Preguntas

Amo las preguntas.

Creo que una buena pregunta, es un arma poderosísima contra lo obvio, lo fútil, lo efímero. Y cada vez me gustan más las permanencias de ciertas cosas, mientras me voy moviendo. Debe por eso que me llevo bien con periodistas, investigadores, realizadores, creadores: gente curiosa que está siempre preguntándose cosas. Disfruto muchísimo de pasar horas conversando, cuestionándose, hacer eco de conversaciones anteriores, conectar, destraumarse, deconstruírse, dar vuelta el mapa. Con algunos amig@s por años, estamos preguntándonos cosas y respondiéndonos con desfases y epifanías brígidas. Intensitas, como yo misma.

Soy amante de las preguntas y normalmente soy yo la que suelo y juego a hacer preguntas profundas y a veces hasta incómodas. Tanto que con gente conocida instalamos el término “la pregunta incómoda de Mapapo”. Amo instalar en la cabeza de otra persona una pregunta, es un deporte maravilloso.

La pregunta de cómo había cambiado post accidente a minutos de conocernos con alguien me tuvo (me tiene) hace unos 5 días en estado emotivo máximo. No porque la pregunta no me la haya hecho, sino porque me la estoy tratando de contestar hace mucho. Me ha hecho mucho profundizar, pensar, urguetear, llorar, emocionarme, recordar, darle vueltas, incluso hoy, que recién di por finalizadas las celebraciones cumpleañeras. No sé si es “te agradezco” lo que quiera decir con exactitud, pero bacán, además del finde bacán, que una pregunta de alguien que vienes conociendo, te resuene tanto y probablemente pele el cable un rato y hasta escriba de eso en mucho más extenso. Es probable que haya llegado al WhatsApp de vari@s el tsunami de emotividades desbordadas, pero lo bueno es que de ser así, sabemos que soy yo, que no es tan extraño.

Mi relación con las personas se ha intensificado tanto, como que sintiera que la vida se me fuera en eso. No me acuerdo mucho como era antes en relación a ahora, pero me parece que la lentitud me hizo agradecer, sentir, saborear mucho más lo que me sucede con cada persona. Los amigos durante el viaje, los viajes posteriores a la rehabilitación,que fueron infinitamente menos que los que “hago normalmente” me hicieron transitar por un sentimiento más profundo con cada uno: hay vari@s que semanalmente escucho sus voces, armamos proyectos o simplemente nos vamos contando la vida a la distancia, cosa que tal vez, antes, la yo de antes, pareciera imposible. ¡Estoy tan pero tan agradecida de la lentitud! ¡Estoy tan contenta de sentir amorcito por personas que se metieron/meten en mi vida desde esa frecuencia!

¿Cambié post accidente? Claramente. ¿Cuánto? No lo sé aún que tanto y tan profundamente, pero sí lloro más que la chucha, soy mucho más emotiva y disfruto tanto más conversar, caminar, bailar, pedalear, como si fuera algo extraordinario y bacán, porque probablemente lo es y a veces no nos damos cuenta. ¿Le doy color? Sí, caleta, pero eso sí que es de antes ahahahah 🙃

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