La bicicleta

 bici

Cuando me dijeron que tenía problemas a la columna, dejé de hacer ejercicio. Nunca más hice educación física. Eso si , no incluyó bailar. Eso si que mantuvo siempre.

Luego de la operación, no tengo recuerdos de haber si quiera intentado volver a hacer deporte o similar. Nunca me gustó demasiado y siempre tendría el justificativo eterno de los fierros en la columna. Pero pasó que con el tiempo, intenté hacer ejercicios y mis músculos estaban atrofiados. Para empezar a hacer algo de nuevo, debería hacer un esfuerzo en recuperar esa chorrera de años perdidos, tal vez con algún entrenador. Por lo tanto fue una lata que fui peloteando y que ya después casi con verguenza, no me quise enfrentar.

Pero en cambio con la bici fue distinto: viviendo en el centro, se hacía cada vez más necesario andar en ella. Empezaba a tener amigos que andaban mucho  y casi que no entendían por qué yo no andaba en una. Pero yo me obsesioné con las mini cic, hasta que luego de haber participado en unos carnavales culturales en Valparaíso post navidad, llegué y mi mamá me tenía una sorpresa: entre nuestro pequeño “hogar” , tenía una bici para mí. Le había costado $3500, se había conseguido luca y media para comprarla pues sabía que yo ya llevaba como 3 años buscando una . Y desde ahí , no la solté más.

Como no sabía de cletas (y sigo sin saber mucho), andaba media desajustada hasta que Chubo, uno de esos amigos cleteros, me dijo que fuera a la casa de sus papás porque allá tenía las herramientas. Y así fue como la apretó y le puso un perno. Y así fue como muy muy de a poco empecé a andar en cleta. Sin miedo, sin verguenza, aunque como pollo por la vereda porque me sentía insegura. Y podía atravesar todo Santiago centro si quería y podía andar de noche, ir a las tocatas, en mi mini. Cuando me fui a Argentina pensé llevármela, pero qué más daba, ahí quedó en la casa de mi mamá. Y en uno de los tantos cambios un señor me ofreció comprármela y como no tenía donde dejarla acepté triste, pero qué le iba a hacer. Y desapareció sin pagármela y me dolió más que si me hubiesen asaltado.

Luego de mucho andar, conocí a don Leónidas Ayala. Un activista cletero, un loco de las organizaciones sociales, que no va a descansar hasta que se muera andando de un lado para otro. Y me dijo que me armaría una bici para mí, justo como yo la necesitaba para trabajar, cuando yo todavía no sabía si quería otra y menos así, yo quería una de paseo. Y un día me tuvo la cleta, con porta carga de moto y con canasto, parecía un camello. Y con eso hizo algo más bacan en mí: hacer que mi bici también fuera mi herramienta de trabajo. Y en ella se transportaron cientos de humitas y se hicieron varias decenas de trámites. Y me fotografiaron para varias entrevistas y me ilustraron para que fuera la imagen de La Chica de los Mandados y actualmente para resumir en una imagen las cosas que hago.

mapapo

La tercera bici vino a mostrarme que por algo las bicis tienen una medida: andando en ella, por muy pesada que fuera, no me jodía las rodillas. Vino justo en la época de los piques más larguitos en distancia, después de darme cuenta que eran varias las horas que había andado en el verano diariamente.

Aunque no participo en ninguna organización ligada a la bicicleta (y como decía el otro día no pertenezco a ninguna, yo carreteo con los de las orgas, nada más ahahah), puede ser que andando más que hablando he hecho campaña pro uso de ella y diciendo que si es posible usarla como transporte diario. Si me remonto a las fotos de 6  años a la fecha, en muchas aparezco en la bici. Puede ser que la bici tenga registro de mis historias más divertidas, más tristes, más a la hora de la callampa, de infinidad de tocatas, amarrada afuera de los lugares más extravagantes. Probablemente una de las preguntas más reiterativas cuando he visto a alguien 2 o 3 veces ¿Tú vas para todos lados en cleta? Y la respuesta es SÍ.

Y tal vez ha sido la culpable de llegar a distintos lugares que de otra forma no llegaría. Porque la libertad de transporte que me da, no me la da ningún otro medio. Llego a gran parte de Santiago, me siento segura andando en la calle, me siento segura de noche. Con el ulock la dejo en cualquier lugar. Lejos la que mas me ha hecho sudar y a veces hasta tiritar luego de varias horas al sol. Ha sido la culpable de que pese a no tener ni un puto peso en los bolsillos, he podido llegar a la más completa agenda cultural de Santiago.

Cada vez que por alguna razón estoy sin andar en bici (como dejarla al otro lado de la ciudad y no tener tiempo de ir a buscarla, sacarse la mierda loca de pena y no poder subirse llena de moretones y costras o regalarla),me empiezo a desesperar ¿Hay algo mejor que esa brisa pegándote en la cara? ¿Algo mejor que saber que puedes llegar a cualquier lado sin estar esperando o apretujándote a otros en el metro? ¿O que las piernas se mantienen firmes, la resistencia en otras áreas también sube gracias al ejercicio de andar montada en ella?IMG_1924[1]

La bici es mi compañera de aventuras, mi transporte número 1. No está muy bonita, no es cara ni llamativa. Probablemente a lo que tenga lucas me armaré una como con la que andaba en Córdoba. Pero no la saco a pasear de vez en cuando: con ella no sólo ando todo el día sino que trabajo en ella y de ella depende que algo se alcance a hacer o vaya a visitar a alguien. Y si, la echo de menos no sólo por plata (Prefiero comerme o tomármela, claro), sino más que nada, por la sensación que me da andar . Y si, me alegra que anden muchos más, que la hueá sea moda y que varios han cimentado el camino para que ahora cueste menos andar, pero igual mataría a los ciclistas de vereda que argumentan imbecilidades y andan a velocidades que ni en la calle iría.

humita

Gracias a todos y cada uno de los que han colaborado, apoyado, y fomentado que siga usando bici, como a los que se han preocupado por dónde dejarla, por donde dejarme a mí sin ella, etc. Si, incluso a los que ya no están en los presentes. Los recuerdo a todos.

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2 pensamientos en “La bicicleta

  1. En alguna de esas reuniones en casa de Maria Paz junto otros dos parceritos, nos decíamos “Si esa bicicleta hablara… hummm… !!!” muy chevere tu artículo.

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