Cartagena

Como comenté en algunos posts anteriores, viajé a Colombia gracias a un trabajo que me salió como blogger para una empresa de turismo colombiana. Luego de dictar un par de talleres, retrasé mi viaje aún no sabiendo donde iba a parar y me fui por unos días a la costa.

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En Boca Grande, Cartagena, leyendo el libro “Totó Nuestra diva descalza”

Tenía algo claro: No quería recorrer lugares tan turísticos, mi meta estaba en conocer -en sus propias tierras- algo de música, aunque debo reconocer que la ideas de conocer el caribe colombiano y la playa aunque fuera un par de días, me parecía lo mínimo que debía hacer si andaba por allá.Sistemáticamente, dije que no iría a Cartagena, que prefería irme por ciudades al interior del  Magdalena .

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Guardián de la bahía versión cartagenera. Yo, muy enojada

Fue así como recorrí Ciénaga, Santa Marta, Barranquilla, y Morroa, donde en este último viví el Festipito, un festival tradicional que me dejaba feliz aprendiendo un montón.

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Uno de las “ventanas” que hay en las murallas de la ciudad

De ahi, no tenía muy claro donde quería ir. Estaba como opción ir a San Jacinto o a Ovejas, ambos lugares muy importantes para el folcklor de la costa, pero no tenía mayores referencias de a donde llegar, con quién hablar, etc. Me pareció que debía ir alguna otra vez, exclusivamente allá, a los festivales de gaitas. Pero mientras pensaba para donde partía ( mientras iba en el bus, claro, tan pauteada que salí), surgió la idea de ir a Cartagena con la gente que había conocido en el Festival. Y bueno pensé, de ahi veo para donde parto, pues igualmente debía devolverme a Bucaramanga, hacia el lado oriente del país a tomar mi vuelo a Chile.

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Y qué pasa con la quemá de pancora?
Puente de los Pegasos, Cartagena

Llegando a Cartagena, una de las chicas, indicó que había ido un par de veces a un hostal en Getsemaní ( próximo a la ciudad amurallada) y que era barato. Visitamos y recorrimos varios hostales preguntando, pero en ese que nos quedamos, era el más piola, el más barato dentro de las comodidades que tenía, limpio y la señora prometía hacernos un precio por estar las 3 en una habitación para 2.

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Vaya y regatee a la dueña. Es re buena onda, pero le dará color. Siempre te preguntará si vienes sola y antes de contestar,  te da el valor por si viene un “acompañante” sin pudor.

Lo primero que me impactó llegando allá ( y era mi impresión previa también) que el contraste iba a ser mucho. Cuando tomamos el bus desde el terminal camino a la playa, recorríamos una ciudad atestada de gente, bulliciosa y más bien pobre, mientras nos íbamos acercando a la ciudad amurallada, todo parecía cambiar, adaptado para los turistas. Y ahi fue donde me mantuve, en la parte cómoda de la moneda, aunque sin dejar de pensar todo el tiempo que esa no era toda la Cartagena que quería conocer. Sería bueno poder volver y conocer esa otra, la que no se muestra a simple vista. Lo otro, fue que el tema colonialismo está súper fuerte en lo cotidiano, en como se habla de la construcción de un país, La esclavitud, la influencia negra, el resentimiento por razas completas que aniquilaron, es un tema patente pues toda la ciudad fue contruída, tanto física como culturalmente de esa manera: las casas coloniales, la plaza donde vendían a los esclavos, la música africana, los tambores y un largo etcétera.

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Mirada hacia Boca Grande

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Plaza de la Aduana

Luego de dejar nuestras cosas en el hostal, fuimos a comprar algo para comer. La verdad es que todos los que habían hablado de lo maravilloso de sus calles se quedaron cortos. La ciudad amurallada resulta ser una especie de ciudadela donde puedes encontrar de todo y esto está protegido con murallas, fuertes, cañones que eran utilizados para protegerse de los piratas. Con construcciones coloniales realmente maravillosas y muy bien restauradas, pareciera que uno estuviese en los años 1800. Por las calles se pueden ver carruajes, grupos de danza que ocupan vestuario típico de distintas zonas del país y por supuesto, tal como lo indicó mi amigo colombiano ” Si te quedas sin plata, puedes hacer artesanía”. Porque una de las cosas más lindas que tiene la ciudad es la cantidad de artesanos en sus calles, de las más variadas nacionalidades y con trabajos maravillosos.

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La misma plaza de arriba

Según yo, el viaje es personal. Siempre. Desde la intimidad de las decisiones, por mucho que vaya en grupo, cada uno viaja solo. Es así como en esa conciencia, no me complicaba mucho la decisión si quedarse ahi o partir a una isla cercana o quedarme sola en una ciudad desconocida. Por lo que en vista de mis recursos monetarios y de tiempo, y siendo mi primera vez ahi, decidí quedarme

Al día siguiente mientras las chiquillas partieron  al día siguiente a Barú, una isla paradisiaca muy cercana a Cartagena, yo arreglé con la señora para que me dejara la misma habitación privada más barata y eso permitiría unos diitas sola, con el vestilador a todo lo que daba, escribiendo como que se fuera a acabar el mundo. Creo que es la primera vez en mi vida que me permito un poco más de soltura con los gastos, por estar unos días cómoda. Si total, igual estaba trabajando.

Obviamente, mientras salía a recorrer, me pasaron cosas:

  • Entrar a una salsoteca. O a varias: Iba caminando por la plaza de la Aduana, cuando escuché salsa. Miro y a mi derecha mirando el mar me encuentro con un lugarcito con un airecito a Maestra Vida en pleno Caribe y obvio que no pude dejar de entrar. Y de volver. No me pude aguantar pedir un ron viejo de Caldas, no me pude aguantar de bailar, no me pude aguantar de bailar hasta que me cansé. No pude dejar de sacarme una foto con el dueño-a lo estrella como las que tapizan las paredes-conversar con la gente que trabaja ahi, que todos al día siguiente me ubicaran y me vendieran “lo mismo de ayer?”. Ahi pude también vivir en carne propia el “Toma lo que quieras, que yo pago” a viva voz de mi compañero de baile o esa cosa de “Baila también, donde aprendió, debe bailar con mi primo, y con mi hermano y blá”. Hay otros tantos comentarios que no puedo reproducir, pero puedo decir que el colombiano costeño cuando quiere seducir, te puede decir cosas mirandote a los ojos y sin ni un pudor, cosas que te hacen sonrojar en tiempo record. Recorrí un par más, pero no tenían la misma onda que el tradicional “Donde Fidel”. Si puede vaya, se sienta en la barra y disfrute de la música y de la gente que hay ahi y mándele saludos a los meseros de parte de la chilena de los vestidos y el baile intenso a pata pelá.
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    ¿Dónde?

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    El mismísimo dueño de “Donde Fidel”

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    …así como los de acá

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    Y bueno, no todo es ron y piscolas y menos con este calor.

  • Libros: Como una drogadicta,el último día cuando me quedaba sólo la plata de los pasajes, me sobrepasé con los gastos y me quedé con la mitad de la plata para viajar  exclusivamente porque entre mis paseos, me topé con libros de recetas y otros de música tradicional. Los libros son para siempre y el regateo a la hora de viajar espero que también.977043_10151704972888158_565476551_o
  • Hacerme amiga de algún artesano: gracias a la vida que nos da momentos únicos como conversar en la mitad de cualquier lugar, con personas que probablemente no te volverás a encontrar y que tampoco buscas contacto. Gente con la que te pusiste a hablar, analizas tu vida, tu camino, el de otros y sacas reflexiones para la vida. Cuando me ví angustiadita por el tema de qué hacer el último día sin plata y teniendo que viajar a la mierda, fue bueno escuchar recomendaciones, consejos y sobre todo la experiencia de otros que han viajado más que tú. Vale amigo español por la conversa!
  • Visitar a Nando Coba y su Golpe Seco: Cuando dije que iría a Colombia, Panchote Bascur altiro me dijo ” Te contacto con Nando Coba”. Médico y músico, compositor de muchas canciones entre ellas una de Mákina Kandela. Nos pusimos de acuerdo y me invitó a verlos tocar a la orilla de las murallas. Qué hueá más linda.

Notas al cierre: El “viaje”

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Cartagena es una ciudad maravillosa, aunque alto, debo declarar algo: Me mantuve en ese viaje interno, donde la protagonista no fue la playa, las calles empedradas, las paredes de la ciudad amurallada, si no el viaje que hice para dentro. Tanto es así ( ahora pueden apedrearme) de 5 días sólo estuve 2 en la playa misma. Me dediqué a pensar mucho, a dormir, a escribir con el ventilador a todo lo que daba y salir por las noches a recorrer en shorcito y bikini por las callecitas. La ciudad es maravillosa, la ciudad amurallada, la playa es de otro planeta, pero lo más lindo fue todo lo que vivi interiormente ahi. Me fui en las mansas conclusiones, que todavía me están haciendo eco.

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Leyenda en una de las largas murallas de la “Ciudad amurallada”

Espero poder volver, pero por mientras los destinos más probables son Lima, Barranquilla, Córdoba. Aunque claro, conmigo jamás se sabe.

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2 pensamientos en “Cartagena

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