Dolor

Hoy es el primer día que puedo estar sentada, en una mesa, trabajando, debería estar feliz. Un mes y 2 días desde el accidente, algo así como 3 semanas desde la doble operación. Pero el dolor del brazo derecho es suave, constante, pero cuando supera la altura del hombro-ese que me gusta mostrar en los veranos y que tiene ahora una costura larga y encorvada, como calle de Ñuñoa- o cuando intenta olvidar que tuvo un accidente y carga el más mínimo peso-un cuaderno o un libro, mi compu o un plato-  es punzante y resonante. Es como si me picara una araña grande o recibiera una cuchillada, recojo el brazo rápido todas las veces, me duele el pecho, lo niego. A lo mejor alguien me arrancó el corazón de verdad, de seguro en la posta eso hicieron. No quiero ni pensarlo.

La pierna cada 20 a 30 minutos se vuelve una empanada, por lo que debo colocarla en alto como si no pudiera tenerla de otra forma nunca más, por más que hace como una semana que puedo sentarme más ratos. El dolor es profundo, constante, punzante, no se me quita, aunque le sonría a mis amigas lindas que vienen a ayudarme o aunque diga que no me duele. Probablemente sea el dolor más fuerte que he tenido en mi vida, mucho menos que los que vaya a tener,seguro, pero mucho mayor a mis recuerdo de la operación a la columna, a los cólicos renales, al colon irritable o cuando tuve un tec mucho más profundo que el que tuve ahora, esa vez que me pegué en la fonda, cuando terminábamos de trabajar en Matucana 100, hace unos años atrás.

Tengo dolor, pero no quiero más anti inflamatorios ni calmantes. Mi cuerpo recibió demasiados, me pasé 3 semanas en ese infierno de tramadol, morfina, nefersil. Me duele como cuando me han dicho que no me quieren, me duele como cuando me han humillado por no tener plata; me duele como cuando he visto escenas de traición, me duele como cuando amigos que amas ya no te aman o me he sentido horriblemente estúpida. Me duele como cuando estábamos esa noche en la carretera con una familia destruída, me duele como cada operación de mi mamá o cuando sentía ese pánico en el terminal de Buenos Aires, amarrada a mi mochila, esperando que se hiciera de día. Me duele y sé que dejará de dolerme, pero me duele ¿Qué más le voy a hacer?

Yo quiero saber si a ese chucha de su madre que iba en la moto, sabía que sólo tenía 11 lucas en el banano (había olvidado que tenía 1 en un lado, 10 en el otro), por lo tanto era la persona quizás menos robable de alrededor. Quiero saber qué pasó por la cabeza del loco del auto, cuando decidió dejarme ahí, con mi pierna-una de mis  piernas que adoro-hecha mierda, desarmada, con los huesos quebrados, sin conciencia, en el suelo, con la clavícula sobrepuesta, con la cara ensangrentada.

Me duele no acordarme, me duele la cabeza pasar todo el tiempo, volviendo una y otra vez inconscientemente a la escena y no recordar. Me duelen las cicatrices horribles que hizo ese doctor, me duelen las piernas flacas y sin gracia, me duele no adelantarme en el tiempo y saber qué tan parecidas a antes van a quedar. Me duele que esas piernas  no puedan llevarme al café, a las cuecas, a la salsa, a ver a mis amigos, a las reuniones, me duele no poder ir al parquecito a tomar este sol de otoño. Me duele el ego, la soberbia, la independecia, la coquetería, la falta de autonomía, la vergúenza, el pudor perdido después de tanto momento engorroso. Me duele no poder ir a la fiscalía por mi misma, me duele no ir a la comisaría a decirles que son unos vendidos, que cuánto les pagaron por hacerse los hueones, que me devuelvan el zapato que tiene uno de ellos. Me duele no poder ir a Zenteno a estampar una denuncia para siempre, me duele no poder sentarme en la barra a decir “Media con negra y un vaso de agua con hielo, por favor”, me duele no poder bailar. Me duele no poder ir a juntarme con gente nueva a conseguir nuevas formas de enredarme la cabeza, me duele que todas las reuniones que tenía esa semana no pudiesen ser. Me duele que mis piernas no puedan enredarse con soltura en las tuyas y reírme diciéndote ¡Bienvenido! ¡Bienvenido para siempre en mí!.

Me duele todo.

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