Por un momento pensé que podías ser el profesor de esos chicos. Qué escucharías mi testimonio de “Enamoramiento a primera vista”. Te pondrías rojo y después te reirías a carcajadas grandes, como tragando aire, sin que nadie supiera por qué.

Luego me mandarías un mensaje, haciendo alusión a cuantas veces gritaría tu nombre hoy, cuántas veces saltaría diciendote que sigamos el juego, cuántas veces gritaría esta noche luego de ese vino en copa, luego de desnudarnos impúdicos en la ventana mirando el cerro. Yo te respondería que ni loca volvería a tu cama hoy. Y tú me insistirías unas cuántas veces, diciendo que no me podría resistir (y tienes toda la razón).

Miro mi ropa interior y elijo esa que dijiste que te gustaba. Voy a la botillería y elijo el mismo vino del miércoles pasado…Recito tu número de departamento como un mantra, como si no hubiesen sido demasiadas las veces que vengo a revolcarme de risa en tu alfombra.Me miras de pie a cabeza, te muerdes los labios, mueves la cabeza y te ríes. Yo entro, te salto encima y te agarro a mordiscos suaves, a besos, y te voy sacando la polera miestras me río. Me río de como somos tan desfachatados, como llegamos a desvestirnos tan a menudo, como es que nos juntó la vida, esa misma que se supone nos separa tanto.

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