¿Y si viajo en bicicleta?

Tengo una idea que cada vez suena más fuerte en la cabeza, todos los días un poquito más: viajar en bicicleta.

Junio del 2019 es la fecha que me he puesto para empezar mi primer viaje en bicicleta de largo alcance. Sí, ya sé que es una locura (Cuéntate una nueva, dirían los expertos). Sí, sé que no es tan fácil, menos en mi caso,  pero también sé que hay cosas muchos más difíciles.

Lo primero que hay que considerar que soy una persona un tanto obsesiva, sobre todo con agendar. Osea, cuando hay día, fecha y lugar, para mí es un hecho y no logro entender cuando alguien cambia una fecha (probablemente mis enojos más furibundos tienen que ver con eso), aunque el último viaje me ayudo a flexibilizar bastante, al menos cuando voy viajando (Gracias Medellín-Ovejas por la lección). Así que es un buen ejercicio es fechar YA, porque en mi corazón de jipi estructurado la hueá es ya posible, por el sólo hecho de agendar.

Lo segundo que hay que considerar, es que me pasé 10 años pedaleando todos los veranos entre 5 y 7 horas, repartiendo humitas-comida tradicional chilena-a contratiempo. Eso quiere decir que pedaleé entre 10 y 15 kilómetros por hora, osea al menos unos 70 kilómetros diarios, con peso y apurada, sin medirlo, porque para qué. Y que llevo también unos 10 años pedaleando en 5 bicicletas de dudosa calidad o rapidez, lo que hace que andar en una de mejor calidad, no debería ser algo muy terrible, de hecho hasta mejor (hueona si te subí el San Cristóbal o fui a Valpo sin cambios, como no poder en algo mejor). Tengo un entrenamiento de años al respecto, bajo distintas circunstancias, aunque las pendientes no son mis amigas. Nada.Tanto es así, que en Medellín me accidenté, porque se me dió vuelta la bici hacia atrás y para qué recordaremos la talla del “te abandona” para qué . Pero en fin: 10 años de entrenamiento en pedalear no rápido, pero sí, varias horas seguidas. Punto para mí.

Otra cosa que no es menor, es que tengo una cantidad de implantes en el cuerpo importante. Un clavo en toda mi pierna izquierda, barras y pernos en toda la columna y una clavícula huérfana de una placa con pernos y años en esta cuerpa. Eso hace que cargar peso o realizar ejercicios sea algo más complejo que si estuviera ultra 0 kilómetros, pero bueno, es lo que hay y ya. Hay otros temas logísticos de la bicicleta, por el ángulo de inclinación de la espalda o cómo está puesto el peso. Pero tengo ejemplos como vimos de sobra : gente como Juan Dual– el español loco que pedaleó desde Nicaragua a Chile y luego se ha dedicado a recorrer el mundo corriendo ¿Ya dijimos que estaba loco?- que incluso sin un montón de órganos vitales, lo siguió haciendo ¿Yo voy a venir a decir, con un par de fierros más que no puedo? Siempre me hace jaque mate en los argumentos fallidos de tirar la esponja de cualquier cosa.

 

También que soy pobre. Pobre, rata, no de no tener, sino que de nunca tener. Eso quiere decir que en principio no fue una decisión abajista de vivir con poco SIEMPRE HE VIVIDO CON POCO- pero después, cuando las condiciones me podrían hacer permitido una vida hipster millenial ideal, con piscolitas pagadas por clientes todos los miércoles, jactándome del departamento con una pantalla plana o de la ropa en no sé dónde, preferí independizarme en lo laboral y moverme entre la digitalidad, lo proyectos propios, las ventas de cualquiercosaquemereporteplatademanerasemilícita y el arte y la cultura ( que digamos que de estabilidad no es la panacea), seguir tan pobre como siempre pero con ciertas comodidades como seguir viviendo en el centro, pero algo más feliz, como esos gustos de los jipis de almorzar 2 horas, trabajar a pata pelada o tener libre los lunes. Me arrepiento de esa vida exclusivamente cuando me viene el mareo de “chuta, la edad que tengo y no tengo nada”, pero tengo felicidad. Eso tengo y harta y de esas felicidades jipi que me han abrazado los últimos años. De esas felicidades impagables, de esos momentos que me han hecho como la mujer que soy ahora llena de música y logros ratones pero propios en corazón, que incluso en días de mierda, me alcanza el humor para hueviar.

  Para viajar en bicicleta tengo referentes, obvio. El Juan que nombré hace un rato, el Caio que fue un cicloviajero que alojé en mi casa con su proyecto LatintinAmérica y que entre otras cosas me abrió los ojos respecto a que no era tan imposible. Tamara que la conocí en México, que con su metro 50 de estatura, andaba pululando por ahi también en su bici. Varias mujeres que andan por ahí y que les he ido siguiendo la pista de hace poco. Y aunque de realidades mega distintas, pudieron. ¿Por qué no podría?   El otro día estaba pensando que lo único que me importa es que la gente diga “cacha, hasta ella pudo, por qué yo no”, porque como siempre ese es mi valuarte a la hora de los argumentos para convencer a la gente que pueden hacer más cosas que las que creen . En verdad me interesa generar eso en la gente por cualquier tema, porque odio cuando la gente dice que no puede y yo como “anda a decirle esa hueá a otra persona, si es por eso yo no podría haber hecho nada, porque soy pobre, llena de achaques, mujer y sola” Si me conoces, sabes que es mi forma habitual de convencerte,  que tienes de seguro más herramientas que yo, ¿qué quieres que te diga? “Si poh, en realidad no puedes? PFFFFF.

Quiero viajar en bicicleta y me he puesto como meta el 1 de junio del 2019

Aún no sé por dónde (tengo algunas ideas descabelladas como Irán, la costa brasilera o Italia), aún no sé si sola o acompañada, no tengo ni bici ni equipo para eso, pero sí, quiero hacerlo, hasta creo que necesito hacerlo. He hecho algunos experimentos adicionales: viajar con mi bicicleta a México ( y aún está en Cancún, esperando ser vendida o que yo la vaya a buscar), esta vez viajaré con una bici plegable y así, lentamente acercándome a lo que realmente quiero.

Siento que me he entrenado sin querer durante años para ese momento y que todas esas veces que terminé un reparto luego de haber recorrido entera la ciudad como bikemessenger, todas esas veces que hice lo de la chica de los mandados, preparando sorpresas y corriendo para realizar una sorpresa o trámite. Esas pedaleadas épicas, sobre todo nocturnas. Todas veces que pedaleé por la ruta internacional cercana a San Francisco de Córdoba en Argentina con los camiones rozándome la cara, cuando pedaleé por las noches por Álvaro Obregón en La Roma o cuando llegueé con mis cosas hasta Tláhuac en México, cuando iba a hacer trámites en bici por Bogotá o bajé desde la casa de mi amigo en las alturas de Bucaramanga o cuando nos perdimos en Medellín en Colombia y gritaba ¡Pedalea conchetumare, pedalea o la muerte” como una loca. O esa primer vez que anduve en bici luego de mi accidente en Iquique, cuando llegué a Valparaíso y seguí pedaleando los otros días o en los Bicipaseos en Santiago, o simplemente esas veces que miré mi pierna hecha mierda e hice el doble de ejercicios para que volviera, alguna vez, a tratar de pedalear, me estuve preparando para esto.

Me queda un año y medio para preparar la aventura ¿Me acompañai de alguna manera?

Escríbeme : mariapazcastilloc@gmail.com

 

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