Bailando ( o segundo Cumpleaños Feliz)


Imagen: ISveta Dorosheva lustrador Ucraniano http://lattona.prosite.com/

En pocos días más estoy de cumpleaños.

Desde que tengo uso de razón he celebrado cada uno de ellos, de una u otra manera, aunque por lo general la cosa es comer y bailar. Y bueno, pensarán, no tiene nada de extraordinario el plan, pero hace 14 años para mí si lo es.

Cuando tenía 11 años, me sentenciaron a muerte. Bueno, no tan así, pero que debido a una lesión/deformación/vaya a saber uno que mierda/ en la columna debía utilizar un corset, algo muy parecido a una máquina de tortura que me permitiría detener el avance de la desviación pero que a la larga, me tendrían que operar igual. De no ser así, perdería la movilidad del cuello hacia abajo.

Junto con lo duro que fue saberlo, entenderlo y asumirlo, vino todo el rollo de no tener la plata para la prótesis y ver como mi cuerpo se deformaba todos los días. A los 14 años, con la movilidad de las manos perdiendo fuerza y un montón de complicaciones más, por fin, me operaron.

Para asegurarse que los huesos se afirmen y reconozcan la nueva postura, debí ocupar otros 6 meses un corset que aunque era menos invasivo que el anterior y me permitía hacer una cintura envidiable, era igual de tortuoso, molestoso, picoso que el anterior. En octubre de ese año yo cumplía 15 y quería simplemente bailar. Hicimos que el control con los doctores se adelantara unos días, para que  finalmente me sacaran el corset antes, para poder acostumbrarme a estar sin él. Soto y Grass ( los secos de columna en el Calvo Mackenna) me dieron el “SI” y yo ya podía pensar en ese cumpleaños bailando, como no había podido en todos esos meses.

No me acuerdo bien qué ropa me puse ese día, quienes fueron o qué, pero si me acuerdo de esa sensación de alegría extrema de poder bailar, bailar y bailar, mientras mi madre se me acercaba de vez en cuando diciéndome que no exagerara, que descansara cada tanto y yo no pescando. Volver a bailar o hacerlo por primera vez luego de no poder hacerlo. Bailar o hacer cualquier otra cosa pensando que estuviste a poco de no poder volver a hacerlo, es lo que hace valorar lo que uno ve como algo natural o como un detalle sin importancia.

Ayer mientras veía a la gente bailando, me emocioné mucho (de hecho no pude parar de llorar en mucho rato) pensando en 2 cumpleaños: Voy a cumplir 29 años celebrando la vida y 14 años bailando. Osea, bailo hace más, pero hace 14 años el baile fue la bandera de ¡Ya estoy bien! ¡Ya puedo hacer mi vida normal! ¡Ya estoy en pie y sin ese corset de mierda!

Por eso, me es muy necesario bailar al menos 2 o 3 veces por semana. Por eso, invierto actualmente tiempo en hacer ejercicio: quiero llegar a viejita bailando, celebrando que la vida me ha quitado pero sobre todo me ha dado tanto como el bailar.

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