Cumbia, fucsia y Ti

Ti era una pequeña muralla de color azul. Le encantaba ser muralla, para quedarse quieto en mitad de la ciudad. Mirar a los árboles de enfrente, a las nubes que parecen figuras. Le encantaba que pasaran los chiquillos a hacerle grafitis, porque se sentía como importante que le escribieran encima.

Derrepente pasó un auto. Se detuvo mucho más allá, dos paredes más allá. Pero se devolvió, y salió una canción fucsia, color que no era de su gusto, ni de incumbencia. Era tan extraño que una canción anduviera en auto por esas tierras, que de pura curiosidad Tí se quedó mirándola.

La canción se bajó del auto y se le abrazó.
Tí quedó empapado de ese fucsia el resto del día, y silbó varias mañanas una canción. Las semillas de los arboles se movían al ritmo como un maracón y el viento que paseaba por ahi pasaba entre las ramas haciendo la melodía de la gaita.

Pasaron muchos días. Y a tí aún le quedaban algunas marquitas del paso de la canción Fucsia

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