Sobre lo que pasó en el concierto de Doom o la música en vivo en Chile

Despierto hoy viernes un poco tarde y una de las primeras cosas que veo es lo que pasó anoche. En una sala de conciertos acá en Santiago, tras un “confuso incidente” mueren 3 jóvenes y otros tantos quedan heridos graves en un recital de la banda inglesa Doom. “¡Qué chucha!” es lo primero que viene a mi cabeza. No tengo memoria de algo así, al menos del tiempo que voy a tocatas. Botellazos, cadenazos, detenciones, los de verde corriendo tras algunos metralleta en mano, si. de todo eso he sido testigo, pero de muertes o casos graves, no. Me afecta, la música en vivo es uno de mis mayores placeres y objetos de atención y no me gusta que se fune por situaciones así.

Empiezo a buscan info, mando un par de mensajes para saber si algún amigo o conocido está involucrado, pego un par de llamadas. Sé que el local hace tiempo dejó de llamarse Espacio Santa Filomena y me lo confirma el comunicado que saca Jonhy González, administrador del Santa Filomena de Bellavista . De hecho, basta con ver la comunicación del evento donde habla de Espacio Iberomusic , que fue arrendado por esa noche a la producción de Doom en Chile. Por lo tanto desde el inicio estamos mal. No se llama Tsunami, no se llama Santa Filomena, hace más se llamaba Naxon. QUÉ ONDA LOS PERIODISTAS, QUÉ ONDA LA FUERZA DE UN NOMBRE. En fin, eso no es lo más importante ahora, aunque me imagino la merma que le provoca a alguien que no tiene nada que ver y que un nombre, más que mal conocido en la escena, se lo revienten al asociarlo con algo que no guarda relación con sus producciones.Mala volá.

Que mueran personas me parece gravísimo y la pregunta obvia es ¿Por qué murieron? Me dí el tiempo de revisar tweets, noticias, posteos. Mientras la mayoría habla de una avalancha humana ( cosa que tal vez ha sucedido en miles de conciertos y seguirá sucediendo) donde si, te arriesgas a justamente eso, existe la posibilidad que te pase algo de esas características. Pero también existe más: La seguridad, los accesos, que habría cedido una de las galerías, que los guardias estaban con palos con electricidad, todas cosas que podrá ser materia de investigación y si tenemos suerte ( cada vez pienso más que en Chile es necesaria más la suerte que otra cosa) saber la verdad de lo que verdaderamente ocurrió. Absolutamente lamentable,terrible, creo que nadie quiere que alguien muera y menos en un concierto de música.

¿Puede una producción preveer una estampida? Tal vez puede inferir que por cierto tipo de música llegará cierto tipo de público, pero que la gente ahueoná intente hacer cosas que atentan contra su seguridad al punto que muera alguien, yo creo que nadie. Puede gestionar mayor seguridad, vallas que permitan “cortar” a la gente de tal manera que sea más difícil que ocurran estas situaciones. ¿Da una producción así, económicamente para tomar este tipo de medidas? Mmm, lo dudo. Tal vez, si hubiese una industria más fortalecida, si hubiese un ministerio de cultura fomentando, observando y apoyando las producciones, tal vez. Pero la autogestión, sigue siendo el pariente punk que aunque todos le digan que no, va a contracorriente y más de alguno puede destacar. Y en eso están muchos, contra la corriente, tratando de gestionar actividades que no sean ir a un mall o escuchar música que te la vendió la publicidad, aunque incluso se vean hasta el cuello en ciertas oportunidades o la vida completa.

La situación de la música en vivo en Santiago

Ahora mi reflexión va más allá de lo sucedido, las razones históricas de lo que pasó y pasa con la situación actual en Santiago sobre asistir a una sesión de música en vivo. Como espectadora las posibilidades son pocas y basta con hacer un rastreo rápido en la cabeza de lugares que pueda recordar que tengan salida de emergencia visibles y de hecho me cuesta mucho recordar alguna. Como productor/a y/o trabajadora del espectáculo, las posibilidades son aún menos. ¿Cuántos locales hay en Santiago, que cuenten con las exigencias y especificaciones necesarias para desarrollar música en vivo?

No quiero quitarle en lo más mínimo el mérito a los que se han atrevido y resisten los embates de autoridades que tienen exigencias poco claras, burocráticas y absolutamente en el camino contrario a fomentar este tipo de manifestación artística. Por primera vez leo las exigencias que desde el 2010 rigen a los locales cerrados, por parte del Ministerio de salud, sin contar con patentes, dirección de obras y otros, que por lo general son los peros que hacen que los locales cierren. ¿Cuántos locales hay así en Santiago? Y qué decir del trato económico ¿Cuántos locales hay donde las bandas puedan tocar y llevarse, entre los que trabajan, algo más que un par de lucas pa la casa por persona?

Y así es un círculo vicioso donde es no es fácil encontrar culpables o qué es primero. Porque mientras para los productores la pregunta es ¿Dónde se pueden realizar conciertos para una cantidad media de personas (500-1000) que además de contar con una buena técnica, haya un trato económico y personal que sea óptimo para los que se mueven en este circuito? , mientras que para el que va a este tipo de conciertos también se pregunta cosas obvias ¿Dónde puedo pagar una entrada, pasarlo bien e ir a un baño decente o no morir aplstada por una turba ? ¿Qué lugares quedan? ¿Qué pasará la próxima vez? E insisto, hablo de conciertos de pequeño-mediano formato (Hasta 5000 personas), que están lejos de grandes sumas de dinero en entradas, calificación de tipos de entrada según los 0 que incluyas al momento de comprar, campañas mediáticas de meses nivel dios, etcétera.

Me las doy de pitonisa: Harán una caza de brujas, donde encontrarán la excusa perfecta para cerrar locales. Se cerrará ese y otros , se darán menos permisos para actividades masivas, se harán notas de prensa donde dirán muchas veces la palabra seguridad. Nos harán pensar que están cuidando de la nuestra , mientras la “seguridad” sea la que ellos consideren. La ley se pondrá más cuática, Chile se transformará en el país más neoliberalmente detractor de la música en vivo y muchas bandas, productores, trabajadores del espectáculo empezarán a migrar a hacer cosas que no les gustan por sobrevivir. Pondrán en lugar de salas de conciertos Iglesias, talleres mecánicos de autos, supermercados. Y bueno, esperaría que no, pero ya no sé qué pensar.

Y  casi, como los abuelitos, recordaremos casi en silencio y con la cabeza gacha el Galpón Víctor Jara, cual si fuéramos viudos. Y recordamos sus baños ordinarios, pero que habían empezado a adaptar y mejorar ( no puedo dejar de olvidar mi impresión al ver el baño de mujeres recién refaccionado). Recordaremos ese sonido bastante digno, su piso pegajoso, su ambiente distendido, esa caja de mierda, que parecía salade tortura o la visión desde la mesa de sonido. Recordamos al Cerro, a Luchito a la Fresia y nos acordamos que difícilmente alguien podría pasarse películas con ellos como guardias y como en un acto de ingeniería, los focos de violencia eran neutralizados en segundos, como el mismo ambiente de la gente hacía que no se diera pa más atado.

Yo quiero que haya seguridad, exigencias básicas para un local donde voy a escuchar música en vivo, quiero que hayan baños, quiero poder respirar; quiero que toquen muchas bandas de muchos estilos y que pueda asistir, trabajar o producir. Pero también, antes que eso, quiero que hayan lugares. Y quiero que hayan menos hueones.  Y quiero que los periodistas antes de firmar una noticia, pregunten y no pongan lo primero que pillaron. Y quiero volver a ir a lugares donde escuchar música no sea un peligro o un delito, como me sentí más de alguna vez con los de verde con metralleta en mano diciéndome que no puedo circular libremente por la plaza Brasil. Y quiero tantas cosas en verdad, pero no sé si aquí en Santiago de Chile se puede o se podrá. Pienso que los que están muriendo -además de los del accidente- son muchos que se quedan en el camino porque no hay lugares, no hay buenos tratos, no hay fomento real, no hay una industria completa que realmente pueda trabajar profesionalmente con esas formas. No hay previsión, no hay seguridades, no hay apoyos.

Quiero,  que un día, y no en sueños me digan “¿Chilena? ¡Qué buena! ¡Allá los conciertos son bacanes!”

PD: Otros links:
-El relato en primera persona de Max Rayo en Humo Negro,  da una idea más concreta de lo sucedido anoche.

-El relato de otra chica que habla de electroshock y agua

-Mi amigo nos pedía agua y no le podíamos dar porque estaba electrocutado por dentro

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