crónicas al aire

Mi flaquita, le decía él. Mi flaquita qué le pasa? Ya mi niña tranquila, tranquila si esto va a pasar.

La llenaba de besos como diciéndole te quiero ,la besaba le acariciaba la cara le secaba las lágrimas y la retenía entre sus brazos, le daba ánimo, la brazaba fuerte para que se sintiera protegida.

Le sonreía con esa sonrisa amplia que la había enamorada, le hablaba como bebé a veces y no le preguntaba mucho. Dejaba que el aire de la cara le tranquilizara.
Sólo el aire algo frío, su abrazo en esa calle donde pasaban autos, donde hasta el cemento desnudo era lindo, ahí donde habían conversado de amor, de amigos de proyectos.
A veces para evitarse a momentos, para extrañarse, se hablaban de espaldas entre sí y se contaban historias. A veces el se reía como astuto ella se reía a carcajadas e inventaba historias obscenas que no meditaba. Simplemente se las decía entretenida.
Mi niño hermoso, el más lindo de todo el mundo de este y del otro y del otro le decía ella y le besaba los ojos le pasaba la mano por la barbilla le pedía las manos y jugaba con ellas
Daba lo mismo la gente que miraba al pasar, daba lo mismo quien miraba extrañado de sus posiciones algo impúdicas daba lo mismo si lo lascivo de él y lo entregada al juego de ella, daba lo mismo si el par de locos estaba sentado allí aunque fuera tarde, aunque todo se hiciera tarde, aunque tales experimentos no los hacían los “normales”mientras ellos disfrutaban abrazados.

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