El Gran Cuaderno o los treinteañeros: 40 años.

Claus y Lucas. Portada de la trilogía
Claus y Lucas. Portada de la trilogía

 

He empezado a escribir varias veces a raíz de que se cumplen hoy 40 años desde el golpe de estado en Chile. El tema ha estado muy presente, con un montón de reportajes, series, artículos y un sin fin de acciones relacionadas a la memoria. Me parece muy bien que podamos saber qué fue lo que pasó, quienes son los culpables, quienes son sus héroes anónimos y que-señora derechista, usted, la que está leyendo-está archiprobado que muchos no eran ni terroristas, ni si quiera militantes de un partido político: habían niños, mujeres, jóvenes que vieron sus vidas quebradas y muchos sin tener idea por qué alguien tenía ese derecho  . Claro si, me parece que 40 años es mucho para despertar, pero bueno, algo es algo.

Muchas veces, a raíz de  escribir en los blogs como @faqmen he tenido la intención de publicar un artículo  escrito y re-escrito muchas veces: el treinteañero. No ese treintón cagao, que ya no hay vuelta, si no ese que jamás asume que ya tiene más de 8 años. Ese personaje que nació entre el 82 y el 73 que además de gustarle Topgun, querer tener una autopista Tyco, ver el cometa Halley y al Papa y ver Más Música, fue una de las víctimas más silenciosas de la dictadura: si sacamos la cuenta, su niñez la vivió en dictadura. Son sobre todo esos que no salen en los informes, los que no fueron exiliados, los que sus padres incluso no participaron en política.  Porque finalmente, los que estaban en medio, los que no cachaban ná lo que había bajo esa tensa calma les afectó, pero no se dieron cuenta. Pienso en los niños de la dictadura que son adultos hoy. Que se relacionan afectivamente de forma disfuncional. Que muchos nunca aprendieron a decir lo que sentían, si no justamente al contrario: a no decirlo, a no expresarlo, a maquillarlo.

He tenido parejas que en los 80´iban al colegio.  ¿Cómo habrá sido ir y escuchar la noticia de Natino, Guerrero y Parada? ¿Como habrá sido escuchar-por muy que los niños se supone que no saben nada-saber que a tus papás los podían asesinar en la puerta del colegio? O en un ejemplo más simple: ¿Cómo habrá sido acostumbrarse a que hay cosas que “no se ven” y cosas que “no se escuchan”? ¿Cómo elabora y procesa en su mente pasar por el río Mapocho con cadáveres antes de las 7 de la mañana? O dividir entre comunistas y aceptadores del régimen? Ahi es cuando me pregunto como les gustó Topgun . Obvio, si los milicos eran los que se salvaban, ellos “eran los buenos”. O vivir  donde nadie quiere explicarles nada para protegerlos y viven en esa eterna burbuja donde no quieren crecer. Claro, si vivieron esa mierda de infancia. A lo mejor hasta la vivieron bien, lo pasaron genial viendo en la tele Sábado Gigantes o soñando con un Atari 800 XL. Pero en una burbuja que no era la realidad cruel que había alrededor.

Si pienso en que nuestros padres eran veinteañeros, de mi edad o menores cuando todo pasó y probablemente están profundamente dañados por una dictadura que les quitó un poco el alma, puedo no justificar, pero entender aún más sobre los que pasaron todas esas cosas siendo niños y sus emociones son un tema complicado. Sentir, expresar, demostrar o irse tan hacia adentro o que el concepto compromiso sea o todo o nada, sin términos medios.

El libro

Me acordé del libro el Gran cuaderno ( parte de la trilogía Claus y Lucas y base de la obra “Gemelos”) porque habla de manera simple , concreta y fría sobre los horrores en la personalidad de los niños en  una “guerra” de algún lugar ( todos sus nombres son genéricos) donde quedan a su suerte interpretando y aprendiendo en base a lo que ven. La crueldad, el silencio y la soledad los prepara para “no sufrir”, en juegos y ejercicios que ellos han elaborado.  Fue escrito por Agota Kristof, húngara, que al partir la guerra tuvo que escapar con su pequeño hijo hacia Suiza y trabajar más de un año sin saber el idioma. Aprendió a escribirlo muy escuetamente, por lo mismo es que toda la rudeza del libro está en frases sencillas y decidoras.

La dictadura no es una guerra, pero tiene características similares y creo que lo más terrible es lo no evidente como esto: cuanto afectó a los treinteañeros de hoy. Como afectó a los que jugaban mientras sus papás tenían el miedo terrible que algo les pasara. Los que tuvieron que arrancar de alguna balacera o vieron como sus familiares CNI se reían a gritos mientras contaban sus aventuras persiguiendo a alguien. Tal vez quiero entender a algún esquizofrénico mal nacido o algún hijo de puta que jamás dice lo que siente. Quiero entender por qué somos tan distintos a otros países o porqué mi generación, de los que poco o nada alcanzamos a vivir en dictadura o a tener conciencia de ella ya es distinta y qué decir la post 90, la generación de los pinguinos que no tuvieron miedo en paralizar un país.

O será que es mi libro favorito y quise en él entender tantas cosas.

Pase no más caser@, deje su comentario con confianza (Bueno, no tanta)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s