Declaración de no

No voy a matrimonios muy seguido. No terminé mi carrera, ninguna de ellas y no es mi prioridad hoy. No puedo acceder  a post grados, no está entre mis intereses jamás en la vida tomar un paquete turístico. Mis apellidos se pronuncian fácilmente, mi bicicleta no genera una atención mayor ni es objeto de robo. No veo tele, nunca he tenido cable y si lo tuve, nunca supe a qué hora empezaban las películas ni las series.

Soy una persona compleja, caótica, suelo meterme en problemas, si no los hay los invento yo metiéndome en soberanas empresas. No tengo ni una gana de pasar desapercibida, soy de esas personas que por algo se me recuerda, pero se me recuerda. Me gustan tanto los tacos  para jugar a ser una mujer pero me gusta más estar descalza y por eso tengo los pies feos y quemados, no soporto comer con gente que me cae mal. Soy desordenada, las labores hogareñas no son mi prioridad. Tengo la ilusa idea que algún día podremos estar en una misma mesa con toda las personas que quisimos y no pasarla mal. No me gustan los jefes, para eso me armé un mundo donde yo mando en horarios, formas y colores. No me río bajito, sino que por lo general se escucha a cuadras de distancia. No le hago fiestas a la gente que me cae mal y por lo general lo notan, aunque pocas veces soy ampliamente descortés.

No tengo una familia bien constituída, no tengo encuentros familiares, mi familia es soberanamente reducida y con roles distorsionados, donde a veces soy más madre que hija. No tengo avales, no tengo casa, no tengo cuenta corriente. No tengo ganas de vivir nunca más en un edificio nuevo. Digo garabatos, fumo, me gusta mirar y tirar y me carga darle tantas vueltas a las cosas, aunque lo hago a menudo. Me gusta disfrazarme, pintarme las uñas me gusta hablar demasiado, me gusta compartir con amigos y amigas sobre todo porque los siento como mi familia y siento como una traición magnánima el dejarme con una invitación pendiente o perderla, por lo que suelo fijar con fecha y hora las juntas, si no no existen. En caso de emergencia o de angustia máxima recurro a mis ex, apelando a alguna excusa imbécil e increíble. A veces me angustio por tonteras o me viene una pena retroactiva del tiempo que lo pasé mal. A estas alturas, no comparto la cama con nadie que no quiera seguir viendo después. Me gusta la piscola cabezona siempre de la misma marca, no me gusta la chela ni tomar sin bailar. Uno de mis deportes favoritos es acurrucarme cansada, a reirnos de lo que somos, a reirnos de nosotros mismos, no me gusta pensar en los tiempos en esa posición tan cómoda ni el límite al reírse de lo que nos pone tristes o de lo que nos jactamos con el resto.

Podría pasarme el resto de la vida haciéndo(nos) cariño en la cabeza y preparando comidas ricas, haciendo un esfuerzo magnánimo por que todo esté en orden. Pero no quiero tener que cambiar para agradarle a alguien, me resulta cansador,  me quita energía.

Me gusta que me quieran así, llena de sí y repleta de nos. Y la verdad es que no soy como ninguna de tus ex ni esas minas que te gustan a tí. Peor, la peor de todas. Peores, los peores de todos.

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