Presidenta de Shile

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Esa noche decidimos lanzar mi campaña como presidenta de Shile, luego de 98 copas vineras, 19 bongazos, varios ires y venires en el columpio, varias horas de reírnos de nosotros mismos con bullyng ácido y descarnado y de todas las veces que en medio de esa inconsciencia-consciente, tus manos estaban aquí. Me lo prometiste, yo me acuerdo, de eso sí que me acuerdo.

Habían anunciado una mínima de 3 grados bajo cero, pero como habemos de saber, luego de tal pedaleo hasta el lugar, la adrenalina, las copas y por qué no decir, la calentura, hacía bastante más calor que lo que estaban diciendo todos los vidrios que nos topábamos en el camino y los que incluso empañaban la última botella que nos quedaba. Sí po, obvio que la traje.

Había locacionado los días anteriores, los meses anteriores o en realidad era un lugar que desde siempre-en un siempre serpiterno y tórrido sin filtro y con un alto nivel de deseo post modernista y de apropiación del espacio público- había destinado para un algo de este tipo. Creo no recordar para qué en este momento, en realidad sí, pero en realidad no. En fin. Además, las últimas jornadas, previsualizando la foto, con insistentes vueltas por el parque de ida y de vuelta, con todos los horarios disponibles de la agenda, que son por lo general surfeando en la madrugada o al amanecer. No es mi culpa, es el tiempo que me queda.

Justo en la subida desde el parque (persignémonos) de poniente a oriente, en la subidita que si no tomas impulso te quedas en la mitad, justo cuando el sol se asoma, así quiero la foto. Lista pal flyer panfletario, listo pa exigir lo que es justo y prometer lo obvio, todo eso obvio que no se cumplirá. La banda presidencial, de flores multicolores-porque la tricolor de cualquier país me parece absurdamente fome- de izquierda a derecha, dando lugar a mis pechos, que con el frío cambian de color y de postura, mirando a los puntos cardinales, fírmes (bueno, dentro de lo posible) y seguros sin una mísera duda de lo que estamos haciendo, sin ni un momento titubear. En la cabeza una máscara ¿Cuál de las máscaras utilizamos esta vez? ¿La de monjigata? ¿La de patria inócua y simpaticona? ¿La de hoyo negro, que se mantiene en órbita sólo por una cosa egocéntrica de tener a alguien a quien confundir, tirando migajitas para no perder? ¿La de miedos@ porque todo está muy reciente como para herirse otra vez? ¿La de tont@ útil? ¿La de mamona de regalitos? ¿La de violencia quinceañera entre mosh y ropa rara? ¿La de no te irás esta noche sin que despejemos dudas existenciales apoyados en el silo? ¿La de apostemos todo lo que tengo en el bolsillo a que tienes más en la cabeza que lo que estás declarando?

Mano derecha alzada, pelos axilares crecientes, bello vello púbico público creciente, aros indolatinos, zapatos de charol de 20 cm. FLASH. Por fin, hemos llegado a la obra final ¿Recemos? ¿Saltemos? ¿Transpiremos?

La patria es nuestra compañero, cuando las banderas son para no quedarse con el poto lleno de pasto o de caca de perros o para que nuestros olores queden impregnados de exitación bonita y sonriente, amoral y no culposa. Re-sonriente, deseosa, exitosa, tierna y caliente.

Amanece, hace frío,empiezan a pasar los pedaleros matutinos a sus trabajos, tengo ganas de mostrarte otro lugar ¿Vamos?

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