Inspiración

A veces, te echo de menos.

Y bueno, echo de menos todas esas situaciones muy de cuneta, de puchos baratos, de descorchar un vino-porque ahora nos pusimos medios burgueses y compramos en botella y no en el tetrapack-y que nos importe un huevo el tiempo. Porque ¿A qué uno va mirar el celular cuando está teorizando sobre la inspiración? ¿Decime vos, a qué mierda voy a responder un puto chat insulso, un hola chaveteado, una discusión sin fondo, una nueva solicitud de información de no sé que mierda, si nosotros, pucho en mano, con una copa de vino en la cuneta o en la ventana de Almirante Brown que da al Parque Lezama, estábamos ahí, con los corazones en la mano, sin esas caretas de ego y magnificencias ridículas que atríbuíamos a una suerte de otros nosotros de siempre,hablando sobre cosas realmente importantes?

Hay que aprender sobre las urgencias y las importancias. Y sí, es importante estar tranquilos, calmos, en paz, y es hasta lo que se debería hacer siempre, tender a ello, madurar si le quieres decir así. Pero es urgente, es realmente urgente incluso atentando a esa calma, rehabilitar esa sensación de refugio de llamarte por tu nombre a viva voz cuando me vinieran ganas y compartir, una tarde de verano, hablando de cada uno de los botones que se nos habían apretado, de la intensidad del torrente sanguíneo, de lo brillantes que se nos ponían los ojos, de la cara de felicidad, tras un segundo de inspiración.

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