas.

Y vuelvo a pensar ¿Cuántas personas que miramos años con recelo porque eran “las cuáticas” simplemente era gente que habían levantado la voz, reaccionado, a una situación de abuso?

Siento que en este sistema siguen sucediendo cosas así porque además, a todo el resto tampoco le importa tanto.

El resto, los “yo no le he pegado ni he abusado de nadie” también actúan bajo la lógica “no tienen problema en trabajar con x” (sic), porque se entiende que si hay otros talentos, son mucho más claves que alguien cacareando. Porque la comodidad de las mujeres sigue no siendo tema, incluso a veces para otras mujeres ( aká regalonas del patriarcado detected). Porque es fácil condenar el machismo y elevar la discusión contra el patriarcado, cuando  es lejano,le afecta a otras personas, cuando las víctimas y sobre todo quien la comete no los conocemos.

¿Pero qué pasa si son mis amigos?

¿Qué pasa si es gente que me influenció, gente con la que carreteé, gente con la que trabajé, con la que compartí casa, con la que compartí proyectos, carretes, cervecitas, piscolitas, pititos o incluso gente con la que me relacioné sexual o afectivamente? ¿Acaso ahí no soy taaan Ni una menos? ¿Ahí es relativo?

 

Mientras la justicia sea patriarcal , la memoria será feminista

¿Qué harías si te enteras que las personas que admiras , abusaron sexualmente de una compañera de trabajo?

¿Qué haces, si en el lugar que te encanta ir, se esconden historias de abusos, golpizas, esconder abusadores? ¿Qué pasa, si con la persona con la que tienes sexo de vez en cuando, está funada?

Nadie es santo ni pretendo que lo sea, muchos fuimos bien sacos de mierda en alguna época y para más de una persona; probablemente muchxs nos hemos sentido perdidxs en algún momento de la vida de como actuar, pero hay cosas que uno acepta y otras que no y en esto en particular, no hay medias tintas po. Hay gente que trabaja apatronada y otra que no lo tolera. Hay gente que tiene amigos uniformados y hay otra que no la tolera. No sé, yo no tolero fachos ni agresores y mientras pueda no compartir con ellxs, mejor. 

Que pasa, si ese talentosisimo, amorosisimo y encantador personaje, golpeó a su ex/nueva pareja. O si ese productor/dj/sonidista/animador, hace que mi compañera se quiera ir cada vez que lo ve, porque le da asco acordarse de la presión en su muñecas tratando de arrastrala a su casa cuando ella solo estaba siendo simpática.  ¿Me siento cómodx ahí? ¿Me da lo mismo la revictimización de una víctima de violencia? ¿Puedo carretear tranquilx porque no es pa tanto? ¿Nunca me cuestioné si mis compañeras pueden carretear, moverse, bailar, coquetear tranquilas en los lugares/espacios/instancias que participo/invito/intenciono o me da lo mismo? ¿Puedo hablar de sororidad o respeto al dolor de las compañeras si comparto como si nada?

No tengo las respuestas exactas (menos para otrxs), pero las preguntas a veces me pudren el estómago y a lo mejor, las épocas más débiles de mi vida, tienen que ver con esa sensación de impunidad, de segunda clase ¿Cuántas o todas hemos pasado por procesos similares? ¿Qué minutos de nuestra vida fueron afectados por la mierda de la impunidad?. He preferido muchas veces retirarme de los espacios,alejarme de organizaciones, cortar con ciertos lazos, que llevar adelante más peleas o más problemas que los que ya tengo y porque para mí el tema es súper concreto:no me da la guata.  Y me ha súper dolido, pero no sé si podría pensar de otra manera ¿Cuántas veces no denunciamos abusos porque cada situación de impunidad, silencio, indiferencia de nuestrxs cercanos nos rompió incluso más que la agresión en sí?

No necesito que “me importe o no el qué dirán” como me quisieron decir por ahí más de una vez. Me basto con yo sola, saber que me siento incomoda en cualquier espacio donde que alguien golpee a otra, abuse de otra y quede impune, me de asco, me duele la guata. Me da vergüenza propia y ajena.  Y no necesito tener una escala de valores muy elevada para eso ¿o creen que sí?

Ha sido súper doloroso, incómodo y desgastante los últimos meses y años, ver a gente que amé mucho-amigos, parejas, compañeros, compas en el camino de la autogestión, etcétera- decirme que no era para tanto, que fue un error, que pucha son cosas que pasan mientras mi cabeza recuerda impactada el cuerpo de una amiga golpeada o como podría mirar a la cara a mi mamá o a niñes, mujeres, personas con las que tratamos de pensar y formar ambientes/espacios/organizaciones seguras, instancias de apoyo, si me hiciera la loca. No me da ni el estomago ni el corazón y me ha salido carísimo.

Algunos pensamientos aleatorios respecto a las funas

  • Creo que el foco no es la funa y a quien afecta o no afecta: es qué tipo de abusos se cometen todos los días . Si en verdad te importa más que se sepa a que suceda, es  al menos, preocupante.

  • Debemos-pluralizo como parte de la producción, difusión desarrollo, promoción de instancias que quiero que sean seguras para todxs-trabajar en protocolos que nos permitan delimitar, accionar formas de cuidado y no permitir bajo ninguna circunstancia que prácticas abusivas, violentas, de abuso pasen desapercibidas e impunes.

  • ¿Justicia? ¿ley? ¿Vía formal? Idealmente, pero cachai que estamos en Chile, en Latinoamérica y mueren asesinadas mujeres que se cansaron de poner denuncias, ¿no? O que la mayoría de los abusos no tienes manera de probarlos ¿Por eso dejaron de existir? NO. Además una persona se puede demorar hasta años en poder hacer un proceso de poder denunciar o al menos sacar la voz.

  • Si la preocupación es que la música/las ideas/el carnaval/las agrupaciones/las organizaciones sociales/el arte/la cultura y la pega no se manchen, hay que partir antes: cuestionarse , ver protocolos y apostar a tener claridad para que cuando suceda que se destapa algo ( no es ni la primera ni la última funa que va a suceder, porque lamentablemente no es la última agresión que se ha dado y se va a dar) no estar tan en pelotas para no saber como reaccionar. Es re fácil cuando se sabe, pensar ¡Oh, las cosas que pasaban y no las sabía! No extrañarse si una compa te pregunta qué onda con el espacio, como ven estas problemáticas, si hay algún funao, etc.

  • Crear/intencionar ambientes seguros y cómodos para todxs, como ambiente laboral y/o para lxs que viven de/en/con la música en vivo/el arte/la cultura /la autogestión /la organización social es pega de todxs, no sólo si las compas se animan a denunciar. La omisión o hacerse los hueones o creer que porque son padres/maridos/pololos/hermanos de mujeres o no le pegaron o violaron a nadie, tienen la pega lista y el certificado de “Yo no machista”, eeeeh no. De hecho, hacerse el hueón, debe ser de las prácticas más machistas que hay.

  • Que sigan habiendo ambientes mayoría hombres, que las mujeres y las disidencias prefiramos muchas veces armar nuestras propias instancias separatistas (oh, ahí si les gusta reaccionar que estamos “discriminando”) evitar o cortar con este tipo de ambientes o espacios por asco/miedo/lata/malos ratos, chuta, no es al azar o de cuáticas. es porque estas situaciones se leen, comentan, comparten TODO EL TIEMPO y comprenderás que gente como una, que lleva años en esa, ya está chata.

  • Ya pos cabres, googleen y dejen de dar la cacha con cosas que podrían usar medio megabyte del plan en 5 caracteres y apretar enter. Después se hacen los que no entienden nada, los “siempre de hueón” style. YA PO. Despabilen. Después llorando porque  les afecta tanto. Tenemos que reaccionar ANTES.

En caso de necesitar ayuda

*Si estás viviendo violencia machista o eres testigo y necesitas orientación puedes llamar al teléfono 1455 del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género. Es anónimo, gratuito y atiende todos los días las 24 horas*

Guía para actuar en caso de ver o vivir violencia

Cómo denunciar en caso de violencia

Fundación Antonia- Por la No violencia en el pololeo

Guía para el abordaje de situaciones de violencia de género por agentes del estado (Argentina)

Protocolo abuso sexual Inacap

Aspectos jurídicos de las funas

Lo que debes saber antes de realizar una funa

 

Migración, estudios, distancia

Una vez, el encargado de las $ en la U a gritos me dijo que no servía de nada si me gustaba lo que estudiaba o tenía buenas notas:lo importante era que la carrera valía plata y yo no la tenía y punto.

Durante años esa escena me atormentó ¿Cómo no importaba? Ahora con los reclamos del CAE me doy cuenta que éramos muchos, miles. Cuando pregunté los requisitos para estudiar en Mendoza, eran 4 fotos tamaño carnet y un aporte ridículo para fotocopias ¿En serio no necesito más? Me miraron con asombro por mi duda. -No, no necesitas nada más. Se me llenaron los ojos de lágrimas, al recordar esa escena horrorosa en la Uniacc. Pero en ese tiempo, todavía no tenía mucho como mantenerme. Lo intenté en Buenos Aires,en Córdoba, pero me mató casi más que la plata, la pena. Me empezó a comer las manos y los pies y los dermatólogos me decían que era algo muy parecido a la post guerra. En esa época todas las guerras de mi vida se estaban dando y no fui capaz.

Es loco lo que me pasa hoy: casi 10 años después, casi mil idas y vueltas, me siento tranquila. He seguido trabajando y forzado a mi cabeza a mantenerse activa, más allá de la academia, de la plata, de la necesidad y los viajes han sido la inversión más concreta en ello. Un pasaje a cualquier lugar es una inyección de información tan grande, es una formación tan radical, es una vuelta de la cabeza tan fuerte.

Hoy estoy más lejos, no es tan fácil volver, pero yo estoy más madura, más experimentada en la sobrevivencia, en que hay cosas que ya no me alteran ¿Para qué? y a veces me extraña esa tranquilidad, hasta que me acuerdo que ya quedé en la calle, ya volví a caminar, ya viví en un departamento la raja en pleno Bellas Artes, que ya inventé tantas otras cosas más. Hay cosas que disfruto y me llenan demasiado-como las juntas con nuevos amigos, un par de días en otra ciudad atendiendo al “Vamos pa X lugar” o simplemente recibiendo un mensajito de los que están lejos sabiendo que están bien y que yo también lo estoy y que nos queremos y no nos hemos olvidado y que con eso muchas veces basta todo.

El señor que me gritó ese día, no tenía razón. Gracias a la vida que me ha permitido, a través de todo lo demás que no es ni plata,ni títulos ni tiempo libre, hacer cosas que sueño y que las seguiré haciendo.

Amar, forear y pedalear Ciudad de México

***El texto es la versión extendida de la colaboración publicada por Cletofilia, revista de ciclismo mexicana a propósito del Foro Mundial de la Bicicleta 6, en la Ciudad de México en abril recién pasado. Lo puedes ver acá 

18320591_10155286107148158_210004862441811579_o (1).jpg
Foto muy hermosa por un transeunte X, en pleno Madero, paseo peatonal muy parecido a Huérfanos pero más lleno de gente.

Vine al Foro Mundial de la Bicicleta desde Chile, con cierta holgura de tiempo y con el corazón abierto a lo que pudiera pasar y me enamoré. Mi noviazgo con México- cual fuera una persona- lleva casi un mes y lo estoy pasando bien. Pensando si me quedo a vivir con él, o nos amaremos en la distancia. Pero que es amor y del bueno, no tengo duda. Tengo esa sensación de ansiedad-paz que lo antecede.

Ha sido intenso, he parado poco.

Partiendo por hacer las cosas más obvias, tal como cuando conoces a cualquier persona, ir a las cosas que le gustan: a la Lucha Libre  a gritar como una loca, , comiendo tortas de jamón como en el Chavo. Ya fui a la Plaza Garibaldi y me ofrecieron mariachis, ya fui al Zócalo un millón de veces, al Museo de Frida donde lloré con sus corsés tan parecidos a los míos, a las pirámides donde quedé tostada como una papa frita.

México 2387
Los corsés de Frida Khalo en la casa azul (Pronto un post completo a eso)

Me he estado enamorando de sus contradicciones básicas como la modernidad hispter superlativa  y también de sus taquerías con asientos en plena calle y pensar que todo el mundo exageró cuando dijo que era el chico terrible ¿No se fijaron acaso en su ternura al sonreir cuando le preguntas cualquier cosa? ¿En como sus ojos se achinan y brillan cuando dice una buena broma?

México como dijo una amiga por ahí, es un Santiago del año ´94 y me gusta. Me recuerda a mi infancia, a mi casa de la adolescencia, a los lugares donde iba a comprar, me gusta como me gusta la gente que ama lo que hace.. Me gusta mucho.

El foro mundial de la bicicleta: una fiesta

Si alguien mirara con detención mi Instagram durante el último mes, vería que mi vida en México y  el Foro Mundial de la bicicleta es algo muy parecido a una gran fiesta eterna-non stop, llena de risa, baile, vestidos moviéndose, gente riendo a carcajadas, grupos de gente sacándose fotos con unas gigantografías, abrazándose, intercambiando calcas, siendo felices por pedalear horas. Y por un lado, lejos de eso no anda. Puede parecer un ejemplo banal, eso es la vida y los foros: una fiesta con tu nuevo amor. Y al igual que en cualquier fiesta,  se conversa, se abraza, se besa, se admira, se disfruta. Estás con la gente que te gustaría fueran tus vecinos y amantes y armaran la revolución ¿Cómo no quererlos, querer aprovechar todos los momentos posibles para saber de su trabajo, las ideas en común, las esperanzas? ¿Cómo no querer conversar con las gentes que imaginaron el primer foro o quién inventó las Masas Críticas o quién está armando pedaleos bailables en Colombia? ¿Cómo no entusiasmarse con los movimientos feministas-ciclistas en Argentina?

Por la característica de un foro, hay muchas actividades en paralelo y no se puede participar en todas. Otra es que hay algunas más favoritas que otras ¿Qué momentos mágicos tuvo mi foro personal?

Biciescuela: La organización de Bicipaseos Patrimoniales a la que pertenezco en Chile, colaboró con la gente de Bellocicleta (Colombia) en una parte de la biciescuela, donde niños pasaban por una sección de juegos ligadas al cuidado medioambiente, además de aprender ¡a andar! ¿Sábes qué ocurre en el corazón cuando ves la cara de una niña que por primera vez anda en bicicleta y siente el vientecito en la cara? Hermosísima experiencia, enamorada de la forma. Me encantaría continuar con ello #ojitoahíreclútenmeporfa

18175618_1180209455442045_508133010_o
En la bici escuela  en el Bosque de Chapultepec

Presentación de bicitrabajo: Tuve la oportunidad de presentar en unas charlas relámpagos en la mesa de bicitrabajo, junto a experiencias de México y Colombia, la experiencia de La Chica de los Mandados y Humita Domicilio.Aún con temas técnicos, aún con que estaba tratando de superar las crisis de pánico escénico que me han atacado los últimos años, aún con la dificultad de andar viajando, lo logré y quedé feliz por haberlo hecho y compartir con otras experiencias similares.

18216609_10155273420073158_5769867671939669081_o (1).jpg
Que me gusta esta foto 🙂 .Cuando estaba haciendo mi presentación de bicitrabajo, por Rodrigo Quiroz. Foto original  usada en la presentación: Ximena Riffo.

Cris Carlsson: Referente absoluto. Lo amamos y queremos ser como él cuando seamos grandes ¿O no? Con su presentación y un par de conversas, estoy convencida que pa allá va la cosa, pa lo simple.

Las Fiestas: No sé qué decir. No sé qué pensar de México. Si considerábamos que Colombia tenía alta fiesta, que Chile somos buenos para celebrar, México ¡Se pasó 3 pueblos! ¡Qué manera de hacer buenas fiestas!

18076738_10155253892143158_1762347547446890762_o.jpg
Cuando estábamos literalmente “bailando arriba de la mesa”

¿Qué es un foro realmente?

Estoy convencida que gran parte de los foros mundiales de la bicicleta, que el real foro, ocurre fuera de la oficialidad del programa. Y con eso no quiero desmerecer en lo más mínimo el tremendo despliegue que se hizo a nivel de producción en esta versión ni cada una de las actividades que seguro tomó muchas voluntades, reuniones,plata, etc. realizar: Charlas,paneles, talleres, exposiciones,stands,talleres para funcionarios públicos, etc. De hecho aplaudo las locaciones, la puesta en escena, la infra, el brandeo ¡Bien ahí!

Quiero decir que lo más importante está en lo más simple, en lo que pasa en los pasillos de las actividades más importantes: Conversar. Conversar de la vida, como comentaba Chris Carlsson en una de sus exposiciones. Conversar no sólo de bicicletas: conversar de las ciudades que queremos, de la vida que queremos, de lo que nos pasa. Ahí está la gracia. Ahí se arman las condiciones para generar actividades que traspasen las fronteras, las colaboraciones, los movimientos ciudadanos.

Así fue como me llevo los recuerdos de las conversaciones con cada una de las personas que crucé camino, con las que me abracé, a las que tomé un poco de atención en lo que me contaban y las que tuvieron la deferencia de escucharme y conocerme también. Gracias Roberto,Miguel, Roberta, Joy, Agustín, Jimena, Nube, Criss,Livia, Luciana y toda la gente que hizo  que el foro fuera esa fiesta especial que se recuerda siempre y te hace creer que es posible un mundo mejor, como en las revistas de papel couché.

 

Pedalear por CDMX

18198321_1894515450837773_8211723316338138317_n (1).jpg
De derecha a izquierda: Arturo Torres, Tatiana Alicera, Feña y yo 🙂 

Sin lugar a dudas pedalear un mes por acá ha sido mucho más amoroso que toda mi vida pedaleando en Santiago. Y sí, exagero siempre, pero para explicar mi asombro, lo puedo definir en una sola frase:

No me han insultado una sola vez.

Y es extraño: la gente en México suele pasarse por sus partes pudentas las reglas del tránsito (He mirado con asombro como a un taxista no le importa ir a contramano cuadras, cerquísima de la policía), pero en ese caos, de cantidades irrisorias de vehículos y gente y no respetar las reglas, hay como un acuerdo tácito : Bueno, pasaste primero y está bien ¿Para qué más problema? ¿Será la cantidad de gente que permite que todo “te valga madre”? ¿Será la idiosincrasia de no preocuparse por tonteras?

Y en ese escenario, me felicito día a día por haber traído a mi máquina maravillosa. A pesar del mar de carros, ciclovías gigantezcas en el casco central, vías que obvian la prohibición a bicicletas ,dejando un vacío-guiño a que las bicis sí pueden andar por espacios donde trasitan preferencialmente el transporte eléctrico. Bicicleteros un universo bastante amplio de ciclotrabajadores que bajo las nulas influencias de las leyes de gravedad, aparcan con tremendas armatostes. Por lo tanto, pese a los pronósticos y las distancias, para mí andar en bicicleta en México ha sido una dulzura, más aún de noche ¡Qué hermoso es conocer la ciudad en bicicleta y de noche!

Lo que por mientras lo que nubla mi cabeza es saber si mi amor con México es para un tiempo, para un tiempo largo o que sólo sea el principio de mi travesía por recorrer otros amores en una bici plegable que no tengo, que busco más que billete en la chamarra, más que tacos árabes o al pastor luego de bailar toda la noche.

Tuz cozitas

La primera vez que me tocó función, me quedé con unas trenzas que me hice con pedazos de una bolsa fucsia. Porque obvio, quería color y no me quería teñir y no tenía extensiones así que la primera hueá que pillé la usé. Según yo quedó bacán.
Cuando llegaron, así, movedizos como son los niños de 4 años, apareció ella. Con sus ojos como aceitunas, grandes, mirando tímida nuestros aleteos de instrucciones. Un lulito, con elástico fucsia también, se le asomo por la capucha del polerón.
– ¡Qué lindo tu pelo! ¡Y qué lindas esas cositas (elásticos) que tienes ahí!
-A mi también me guZta tu pelo y ezaz cozitaz.

Obvio que morí de amor, obvio que me derretí, me dieron ganas de saber todo el kreyol del mundo que no sé para decirle cosas bonitas en su idioma materno. Me acerqué a las profes y les comenté qué lindos ojos y qué lindo pelo tenía ella.
-Ella anda todo el día con gorro
-¿Ah? ¿Por qué?
-Porque no le gusta su pelo, le da vergüenza.
-No te creo. Y yo que lo encuentro tan bacán
-Sí. Peleamos todo el día con ella, pero no hay caso.

Entonces, volví a decirle muchas veces, que era bacán su pelo, que yo quería tenerlo para mí, para hacerme muchas trencitas. ¿Por qué una niña de 4 años siente vergüenza de su pelo? ¿Por qué alguien le dijo algo? ¿Porque se sintió diferente?
Después, cada vez que venía, me tomaba la mano, se me aguachaba a la pierna. ¿Cuántas veces le dijeron algo feo o algo hiriente a ella o a sus papás?

Hoy me toca función con pre escolares, de otros colegios donde hay otr@s niñ@s que también tienen trenzas y que yo quiero que no tengan vergüenza ni los ojitos tristes. Porque en verdad no quiero que ni un niño de 4 años tenga los ojitos tristes, menos aún que tenga vergüenza de algo que además considero lindo. Quiero aprender y para aprender, necesito que también consideren lindo lo que son, más allá del pelo o de los ojos: todo lo que traen, todo lo que han vivido, lo que están viviendo.

Yo hago re poco en verdad, tengo que coordinar cosas sencillas; pero ser la espectadora de ese espectáculo-de niños con los ojos brillantes , esa cara de cuando salen de una función de teatro. Esa cara cuando la mayoría es la primera vez que van a ver un espectáculo y más aún de esa calidad tanto de la compañía, el montaje, la infra, esa cara iluminada. Y tal vez algo, algo en su cucharón y en su mirada, les quede para siempre.Y lo mejor, es que yo estuve ahí, mirando como sucedía y me siento tremendamente privilegiada por eso.

La reina de la Posta Central

Día por medio, hace un año voy a la Posta Central. Un año po hueón, a veces me chorea. Pero ahí aprendí a caminar, a saltar, a reírme lo de lo que me pasa a carcajadas, porque siempre a alguien le pasó algo terroríficamente peor . Ahí lloré con la boca apretada sin dejar de hacer los ejercicios,ahí me demoré 1 hora y media en llegar o 2 horas en devolverme, cuando hoy me demoro 3 minutos.

11535845_10153411152933158_1286921925588498958_n.jpg

Ahí volví a sentir todas las partes de mi cuerpo de nuevo, ahí me toca compartir con todos los que tuvimos algo lo suficientemente cuático para que necesitáramos rehabilitación en el sistema público. Los chocados, los que se sacaron la chucha en moto, los que se hicieron mierda las rodillas jugando a la pelota, los que les pasó una sierra por las manos. Ahí también las Nabilas anónimas, que se rehabilitan porque alguien las maltrató a tal punto que no pueden mover sus manos. Ahí estamos, poniéndole color.

11406811_10153411327443158_4138336626384716924_n.jpg

A pesar que saludo a todos y cada uno, algunos nuevos me miran con desdén cuando me ven caminar relativamente bien, porque no saben lo que pasé caminando como Bambi al nacer o paseándome en burrito por el pirulo Barrio que me acoge. Y yo por lo general, me río mucho, como si no me pasara nada, me río a carcajadas sonoras, que nadie puede dejar de saber que llegué o que me están haciendo bullyng. Algunos me miran como diciendo “Aquí no hay que reirse”, hasta que viene el Kine a contarles ( y reirse también) de la primera vez que llegué y todo lo que lloré, la cantidad de personas que me acompañaban, la cara y el pelo que tenía y sobre todo el terror.

11053265_10153420385298158_4534927932128221633_n.jpg

A veces miro a los desesperanzados que piensan que nunca se recuperarán y les cuento cuánto me he demorado en volver a caminar y que se puede. Me ponen electricidad, me invento ejercicios nuevos, intento en la caminadora aunque aún no he podido correr en ella. A lo mejor, nunca podré o a lo mejor sí y para variar, le estoy dando un tono absolutista a algo que no lo es.10450751_10153435420218158_855697189850474042_n.jpg

Me río desde que llego hasta que me voy con el kine. Analizamos la realidad internacional o lo que yo debería hacer en la vida o del último post que escribí. Siempre apuesto a saber exactamente de qué país son los nuevos con escuchar los acentos, porque amo hacerlo y porque me encanta aprender. Siempre hablamos que un día voy a ir a Cali, que cómo está Caracas, que un día voy a ir a las salsotecas de Lima. Me siento profundamente privilegiada de conocernos así, en un lugar que no nos queda otra que ponerle cabeza y corazón e importa un carajo de donde seamos. Aunque todo sea tan lento, es lento para todos y todas.11058603_10153446954258158_9079954416532002343_n.jpg

A veces me canso, me aburro, me dan ganas de no ir más. ¡Veo más al Kine que a mi mamá y mis amigos! ¡Paso más horas ahí que haciendo cualquier otra cosa!

12976703_10154124718008158_6158052933849373195_o

Hoy me preguntaron que cuando tengo control con el médico y en realidad, me dieron un poco de alta de los traumatólogos, hasta que no ocurra nada fuera de lo normal. Probablemente se acerca mi alta del Kine, y se le agregarán a mi semana varias horas y se le restarán una parte importante de mi rutina semanal. WOW, yo que siempre trato de escapar de ésta y ahora, aferrada como una niña a ella, porque es un espacio donde he podido, entre otras cosas, volver a hacer todo lo que no pude ¿Acaso ya no hay más qué hacer? ¿A lo mejor será el tiempo de asumir que ya no hay más qué hacer? ¿Se viene otro principio? ¿Ahora quedará tiempo para rehabilitarse todo lo demás?

12375311_10153811439358158_4551894160962832613_o

Las fotos desnuda en la Biblio

(No, aquí no están publicadas las fotos, sino que el proceso. Si venía por eso, puede darse la vuelta no más) Lloré ayer, lloré hoy por la mañana. Lloré en la presentación final, lloré sacando mi bici del bicicletero. Lloré todo el camino hasta una reunión que tenía saliendo de ahí. Salí de ahí y me largué a llorar hasta que llegué a mi casa. Acá, obviamente seguí llorando. Tengo los ojos inflamados, como tengo cada una de las células, neuronas y cada pedacito de esas cosas que forman nuestro cuerpo y que no se describen en los libracos de biología. ¿Triste? No, al menos no por eso. ¿Exagerada emoción? Tal vez. ¿Exhausta de tanta emotividad? Seguro.

Ayer no fue fácil: Por la mañana , mientras me vestía para el bicipaseo, me miré desnuda y dije conchesumadre en la hueá que me metí con esto de las fotos en pelota. Luego me puse la polera corporativa de BPP, que la muy desgraciá hace que se me note cada odiado rollo maricón que osa asomarse, sobre todo en las épocas de nerviosismo. Hablé mi hito con seguridad ( al menos eso creí yo), a pesar de que sentí,otra vez,  como los rollos maricones se me subían hasta la garganta. De noche ( sí, domingo y qué),  tocaba una cantante cubana en uno de mis lugares preferidos, probablemente no necesitaba más que las ganas para escucharla. Vino mi amiga a buscarme para eso, pero dije que no ( no es fácil hacerlo, menos un domingo, menos a tu lugar favorito, menos a música en vivo, menos cubana). Pero estaba cansada, sin plata, con poco ánimo y sobre todo quería estar bien para hoy en la mañana temprano, pues debía estar a las 9 de la madrugada en la Biblioteca de Santiago, para la sesión de Fotos de “Letras en género”, dependiente de la Biblioteca y de la cuál ya había publicado la carta de intención.

Como es mi costumbre ( y aquí podrán creerme o no, pero los que les toca/ha tocado convivir conmigo mis mañanas saben que es verdad) pensé en la hora que tenía que levantarme y aunque puse el despertador para asegurarme ( aún no le creo a esta capacidad), me desperté media hora antes. Así que ahí estaba, 6 y 30 de la mañana despierta, con los ojos hinchados, con un nerviosismo poco acostumbrado y con ganas de que alguien me solucionara la vida. Pero no.

Me bañé ( nada especial la verdad) , me lavé el pelo con agua fría ( delicia de mi cabellera ondulada cuando quiere hacer presentación en sociedad a lo león). Me despinté las uñas y preferí dejármelas así ( ¿No decía la convocatoria acaso que debíamos ir desprovistas de todo arminículo, de todo maquillá, de toda pintura?) al natural. Y me senté frente al computador, como haciendo que pasara la hora más pronto. Pensé en escribir, pero no me salió.

Me volví a mirar al espejo, me sentí insegura. Mis pechos indescribibles ( sé que es indescriptible, pero sonaba más bacán así), mi guata fea, mi nariz llena de cositas, no encontré las pinzas para repasar la “hasta el alma”. La verdad no encontré nada. La verdad, más insegura que la chucha, tal vez como nunca. Ahí fue que escribí ese tweet de que me dieran ánimos por whatsapp, porque hace un par de semanas que no me resulta darme ánimos yo sola o estoy demasiado débil de espíritu y necesito de esas pequeñas ayudas. No importa: tampoco iba a poder leer hasta cerca de las 14:00 hrs. pero leí los tweets, así que gracias chiquillos.

Pensé en qué zapatos me pongo, pero ahí vino la inseguridad de nuevo, así que me ordené a mi misma que me tenía que convencer a mí misma y eso fue lo que hice. Y busqué mis zapatos rojos, esos que nunca me fallan pa sentirme la mejor del mundo.  Me maquillé y a las 9:00 en punto salía de mi casa ( debía estar  a las 9 en la biblio, pero bue).Bajé las escaleras con hawaianas, las mismas que utlizaría después. La bici en una mano, los zapatos en la misma, las llaves y el casco en la otra. El conserje, se adelantó a abrirme la puerta.

Y ahí me cambié las hawaianas a los zapatos rojos y partí en la bici, enganchando cual picao a carrera, mis tacones en el pedal, lo que hizo más rápido el pedaleo. Chucha, no es en el Museo, es en la Biblio pensé en Herrera y seguí. Pasé por una de mis ex casas, dí la vuelta.

Vi a la niña de la femeneidad misma, pasé a donde estaban todas escuchando a la fotógrafa. Sentí sus miradas feministas en mis tacos heteronormados rojos fuerte y fue el primer chispazo ¿No había entendido la convocatoria o simplemente sabiéndola también elijo vestirme como quiera? Cuando lo pensé ví el reflejo en una de las puertas de vidrio y me tranquilicé un poquito. Esas piernas en esos tacos, no podían desentonar con nada. Vamos no más.

Insegurísima aún me senté, insegura me mantuve ahí. Vimos un vídeo que no alcancé a ver porque los subtítulos estaban abajo. Era en italiano y ahí mi corazón se sintió un poco más en casa. Me sentí de 8 años junto a la chimenea, con el olor a hostias medias tostadas, manjar y el italiano y el portugués perdiéndose en la memoria.

Luego de eso, había que guardar la ropa. Las chiquillas de la recepción de estas cosas también ayudaron un montón. “Bienvenida” decían con la cara llena de risa y con los ojos en los ojos de una. Ahí respiré y pensé en la importancia de esto mismo: mirarse a los ojos y decir “Bienvenid@”.

Empelotarse no me costó tanto. Nos dieron una bata por lo que sacándose el vestido, uno podía sacarse rápidamente el sostén, ponerse la bata y luego sacarse los calzones ¿Dónde dejamos los calzones? ¿En la bolsa que uno entrega o en el bolso de pertenencias de valor? Ya filo. Saqué el cel, los puchos que tenía del otro día, una libreta para anotar que no utilicé en lo más mínimo.

35 mujeres haciendo la misma acción y luego ( yo era de las últimas) rápidamente empelotarse en alguna sección de la biblioteca. Bueno, estamos aquí, que le voy a hacer. Y ahí, quedó mi humanidad. Nuestra humanidad. Quedamos todas ahí, iguales. Las viejas, las jóvenes, las de poco pecho, las de mucho ( yo no sé cuánto tenga, no lo logro pensar por más que me lo pregunte). Las del brazilian estail, las del afro estail. Las feministas que no se depilan, los tatuajes, las cicatrices. Todas estábamos ahí, igualitas. -¡Cuánta belleza!- como diría la Feña aquí. Porque de verdad, creo que no vi un cuerpo feo, ni el mío. ¿Sabís lo que significa mirar y no encontrar ni un cuerpo feo? Y no había ninguna modelo, no había nadie que superara el metro setentaicinco y probablemente en este grupo ( en la tarde había otro) no había ninguna rubia-rubia natural. Y todas éramos lindas, qué lindas, BELLAS. Hermosas. De curvas imperfectamente perfectas. Y todas estábamos ahí, recién moviéndonos entre los espacios raros para estar así, desnudas, en una biblioteca.

Nos movimos de lugar, nos miramos, nos reímos. Nos abrazamos. Posamos con una chiquilla embarazada que tenía cualquier energía y le entregamos más ( ya, los que odian a los jipis que hablan de energías se pueden retirar en este momento). Hablé de mi cicatriz y la hicimos reina de una de las poses. Hicimos que otra chiquilla también fuera reina de su cuerpo con cicatrices más visibles que las mías. Sacamos conclusiones. Nos reímos. Nos reímos mucho.

No sé si la gente entiende lo que pasa cuando se juntan hartas mujeres en este tipo de procesos. Y no quiero que me empiecen a invitar a círculos de mujeres y demases: Si quiero ir, juro que las buscaré. Quiero decir que, cuando las mujeres se juntan, como en un matriarcado dulce y emotivo, pasan muchas cosas. Como que se hace fuego sin prenderlo y se cocinan los dolores y sabores de cada una. Como que aflora lo emotivo, lo que no sale en el cotidiano. Se acogen las reseñas profundas, las lágrimas que han salado los dolores más profundos. Se cocinan. Se aman un poco. Nos amamos todas un poco más.

No lloré durante las fotos. Me costó un poco entrar en la dinámica fotística relax ( no tanto tampoco, si igual estamos hablando de mí), pero al final me sentí tranquila para la hora de la foto personal. Y me saqué exactamente la foto que había imaginado todo el tiempo. Y cuando me vestí me sentí incómoda, como todas nos sentimos incómodas, de costuras,  de barbas de sostenes,  de zapatos, de volver otra vez al papel, al rol de la que no se le tienen que ver los pechos porque puede parecer que está provocando, o las piernas o el poto, porque puede parecer maraca.

Sigo llorando mientras termino de escribir este post y tal vez, rumbo a la contención de mis amigos que viven cerca de mi casa también lo haga, pero se me va a pasar (espero y pido). Sólo que quedé exhausta de tanta emoción, estoy cargada de demasiada energía que se está ordenando.

Gracias por elegirme, gracias por el proceso que hacen para llegar a las fotos. No quiero caer en el sentimentalismo ( tsi, ahora), pero de verdad que gracias.

Para la expo falta mucho, meses. Para que nos muestren algunas, recién como en un mes más. Pero al menos, las fotos mentales las tengo aquí, para que las recuerde cuando me haga falta.

Oficio 1: Costura

union special

Desde que tengo uso de razón, aprendí a coser en la overlock y en la recta. Mi mamá pensaba que sabiendo, no me cortaría los dedos si se me ocurría intrusear en sus instrumentos de trabajo. Así fue también como aprendí a imprimir cientos de poleras, a usar la remachadora, a vender en el bazar, a que las boletas se hacían de derecha a izquierda, a que con espejos uno podía ver lo que ocurría en un espacio con más gente. A diferenciar entre un velo italiano, una viscosa, un yersey y un montón de telas más que olvidé sus nombres, pero con tocarlas sabría con qué máquina hay que coserla. Aprendí a vender lo que tuviera por delante, aprendí a apreciar que habían oficios maravillosos que permitían también la conversación. Le supe la vida a todas las personas que venían a la casa, sus dolores y como a veces era ridícula la costura por la que iban, pero buscaban más un lugar donde desahogarse. Aprendí también que los negocios se acaban para que empiecen otras cosas, aprendí la vida de los talleres que venden su trabajo a un precio mínimo, para competir con otros y que las noches en vela escuchando la overlock sonar, cual ronroneo, acompañó muchas de mis fiebres o desveladas haciendo recuerditos pa no sé qué y casi me morí cuando supe que en un apuro, la había semi-vendido.

Aprendí a que toda mi ropa se podía arreglar y si no tenía nada limpio, bastaba con traer una polera o vestido que me quedara bien, doblarla por la mitad, pescar la tijera y cortar, y ponerse a coser, para en minutos, tener algo nuevo y a medida. Aprendí a que, cuando la ceguera vino a tocar la puerta y había que comer igual y cual cuento de los hermanos Grimm, cuando se iba la gente, era yo la que, más de alguna vez se metió a la máquina para responder por las pegas. Espero algún día, volver a tener una Union Special en mis manos y que en su ronroneo también me aquiete el corazón, para dormir en paz, como cuando era chica.

Hace recién un par de años, una compañera de casa me pidió ayuda para empezar a coser en su máquina nueva y desde la guata salieron todos estos aprendizajes de este oficio, que quedaron en mi memoria a fuego. Aprendizajes que no están en mi CV, pero que me sirven de vez en cuando, al menos para surfear entre lo que se sabe y lo que no.

¡Que vivan los oficios que pagaron muchas de nuestras infancias! ¡Que vivan los trabajos que permiten la socialización con el entorno! ¡Que viva la conversación!

El Lanzamiento

Una de las cosas que me gustan en la vida son los lanzamientos, inauguraciones y estrenos. Dirán “Ay, qué superficial, claro, por el vino de honor” Y si, me gustan los vinos de honor y su concepto tan putifrunci de la gente con pose chic hablando de cultura y a ver quién saluda más gente, como el flaite “Tomar once gratis”. Como me encanta también quedarme en los ojos de alguien, conocer gente nueva e interesante, (ya se han sabido casos de historias, muy buenas historias en este tipo de eventos). Me matan también los vestidos de mediatarde, así bien primaverales e inclasificables que encajan en el evento que sea; me encanta arreglarme para ciertas ocasiones jugando el papel de la chiquilla que le combinan los accesorios y conversar con los amigos, esos que uno se encuentra en este tipo de cosas y reir y acercarse de vez en cuando a la mesa a comer cosas que uno no come siempre.
Pero lo que más me encanta por lejos es ver nacer una idea gestada, algo que sale a la luz luego de una paja mental y del esfuerzo creativo de uno o de muchos.Me fascina. Me vuelve loca, me divierte y me deja siempre pensando en los procesos creativos. Si es alguien cercano probablemente escriba o le diga qué pienso al respecto. Lo necesito.

Ayer fue un par de expos en el Bellas Artes y hoy al lanzamiento del libro de un amigo del mundo de la música de hace años.
Me encanta ir a este tipo de cosas, siempre Invíteme no más siempre que pueda. Me hará feliz.

Población

De donde los italianos tienen palta de verdad. De las calles sin veredas, de los almacenes casa por medio, de la marraqueta crujiente gane o pierda el equipo que tiene pintados los postes de la cuadra. Vengo de donde todos sabemos por qué la casa de don Luis está siempre llena de gente llamando afuera. De donde todos mis amigos pusieron en los formularios que vivían de este lado para que no los hueviaran. De donde los pasajes se llenaron de rejas, donde el que tiene piscina de esas de fieros la instala en la mitad de la calle e invita al resto y el que está preso sabe que habrá una rifa pa pagar la fianza. O que si hay que ir a la posta con la vecina, vamos. De la feria navideña o de la plaza para pololear, de los cubos de jugo rojo con confort para que no se te hielen las manos, de la feria o la iglesia como punto clave de la sociabilización. De donde hay la mejor piratería del mundo. De donde los chocolates de a $10 eran un gusto faraónico que uno se daba cuando teniai plata.

Vengo de donde la gente no tiene dientes porque los perdió a punta de responder” Sólo hay extracción”, de donde los remedios se entregan en una bolsita de papel. Vengo de donde la gente se saluda, tiene una concepción clara y concreta del espacio y sabe como moverse entre las multitudes sin pegarle al resto.Vengo de donde la micro se demoraba 1 hora 15 para ir al colegio donde no me creían que no tenía para comprar una cartulina. Estuve, como mis amigos en esos colegios particulares subvencionados de mierda, que no son ni una cosa ni otra. Salir a las 6 de la mañana era lo común para las mamás de muchos y las micros iban más llenas que de día : ¿Donde viven las nanas, los jardineros y los obreros de la construcción? ¿A qué hora salen de sus casas para alcanzar a llegar allá arriba?

Conozco de olores: el olor al cable quemado porque otra vez alguien nos dejó sin teléfono para vender cobre, la pastabase, los perros muertos quemados en ese montón de basura de la esquina, el pescado frito en tambor del plato único para juntar plata, el pan de tortilla en brasas. También compré rifas de a 100, vendí rifas de a 100 y fui a funerales a cantar. Vi a los taxis pararle a prostitutas decadentes  para que le hicieran sexo oral por el valor de una dosis de pasta base y tuve que discutir con sus volás de neoprén o con sus heridas en la cara para que no siguieran sangrando o conseguirme leche materna para la guagua que dejaron botada. Soy de donde había gente que te conocía y tú no le conocías la cara, pero que jamás me hicieron nada porque era la que le hacía actividades recreativas a sus vecinos.  Soy de donde la causa mapuche no eran cool y con verguenza la gente escondía sus apellidos o no decían que se iban a Temuco en el verano. Aprendí a caminar sola por la calle escuchando balazos a lo lejos y a saber distinguir entre una (escopeta)hechiza o una pistola o un cuetazo de los cables. Viví toda la vida donde yo era privilegiada por tener una pieza de material sólido y sola.

Me asaltaron y entraron a robar a mi casa muchas veces pero a otros los asaltaron más. A los amigos se les llamaba a viva voz o uno se juntaba a una hora en tal lugar, nada de esas mierdas de andar cancelando por celular. Todos comimos mortadela, papas fritas en cono, colegiales, berlines, maní de un botecito de dudosa reputación, antichucos de quizá qué,  mote con huesillo, nísperos de la casa del vecino. Soy de donde habían abiertamente carnicerías de caballo. A ninguno nos gustó la purita cereal, pero ahi estaba, en la casa de todos porque era un derecho exigirla. Vengo de donde el verano es andar a pata pelada en la tierra 3 meses, regando las plantas o cuando hay plata jugar a las bombitas de agua. Donde ir a la panadería o a comprar helados bañados de chocolate de a $300 es un rito difícil de comparar con otros ritos. Soy de donde la vieja copuchenta es una institución, que aunque se caigan mal, de puro copuchenta buena gente, te va a ir a hinchar las pelotas si no te ve varios días. O va andar juntando la plata pa la corona del vecino que se murió. O la lista pa los regalos flaites de navidad O te ve enferma, y hasta te trae una hierbita de la feria pa que se te pase, porque es lo que HAY QUE HACER.

Todos sabemos qué pasa cuando te cortan el agua, la luz, el teléfono y lo que vale la reposIción. Todos supimos qué hacer cuando se te acababa el gas o el azúcar, cuando tienes que ir a trabajar y tienes que conseguirte para la micro o cuando te quedaste sin pega: vender en la cola de la feria, hacer pan, vender completos, etc. Todos trabajamos antes de los 18 años de vendedores, reponedores, digitadores, en un call o pasaste de hacer la práctica del colegio técnico y ahi te quedaste. A esta edad todos ya hemos trabajado más de una década y no siempre en lo que nos gustó. Y nos cuesta entender como alguien no lo ha hecho, no de mala onda, simplemente nos enseñaron que trabajar era la única manera de salir de la mierda.

He andado los últimos días en distintos lugares de la zona sur-oriente de Santiago por donde ando poco actualmente, porque ahora vivo en el centro y ando todo en bicicleta o caminando. Hay muchas cosas que no quiero vivir como el miedo constante de que te roben, pero hay cosas maravillosas de una población que son esas señales que no se me han borrado de mi forma de actuar o reaccionar y espero nunca lo hagan: los vecinos, la preocupación, la conciencia de espacio y grupo, etc. Y no me siento demasiado especial por eso: en todo el mundo hay lugares así y hay gente que pudo salir y lleva consigo lo que aprendió en su lugar de origen. Supongo que luego de varios años, se me hace muy emocionante darme cuenta de las cosas que me construyeron y estoy orgullosa de ello. Mucho.