Deuda

El 10 de mayo de hace 2 años atrás pensaba acostarme relativamente temprano pese a que iba a un cumpleaños, porque tenía una semana del terror. Luego de tiempo de vacas flacas, tenía lleno de reuniones de pega. El miércoles tenía reunión con la productora de Maestra Vida para concretar el inicio de mi pega como su asistente, el lunes tenía reunión con unas chicas de un proyecto que necesitaba redes sociales, tenía comprometido un tour por Santiago de músicos que admiro ,etc.

Hace casi 2 años que la agenda que tenía armada para los siguientes 7 días y una vida acelerada, se fue a la mierda. 5 cicatrices más, el año siguiente, continué con gran cantidad de actividades igual, aunque tuve que sumarle el reaprender a caminar, subir escaleras, saltar, aprender a ponerme vestidos, sacarme vestidos. Aprender también a que la gente me mirara las cicatrices y tratara de disimularlo, aprender a dosificar mis energías.

Hay cosas que ya no me interesan como antes y hay cosas que ya no aprendí otra vez, como usar tacos y bailar con ellos salsa o alcanzar a hacer cosas antes de dormirme raja. Hay cosas que me importan ahora como nunca, como ponerle ojo al dibujo o tomar un té/café con alguien interesante y conversar 2 horas sin mirar el celular y plantear eso como algo tan importante y urgente dentro de mi agenda semanal.

Encontrarme, entre los pedazos de esa María Paz que quedó en el piso-literal y subjetivamente- ha sido menos fácil que lo que me costó retomar el tono muscular de las pantorrillas. Aún tengo deudas desencadenadas de 3 operaciones, que por más que me esforcé en no tener, por más que trabajé antes de levantarme en 2 pies, no pude. Y no poder, para alguien que cree que puede siempre, incluso en las peores-peores situaciones, es muy fuerte aún. Aún hay deudas mucho más importantes conmigo, de descansos que no me tomé, de regaloneos que me evité, gente con la que me habría encantado tener la tranquilidad que tengo ahora de mandar a la súper mierda en su momento o de haber conversado para decirles cuanto necesitaba que me vinieran a abrazar sin entrar en discusiones idiotas.

Estoy amando la posibilidad de resetearme consensuadamente , pero claramente no es tan fácil tampoco. Me están pasando varios procesos dolorosos y liberadores, varias vueltas de tuerca y aperturas de cabeza que me zamarrean con cuática. He vendido mis libros favoritos, mis instrumentos favoritos, hace como 3 horas regalé mi cama, cosas que en su momento eran un deseo muy fuerte y ya no lo son tanto. Dejar no sólo lo que estoy haciendo y he hecho hasta ahora: es dejar de ser lo que he sido para ser otra cosa, otra persona, más allá de las cosas o los límites que veo ahora.

Encontrarme sola conmigo y decirme “¿Cómo estás ?” “¿Qué quieres hacer?” “¿Qué quieres SER (ahora)?” “¿Cómo quieres querer ahora?”.

Yo pensé que tenía la respuesta ( “me gusta escribir, todo lo demás es una excusa barata” “productora de ideas”) , que tenía las respuestas, claridad, sin lugar a dudas, pero no las tengo, se me perdieron, mutaron. No tengo ni una certeza o para ser más exacta , muy pocas. Me estoy quedando no sólo con pocas cosas en lo material sino con poco de lo que era-tal vez lo netamente escencial-y ese cambió de piel está siendo, en gerundio, muy intenso. Mucho.

Sigo endeudada, sigo con deudas de tiempo y de cuidado, pero quiero saldar al menos en eso: conmigo.

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