Mapapito


y claro…habían pasado 10 años de sus primeros carretes donde se cantaba sol y lluvia, se tomaba ponche en tremendos tiestos y se bailaba todita la noche. Pero era la misma ingenua. Había carreteado en lo más variopinta al ritmo de la música que le pusieran, había tendido trampas pero como siempre se caía en las más simples. Seguía siendo la ingenua pachita de aquellos tiempos de los bototos y de los cadillacs, la que andaba en las peñas y kermesses y que se le rompía el cucharón con su primer amor, la de los bindies en la frente y la que decidía cerrar la posibilidad de engancharse de nadie.
La misma cabra chica que caminaba bajo la lluvia y que por más que le diejeran que no ella decía sí. Así había amado a uno de sus mejores amigos pasando por las horribles crisis…así se amaban mucho, porque conocían lo peor y lo mejor de ellos. Seguía siendo la misma que odiaba que fumaran, aunque fumara ella ahora, aunque podía cambiarlo por unos coyacs…
la misma que decidía caminar largas horas, la que esperaba respuestas a las dudas más obvias, la misma que se inventaba ropa que ya no se inventa, la misma que caminaba por Toronto y se perdía entre la gente a propósito y sacaba cada día un rollo de fotos, la misma que visitó a gente linda en sus casas, la misma que hizo regalos mamones porque simplemente era una mamona más. La misma que se enrabiaba con la salud de mierda, el transantiago de mierda. La misma que cuando a pesar de que le regalaran discos y rosas dijo que no porque simplemente no le gustaba hacer daño gratis. La misma que luego dijo sí a juegos insanos sólo para probar de que podía seguir siendo la misma. Y en escencia lo fue. Se volvió algo más segura, algo más zorra, pero en el fondo era la misma. La misma que no dormía si algo era importante o salía corriendo si el tema le urgía. La misma. Ya tenía algo más de experiencia en recogerse los pedazos de cucharón y confrontarlos aunque quedaran medios pegoteados. Pero no porque le hubiese pasado antes le dolía menos.Sobre todo esta vez, sobre todo el silencio como en las otras veces, que le permitían crear diablitos en el aire.
Habían más tocatas, más obras de teatro, más música, más alcohol en el cuerpo, más manos, más comentarios, más historias, más escenarios cercanos, más cotelés, más caminos recorridos, más gente muy muy lejana a la que había conocido.Mas algo quedaba siempre

la misma la misma pendeja de…ilusa y depresiva. Alegre, soñadora, inquieta, arisca y cariñosa, pegote y autista, silenciosa y habladora, prejuiciosa y tolerante, gritona,cantaora y apasionada con lo que ama. La misma pendeja de siempre.

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