Mariasola

Maríasola aprendió desde chica,

a jugar sola,

a caminar sola,

a resolver sus dudas sola.

 

Si tenía curiosidad,

sola iba a la biblioteca,

sola buscaba en las enciclopedias,

hasta dar con la definición.

Porque Mariasola también sola aprendió a leer,

iba a la overlock que sonaba sin parar

a preguntar como se juntaba esta letra con la otra,

hasta que se largó, antes de los 6.

 

Mariasola mirando aprendió a cocinar,

a peinarse (aunque todavía no lo logra),

a entender su sexualidad (aunque todavía no la entiende),

a hacer su mochila para los viajes

(aunque todavía le sobran huevadas al final del viaje)

a vender en la cuneta

a trabajar en lo que viniera y ponerle onda

o a conversar con la gente de cargos muy importantes como a cualquiera otra

con la pera en alto,sin bajar la mirada jamás.

 

Sola se le veía por la calle siempre,

sola caminó de madrugada,

sola pedaleó.

Sola fue a bailar,

sola fue a rezar,

sola permaneció en las salas de espera en los hospitales demasiadas veces

demasiadas veces estuvo hospitalizada sin visitas familiares.

 

A Mariasola nunca se le conoció novio.

Se sabía que amantes tuvo varios y de todos los colores,

amarillos tropicales,

negros (negritos),

blancos (blanquito),

rojos (trotskistas),

calipsos (insignificantes),

naranjos (ñoños),

pero yo,

yo que la conozco hace años,

nunca me acuerdo de que me hubiese presentado a un alguien como tal

además de ese pelilargo amigo del amigo

del que terminaron hace 6 años

y nunca entendí bien por qué.

 

Había noches,

había días,

en que tenía unas ganas locas

que otra persona que no fuera ella

estuviese a cargo de llevar el ritmo

tomara decisiones,

hiciera el té

hablara primero en los chats

propusiera panoramas

tuviese másunos para ofrecer

redactara invitaciones

hiciera regalos mamones.

 

Nunca se sintió del todo sola,

a pesar que lo estaba

(y mucho)

un día,

volvió a sentir

que al otro lado,

en otro cuerpo

había algo que le nublaba lindo

y le acompañaba,

profundo

encajaba

compartía el camino

con alguien que también compartía el propio con ella.

 

Un día le dejó de dar miedo que le diera miedo,

un día se sentó sin reloj

un día confesó lo que amaba y lo que odiaba

permitió que le reconocieran los ojos mudos

como cuando la conocen en serio,

dejó de poner varas

se aburrió de cerrar tratos

y pedaleó hacia el oriente 3 horas después de lo que definió.

 

Que ya sabía que podía hacer todo

y como hacerlo

pero que también,

a veces,

podía hacer nada

(cual comercial de Sprite)

porque otro lo podía hacer por ella

y no había rollo por eso.

 

A veces le daban ganas de comentar qué estaba escuchando

o pedalear en las madrugadas mostrando sus lugares favoritos

o encontrarse en alguna ciudad de Centroamérica.

Que a veces,

era más entretenido

que una selfie eterna en los viajes,

que le sacaran fotos con la mirada,

con o sin cámara

que le hicieran inflamar el pecho y el clítoris

con o sin tocarla.

 

A veces,

la gente creía que estaba rodeada de gente,

y a veces hasta lo estaba.

Pero permaneció sola cuando llegó,

continuó sola cuando durmió

y también cuando despertó

e incluso, sola cuando logró lo que soñó

pero,

al final del viaje

siempre estaba

Mariosolo

con el abrazo

que le decía

“Solo, pero feliz que nos hayamos re-encontrado”.

“Aquí estoy, solo pero contigo”

“Solo, pero quiero estar contigo”

Mariasola y Mariosolo, recorren la orilla de algún mar

Pacífico, Atlántico, Adriático

Solos, pero con ellos.

 

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