Noche Reggaetonera

Nota: No escucho reggaeton, no me gusta, nunca me gustó. He visto muy pocas veces vídeos, que los encuentro machistas, misóginos, descabellados, no me llaman en nada la atención y no me sé el nombre de más de un par de los que la llevan en el género. Pero en el afán de explorar lugares junto a las influencias musicales imposibles de resistirse a ellas como el cubatón, la noche, las piscolas, el ímpetu juvenil, nos vimos en uno de los lugares más vapuleados porque se baila este ritmo y terminamos meneando el cuerpo y sacando conclusiones nerds.

La idea

Habíamos prometido con F. ir algún día a un lugar de baile. Y no a ninguno de los que acostumbra el neojipi moderno como un@, sino directamente “Vamos a una discoteque a bailar reggaeton”. Cabe destacar que los últimos años me he acercado a la salsa, a la cueca y a la cumbia, frecuento lugares de estos estilos y ni si quiera sé identificar entre un cantante y otro de este género. No me gusta particularmente, no me interesa escucharlo ni analizarlo. Pero hay que decir algo: alguna gracia tiene esto de bailar, sobre todo si es con alguien que le tienes confianza. Porque hay que tener confianza pa andarse sobajearse tanto. Y eso que me gusta bailar y no necesariamente con gente que conozco. Pero el reggaeton es otra cosa, claro. Yo igual le echo la culpa de este neo-gusto a la Charanga Habanera, banda cubana que desarrolla el llamado Cubatón, esta mezcla entre timba y reggaeton. Con temas como Apiádate de mi que parten como una salsa y terminan con todo lo que es el perreo intenso. Entonces claro, una se confunde y termina bailando desenfrenadamente-una-cosa-así-bien-candela-mami. Y como nos gusta bailar, nos gusta la noche, nos gusta conocer lugares y tate: ahí nos vimos, entrando a un lugar que por prejuicio, interés, onda, etecé, no habríamos entrado jamás.

El lugar

Buscamos entre los lugares existentes en el Barrio Bellavista ubicado en el centro de la ciudad de Santiago. Le preguntamos a la gente “Oye ¿Donde puedo ir a bailar reggaeton por aquí?” mientras nos matábamos de la risa y la gente nos respondió Delphos. Yo también habría dado la misma respuesta: lugares donde uno pudo apreciar el trabajo de su CM con un registro fotográfico que Loser Power tuvo la idea de retratar y hacer bullyng público ampliamente comentado en redes sociales el año pasado, Antronio de compartir , el antiguo fotolog de recordar

Entramos convencidos que éramos los más viejos del lugar y dudando que todos tuvieran más de 18 años. Y sí, somos los más viejos además que estamos vestidos como de otro planeta. Acá le lleva harto jeans, harta zapatilla. Yo ando de vestido y el señor lleva sombrero. No nos sentimos demasiado mirados y eso me gusta, nosotros somos los que cada cierto rato nos detenemos a mirar el lugar. Un lugar con muchos espejos, muchas barras. Un gran salón donde los jóvenes miran a los otros bailar y miran a sus futuras cazas. No está muy lleno. No hay demasiada gente con cara de asesinos en serie ni violadores compulsivos como al menos me habría imaginado, pero tal vez hay gente con la cual no comparto a diario. Hay un par de parejas agarrando, yo trato de seguir el ritmo de las chicas más osadas que se sobajean entre ellas ( típico grupo de 3 amigas con las chaquetas al medio, ligeras de ropa y bailando muy seCsi). No veo peleas, no veo minas mirándome de arriba abajo ni ofreciéndome mechoneo. Discutimos cuánto es el porcentaje de parejas que tendrán sexo esa noche, analizamos que muchos no tendrán donde y que a algunos no les va a interesar ese item en particular Me desilusiono un poco por lo que veo, una juventud media monótona, que según yo le falta interactuar  ahí, en la cancha¿Serán las redes sociales, maestro? Yo quería acción y no vi nada del otro mundo.

Hay que decir eso sí que al chiquillo chileno le falta años luz de cadera y me jacto un poco porque estoy con el mejor bailarín de la noche que le pone todo el color del mundo. Me cuestiono por un microsegundo si nadie vendrá a bailar con nosotros, atendiendo a la dinámica de la salsa o de la cueca. Vuelvo a recordar que estoy en una discoteque y a menos que una mina esté sola o con puras amigas, parece que no pasa mucho eso, porque esa hueá es pelea. Las chiquillas jugadas, bailando poniéndole todo lo suyo y pocos eran los que se movían algo más. Y sólo a nivel estadístico , les voy a decir que los que estaban agarrando a-todo-morrit eran esos: Los que se movían. Ahí se las dejo.

Nosotros (Aló? Plural?)

La entrada es gratis para las mujeres, los hombres pagan $5000 con un cover. La piscola es decente ( al menos así la sentimos a esa hora), nada del otro mundo. Además revivir el concepto cover, en un mundo donde con cuea estrai a un local, me recuerda mi adolescencia yendo a discoteques. Hay Canada Dry y Pepsi  de a botella grande y retornable para echarle a los copetes ¿Le da lata? A mí, me da un poco lo mismo.

Bailamos, nos reímos, disfrutamos.  Nos sobajeamos ( nunca más mamita, nunca más) nos volvemos a cagar de la risa, nos movemos al compás, nos volvemos a reir de nuestra estancia en este lugar donde no vendrían nuestros amigos ni nosotros mismos. Ya tenemos experiencia en esto del baile ya no es difícil dejarse llevar y fluye, además que nos gusta esto de ponerle color. Yo creo que el reggaeton es como esa parte de uno que uno quiere negar, pero que se da igual, cuando deja que se corra el límite del pudor en cosas como estas que dan lo mismo. Porque quien no se haya bailado uno en la vida con diagnóstico de decadencia gomorrística que levante la primera piedra y se la dé en la cabeza por pavo-leso. Pero da igual, yo no lo voy a reconocer mucho porque me da como verguencita. Pero de que uno lo baila, lo baila igual.

Yo estoy convencida que uno puede pasarlo bien en cualquier lugar, lo importante es con quien y confirmamos esa premisa. Éramos los mejores de la pista (De algo que sirva el ejercicio físico de pedalear tanta hora, digo yo) y los que llegábamos más hasta abajo (punto para los treinteañeros estrella de la noche). Incluso tengo un poco de miedo de aparecer en algún reportaje de algún canal cornetero que hablará por 15 o 20 minutos sobre la juventud perdida que baila ritmos de origen centroamericanos y pierde su virginidad con ropa (Me queda la duda en nuestro caso) o aparecer en una suerte de vídeo de apoyo, haciendo un cameo a hitos históricos y patrimoniales con unas compañías de baile de mujeres semidesnudas con hombres horribles y con mucho brillo ( de joyas, no del otro) mientras una pareja entona su mejor baile sexual al ritmo de ese boom de ese perreo intenso.

Nos vamos felices y con un prejuicio menos, des-comprobando empíricamente nuestras teorías falacientas y convencidos que el lugar no es tan terrible, que bailar reggaeton tampoco lo es, que pasarlo bien menos. Nadie nos golpeó, no nos trataron mal, nadie discriminó nuestra forma de vestir o de bailar ( como ocurre en algunos lugares que si nos gusta ir). Lo pasamos bien, nos reímos, lo analizamos desde todas esas aristas nerds que nos gustan tanto. Salimos antes de que termine todo y atravesamos el barrio sin contratiempos. Buena experiencia, espero que hayan otras en otros mundos. Y como bien diría Karen Paola, para cerrar el post “Que viva la noche, viva el amor” sobre todo para esos que tuve que interrumpir de su sobajeo no dancístico para acceder a la caja. Perdón chiquillos.

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