Incoherencias febriles

1. No era su forma de mirar. No era como hablaba, como caminaba, de lo que pelaba el cable o como se le torcía la piel en la comisura derecha cuando se le marcaban las margaritas al reírse. Era más, quizás qué.

Era la sensación que me provocaba al estar juntos y la necesidad imperiosa de contárselo. Era ese silencio tan lleno de cosas, que no necesitaba decir nada. Era acaso esa urgencia por contarle cuando las cosas iban bien, reirnos de la parsimoniosa forma que tiene la gente de creer en los medios. Era el sonido tal vez que hacia cuando estaba disfrutando tanto como yo o era la presión que ejercía en el pecho para acercarme y mantenerme justo entre su boca y mi cuello.

Era a lo mejor toda mi historia personal al servicio de lo que nos unía más toda su historia personal. Era eso que entre Freud y todas las teorías del amor al padre o el amor a la madre y era por eso justamente por eso que nos atraíamos peligrosa y bestialmente. No habían razones aparentes más que en algún instante, casi como la peor de las drogas, nos acercábamos hasta el hartazgo. ¿Qué es exactamente lo que nos unía? ¿Nuestro amor propio? ¿En la risa provocada por las más absolutas torpezas al filo de la decadencia?

Creo haber dormido alguna vez este sueño. Tal vez alguna vez luego de una borrachera de noche completa o tal vez arriba de la bicicleta luego de andar varias horas al sol. Yo recuerdo muy bien como se hace en estos casos, aunque no quisiera que esa noción me descalabre el eje que me incorpora razonablemente a levantarme todos los días.

Te acepto y te resguardo, como un recuerdo, como mi más fiel manera de haber crecido, tal vez sólo un par de pasos, pero así te quiero guardar, en esta caja blanca que se queda en el mueble. Justo ese mueble del que carezco.

2. Fiebre, garganta, muerte, odiosidad, delirio, visiones. Un disparo en la cabeza, un bombazo a la altura de la traquea, ganas de que el mundo se acabe. Nauseas, dolor de guata, vacilaciones, interjeciones, ¡ay! en todas las esquinas se dibujan grafitis, tallarines y murales acusan las causas.
Todos los ciudadanos de mi cuerpo hacen causa común con el maltrecho y violentado, todos, en una sola marcha se rebelan contra el sentimiento opresor. ¡Ay si el silencio fuera incendio! ¡Ay! ¡Si las dudas barricadas! . Cof, Cof, cof, pum, ay!

3. Libertad, empoderamiento, freelance, vivir sola, empresa en un día.
Fiebre: Aló? Mamá? A qué hora podís venir a verme?

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