Epifanía del abandono

-No quiero perpetuar la sensación de…

-Abandono

-Sí, de abandono.

La guata me dolió y sentí como cuando te sube o baja la presión. O como cuando bajas en un ascensor muy rápido o vas en bici por una cuesta hacia abajo. Lo que no quiero perpetuar es eso, justamente eso, la sensación de abandono.

Tener una mini discusión sobre lo que espero de las relaciones humanas como la amistad o estar en pareja, y esa frase que acabó como una nueva epifanía, es lo que saboreo estos días una y otra vez. Epifaneo también ante situaciones que ocurrieron hace años y donde logro entender, aceptar, aclarar, que alguno de los “abandonos” que tanto me dolieron, no fueron tal como los sentí, sino fueron una excelente manera de terminar con una seguidilla de momentos de pasarlo bien, que se podían transformar en una pesadilla drogadicta de dos personas que se buscan hasta hacerse daño. Nota: Hey, ¡Qué sensato fuiste al proponerlo!

La diferencia

Ya he comentado acá mismo la sensación con mi padre, que se repite a su vez en la situación con los hombres en mi vida y a veces también con las amistades. Tarde o temprano, el abandono es inminente, la sensación de “No quiero tenerte en mi vida”, que no siempre es del otro, sino también mía. Alguien se queda pensando que no merece quedarse en la vida de alguien. Una puerta giratoria sin stop, una herida abierta que vuelve a abrirse un poco más. Doloroso.

Cuando me accidenté y hasta los primeros 2 meses, puede ser que sea una de las primeras veces en que esa sensación no estaba presente: a los pocos minutos estaban en la sala de espera mis amigos, cuando mi mamá volvió a trabajar hicieron turnos para cuidarme y hasta organizaron un exitoso evento para que no me faltara para los primeros meses. Hubo gente que estuvo, otra que no, hubo gente que aunque físicamente no pudo, no paró ni un segundo de acompañarme y abrazarme a la distancia. Los 2 primeros meses no sentí la ausencia de nadie, nadie me faltó en ese momento, no me sentí sola y casi no tenía ni un instante de soledad.

En realidad sí, hubo gente importante que no estaba, pero no me dí cuenta, porque el amor lo completaba todo, incluso mi cuerpo fracturado y mi espíritu enfierrado. Fue después, cuando empecé a rehabilitarme y el cansancio me hacía bosta, cuando las ausencias se me hicieron nítidas, reales, cuando tuve que esforzarme el triple para no caer, aunque el amor seguía presente, necesitaba aún más fuerzas. Me vine abajo con las demostraciones de desamor y crueldad de personas que de ser el caso contrario , yo habría corrido por ir en su auxilio. Me debilité, dejé de comer y dormir bien, llegaba exhausta a la casa, con un cansancio terrible e inexplicable para los que me exigían aún más de mi parte. En más de algún momento me fui a la chucha, lloré hasta reventarme y si no fuera por mis personas favoritas, no sé que habría sido de mí.

No quiero tenerte en mi vida.

Fue recién cuando el espíritu se debilitó, cuando permití que entrara la pena y con la pena también las ausencias de las personas que faltaron. Ahí fue cuando acepté que esas ausencias me dolían y me dolían mucho, pero que, no podía seguir perpetuando la sensación de abandono que me carcome a veces, que en tal caso era preferible cortar de raíz. Quien quiera estar en mi vida lo estará y no necesitaré correr tras esas personas, pidiéndoles que me quieran. No quiero contar con personas que no contarán conmigo. No quiero que personas cuenten conmigo, si yo no puedo contar con ellas. No quiero redoblar mis esfuerzos por nadie que no le parezca importante, no quiero apostar mis viajes a sus intenciones de plantarme. No quiero repetir el esquema, no quiero sentir la sensación de abandono o de abandonar, porque es muy siniestra sentirla o hacerla sentir.

Y en ese proceso, de dejar partir a la gente que no quiere estar en tu vida, deja de haber dolor también. Es un acto de sanidad, no de rencor. Es lo mejor para ambas partes, muchas veces ni si quiera un asunto personal o que hiciste algo mal. Simplemente que hay formas distintas de ver la vida, etapas distintas, porque de otra manera sería peor. Más que de merecimientos, son miles de factores que entran a jugar. Que el espíritu cuando está débil permite que las cosas te afecten, pero cuando te rodeas de amor, cuando te haces fuerte, con pilares más fuertes aún, ni la peor de las ausencias o rechazos te mueven ni un poquito.

Yo quiero seguir con los que nos elegimos, no con los tira y afloja de los que no quieren ¿Para qué? ¡Puro desgaste de energía! . Que la sensación de abandono no se perpetúe, que las relaciones sanas se queden y me llenen de alegría, de esa alegría del amor mutuo.

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