el asunto

el asunto de la honestidad pareciera que calara profundamente y cada vez más. El manifestarse así como uno sentía, como uno era, lo que pensaba, era absolutamente sanador. Mostrar las cicatrices y las sonrisas coquetas o no, era cosa de manejar los tiempos, nada más. Era cosa de incluso, sentir esas mariposas de adrenalina más frecuentes de lo que ya estaba acostumbrada. Todo giraba una y otra vez y a veces se pasa mucho mejor que cuando uno se guardaba ciertas cosas. Y a veces pasarlo bien incluìa portazos, cerradas de ojos, acostadas furtivas, rechazos furibundamente pisoteadores de corazòn. Pero ya què màs daba. Uno ya habìa sacado todo eso que tenìa en la garganta. Habìa expulsado o lo peor o lo mejor de uno pa fuera y otro lo habìa recibido conforme o no.

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