La escasez y las mejores experiencias de mi vida

La escasez siempre marcó la pauta de mis preocupaciones y probablemente, me ha conducido por vías enmarañadas, en las que finalmente veo episodios súper diversos y dispersos. Millones de historias, escenarios, situaciones, personas y vivencias que se acumulan y resultan ser, para bien o para mal, el resultado: mi historia. Sin embargo, en su delirio, es que también han ocurrido, además de la angustia evidente de algunas situaciones feas, situaciones que no me las habría dado la abundancia, que en perspectiva, me han llevado a algunos de los momentos más mágicos y marcadores de mi vida

En la  escasez, he pasado por momentos que rápidamente puedo enumerar como terribles y de puro pensarlo se me aprieta la guata. Por escasez pasé años esperando una operación que era urgente. Por escasez me salí varias veces del colegio y recuerdo la angustia de cuando me sacaban de clases para retarme porque mi mamá no había pagado la mensualidad o morir de vergüenza porque el profe se burlaba de mí diciéndome ¿Cómo no ibas a tener plata para comprar una cartulina? cuando en verdad no la tenía. Por escasez he ocupado mucho tiempo en mi vida en resolver el como hacerlo (para solucionar ese item), más que en estudiar, más que en dormir, participar en más cosas o incluso, quedarme regaloneando tras una exquisita sesión de cariño. Por escasez he pasado muchas horas contando pastelones en servicios de urgencia, incluso días, sabiendo que lo que diferencia muchas de las veces, entre el dolor físico y aplacarlo es exclusivamente la plata.

Por escasez he tenido que pasar muchas vergüenzas, humillaciones, pérdidas irreparables de personas que no entendieron cosas que no les conté. He tenido que dormir en terminales abrazada a mi mochila o deambular por la ciudad hasta que se haga madrugada. Por escasez he llamado con el último par de monedas que queda a más de algún amigo, para ver si esta noche puedo no dormir en un infierno de cocaína y violencia´y he tenido que llegar a ducharme o a comer luego de días de la misma rutina. En ningún caso soy la única, en ningún caso es lo más terrible que le puede pasar a un ser humano, sino sólo es pensar, que son las cosas que me han pasado y que es la realidad que conjuga las experiencias y cicatrices que tengo hoy.  A ratos, siento que he pasado demasiado tiempo en ello, cansada, quiero jubilarme de este tipo de preocupaciones, pero me tinca que en alguna medida, eso pasará hasta que me muera, aunque lo bueno es que mientras más grande soy, hay cosas que ya duelen menos o simplemente ya sé como solucionarlas más rápidamente y no me angustian tanto.

Pero también la escasez (fue una ventaja que) le regaló a mi vida la sensación que no tengo nada que perder. Eso hizo que las mejores experiencias de mi vida fueran posibles.

Estaba pensando ayer en la posibilidad de retomar los estudios de producción. Hace 5 años y luego del terremoto, nos quedamos mi mamá y yo, algo así como otra vez sin nada, en el aire, flotando. ¿Qué mejor que irme con media beca a estudiar producción artística a Buenos Aires? Y entre eso, alguien me indicó la manera de gestionar el pasaje. Y sin nada que perder ( no tenía casa, ni cama,  ni plata, ni planes) me lancé a postular, a vender todas mis cosas (una de las tantas), a dejar en asilo mis libros y por un par de contactos de couchsurfing, lanzarme a la ciudad de la furia con algo así como 15 lucas en los bolsillos. El no tener nada también significa que tampoco tengo que dar muchas explicaciones a mucha gente. No tengo que cumplir las expectativas de una familia. No tengo  demasiada gente que me atrape a un lugar: en realidad mis personas favoritas tienen claro que nunca se sabe dónde terminaré y tal vez tienen hasta más conciencia que yo de eso. Las apuestas son absolutas, total, no hay nada allá afuera. La vida se va en las decisiones de una, sin rodeos.

Lo pasé mal, lo pasé bien, lo pasé bacán. Si miramos del punto de vista del “éxito” tal vez fui la peor: estuve sólo 2-3 meses en una estadía que debía ser al menos de un par de años, vivía en un hostal, trabajaba en un bar donde me pagaban muy poco. Aposté otra vez. Pero gracias a eso viví  de las experiencias en Buenos Aires de las que hablo y me remitiré a 3.

La primera fue, que terminada la clase en el ese tiempo Diprodi, de la Fundación Julio Bocca de Stage Manager, Flavio, el profe, me pregunta si todavía andaba buscando trabajo. Y me dice que están buscando extras para lo que será el Show Oficial del Bicentenario argentino, comandado por Fuerza Bruta. Que no es mucho dinero, pero que algo es algo. Y claro, le doy mi número y al poco rato me llaman. -Pero vos estudiás producción, ¿No? ¿No te interesaría mejor trabajar de asistente de producción? Necesitamos mucho. vení mañana.Y así fue, como, en mi búsqueda de pega, terminaba trabajando en una producción que contaba con un público de 2 millones en las calles, la visita de varios presidentes de latinoamérica, más de 2600 actores en escena y una producción que es la más magnífica que me toca trabajar hasta ahora.

En el vídeo, en mis 5 segundos de fama, pasando por una de las caravanas que estábamos a cargo.

La segunda fue un día donde tenía algo así como las últimas 3 lucas de la vida.. No tenía dónde dormir, no tenía más para comer, donde tenía mis cosas me habían pedido que no estuviera el finde y me llegaría una plata recién en 3 días más. Así que decidí ir a un Mc Donalds de la calle Florida, donde además de comer, te daban un ticket para navegar en internet y después no sabía qué chucha haría. Cuando estaba ahí, escuché la voz de un chileno y como yo tengo una apuesta constante conmigo misma de adivinar los acentos, no pude evitar preguntarle. Y sí lo era y nos pusimos a conversar.

Él era un viejo medio facho, después me dí cuenta  que se había ido como a los 19 años de Chile a recorrer el mundo y ahora tenía como 58. Seguimos conversando, me obligó a comer algo más ( -No tengo hambre -guárdalo, ya la tendrás) y me mostró la Buenos Aires para homeless . Revisó la hora y me dijo que nos apuráramos, porque en la tratoría de la esquina, el hombre dueño del local tenía una especial buena onda con los que no tenían que comer y no es que les regalara sobras: hacía pastas para los indigentes. Y a la vuelta, regalaban trozos de pizza. Y él ya no vivía ahí, pero podía conseguirme alojamiento en una okupa de unos tipos que vivían frente a la biblioteca, si trataba de ser lo menos feminista y no-cristiana posible porque el señor era medio fanático religioso y machista, pero era una buena persona. De hecho llegamos ahí y sin mencionar nada, empezó a regalarme y buscar ropa de mi talla. ¿Piba no tenés frío? Ya, aquí tenés una remera, y una campera ( la chaqueta más fea y amorosa que he tenido jamás). El señor me mostró los lugares donde podía entrar a al baño si quería hacer pis y no tenía para pagar uno, me presentó a cada uno de los artesanos a los que les vendía piedras ( de eso se mantenía, de vender insumos para los artesanos de Santelmo que son haaartos) y fueron los mismos que cuando me veían por ahí me gritaban para invitarme a una cerveza o a fumarse algo.

La tercera es que, cuando ya mis fuerzas estaban reducidas, decidí volver a Chile. Estaba súper enferma, súper depre, súper sola. Así que hablé con la gente que tenía que hablar. Y entre esas personas, le escribí a este hombre que alguna vez me dió su correo en una charla en Chile. Ricky Pashkus , uno de los directores de la escuela y de los más importantes coreógrafos de teatro musical que hay en Buenos Aires. Y hablamos por teléfono y además de calmarme me dió ánimos para que ya fuera en ese momento o en mil años más, no abandonara el sueño de descubrir qué era lo que más quería en la vida, entre escribir y la producción. Y probablemente en ese momento era full escribir. Hasta el día de hoy seguimos en contacto y ha sido, probablemente, una de las personas que le ha dado luz, desde la conexión que significa que hables con un grande y tenga la disposición, paciencia y buena onda de tener reflexiones, de enviarte reflexiones a partir de lo que le cuentas, etcétera. Probablemente si no hubiese sido por esa crisis, nunca hubiesemos tenido contacto directo o empatizar y hablar desde el “no tengo nada que perder”.

La escasez, el dolor, la crisis me ha marcado el camino, pero no necesariamente como un calvario, si no que me ha entregado, además de experiencia en los más diversos campos, el entrenamiento en reacciones rápidas y de emergencia, la posibilidad real de vivir también momentos únicos y provechosos. Claro que deseo que las cosas sean un poco más fáciles y ojalá lo hubiese sido. Incluso más de alguna vez hemos discutido con amigos que, si hubiese navegado desde la abundancia, tal vez sería súper floja y no  “esforzada” como me quieren etiquetar y que siento que no es ni tanto. Yo siento haberme visto obligada muchas veces a replantearme y eso me ha hecho aprender o entrenar ciertas habilidades y a poner en pause otras vitales. Pero bueno, así fue y punto.

Y sí, me cuesta rematar este post. La cosa es que un@ debiese plantear las crisis como oportunidades o eso me puse a pensar tipo libro de autoayuda, pero es verdad. Estoy con un dedo quebrado del pie y por lo tanto un pie inmovilizado, inmovilizada yo, en reposo por casi un mes, en mi SEGUNDO accidente en menos de 30 días, en lo que probablemente es una pésima época para hacerlo. LO QUE HE PENSADO LOS ÚLTIMOS 4-5 AÑOS respecto al trabajo independiente y sus beneficios SE ME FUE AL CARAJO. Y no porque lo deje de pensar, sino que este es el momento para sostenerlo o que todo es una falacia jipi de cuando las cosas andan bien, por lo tanto debo comprobarlo.

Me planteo, re planteo, pienso, re pienso. Me defraudo de alguna gente, me apoyo en otra, me tengo que dejar guiar por lo que sucede más el control que ejerzo sobre mi vida, ese que he estado gritándolo a los 4 vientos desde que puedo vivir de lo que hago sin depender de otros como jefes propiamente tal. Pero yo creo que me dí un hocicazo en todo lo que es la soberbia y aquí estoy, buscando el “como” otra vez, pero ya con la experiencia de muchas otras veces donde me pasó también. He tenido que permitir que otros hagan cosas por mí, atenerme a los tiempos de sus voluntades o silencios.  Pero bueno, aquí estoy, buscando otra vez el rumbo ¿Hacia dónde me llevará la vida esta vez? ¿Acaso es otra vez la escasez la que me marca la pauta y tendré que en ella pegarme un piquero para saber qué hacer?

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